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Dolor menstrual

El dolor de los primeros días de la regla lo conoce la mayoría de las mujeres y, por sí solo, no significa nada. Pero tiene dos versiones muy distintas.

Esta página ofrece información general y no sustituye una consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, consulta con un médico lo antes posible.

El dolor de los primeros días de la regla lo conoce la mayoría de las mujeres y, por sí solo, no significa nada. Pero tiene dos versiones muy distintas. Una acompaña a la persona desde la adolescencia, cabe en el primer día o los dos primeros, cede con los analgésicos corrientes y no impide hacer vida normal. La otra apareció más tarde o se ha ido agravando con los años, se sale del periodo, hace faltar al trabajo o a clase y no responde a lo de siempre. La primera no hay por qué soportarla, pero es inofensiva. La segunda es un síntoma, y es justo ahí donde el «aguanta, a todas nos duele» les cuesta a las mujeres años sin diagnóstico. Averiguar cuál de las dos es la suya es el objetivo principal de esta página.

Por qué duele el útero

Cada ciclo, el revestimiento interno del útero se prepara para acoger un embarazo y, si este no llega, se desprende y sale. Para expulsarlo y frenar el sangrado, el útero se contrae y los vasos de su pared quedan comprimidos un rato. Un músculo que trabaja sin suficiente riego duele, por el mismo mecanismo que una pantorrilla con un calambre o el corazón en la angina de pecho. De las contracciones se encargan las prostaglandinas, sustancias que se fabrican en el propio revestimiento uterino; cuantas más hay, más fuertes son los retortijones y con más frecuencia se añaden náuseas, deposiciones blandas, dolor de cabeza y escalofríos. Eso explica por qué en unas mujeres la regla pasa inadvertida y en otras es un suplicio: no es cuestión de aguante ni de «umbral del dolor».

La dismenorrea primaria típica —la que no responde a ninguna enfermedad— tiene este aspecto: empezó en el primer año o los dos primeros tras la primera regla, el dolor es en forma de retortijón, en el bajo vientre, irradia a la zona lumbar y a los muslos, aparece unas horas antes del sangrado o con él y dura de uno a tres días, y luego suelta. Año tras año el cuadro es prácticamente el mismo. Con la edad, y sobre todo después de un parto, en muchas mujeres se atenúa.

Cuándo hace falta ayuda de inmediato

Hay unas cuantas situaciones en las que el dolor de la regla deja de ser solo dolor.

Llama a una ambulancia si el sangrado es abundante: cuando una compresa o un tampón se empapan del todo en una hora, y así varias horas seguidas, salen coágulos mayores que una caja de cerillas, hay mareo, se nubla la vista y aparecen debilidad y palpitaciones. Un desmayo durante la regla también es motivo de ambulancia y no de «me tumbo y se pasa».

Hace falta un médico ese mismo día si el dolor va con fiebre, escalofríos y un flujo purulento o de olor fuerte: ese es el cuadro de una infección del útero y los anejos, y se resuelve tanto mejor cuanto antes empiecen los antibióticos. Lo mismo vale para un dolor agudo de un solo lado, aparecido de golpe, que va a más y se acompaña de vómitos: así se comportan la torsión de ovario y la rotura de un quiste.

Un aviso aparte: el retraso. Si la regla ha llegado tarde, ha venido distinta de lo habitual y va con dolor en un solo lado, hay que hacer una prueba de embarazo y, ante la menor duda, consultar: así puede manifestarse un embarazo ectópico. Con debilidad, mareo y dolor irradiado al hombro, ambulancia sin pensarlo. El número europeo único de emergencias es el 112, válido en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania.

Dónde está la frontera entre el dolor corriente y el dolor que preocupa

La dismenorrea secundaria es el dolor que tiene detrás una enfermedad concreta. No se distingue por la intensidad sino por el comportamiento. Debe alertar cualquiera de estos puntos:

  • el dolor apareció por primera vez a los veinte, treinta o cuarenta años, cuando antes las reglas pasaban tranquilas;
  • el dolor va a más de un año para otro, en lugar de suavizarse;
  • duele no solo durante la regla, sino también otros días del ciclo;
  • duele durante las relaciones sexuales, sobre todo con la penetración profunda;
  • las reglas se han vuelto abundantes, con coágulos, o se han alargado;
  • hay manchado entre reglas;
  • duele defecar u orinar precisamente en los días de la regla;
  • los analgésicos de siempre han dejado de servir y toca faltar al trabajo o a clase;
  • el embarazo no llega después de más de un año.

Con un solo punto basta para ir al médico y pedir que la estudien, en vez de recibir otro consejo de aguantar. Si el dolor no está ligado a la regla en absoluto —dura semanas, se relaciona con las deposiciones o con la micción—, entonces ya no hablamos de dolor menstrual sino de dolor pélvico en general, que se aborda de otra manera y tiene su propia página. Y un dolor breve situado justo a mitad del ciclo, en un solo lado y que cambia de lado de un mes a otro, es una historia aparte y en general inofensiva, con página propia también.

Qué hay detrás del dolor secundario

Endometriosis. Un tejido parecido al revestimiento del útero acaba fuera de él —en el peritoneo, los ovarios, los ligamentos, el intestino— y cada ciclo sangra donde ha crecido, provocando inflamación y adherencias. El dolor suele empezar uno o dos días antes de la regla y durar más; con frecuencia se añaden dolor con las relaciones, dolor al defecar durante la regla, cansancio y dificultades para concebir. Es la causa más frecuente de que los analgésicos corrientes dejen de funcionar y, a la vez, la enfermedad que más tarda en encontrarse.

Adenomiosis. Ese mismo tejido crece dentro del espesor de la pared muscular del útero. El cuadro clásico son reglas abundantes y dolorosas en una mujer de más de treinta o treinta y cinco años, a menudo con hijos, con sensación de peso y presión en el bajo vientre.

Miomas uterinos. Nódulos benignos en la pared del útero. Dan reglas abundantes y largas, presión sobre la vejiga y el recto y aumento del volumen del abdomen. El dolor aparece cuando el nódulo crece hacia la cavidad uterina o cuando se altera su riego.

La enfermedad inflamatoria pélvica deja adherencias y dolor crónico si no se trató a tiempo.

Dispositivo intrauterino. El DIU de cobre por sí mismo hace las reglas más abundantes y más dolorosas, sobre todo en los primeros meses tras su colocación; el hormonal, en cambio, suele aliviarlas. Si después de la colocación el dolor se dispara o aparecen fiebre o un flujo raro, hay que consultar y no esperar a «acostumbrarse».

Menos a menudo la causa son pólipos, particularidades congénitas de la forma del útero o un estrechamiento del cuello tras alguna intervención.

Analgesia: lo importante no es qué, sino cuándo

La regla de oro que casi nadie cuenta: los antiinflamatorios no esteroideos funcionan bastante mejor si se toman antes de que el dolor se instale del todo. Impiden que se formen prostaglandinas, pero no actúan sobre las ya fabricadas, así que la pastilla tomada al primer indicio de la regla, o unas horas antes, alivia más que esa misma pastilla en pleno pico. Y durante los primeros días conviene tomarlos con pauta fija, no «cuando ya no se aguante».

Este grupo incluye el ibuprofeno, el naproxeno y otros fármacos; el medicamento concreto y la dosis los ajusta el médico, sobre todo si hay enfermedad de estómago, asma o enfermedad renal, o si se toma alguna otra cosa. El paracetamol se tolera mejor, pero en el dolor menstrual suele ser más flojo, porque apenas actúa sobre las prostaglandinas del útero. La aspirina es preferible no usarla para el dolor menstrual: aumenta el sangrado, y a niños y adolescentes no se les da en ningún caso.

De lo no farmacológico, el calor sí ayuda de verdad: una bolsa térmica o una ducha caliente sobre el bajo vientre tienen un efecto comparable al de un analgésico suave y se pueden combinar con las pastillas. La actividad física regular reduce el dolor, aunque el primer día no hay que forzarse. También ayuda el TENS, un aparato pequeño que envía impulsos eléctricos suaves a través de la piel. Dejar de fumar y moderar el alcohol van en la misma dirección. El reposo absoluto y la inmovilidad, en cambio, suelen empeorar las cosas en vez de mejorarlas.

Los tratamientos hormonales son tratamiento, no solo anticoncepción

La píldora combinada, el parche, el anillo, el implante, la inyección y el dispositivo intrauterino hormonal se recetan en las reglas dolorosas no «de paso, ya que sirven de anticonceptivo», sino como tratamiento por derecho propio. Adelgazan el revestimiento del útero, hacen las reglas más escasas y más cortas, y algunos permiten reducir el número de reglas al año o suprimirlas.

Conviene saberlo por una razón: muchas mujeres rechazan la propuesta al oír la palabra anticonceptivo y siguen aguantando el dolor durante años. Y sin embargo, en la endometriosis y la adenomiosis el tratamiento hormonal es la base del abordaje y no un recurso de reserva; además puede ajustarse para quien planea un embarazo más adelante, porque la fertilidad vuelve al suspenderlo.

No sirve para todo el mundo —hay contraindicaciones ligadas a la migraña con aura, a los trombos, al tabaco, a ciertas enfermedades del hígado y a la tensión alta—, y precisamente por eso la elección pasa por el médico y no por el consejo de una amiga. El efecto no se juzga a la semana, sino a los tres o seis meses.

Qué hará el médico

Aquí la conversación pesa más que cualquier aparato: cuándo empezó, cómo ha cambiado, cuántos días duele y cuántos dura el sangrado, cuántas compresas se gastan, si duele con las relaciones y en el baño, qué se ha probado ya y a qué dosis. Es útil anotar dos o tres reglas seguidas: días, dolor, sangrado, medicación tomada y efecto; con ese registro la consulta rinde el doble.

Después suele hacerse una exploración, tomas para infecciones, un análisis de sangre para descartar anemia y una ecografía pélvica. La ecografía muestra bien los miomas, los quistes y la adenomiosis, pero una ecografía normal no descarta la endometriosis: los focos superficiales no se ven en ella, y esto importa porque «en la eco no se ve nada» se convierte demasiadas veces en el final de la conversación. Si las molestias no encajan con lo normal, el paso siguiente puede ser una resonancia o una laparoscopia con el ginecólogo.

El tratamiento se ajusta al hallazgo: en la endometriosis y la adenomiosis, antiinflamatorios y hormonas y, si hace falta, cirugía; en los miomas, fármacos que reducen el sangrado o extirpación de los nódulos; en la infección, antibióticos; en las reglas abundantes, medicación para disminuir la pérdida de sangre y hierro. Y aunque no se encuentre la causa, no hay que renunciar al tratamiento: el dolor en sí se trata también sin diagnóstico cerrado.

Consulta en línea

El médico de Oladoctor ayuda a recorrer la parte más importante de este camino: la diferenciación. En la consulta preguntará por cosas que probablemente usted no consideraba relevantes: desde qué edad duele, cómo ha cambiado en los últimos años, si hay dolor fuera de la regla y durante las relaciones, cuántos días y con qué intensidad sangra, qué ha tomado, a qué dosis y en qué momento. Con esas respuestas dirá si esto se parece a un dolor primario corriente o si ya toca buscar la causa, qué pruebas hacen falta de verdad y en qué orden.

También ayudará a montar la pauta de analgesia —qué grupo de fármacos le conviene según sus otras enfermedades y en qué momento tomarlo—, explicará qué aporta el tratamiento hormonal y qué esperar de él, revisará las ecografías y analíticas que ya tenga y le dirá cuándo merece la pena insistir en una consulta presencial con ginecología. Y ante un sangrado abundante, fiebre con flujo purulento o un desmayo lo dirá sin rodeos: eso no es asunto de una consulta en línea, ahí hace falta una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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Médico
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Pedro Soares Lopes

Medicina familiar3 años de experiencia

El Dr. Pedro Soares Lopes es médico y cuenta con cuatro años de experiencia trabajando principalmente en servicios de urgencias y emergencias. Ha trabajado en HUC, ULSRA, Hospital da Luz de Aveiro y ARS Açores, donde ha evaluado una amplia variedad de problemas médicos y quirúrgicos, desde casos sencillos hasta situaciones complejas que requieren una valoración cuidadosa.

Su experiencia en urgencias le ha permitido atender a pacientes de distintas edades, incluidas mujeres embarazadas. Esta amplia trayectoria clínica le ayuda a evaluar los síntomas, identificar cuándo puede ser necesario realizar pruebas adicionales y explicar los pasos a seguir.

El Dr. Soares Lopes también tiene experiencia en consultas a domicilio y en medicina del viajero. Sabe que los problemas de salud pueden surgir lejos del médico habitual o cuando no está claro a qué servicio acudir. Además, trabajó aproximadamente un año en el ámbito de la salud laboral en los Países Bajos, lo que aportó una perspectiva internacional a su práctica clínica.

Durante una consulta online, el Dr. Soares Lopes procura ofrecer orientación clara y práctica según los síntomas y las circunstancias de cada paciente. Si una afección requiere una exploración física, una valoración urgente o tratamiento presencial, puede explicar por qué y orientar al paciente sobre dónde acudir.

Los pacientes pueden consultar con el Dr. Soares Lopes a través de Oladoctor para problemas de salud adecuados para una consulta médica online.

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