En esta página
- Qué ocurre en esos pocos segundos
- Los avisos: medio minuto que decide mucho
- El desmayo más frecuente: el calor, la cola, la sangre
- Cuando la causa es el corazón, y por qué eso cambia la conversación
- Qué hacer si notas que te vas
- Si alguien se desploma a tu lado
- Cuándo llamar a una ambulancia
- Qué pasará en la consulta
- Consulta en línea
El desmayo es una pérdida breve del conocimiento provocada porque al cerebro le faltó riego durante unos segundos. La persona palidece, se desploma, permanece inmóvil apenas medio minuto y vuelve en sí sola: sin medicamentos, sin ayuda de nadie y, por lo general, con la cabeza despejada enseguida. Alrededor de una de cada tres personas se desmaya alguna vez en la vida, y la mayoría de las veces detrás no hay nada peligroso. Pero no siempre. Lo que separa un desmayo inofensivo de uno peligroso no es lo aparatoso que resultó para quien lo presenció, sino unos pocos detalles: si hubo aviso previo, qué estaba haciendo la persona en ese momento, en qué postura se encontraba y qué se sabe de su corazón y de su familia. Repasar esos detalles importa mucho más que tomar la tensión a la mañana siguiente.
Qué ocurre en esos pocos segundos
El cerebro casi no almacena oxígeno y vive de lo que la sangre le trae en ese preciso instante. Basta con que la tensión arterial o el bombeo del corazón caigan unos segundos para que la conciencia se apague. Se apaga, en el fondo, como defensa: la persona cae, el cuerpo queda horizontal, la sangre ya no tiene que subir a la cabeza en contra de la gravedad, el riego se restablece y la conciencia regresa. La caída forma parte de la recuperación, no es solo un traumatismo. Por eso el desmayo dura poco; si alguien permanece inconsciente más de uno o dos minutos, eso ya no es un desmayo y hay que abordarlo de otra manera.
Hay un detalle que asusta a los testigos más que ningún otro. En los últimos segundos algunas personas mueven bruscamente brazos y piernas, ponen los ojos en blanco y a veces se orinan encima. Esto no es forzosamente una crisis epiléptica: un desmayo corriente con una caída profunda de tensión tiene exactamente ese aspecto. A favor de la epilepsia hablan otras señales: la lengua mordida en un lateral, confusión y somnolencia durante muchos minutos después, un olor extraño o una sensación de déjà vu antes del episodio. Tras un desmayo, en cambio, la persona se orienta casi de inmediato.
Los avisos: medio minuto que decide mucho
La mayoría de los desmayos se anuncian. A lo largo de diez o treinta segundos se acumula un conjunto de sensaciones que casi todo el mundo describe con las mismas palabras:
- mareo con sensación de que el suelo se escapa, «me voy a caer»;
- la vista que se oscurece o se estrecha hasta quedar en túnel, como si perdiera el color;
- zumbido o pitido en los oídos, las voces alrededor se vuelven sordas y lejanas;
- sudor frío y pegajoso, sobre todo en la cara y el cuello;
- náuseas y, a veces, ganas repentinas de ir al baño;
- palidez brusca, bostezos, flojedad en las piernas.
Vale la pena memorizar esos segundos, y por este motivo. Que haya avisos es un argumento a favor de que el desmayo fue inofensivo. Que no los haya es un argumento a favor de lo contrario. Cuando alguien cae de golpe, sin tiempo para notar nada ni para agarrarse, y al despertar descubre la cara destrozada porque las manos no llegaron a protegerle, ese es justamente el caso que hay que enseñar a un médico sin demora.
El desmayo más frecuente: el calor, la cola, la sangre
Más de la mitad de los desmayos son vasovagales. El organismo responde a un estímulo intenso como no debe: los vasos se dilatan, el pulso se frena, la tensión se desploma. El escenario suele ser reconocible:
- estar mucho rato de pie sin moverse: en una cola, en el transporte público, en un acto, en una misa;
- una habitación calurosa y mal ventilada, una sauna, un vagón abarrotado;
- ver sangre, recibir una inyección, un análisis, incluso una conversación sobre procedimientos médicos;
- dolor intenso, susto, una mala noticia;
- esfuerzos de prensa: un golpe fuerte de tos, levantar peso, orinar de noche en los hombres, hacer de vientre con dificultad.
A su lado está el otro tipo habitual, el desmayo ortostático: la persona se levantó de golpe de la cama o de la mesa y la tensión no llegó a tiempo. Lo favorecen la deshidratación por calor, saltarse una comida, un episodio reciente de vómitos o diarrea, el alcohol, el embarazo y, muy a menudo, los medicamentos. Los diuréticos, los fármacos para la tensión, los alfabloqueantes que se usan en la próstata agrandada, los nitratos, algunos antidepresivos y algunos antialérgicos bajan la tensión por sí mismos, y un desmayo puede ser la primera señal de que hay que revisar la dosis. Nunca suspendas por tu cuenta un tratamiento prescrito: lleva al médico todo lo que tomas, incluido lo que compras sin receta.
Cuando la causa es el corazón, y por qué eso cambia la conversación
El desmayo de origen cardíaco es bastante menos frecuente que el vasovagal, pero es el único que puede anunciar una muerte súbita. La causa es una alteración del ritmo o un obstáculo al flujo dentro del propio corazón: el suministro al cerebro se corta de golpe, no poco a poco. Estos son los rasgos que apuntan al corazón:
- desmayo sin ningún aviso, como si apagaran la luz, con caída a plomo y lesión en la cara;
- desmayo durante el esfuerzo físico: corriendo, subiendo una cuesta, nadando. Marearse después de hacer ejercicio le pasa también a gente sana, pero perder el conocimiento durante el esfuerzo es el corazón mientras no se demuestre lo contrario;
- desmayo estando tumbado o sentado: el mecanismo vasovagal apenas funciona en esa postura, necesita la vertical;
- desmayo precedido de palpitaciones: vuelcos bruscos, golpes en el pecho, la sensación de que el corazón se ha disparado;
- desmayo acompañado de dolor en el pecho o de falta de aire;
- desmayo en alguien con una valvulopatía conocida, una miocardiopatía, un infarto previo o insuficiencia cardíaca;
- muerte súbita o ahogamiento inexplicado en familiares cercanos jóvenes, y también los casos en que alguien de la familia se desmayaba igual y murió de repente.
El último punto es el que más se pierde y el que más pesa: las enfermedades hereditarias del ritmo cardíaco pueden permanecer mudas durante años, y un desmayo en un adolescente es a veces el único aviso que dan. Cuéntalo tú al médico aunque no te lo pregunte.
Qué hacer si notas que te vas
La regla es una sola: bajar cuanto antes, antes de que te tiren al suelo.
- Túmbate donde estés y sube las piernas bien alto: contra una pared, sobre una silla, en las manos de alguien. El suelo de una tienda queda ridículo; la acera después de la caída queda peor.
- Si no hay dónde tumbarse, ponte en cuclillas o siéntate directamente en el suelo. Sentarse en una silla o en un banco es un mal sustituto: la cabeza sigue arriba, y desde esa altura te caerás.
- No intentes llegar al baño, a la ventana ni a la calle a tomar el aire. La mayoría de las lesiones graves por desmayo ocurren en esos pocos pasos.
- Mientras te mantengas en pie ayuda tensar los músculos: cruzar las piernas y apretar fuerte los muslos, entrelazar las manos y tirar de ellas en sentidos opuestos, cerrar los puños. Eso sube la tensión durante un minuto y a veces corta el episodio.
- Avisa a alguien. Incluso un escueto «me encuentro mal, me voy a caer» lo cambia todo: habrá una persona al lado que sostenga tu peso y evite el golpe en la cabeza.
- Cuando pase, quédate abajo unos minutos más y levántate despacio, en dos tiempos: primero sentado, luego de pie. Bebe agua.
Si alguien se desploma a tu lado
Hay poco que hacer, y casi todo consiste en no estorbar.
- Túmbalo boca arriba y levántale las piernas alrededor de un tercio de metro, sujetándoselas. Eso devuelve sangre a la cabeza más rápido que cualquier cosa que le acerques a la nariz.
- No lo sientes ni lo levantes, no lo arrastres a la calle y no intentes ponerlo de pie hasta que se haya recuperado del todo. Estar vertical es precisamente lo que provocó el desmayo; devolverlo a esa postura alarga el episodio.
- Aflójale el cuello de la ropa y el cinturón, abre una ventana, pide a la gente que se aparte.
- Comprueba si respira y si respira con normalidad. Si no respira, o lo hace de forma lenta, ruidosa y entrecortada, llama a una ambulancia y empieza las compresiones torácicas en vez de perder tiempo intentando despertarlo.
- Si respira pero no vuelve en sí, y también si vomita o está embarazada, colócalo de lado.
- No le eches agua en la boca ni le des de comer o beber hasta que haya recobrado por completo el conocimiento.
- Cuando despierte, déjalo unos minutos más tumbado: incorporarse demasiado rápido acaba a menudo en un segundo desmayo.
Cuándo llamar a una ambulancia
Llama a una ambulancia — el 112 es el número único de emergencias en Europa — si, después de perder el conocimiento, la persona:
- no respira o respira de forma anómala, o no vuelve en sí en un minuto;
- ha despertado pero sigue confusa, no reconoce a los suyos, arrastra las palabras o no mueve un brazo o una pierna;
- se queja de dolor en el pecho, de falta de aire intensa o de latidos claramente irregulares;
- se desplomó durante un esfuerzo físico, o perdió el conocimiento estando tumbada;
- se ha hecho daño de consideración, sobre todo en la cabeza, o toma anticoagulantes;
- tuvo sacudidas durante más de unos segundos;
- está embarazada, o tiene dolor abdominal o de espalda, heces negras o vómitos con sangre: el desmayo puede ser señal de una hemorragia interna.
Conviene consultar el mismo día, sin esperar cita ordinaria, tras un primer desmayo sin explicación clara, tras desmayos repetidos, tras un desmayo sin avisos previos, si hay una cardiopatía conocida o si en la familia han muerto de repente personas jóvenes. En el resto de los casos, cita normal: incluso un desmayo inofensivo merece que alguien lo estudie una vez.
Qué pasará en la consulta
Aquí el instrumento principal es el relato detallado, no el aparato. El médico preguntará con minuciosidad: qué hacías en ese momento, si estabas de pie o sentado, qué notaste antes, cuánto tiempo estuviste en el suelo, qué recuerdas después, si hubo sacudidas o mordedura de lengua. Un testigo del episodio vale más que cualquier prueba: si alguien puede acompañarte, o al menos escribir lo que vio, tráelo.
Después casi siempre se hace un electrocardiograma y se mide la tensión tumbado y de nuevo tras unos minutos de pie; se saca sangre, sobre todo para no pasar por alto una anemia. Si el cuadro apunta al corazón, se añade un registro del ritmo de veinticuatro horas o más largo, una ecografía del corazón y a veces una prueba de esfuerzo. La conducción y cualquier trabajo en el que perder el conocimiento sea peligroso se tratan aparte: las restricciones dependen de la causa y del país, y las decide el médico, no la propia persona.
Consulta en línea
El desmayo se desenreda hablando, y por eso el formato a distancia le sienta mejor que a muchas otras quejas. El médico reconstruirá las circunstancias del episodio con preguntas que uno solo no se plantea, y eso ya suele separar el desmayo vasovagal del cardíaco; distinguirá el desmayo de una crisis epiléptica y de un mareo corriente; repasará tu lista de medicamentos buscando los que bajan la tensión; preguntará por muertes súbitas en la familia; explicará qué pruebas tiene sentido hacer y en qué orden, y ayudará a leer los resultados que ya tengas. Hay otro beneficio: aprender a reconocer los avisos y cortar el episodio, para que el desmayo no termine en una fractura.
Los límites del formato son evidentes: nadie puede registrar tu electrocardiograma a través de una pantalla, medirte la tensión de pie ni auscultarte el corazón. Y lo más importante: durante el episodio y justo después hace falta una ambulancia o una exploración presencial, no una conversación escrita.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Desmayo
Habla sobre tus síntomas y los posibles próximos pasos para Desmayo con un médico online.















