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Confusión repentina (delirio)

Una persona que ayer era la de siempre deja de pronto de saber dónde está o qué día es, pierde el hilo de la conversación, empieza a ver cosas que no existen…

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Esta página ofrece información general y no sustituye una consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, consulta con un médico lo antes posible.

Una persona que ayer era la de siempre deja de pronto de saber dónde está o qué día es, pierde el hilo de la conversación, empieza a ver cosas que no existen o, al contrario, se queda callada y dormita todo el día. Eso se llama delirio, y lo esencial es esto: casi nunca aparece solo. El delirio es la forma en que el cerebro reacciona a una avería en el resto del cuerpo, así que en las primeras horas no hay que buscar un calmante, sino la causa. Casi siempre se encuentra, y se encuentra rápido: una infección de orina, deshidratación, un medicamento nuevo, dolor, retención de orina. Por eso la confusión repentina no es para esperar a mañana, sino para acudir hoy mismo al médico.

Cómo se ve desde fuera

El delirio no se reconoce por un solo signo, sino por la velocidad: el cambio se instala en horas o en un par de días, y la familia suele poder señalar el día en que «dejó de estar bien».

  • La atención se deshace. No sigue una conversación, se distrae a media frase, repregunta, no consigue cumplir un encargo de dos pasos.
  • No sabe dónde está ni qué hora del día es: se prepara para salir a trabajar de noche, no reconoce su propia casa, confunde la habitación del hospital con su dormitorio.
  • El habla y el pensamiento se vuelven entrecortados. La idea se corta, le cuesta encontrar las palabras, responde algo que no venía a cuento.
  • Aparecen alucinaciones e ideas falsas. Sobre todo visuales: personas en la habitación, animales, insectos. A veces la certeza de que le han robado o quieren hacerle daño.
  • El estado fluctúa. Por la mañana está casi normal y por la tarde y la noche empeora de forma llamativa. Ese vaivén dentro del mismo día es tan característico que por sí solo apunta al delirio.
  • El sueño se invierte: desvelo e inquietud de noche, somnolencia de día.

Se comprueba con preguntas sencillas: cómo se llama, qué edad tiene, qué día es hoy, dónde estamos. Si no responde o duda, y antes contestaba sin esfuerzo, estamos ante una situación médica, no ante un capricho ni ante un simple cansancio.

El delirio silencioso que se confunde con debilidad

Se piensa en delirio cuando alguien está agitado, quiere marcharse y habla con un interlocutor invisible. Pero en muchas personas, sobre todo mayores, ocurre justo lo contrario: se quedan tumbadas, apenas se mueven, contestan con monosílabos y con retraso, rechazan la comida y no se quejan de nada. Es la forma silenciosa o hipoactiva, tan frecuente como la ruidosa y mucho más fácil de pasar por alto. Desde fuera parece que la persona «se ha apagado», «se recupera durmiendo» o «está deprimida».

El peligro está en que la causa es exactamente la misma y exactamente igual de urgente. Una neumonía, una deshidratación, una sepsis o un exceso de somníferos se manifiestan así: no con agitación, sino con apagamiento. Si una persona mayor se ha vuelto notablemente lenta en uno o dos días y ha dejado de levantarse y de hablar, eso se estudia hoy y no se espera a que «descanse».

No es demencia ni es la edad

La confusión en una persona mayor casi siempre se atribuye a la edad, y ese es el error más frecuente y más caro. La edad por sí sola no desorienta a nadie en una tarde.

Distinguir el delirio de la demencia es más fácil de lo que parece: la diferencia está en la velocidad y en la constancia.

  • Inicio. El delirio aparece en horas o días y la familia puede poner fecha. La demencia avanza durante meses y años y nadie sabe cuándo empezó.
  • Fluctuación. En el delirio el estado cambia dentro del mismo día, a ratos mejor y a ratos peor. En la demencia es parejo un día tras otro.
  • Atención. En el delirio lo primero que se rompe es la capacidad de concentrarse. En la demencia lo primero es la memoria, y la atención se conserva mucho tiempo.
  • Nivel de conciencia. En el delirio cambia la propia lucidez: la persona está «aquí» y de pronto se va. En la demencia está despierta y situada en el momento, aunque olvide.
  • Reversibilidad. El delirio se resuelve cuando se quita la causa. La demencia no.

Una cosa no excluye la otra: en quien tiene demencia el delirio aparece con especial facilidad, y un empeoramiento brusco en esa persona es casi siempre una causa aguda nueva, no «la enfermedad, que ha dado un paso más». La frase «tiene demencia, qué esperaba» no explica un empeoramiento repentino.

Qué hay que buscar el mismo día

Las causas son muchas, pero el círculo de las más frecuentes es estrecho y casi todas se pueden corregir: al retirar la causa, la persona suele volver a como estaba. Aparte está el entorno — una mudanza, el hospital, la anestesia, una noche sin dormir, la oscuridad, quedarse sin gafas ni audífono: no provoca el delirio, pero le allana mucho el camino.

  • Una infección. En los mayores la confusión puede ser la única manifestación de una infección, sin fiebre y sin quejas. Lo más habitual es una infección de orina o una neumonía.
  • Deshidratación y alteraciones de las sales de la sangre: calor, vómitos, diarrea, diuréticos o simplemente beber poco. El sodio bajo produce confusión de forma muy característica.
  • Los medicamentos son la causa más infravalorada. Somníferos y tranquilizantes, analgésicos potentes, antialérgicos y fármacos para el mareo, medicamentos para la incontinencia y los espasmos, algunos para el parkinsonismo y la depresión. Son peligrosos el inicio, la subida de dosis y la propia acumulación de fármacos: cinco o seis juntos hacen lo que no hace ninguno por separado.
  • Una retirada brusca. Dejar el alcohol quien bebía a diario, o suspender somníferos y tranquilizantes, es causa clásica de delirio grave uno a tres días después de la última dosis. Hay que decírselo al médico con claridad, aunque incomode.
  • Alcohol y otras sustancias: intoxicación etílica, envenenamiento, consumo de drogas.
  • Azúcar bajo en sangre. En una persona con diabetes es lo primero que se comprueba y lo primero que se corrige en un minuto.
  • Retención de orina y estreñimiento intenso. Una vejiga llena basta para provocar delirio en una persona mayor, y se resuelve con una sonda en media hora.
  • Dolor que la persona no puede expresar: tras una fractura, por una úlcera por presión.
  • Falta de oxígeno: agudización de una enfermedad pulmonar, crisis de asma, insuficiencia cardíaca, anemia grave.
  • Ictus y ataque isquémico transitorio.
  • Traumatismo craneal, incluido un golpe leve de hace una semana en una persona mayor o en quien toma anticoagulantes.
  • Intoxicación por monóxido de carbono — sospéchela si varias personas de la misma casa se encuentran mal y mejoran fuera de ella.
  • Una crisis epiléptica y el estado que la sigue.

Cuándo llamar a una ambulancia

La confusión repentina ya es motivo suficiente para pedir ayuda urgente. No intente resolverlo en casa ni diagnosticar por internet. Llame a una ambulancia — el número único europeo 112 funciona en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania — si la confusión ha aparecido de golpe, y con más razón si la acompaña alguna de estas señales:

  • la cara se ha torcido, la comisura de la boca cae, no levanta un brazo o una pierna, el habla es pastosa, ha perdido la visión de un lado: así se presenta un ictus, y aquí cuentan los minutos;
  • no reacciona, no consigue despertarla, ha habido un desmayo o una convulsión;
  • dolor de cabeza intenso de comienzo súbito, vómitos, molestia con la luz, rigidez de nuca, manchas en la piel que no palidecen al presionarlas con un vaso;
  • fiebre con escalofríos, respiración rápida, piel fría y húmeda, poca orina: signos de infección grave;
  • dificultad para respirar, labios azulados, dolor en el pecho;
  • confusión en una persona con diabetes: dele una bebida azucarada o una pastilla de glucosa si está consciente y traga bien, y pida ayuda igualmente;
  • ha habido un golpe en la cabeza, aunque fuera hace varios días;
  • bebía a diario y lo ha dejado de golpe, con temblor, sudoración y miedo;
  • sospecha de intoxicación por medicamentos, drogas o monóxido de carbono.

No conduzca usted mismo si la persona está agitada o puede perder el conocimiento. Llévese todos sus medicamentos, las cajas, los blísteres o al menos la lista: es lo más útil que puede darle al médico.

Qué hacer mientras llega la ayuda

De quien acompaña depende bastante en esas horas, y casi todo se reduce a calma y sencillez.

  • No deje sola a la persona. Diga su nombre, dónde está y qué día es, y repítalo tantas veces como haga falta.
  • Hable con frases cortas, una pregunta cada vez, con voz normal. No discuta con las alucinaciones: diga que usted no lo ve, pero que entiende que ella pase miedo.
  • Póngale las gafas y el audífono si los usa: con eso se va la mitad de la incomprensión.
  • Deje una luz suave, quite el ruido de fondo, pida a las visitas que salgan, ofrézcale agua.
  • No la sujete por la fuerza ni la ate. Si camina por la habitación y no corre peligro, déjela: retire cables y alfombras del suelo y cierre puerta y ventanas.
  • Anote cuándo empezó el cambio, qué medicamentos se han iniciado o retirado estos días, cuánto alcohol ha bebido y cuándo orinó y comió por última vez.

Cómo lo estudia el médico

Las pruebas no buscan confirmar el delirio, que ya se ve, sino encontrar la causa, y suelen ser rápidas: preguntar al acompañante cómo estaba la persona hace una semana, exploración, tensión arterial, pulso, temperatura, oxígeno en sangre y glucemia, análisis de sangre y de orina, electrocardiograma. Después, según el caso, radiografía de tórax, urocultivo y tomografía craneal si hubo traumatismo, si hay signos neurológicos localizados o si el empeoramiento no se explica.

Una parte aparte, y muy importante, es la revisión de toda la medicación: el médico busca lo que se ha empezado, retirado o duplicado en los últimos días. El tratamiento tiene dos mitades: quitar la causa encontrada y sostener a la persona mientras se recupera. Los sedantes se usan de mala gana, a la dosis mínima y solo cuando la agitación amenaza la seguridad, porque por sí solos no curan el delirio y pueden alargarlo.

Cuánto dura y cómo evitar que se repita

Retirada la causa, la lucidez vuelve, pero no de inmediato: en los jóvenes en un día o dos, en los mayores a menudo en una o dos semanas, y la flojera, la distracción y el mal dormir duran más. Parte de lo vivido no lo recordará y parte lo recordará como un sueño angustioso. Conviene hablarlo con tranquilidad: muchos después se avergüenzan de su comportamiento y callan.

Haber tenido un delirio indica que el cerebro es vulnerable y que puede repetirse con la próxima enfermedad u operación. Reducen el riesgo cosas sencillas: beber lo suficiente, comer con regularidad, tener a mano gafas y audífono, luz de día y oscuridad de noche, caminar pronto después de una intervención, tratar el dolor y el estreñimiento y revisar cada año la lista de fármacos. Si hay un ingreso o una anestesia por delante, avise de que ya hubo un delirio: eso cambia los cuidados.

Consulta en línea

Si la confusión está ocurriendo ahora mismo, no nos escriba: llame a una ambulancia, porque esto se resuelve en persona y con urgencia. La consulta en línea sirve alrededor de ese episodio. Antes, el médico ayuda a distinguir un cambio agudo de un deterioro lento de años y le dice qué medir, qué anotar y qué llevar consigo. Después del alta, revisa el informe y el tratamiento, explica por qué el delirio le ocurrió precisamente a esta persona, ayuda a repasar una lista larga de medicamentos y a preparar un plan por si se repite. Y responde a la pregunta más frecuente: si haber tenido un delirio significa que ha empezado una demencia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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