En esta página
- La cojera que «se pasa sola» no existe
- Cuándo no se puede esperar a mañana
- Qué ocurre en el niño pequeño
- Qué ocurre en el adolescente
- Duele la rodilla y la culpa es de la cadera
- Cuándo detrás de la cojera se busca un tumor o una leucemia
- Si el niño todavía no habla
- Cómo busca el médico la causa
- Qué hacer en casa y qué no hacer
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente recetados para Cojera en niños
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Farmalider S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 400 MG IBUPROFENO/SOBRE MONODOSISPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere receta
La cojera no es un diagnóstico, sino la manera que tiene un niño de proteger la zona que le duele. Acorta el paso de un lado, gira el pie hacia fuera, se apoya solo en la punta o simplemente se sienta en el suelo y se niega a seguir. La causa puede estar en cualquier punto entre el dedo del pie y la zona lumbar, y a simple vista casi nunca se encuentra. Esta página explica qué causas existen, con qué señales hay que llevar al niño al hospital ahora mismo y no mañana, y por qué una cojera sin explicación clara no se deja «en observación».
La cojera que «se pasa sola» no existe
Si su hijo empieza a cojear y usted no sabe decir con seguridad por qué, hay que explorarlo. No «observar una semana» ni «dejar que descanse», sino llevarlo al médico. Es la regla principal de este tema y no se trata de exceso de celo: entre los niños que cojean se encuentran infecciones de la articulación y del hueso, deslizamientos de la cabeza del fémur, tumores y leucemia, y aquí el precio de unos días perdidos no se mide en comodidad, sino en el resultado final.
Otra cosa es cuando la causa es evidente y usted vio cómo ocurrió: se torció el tobillo en el parque, se hizo una rozadura con zapatillas nuevas, pisó algo afilado. Esa cojera sí desaparece en uno o dos días. Revise el pie entero, incluida la planta y los espacios entre los dedos: una astilla, un callo profundo, una uña encarnada o una verruga plantar hacen cojear igual que una fractura y se encuentran en un minuto.
Y algo sobre los niños en general: no cojean por capricho y casi nunca fingen dolor más de unos minutos. Un niño que deja de correr y pide brazos le está comunicando algo real. Una cojera que dura más de dos o tres días, que aumenta o que vuelve después de haber desaparecido es motivo de exploración, haya habido golpe o no.
Cuándo no se puede esperar a mañana
El tiempo se cuenta por horas en la infección con pus dentro de la articulación (artritis séptica) y en la infección del propio hueso (osteomielitis). El pus destruye deprisa el cartílago y la zona de crecimiento, y lo perdido no se recupera; se trata solo en el hospital, lavando la articulación y con antibióticos por vena. Se reconoce por el aspecto general del niño: parece enfermo, no simplemente cojo.
Llame a una ambulancia por el número europeo único 112 o lleve al niño al hospital de inmediato si:
- no apoya nada la pierna y no puede dar un solo paso: no cojea, se niega a cargar peso;
- no deja que le toquen la pierna y grita ante cualquier intento de moverla;
- tiene fiebre, sobre todo alta, o escalofríos;
- está decaído, pálido, somnoliento, rechaza el líquido, tiene aspecto de niño gravemente enfermo;
- la articulación, el muslo o la pierna están calientes e hinchados y la piel está enrojecida;
- la pierna queda en una postura forzada y no se consigue estirar;
- la pierna ha cambiado de forma o queda en un ángulo antinatural, o el golpe fue fuerte: caída desde altura, atropello, choque deportivo;
- aparece una erupción que no se aclara al presionar sobre ella con un vaso transparente.
El antitérmico mejora el aspecto del niño de forma pasajera: valórelo una hora después del medicamento, con la fiebre ya bajada, y aun así llévelo si apareció alguno de esos signos. Distinguir a simple vista una inflamación banal de la articulación de una infección no es posible, así que ante la duda se actúa como si fuera una infección.
El mismo día, aunque sin ambulancia, conviene que vea al médico el niño menor de tres años, el que se despierta por la noche con dolor, aquel cuya cojera va a más, el que ha tenido hace poco una operación o una fractura, el que recibe quimioterapia o medicamentos que bajan las defensas y el que tiene anemia falciforme.
Qué ocurre en el niño pequeño
La edad estrecha el abanico de causas más que ningún otro dato, y por eso el médico pregunta primero cuántos años tiene el niño.
Menores de tres años. Un niño que de pronto deja de andar o cojea de forma llamativa suele tener una fractura: una fisura fina y en espiral de la tibia, producida por un simple tropiezo. Los padres no recuerdan nada, porque puede que no hubiera ningún episodio digno de recordar. Aquí entra también la displasia de cadera detectada tarde: el niño empezó a andar tarde, camina balanceándose, una pierna parece más corta. A esta edad las causas inofensivas son las menos frecuentes y el niño no puede contar lo que le duele.
Entre los tres y los diez años, aproximadamente. El hallazgo más frecuente es la sinovitis transitoria, una inflamación pasajera de la membrana de la articulación de la cadera, normalmente una o dos semanas después de un catarro o una gastroenteritis. El niño cojea, pero sigue siendo él mismo: juega, come, no tiene fiebre, y todo se resuelve en unos días. A esta misma edad empieza la enfermedad de Perthes, una alteración del riego de la cabeza del fémur: el dolor es discreto, pero la cojera dura meses y no cede con el reposo.
Qué ocurre en el adolescente
El principal peligro de esta edad es la epifisiólisis femoral proximal, el deslizamiento de la cabeza del fémur por la zona de crecimiento. Aparece en la fase de crecimiento rápido y es claramente más frecuente en adolescentes con sobrepeso. Empieza con un dolor sordo en la ingle, el muslo o la rodilla y con cojera, el pie se gira hacia fuera y la rotación interna de la cadera se vuelve rígida. A veces el deslizamiento ocurre de golpe tras un movimiento trivial y el adolescente deja de apoyar la pierna en ese mismo momento. Es una situación que se opera, y cuanto menos se haya desplazado la cabeza, más sencilla es la intervención y mejor queda la articulación.
Mucho más habituales en esta edad son los dolores por sobrecarga en los puntos donde los tendones se insertan en el hueso: bajo la rótula, en el talón, en el borde de la pelvis. En un gesto brusco esos puntos pueden llegar a arrancarse con un fragmento de hueso. Ese dolor va ligado al esfuerzo, cede con el reposo y reaparece en el entrenamiento.
A cualquier edad es posible la artritis idiopática juvenil, una inflamación articular que dura semanas: rigidez matutina que mejora al moverse, hinchazón de la articulación, afectación de otras articulaciones y una duración superior a seis semanas. Con menos frecuencia, detrás de la cojera hay una inflamación del músculo psoas ilíaco, enfermedades de la columna, causas neurológicas o una diferencia de longitud entre las piernas.
Duele la rodilla y la culpa es de la cadera
Es la trampa más conocida de la ortopedia infantil y se sigue cayendo en ella. Un niño con la cadera enferma se queja muy a menudo no de la cadera, sino de la rodilla o de la mitad del muslo. La razón es anatómica: las ramas sensitivas de unos mismos nervios llegan a la articulación y a la piel de la rodilla, y el niño no puede localizar el origen con más precisión.
De ahí una regla que conviene que conozcan también los padres: al niño que se queja de la rodilla se le explora siempre también la cadera, aunque la rodilla se vea normal, no esté hinchada y flexione sin problemas. Si la rodilla está limpia y el niño sigue cojeando, se busca más arriba.
Lo más peligroso es esto mismo en un adolescente con epifisiólisis: llega con dolor de rodilla, la rodilla es impecable, le diagnostican un «esguince» y le mandan pomada y reposo, mientras la cabeza del fémur sigue resbalando. Un adolescente sin golpe previo al que le duele la rodilla o el muslo, arrastra la pierna y gira el pie hacia fuera necesita exploración y radiografía de las dos caderas, no una pomada.
Si la cojera empezó precisamente con molestias en la ingle y el muslo y el médico ya ha hablado de cadera irritable o sinovitis transitoria, consulte en esta web la página dedicada al dolor de cadera en niños: allí se explica en qué se diferencia la sinovitis de una infección articular, cómo se confirma y cómo se cuida en casa.
Cuándo detrás de la cojera se busca un tumor o una leucemia
Son causas raras, pero hay que nombrarlas en voz alta: se reconocen por un conjunto de detalles que por separado parecen inocentes.
Deben poner en alerta: el dolor en reposo y sobre todo el nocturno, que despierta al niño; el dolor en varios huesos o articulaciones a la vez; la cojera que no se resuelve en semanas y no guarda relación con ningún golpe; la pérdida de peso sin explicación; el sudor nocturno; la palidez y el decaimiento persistentes; los moratones y los puntitos rojos en zonas donde el niño no se ha golpeado; las hemorragias nasales frecuentes; los ganglios aumentados; un bulto duro sobre el hueso que va creciendo poco a poco.
La combinación de cojera y dolor óseo con palidez, moratones y ganglios aumentados es motivo para hacer un hemograma, no para esperar. Los tumores óseos del adolescente empiezan a menudo como un «dolor de después de entrenar» que, por algún motivo, no se pasa en un mes y duele más de noche que de día. Todo esto se trata, y el resultado depende de lo pronto que se empiece.
Si el niño todavía no habla
En un niño que aún no puede decir «me duele la pierna», la cojera o la negativa a caminar suelen ser el único signo, y quien tiene que verlo es el adulto.
Fíjese si el niño deja de repente de ponerse de pie y andar aunque ya caminaba bien; gatea de forma asimétrica arrastrando una pierna; llora al cambiarle el pañal y al separarle las piernas; no deja que le pongan el calcetín o el zapato en un pie; mantiene la pierna en una sola posición y la protege con la mano; ha empezado a despertarse llorando por la noche.
A ese niño se le explora el mismo día. Desnúdelo del todo antes de ir al médico y examínelo usted mismo: busque hinchazón, moratones, enrojecimiento, diferencia de grosor entre muslos y pantorrillas, una herida en la planta del pie. Y tómele la temperatura: en los más pequeños suele ser la pieza que faltaba del cuadro.
Cómo busca el médico la causa
La exploración empieza mirando: el médico observa cómo el niño recorre el pasillo, cómo se levanta de la silla y cómo se tumba en la camilla, porque muchas cosas solo se ven en movimiento. Después palpa la pierna desde el pie hasta la pelvis, comprueba la movilidad de todas las articulaciones comparando siempre un lado con el otro, valora aparte la rotación interna de la cadera, revisa la espalda, la piel y los ganglios y toma la temperatura.
Preguntará qué enfermedades ha tenido el niño en las dos o tres últimas semanas, si ha habido caídas, si ha cambiado de calzado, si hay enfermedades parecidas en la familia y si ha estado en zonas donde hay borreliosis transmitida por garrapatas. Si el cuadro no está claro, se hace un análisis de sangre con marcadores de inflamación, una ecografía de la articulación, que es lo que mejor muestra el líquido en su interior, y una radiografía en dos proyecciones si se sospecha fractura, enfermedad de Perthes o epifisiólisis. Cuando la duda está entre inflamación e infección, se punciona la articulación y se analiza el líquido obtenido: esa es la prueba decisiva. A veces se añade una resonancia magnética, que detecta fracturas ocultas y focos de infección dentro del hueso.
Prepare la consulta: recuerde el día exacto en que cambió la manera de andar, grabe un vídeo corto del niño caminando y anote las cifras de temperatura y el nombre de todos los medicamentos que le ha dado.
Qué hacer en casa y qué no hacer
Las medidas caseras solo tienen sentido después de la exploración, cuando el médico ha dado un nombre a la causa y ha autorizado el tratamiento en casa. Antes de que lo vean, en casa no se «trata» nada.
- Deje la pierna en reposo unos días: sin correr, saltar, entrenar ni hacer educación física. No hace falta meterlo en la cama: el niño se limita solo tanto como le duele.
- Para el dolor use las presentaciones infantiles de paracetamol o ibuprofeno, midiendo la dosis según el peso del niño y el prospecto del producto. No combine dos preparados con el mismo principio activo. A niños y adolescentes no se les da aspirina.
- No aplique calor en la zona dolorida, no la frote con pomadas de efecto calor ni la masajee: si la causa es infecciosa, el calor empeora las cosas.
- No obligue al niño a «andar hasta que se le pase» ni insista en que apoye la pierna si no puede.
- Acuda a la revisión si se la han citado, incluso si ya está mejor: en la enfermedad de Perthes y en la epifisiólisis la mejoría pasajera engaña.
- Vuelva al deporte de forma gradual, guiándose por cómo se encuentra el niño y no por una fecha.
Contacte con el médico antes de lo previsto si aparece fiebre, si el dolor aumenta o deja de ceder con el analgésico, si el niño apoya peor la pierna o si la cojera dura más de dos semanas. Una cojera que se prolonga más de dos semanas ya no es una inflamación pasajera, y el diagnóstico hay que revisarlo.
Consulta en línea
La pierna de un niño no se puede palpar a través de una pantalla, y la consulta en línea no sustituye del todo a la exploración. Lo que sí resuelve es la pregunta que un padre se hace primero: con qué urgencia hace falta esa exploración, si ahora mismo, hoy o con una cita tranquila. El médico de Oladoctor le preguntará cómo cojea exactamente el niño, si apoya la pierna, qué ha hecho en las últimas semanas, si tiene fiebre y qué aspecto general presenta, verá el vídeo de su forma de andar y le explicará qué signos exigen una ambulancia inmediata y con cuáles se puede acudir con calma a una consulta. Le ayudará a interpretar los análisis y las imágenes que ya tenga y le indicará a qué especialista dirigirse. Si por lo que usted describe el cuadro se parece a una infección de la articulación o del hueso, se lo dirán en el acto y le mandarán al hospital.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Cojera en niños
Habla sobre tus síntomas y los posibles próximos pasos para Cojera en niños con un médico online.














