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Notar algo nuevo en el pecho asusta casi siempre, y la primera idea que pasa por la cabeza suele ser la misma para todo el mundo. Por eso empecemos por lo principal: la gran mayoría de los bultos de la mama son benignos. Quistes, fibroadenomas y los cambios habituales del tejido antes de la regla son lo que más se encuentra. Pero esa buena noticia tiene una segunda mitad igual de importante: distinguir al tacto un bulto inofensivo de uno peligroso no lo consigue nadie, tampoco el médico. De ahí una regla sencilla que no exige valentía: todo bulto nuevo se enseña al médico, y lo habitual es que ahí acabe la historia.
Qué suele ser ese bulto
- Un quiste, es decir, una cavidad con líquido. Aparece sobre todo a partir de los treinta y cinco años, suele ser redondo, liso y móvil, a veces doloroso, y puede cambiar de tamaño a lo largo del ciclo. Los pequeños se dejan en paz; los grandes y molestos se vacían con una aguja en la propia consulta.
- Un fibroadenoma, un crecimiento benigno de tejido glandular y conjuntivo y el hallazgo más frecuente en mujeres jóvenes. Es firme, liso, de bordes bien definidos y se escapa bajo los dedos al palparlo. Muchas veces basta con vigilarlo.
- Cambios cíclicos. En la semana previa a la regla, el pecho de muchas mujeres se vuelve más denso, más irregular al tacto y más sensible, y después de la menstruación regresa a su estado anterior. No es una enfermedad ni una "mastopatía que hay que tratar".
- Un lipoma, un bulto graso y blando, y una zona endurecida después de un golpe, que se reabsorbe poco a poco.
- Inflamación. Un bulto doloroso, caliente y con enrojecimiento en una mujer que amamanta suele ser una retención de leche o una mastitis; a veces se forma un absceso que hay que drenar.
- Un conducto dilatado o un papiloma intraductal, causas benignas de un bulto junto al pezón, con frecuencia acompañadas de secreción.
Por qué el tacto no basta
En internet es fácil encontrar descripciones del tipo "lo benigno es móvil y duele; lo maligno es duro y no duele". A grandes rasgos es cierto, pero no sirve como prueba: hay demasiadas excepciones. Un cáncer de mama puede ser blando al tacto, móvil y doloroso; un quiste puede notarse duro y fijo. El tamaño tampoco decide nada: un nódulo pequeño no es más seguro que uno grande.
Por eso el estudio está organizado de otra manera: el médico explora la mama, añade una ecografía o una mamografía y, si queda duda, toma con una aguja un fragmento de tejido. Tres fuentes en lugar de unos dedos. Y por eso mismo no tiene sentido vigilar el hallazgo en casa durante semanas esperando que "se reabsorba solo": la vigilancia no aclara nada y consume tiempo.
La regla que conviene recordar: un bulto nuevo que no desaparece después de la siguiente regla se enseña al médico. Las mujeres que ya están en la menopausia no tienen nada que esperar: consultan directamente. No es alarmismo ni exceso de celo, es el procedimiento normal.
Señales que no admiten espera
Todo lo que sigue es motivo para pedir cita en los próximos días, no dentro de un mes. Ninguna de estas señales es por sí sola una condena: varias aparecen también en procesos benignos. Pero se comprueban deprisa.
- un bulto duro, de bordes irregulares, adherido a los tejidos vecinos y que no se desplaza bajo los dedos, habitualmente indoloro;
- la piel sobre el bulto se ha retraído y ha aparecido un hoyuelo o un pliegue que antes no existía; a veces solo se ve al levantar los brazos;
- el pezón se ha metido hacia dentro o ha cambiado de orientación, siendo antes normal;
- la piel ha adquirido aspecto de piel de naranja, con los poros marcados y engrosada;
- secreción por el pezón sin apretar, especialmente sanguinolenta o transparente, de una sola mama y por un solo orificio;
- una erupción persistente, descamación o una costra húmeda en el pezón y a su alrededor que no cede con cremas;
- la forma o el tamaño de la mama han cambiado y una se diferencia claramente de la otra;
- un bulto o una hinchazón en la axila o por encima de la clavícula.
Merece mención aparte un cuadro que se confunde con facilidad con una infección. Toda la mama, o buena parte de ella, se enrojece, se hincha, se vuelve caliente y pesada, la piel se engrosa y toma aspecto de piel de naranja, el pezón se retrae, y todo ello se instala en pocas semanas. Así se presenta el cáncer inflamatorio de mama. Es raro y rápido, a menudo sin ningún nódulo palpable, y con frecuencia se trata como si fuera una mastitis. Si no está amamantando y el cuadro se parece a una mastitis, o si el antibiótico prescrito no ha mejorado nada en una semana, lo que hace falta no es un segundo antibiótico sino un estudio de la mama.
El dolor de mama casi nunca es cáncer
Es el miedo más extendido y a la vez el malentendido más común. El dolor mamario es un motivo de consulta masivo, y el cáncer de mama en la mayoría de los casos no duele en absoluto. Mucho más a menudo el dolor se explica por las oscilaciones hormonales: aparece antes de la regla, afecta a las dos mamas, es más intenso en los laterales y en la parte alta, se irradia hacia la axila y cede al empezar la menstruación.
También existe el dolor no cíclico, localizado en un punto y sin relación con los días del ciclo. Detrás de él a menudo no está la glándula: un músculo forzado, una inflamación del cartílago costal, un dolor de la columna dorsal o, sencillamente, un sujetador inadecuado. Ayudan cosas simples: un sujetador de buena sujeción y bien elegido, también para dormir y para el ejercicio, analgesia en tandas cortas y, si el dolor cíclico es intenso, hablarlo con el médico.
Pero este consuelo tiene un límite. Un dolor que se mantiene en el mismo punto, no se va en meses y, más aún, se acompaña de cualquiera de las señales de la lista anterior se estudia igual que un bulto.
Conocer el propio pecho
Los esquemas de autoexploración con días concretos del ciclo, recorridos de los dedos en espiral y un ritual mensual obligatorio ya no se recomiendan: no salvan vidas y en cambio generan ansiedad y visitas innecesarias. Los ha sustituido una idea más sencilla y más útil: saber cómo es su pecho habitualmente.
Para eso no hace falta calendario. Basta con mirarse de vez en cuando en el espejo y prestar atención al pecho al lavarse o al vestirse: qué aspecto tiene, cómo se nota al tacto, qué es normal en las distintas fases del ciclo. Así lo nuevo se detecta solo, sin ninguna técnica. Conviene recordar únicamente que en la mayoría de las personas el pecho no es homogéneo al tacto, y que un tejido "con grumos" que siempre ha sido así y cambia con el ciclo es su normalidad, no un hallazgo.
Un apunte sobre el cribado. En todos los países en los que trabajamos existen programas de mamografía dirigidos a mujeres sin síntomas; la edad de inicio y el intervalo entre pruebas varían de un país a otro, así que conviene consultar cómo funciona en el suyo. Dos cosas valen en cualquier sitio: la invitación al cribado se acepta, y un bulto que acaba de aparecer no se deja para la siguiente cita programada: con un síntoma se acude al médico enseguida.
Bultos en la mama en el hombre
Los hombres rara vez piensan en el pecho, y hacen mal. El hallazgo más frecuente en ellos es la ginecomastia, un crecimiento de tejido glandular bajo el pezón en uno o en los dos lados. Se ve en la adolescencia y a partir de los cincuenta, y aparece en enfermedades del hígado y de la tiroides, con determinados medicamentos y con el exceso de peso. Es benigna, pero conviene encontrar la causa.
El cáncer de mama masculino, en cambio, existe, aunque represente una pequeña parte del total. Preocupan exactamente las mismas señales que en la mujer: un nódulo firme y fijo en un solo lado, casi siempre bajo el pezón o junto a él, retracción del pezón, secreción, una úlcera en la piel o un bulto en la axila. Los hombres consultan más tarde que las mujeres porque no esperan ese diagnóstico en sí mismos, y esa es la única razón por la que hay que decirlo en voz alta.
Qué ocurre en la consulta
El procedimiento es parecido en todas partes. El médico pregunta cuándo notó el cambio y si guarda relación con el ciclo, y explora ambas mamas y las axilas. Si el cuadro no deja dudas, por ejemplo unos cambios cíclicos típicos, la cosa puede terminar ahí.
Si queda alguna duda, le derivarán a una unidad de mama, donde el estudio suele hacerse en una sola visita:
- exploración por un especialista;
- pruebas de imagen: ecografía en las mujeres jóvenes, cuyo tejido mamario es más denso, y mamografía en las de más edad; con frecuencia ambas;
- biopsia, la toma de células o de un cilindro de tejido con una aguja y anestesia local, cuando hay que precisar de qué se trata.
El resultado de la exploración y de las imágenes suele darse el mismo día; el de la biopsia llega en torno a una semana. La espera es la parte más dura, y así se lo advertirán con honestidad. Vale la pena tener presente que la gran mayoría de estos estudios termina con un "no es cáncer", y que el tratamiento depende del hallazgo: el quiste se vacía, el fibroadenoma casi siempre solo se vigila, la inflamación se trata, y solo en una minoría de casos se habla de algo mayor, que además, detectado pronto, responde bien.
Consulta en línea
En línea no se palpa el pecho, y la consulta no puede sustituir a la exploración presencial. Pero sí responde a las preguntas que suelen quitar el sueño: si lo que describe se parece a un quiste o a un cambio cíclico, cuál de sus señales obliga a darse prisa, a qué especialista acudir y con qué, qué prueba tiene sentido a su edad y qué significan los resultados e informes que ya tiene. El médico le ayudará a preparar la visita y a ordenar sus preguntas, y si en su relato hay una sola señal de alarma se lo dirá con claridad y le remitirá a una exploración presencial sin demora.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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