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Medicamentos comúnmente prescritos para Venas varicosas (varices)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 3%Principio activo: sodium tetradecyl sulfateFabricante: Std Pharmaceutical (Ireland) LimitedRequiere recetaForma farmacéutica: SoluciÓn inyectable, 2 mgPrincipio activo: sodium tetradecyl sulfateFabricante: Std Pharmaceutical (Ireland) LimitedRequiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 0.5%Principio activo: sodium tetradecyl sulfateFabricante: Std Pharmaceutical (Ireland) LimitedRequiere receta
Las varices son venas hinchadas y tortuosas que se ven bajo la piel, casi siempre en las piernas y los muslos. Son muy frecuentes y por sí mismas casi nunca resultan peligrosas: muchísimas personas conviven con ellas durante décadas sin necesitar ningún tratamiento. Pero hay una segunda cara de la que se habla menos. Con el tiempo, algunas venas empiezan a molestar de verdad: la pierna pesa y se hincha al final del día, la piel del tobillo se oscurece y se endurece, aparece picor y a veces una herida que no cierra. Eso ya no es estética, y ahí observar en lugar de tratar sale caro. La intención de este texto es ayudar a distinguir una situación de la otra y mostrar qué se ofrece hoy en lugar de una cirugía mayor.
Qué aspecto tienen y qué se nota
Las varices suelen verse bien y se palpan con facilidad: sobresalen bajo la piel como cordones blandos y retorcidos, azulados o del color de la piel, y se notan más cuando la persona está de pie. Basta tumbarse y levantar la pierna para que se vacíen; ese es el comportamiento normal de una vena, no la señal de que el problema haya desaparecido.
Las molestias no aparecen en todo el mundo y guardan poca relación con el tamaño de las venas: un cordón grueso puede no dar guerra, y unas venas apenas visibles llegar a pesar bastante. El cuadro habitual es este:
- pesadez, sensación de tirantez y dolor sordo en la pantorrilla, que va a más según avanza el día;
- hinchazón del tobillo y del pie: por la tarde queda la marca del calcetín y por la mañana la pierna vuelve a estar normal;
- escozor y picor en el trayecto de la vena;
- calambres nocturnos en las pantorrillas;
- alivio al tumbarse con las piernas en alto o al caminar, y empeoramiento con el calor, los baños calientes y las horas de pie.
Las arañas vasculares y las telangiectasias —esos vasos finos rojos, azules o violáceos que están dentro de la propia piel— no son varices: no se hinchan, no dan pesadez y solo se tratan por motivos estéticos. Eso sí, a veces las arañas son lo único visible por fuera y debajo ya hay una vena con las válvulas estropeadas, así que cuando además hay hinchazón y pesadez no conviene ignorarlas.
Por qué se dilatan las venas
La sangre sube por las venas de las piernas en contra de la gravedad. La sostienen ahí dos cosas: las válvulas del interior de la vena, unas valvas finas que impiden que la sangre vuelva a caer, y los músculos de la pantorrilla, que en cada paso comprimen las venas profundas y empujan la sangre hacia el corazón. En cuanto las válvulas dejan de cerrar, parte de la sangre retrocede. La presión dentro de la vena sube, la pared se estira, las valvas se separan aún más y el círculo se alimenta a sí mismo. La vena además se alarga y, como no tiene hacia dónde crecer, se retuerce: de ahí ese aspecto nudoso.
Todo esto ocurre en las venas superficiales, las que quedan justo bajo la piel. El retorno principal va por las venas profundas, dentro de los músculos, y en las varices esas suelen funcionar bien. Por eso cerrar o quitar una vena superficial no priva a la pierna de un conducto necesario: la sangre simplemente sigue el camino correcto.
La probabilidad es mayor si hay varices en los padres, con la edad, en el embarazo, con exceso de peso, en trabajos donde se pasan horas de pie o sentada sin moverse, y después de una trombosis venosa profunda. En las mujeres se encuentran con más frecuencia. Las varices que aparecen durante el embarazo a menudo se reducen o desaparecen en los primeros meses tras el parto, de modo que antes de ese plazo no suele tratarse nada: basta con las medias de compresión.
Cuándo es estética y cuándo ya es enfermedad
Unas varices sin molestias y sin cambios en la piel son algo con lo que se puede vivir tranquilamente sin hacer nada. Quitarlas por su aspecto es una decisión perfectamente legítima, pero una decisión, no una necesidad médica.
Otra cosa son los signos de que la presión venosa ya está dañando los tejidos de la pierna. Ahí esperar juega en contra: los cambios de la piel tardan años en formarse y se revierten mal. Conviene enseñar la pierna al médico y hablar de tratamiento, no de vigilancia, si hay al menos uno de estos:
- hinchazón de la pierna y el tobillo que ya no se va del todo durante la noche;
- pesadez y dolor al final del día que obligan a cambiar la rutina;
- cambio de color de la piel sobre el tobillo: manchas pardo-anaranjadas en la piel clara y, en la piel oscura, zonas más oscuras que el resto, brillantes o grisáceas. Es el hierro de la sangre que se ha filtrado a través de la pared del vaso, y por sí solo no se va;
- endurecimiento de la piel por encima del tobillo, cuando esa zona se vuelve dura y como ceñida y la pantorrilla por encima parece más llena;
- un eccema que pica y descama sobre las venas;
- una úlcera en la pierna, abierta o ya curada: una úlcera curada en su día es la misma indicación que una abierta, porque sin tratar las venas vuelve;
- al menos un episodio de sangrado por una variz.
Esta página trata de las venas en sí. Sobre la piel de la pierna —por qué se oscurece, pica y descama, con qué hidratarla y cómo evitar que llegue a la úlcera— puede leer la página sobre el eccema varicoso. La causa es común, pero las preguntas son distintas.
Qué ayuda en el día a día
Conviene decirlo de entrada para evitar decepciones: nada de lo que sigue elimina las venas ya dilatadas ni devuelve la función a las válvulas. Estas medidas reducen los síntomas, contienen la hinchazón y cuidan la piel, que no es poco, pero no son un tratamiento de las venas.
- Caminar. No es el consejo genérico sobre el deporte, sino un mecanismo concreto: en cada paso el músculo de la pantorrilla funciona como una bomba. Media hora de caminata al día hace por las piernas más que cualquier crema.
- Pausas si se trabaja de pie o sentada. Cada media hora, ponerse de puntillas diez o quince veces, mover los tobillos, dar unos pasos: lo que perjudica es la inmovilidad, no la postura en sí.
- Piernas en alto y peso. Veinte o treinta minutos tumbada con los pies por encima del nivel del corazón es la forma más rápida de bajar la hinchazón de la tarde. Los kilos de más significan más presión en las venas de la pelvis y las piernas.
- Cuidado de la piel y prudencia. La piel seca de la pierna se hidrata a diario: la piel agrietada se rasca y en esa zona aparece con facilidad una herida que luego cierra mal. La piel fina que cubre una variz gruesa se rompe con el canto de un mueble o un escalón, y esa es una causa frecuente de sangrado.
Los productos de farmacia ocupan aquí un lugar modesto. Los flebotónicos pueden reducir algo la pesadez y la hinchazón, los indica el médico, pero no actúan sobre las venas; las cremas y los geles dan una sensación agradable de frescor y poco más.
Las medias de compresión: qué dan y qué no
Las medias de compresión aprietan la pierna desde fuera, más en el tobillo y menos hacia arriba. Sujetan las venas dilatadas, ayudan a la bomba muscular y quitan la hinchazón. La pesadez y el cansancio del final del día disminuyen, y a muchas personas eso les basta para convivir con las varices sin ninguna intervención.
Pero hay que decirlo con claridad: la media alivia los síntomas y no elimina las venas. La vena dilatada sigue dilatada debajo, las válvulas no vuelven a cerrar y, en cuanto la media se quita, todo regresa. No es un argumento contra la compresión, sino contra pasar años con la media puesta en lugar de hablar de tratamiento cuando ya hay motivos para tratarse.
La clase de compresión y la talla las elige el médico, y antes tiene que comprobar que el flujo arterial de la pierna está bien: palpar el pulso del pie y, ante la duda, medir el índice tobillo-brazo comparando la presión en el tobillo y en el brazo. Si las arterias están estrechadas, no se puede comprimir la pierna. La media se pone por la mañana, antes de que la pierna se hinche, y se quita para dormir. Si se enrolla, corta o roza, no hay que aguantarse: hay que cambiar la talla, porque ese rodete actúa como un torniquete. Un tejido dado de sí ya no comprime, así que se renueva cada pocos meses.
Cómo se estudian y con qué se tratan hoy
La prueba suele ser una sola y basta: la ecografía dúplex de las venas. Muestra qué venas no retienen la sangre, dónde exactamente fallan las válvulas y si las venas profundas están bien. Sin ella no se planifica nada: quitar la vena visible sin saber de dónde le llega el reflujo es la manera más rápida de volver a tenerla.
La cirugía mayor ha dejado de ser la opción principal. Lo habitual hoy no es extraer la vena, sino cerrarla desde dentro a través de una punción, con anestesia local, y la persona se va a casa el mismo día.
- Ablación térmica, con láser o con radiofrecuencia. Por la punción se introduce en la vena un instrumento fino y se calienta desde dentro; las paredes se pegan, la vena deja de conducir sangre y con el tiempo se convierte en un cordón de tejido fibroso. Hoy es el tratamiento de elección para los troncos gruesos.
- Escleroterapia. Se inyecta en la vena un producto, casi siempre en forma de espuma, que la hace pegarse. Sirve para venas más pequeñas, colaterales y arañas, y suele necesitar varias sesiones.
- Cierre con pegamento y ablación mecanoquímica. Variantes sin calor y, por tanto, sin necesidad de anestesiar todo el trayecto de la vena; se emplean cuando los métodos térmicos no encajan.
- Cirugía de extracción de la vena. Se liga el tronco y se retira, y las colaterales se sacan por incisiones mínimas. Sigue haciendo falta con ciertas anatomías y con varices muy voluminosas; se hace con anestesia general o raquídea.
Común a todos: unos días de medias de compresión después y unos hematomas y una sensación de tirantez en el trayecto de la vena que duran una o dos semanas. Y una cosa más que conviene saber antes: el tratamiento quita las venas tratadas, pero no anula la tendencia. Al cabo de unos años, una parte de las personas encuentra venas nuevas, y eso no significa que la intervención se hiciera mal.
Cuándo hay que ver al médico sin esperar
Las urgencias por varices son poco frecuentes, pero existen y conviene reconocerlas.
Un cordón caliente y doloroso a lo largo de la vena. La vena se pone dura como una cuerda, la piel que la cubre se enrojece, quema y duele al tocarla. Así se presenta la tromboflebitis superficial. En sí misma no suele ser grave, pero necesita valoración y ecografía en pocos días: hay que saber hasta dónde llega el trombo y si ha pasado a las venas profundas. Esa zona no se calienta, no se frota ni se masajea.
Una pierna entera hinchada y dolor en la pantorrilla. Hinchazón de una sola pierna, dolor o tensión en la pantorrilla y piel más caliente de lo normal pueden indicar una trombosis venosa profunda. Hay que ver al médico ese mismo día, sin dejarlo para mañana. Si además aparecen falta de aire, dolor en el pecho al respirar, palpitaciones o sangre al toser, llame a una ambulancia: así se manifiesta la embolia pulmonar. En España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único 112.
Sangrado por una variz. La piel fina que cubre la variz se rompe a veces con un roce insignificante y, como la presión dentro es alta, la sangre sale a chorro; impresiona mucho. Qué hacer de inmediato: túmbese, levante la pierna todo lo que pueda y presione con fuerza sobre el punto con un paño limpio; mantenga la presión diez o quince minutos seguidos, sin levantar la mano para mirar. En esa posición el sangrado casi siempre se detiene. Después ponga un vendaje compresivo, mantenga la pierna elevada y acuda al médico aunque la sangre ya no salga. Si no consigue pararlo, llame a una ambulancia. Un sangrado es una indicación directa de tratar las venas: cuando ha ocurrido una vez, se repite.
Consulta en línea
En las varices, la consulta en línea sirve sobre todo para ordenar la situación. El médico preguntará por las molestias y por cómo se comporta la pierna al final del día y después de dormir, mirará fotografías de la pierna hechas con buena luz de pie y tumbada, y ayudará con la pregunta principal: si esto es estética con la que se puede vivir o son ya los cambios que aconsejan acudir al cirujano vascular.
Aquí mismo tiene sentido plantear si hace falta la ecografía dúplex y qué va a mostrar; en qué se diferencian el láser, la radiofrecuencia y la escleroterapia y por qué la elección se hace con el resultado de la ecografía en la mano y no por el precio; cómo elegir las medias y cómo llevarlas; qué hacer con las piernas en un trabajo de pie y durante el embarazo. Va bien leer juntos un informe de ecografía ya hecho y entender qué dice.
Los límites son sencillos. No se diagnostica por fotografía: el estado de las válvulas solo se ve en la ecografía. No se indica compresión sin comprobar el flujo arterial. Y si se hincha una sola pierna y duele la pantorrilla, si aparece un cordón caliente y doloroso en el trayecto de la vena o ha habido un episodio de sangrado, no hace falta una conversación por pantalla, sino un médico en persona y hoy mismo.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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