Vaginitis (inflamación de la vagina)
La vaginitis es la inflamación de la vagina y de la piel que la rodea: picor, escozor, un flujo distinto del habitual, molestias al orinar o durante las…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Vaginitis (inflamación de la vagina)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SEMISOLIDO VAGINAL, 10 % clotrimazolPrincipio activo: ClotrimazolFabricante: Bayer Hispania S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: OVULO/CAPSULA/COMPRIMIDO VAGINAL, 500 mg clotrimazolPrincipio activo: ClotrimazolFabricante: Bayer Hispania S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: SEMISOLIDO VAGINAL, 2 % clotrimazol/ 100 gPrincipio activo: ClotrimazolFabricante: Bayer Hispania S.L.No requiere receta
La vaginitis es la inflamación de la vagina y de la piel que la rodea: picor, escozor, un flujo distinto del habitual, molestias al orinar o durante las relaciones sexuales. La palabra parece un diagnóstico, pero en realidad no lo es: describe lo que está ocurriendo, no responde a por qué ocurre. Detrás de un cuadro casi idéntico hay causas muy distintas, y cada una se trata de una manera: lo que sirve para una no hace nada en otra y a veces empeora las cosas. Por eso lo importante de esta página no es la lista de síntomas, sino aprender a distinguir el camino que toca.
Cómo se manifiesta
El repertorio de molestias es corto y se repite en casi todo el mundo: picor o escozor en la vagina y en la piel de alrededor; un flujo que ha cambiado de color, de espesor o de olor; sequedad; ardor al orinar, cuando la orina toca la piel irritada; dolor o incomodidad en las relaciones sexuales; a veces un manchado leve de sangre y la piel de la entrada de la vagina enrojecida, hinchada o agrietada.
Rara vez aparecen todos a la vez: lo habitual son dos o tres, y lo que orienta es la combinación. Conviene fijarse en si hay olor, en cuándo empeora — antes de la regla, después de las relaciones, tras la piscina o al estrenar un gel de ducha — y en si es la primera vez o se repite. En la consulta esos detalles valen más que la queja más detallada de «me pica mucho»: acortan el camino hasta la causa.
Tres infecciones que se tratan de forma distinta
Lo más frecuente es que detrás de la inflamación haya una de estas tres situaciones, y distinguirlas importa porque el medicamento no es el mismo.
- Candidiasis, la llamada infección por hongos. Un hongo que vive en pequeña cantidad en la vagina de muchas mujeres y prolifera cuando se altera el equilibrio de la flora, por ejemplo tras un tratamiento con antibióticos. El flujo es espeso, blanco, con grumos parecidos al requesón, y en general no huele; lo que domina es un picor intenso y el escozor, con la piel de la entrada roja e hinchada. Se trata con antifúngicos, en óvulos y cremas o por vía oral.
- Vaginosis bacteriana. No es una infección que se contagie, sino un desplazamiento de la propia flora: bajan los lactobacilos protectores y aumentan otras bacterias. El flujo es líquido, homogéneo, grisáceo o blanquecino, y la señal principal es el olor, que suele describirse como a pescado y que se acentúa después de las relaciones y con la regla. Puede no haber picor en absoluto. Los antifúngicos aquí no sirven de nada: hace falta un antibiótico, local u oral.
- Tricomoniasis. Una infección de transmisión sexual. El flujo es abundante, amarillo verdoso, a veces espumoso y maloliente; puede haber escozor y dolor al orinar y en las relaciones. Se trata con un antibiótico de un grupo concreto y con una condición ineludible: tratar también a la pareja, o todo vuelve al cabo de poco. De paso, el médico suele proponer descartar otras infecciones de transmisión sexual, porque la clamidia y la gonorrea a menudo cursan sin flujo alguno y solo se detectan con una prueba.
Cuando la causa no es una infección
En torno a un tercio de las mujeres que consultan por estas molestias no tiene ninguna infección, y ni el antibiótico ni los óvulos antifúngicos les hacen falta.
- Vaginitis atrófica. Después de la menopausia bajan los estrógenos, la mucosa se adelgaza, se reseca y se irrita con facilidad. Hay poco flujo o ninguno, pero sí sequedad, escozor, dolor en las relaciones, a veces un manchado de sangre después, y suelen repetirse las cistitis. Lo mismo ocurre, de forma pasajera, durante la lactancia y con algunos anticonceptivos. Aquí ayudan los hidratantes vaginales y los lubricantes, y si las molestias son marcadas el médico puede indicar un tratamiento hormonal local.
- Irritación y reacción de contacto. Jabones y geles usados «por dentro», espumas y desodorantes íntimos, compresas y toallitas perfumadas, detergente y suavizante de la ropa, látex, espermicidas, productos de depilación. Esta inflamación se resuelve sola en cuanto se retira lo que la provoca, y no se resuelve con ninguna otra cosa.
- Enfermedades de la piel. El eccema, la psoriasis, el liquen plano y sobre todo el liquen escleroso pueden pasar años haciéndose pasar por «candidiasis crónica». Lo que debe hacer sospechar: un picor persistente que no cede con antifúngicos, zonas blanquecinas y endurecidas, pequeñas fisuras, cambios en la forma de los labios. Se reconoce explorando y se trata de un modo completamente distinto.
- Un cuerpo extraño. Un tampón olvidado es la causa más frecuente de un flujo abundante y de aparición brusca con un olor pútrido muy intenso. Es una situación incómoda, pero de lo más corriente, y se resuelve en un minuto en la consulta.
Por qué el antifúngico «por si acaso» falla
El error más común parece inofensivo: ante un picor conocido, se compran en la farmacia unos óvulos antifúngicos porque la vez anterior funcionaron. A veces funcionan, en efecto. Pero los estudios que han comparado el autodiagnóstico con el resultado de una muestra de laboratorio muestran siempre lo mismo: acertar no acierta todo el mundo, y el fallo es especialmente frecuente entre quienes ya llevan varias veces tratándose «los hongos» por su cuenta.
El precio del error no es el dinero gastado, sino el tiempo perdido. La vaginosis bacteriana, la tricomoniasis, una enfermedad de la piel y la atrofia no se van con un antifúngico. Los síntomas pueden atenuarse un poco — los óvulos hidratan por sí mismos — y volver después, con lo que se empieza una segunda tanda, y una tercera, y se acaba asumiendo que «esto siempre me pasa». Mientras tanto la causa real sigue sin tratarse. Hay además el reverso: usar antifúngicos a menudo y sin necesidad irrita la mucosa y alimenta la propia inflamación.
De ahí una regla sencilla: una vez y con un cuadro conocido, es razonable; si no ha funcionado, si se repite a menudo, si el cuadro ha cambiado o ha aparecido olor, toca que la miren. En la consulta se examina la piel y la mucosa, si hace falta se mira por dentro con un espéculo y se toma una muestra con un bastoncillo. Es rápido y no debería doler; si duele o si la situación angustia, se puede pedir que paren, es una petición normal. La muestra responde a lo que no se puede resolver desde fuera: cuál es exactamente la causa. Un par de días antes de la cita conviene no usar óvulos ni cremas y no hacer lavados vaginales, o el resultado quedará emborronado.
Cuidados: lo que ayuda y lo que solo estorba
En la irritación y en la tendencia a repetir episodios, la mitad de la mejoría llega por lo que se deja de hacer.
Lo que no hay que hacer. Nada de duchas vaginales: la vagina se limpia sola, y el lavado arrastra los lactobacilos y aumenta directamente la probabilidad de vaginosis bacteriana. No lavar por dentro con jabón ni con gel; por fuera basta agua templada. Nada de productos perfumados: desodorantes íntimos, compresas con fragancia, toallitas, espumas de baño. No llevar salvaslip de forma continua: como recurso puntual valen, pero día tras día crean un ambiente húmedo de invernadero y rozan la piel. Y nada de remedios caseros dentro de la vagina — bicarbonato, yogur, miel, ajo, aceites esenciales —: no restauran la flora, queman la mucosa.
Lo que sí ayuda. Lavarse por fuera con agua templada y secar bien. Llevar ropa interior de algodón y holgada, y lavarla sin suavizante ni perfumes. No quedarse mucho rato con el bañador mojado o con la ropa sudada después del deporte. Usar lubricante en las relaciones si hay sequedad, y un hidratante vaginal si la sequedad es constante. Usar preservativo con una pareja nueva y cambiar a tiempo tampones y compresas. Si los episodios se repiten, viene bien anotar en dos líneas qué pasó, cuándo, qué se hizo y si sirvió: en la consulta eso ahorra media hora de preguntas.
Si está embarazada
El embarazo cambia dos cosas. La primera: la inflamación y la candidiasis son más frecuentes de lo habitual por los cambios hormonales, y eso por sí solo no indica que algo vaya mal. La segunda, y más importante: ahora el tratamiento lo elige el médico, no la farmacia. Una parte de los medicamentos habituales fuera del embarazo no se emplean en este periodo o se emplean solo por vía local, y la decisión depende además de las semanas de gestación.
Merece mención aparte la vaginosis bacteriana: en el embarazo se trata incluso cuando apenas molesta, porque se asocia a complicaciones de la gestación. Por eso un flujo que ha cambiado durante el embarazo no es algo que haya que aguantar, ni motivo para repetir por cuenta propia el tratamiento del año pasado, sino algo que hay que comentar con quien lleva el embarazo. Y, por descontado, cualquier sangrado o dolor en la parte baja del abdomen en este periodo obliga a consultar sin esperar.
Cuándo hay que ir al médico sin demora
Casi todo lo anterior admite espera: se pide cita para los próximos días y ya está. Pero hay señales que no conviene dejar pasar.
Acuda al médico el mismo día si:
- aparece fiebre o escalofríos junto con dolor en la parte baja del abdomen: así puede manifestarse una enfermedad inflamatoria pélvica, que se trata de inmediato porque, si se deja avanzar, daña las trompas;
- hay sangrado fuera de la regla, después de las relaciones o después de la menopausia;
- el flujo es abundante y con un olor pútrido muy fuerte;
- salen llagas, ampollas o heridas dolorosas en los labios o en la entrada de la vagina;
- el dolor se ha hecho intenso y molesta al andar o al sentarse, o un labio se ha hinchado y enrojecido mucho;
- los síntomas empezaron después de una relación con una pareja nueva: aquí conviene no demorarse y estudiarse los dos.
La vaginitis no suele requerir una ambulancia. Sí la requiere otra situación: un dolor brusco y que crece deprisa en la parte baja del abdomen, sobre todo con desmayo, palidez o sangrado intenso. En España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único 112. Hasta que la vea un médico, mejor no mantener relaciones: si se trata de una infección de transmisión sexual, la pareja también se la lleva.
Consulta en línea
Un tema del que da apuro hablar en voz alta se presta bien a una conversación a distancia: no hay que desplazarse ni esperar en una sala común, y las preguntas se pueden preparar con calma. El médico preguntará por el aspecto del flujo y el olor, por lo que ya se ha probado y con qué resultado, por productos de higiene o detergentes nuevos, por un cambio de pareja, por antibióticos recientes y por el momento vital, del embarazo a la menopausia.
De esa conversación suele salir lo esencial: si es una situación que puede manejarse con cuidados en casa y productos sin receta, o si hace falta una muestra de laboratorio y de qué tipo. El médico indicará qué pruebas tiene sentido hacer y cómo prepararse, ayudará a revisar la composición de los productos de higiene cuando se sospecha irritación y explicará qué hacer con los episodios repetidos para no dar vueltas en el círculo de la automedicación. También conviene ver el límite: distinguir una candidiasis de una vaginosis bacteriana o de una enfermedad de la piel a partir de una descripción no es posible, eso lo hacen la exploración y la muestra. Y con fiebre y dolor abdominal bajo, sangrado o llagas hace falta un médico presencialmente y el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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