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Se llama benigno al tumor cuyas células crecen despacio, no invaden los tejidos vecinos y no se diseminan por el cuerpo. Es una descripción de cómo se comportan esas células, no una promesa de que no pasará nada: el cráneo no se estira, y hasta un tumor de aspecto tranquilo ocupa un espacio del que el cerebro no dispone. De ahí vienen las molestias, que no las causa el tumor en sí, sino la presión que ejerce sobre la zona vecina o el estorbo que supone para la salida del líquido cefalorraquídeo. Lo tranquilizador es lo demás: la mayoría de estos tumores puede extirparse o vigilarse durante años sin ningún tratamiento.
Cómo se manifiesta un tumor que crece despacio
Los signos no dependen del tamaño, sino de qué parte del cerebro ha quedado bajo presión. Como el tumor avanza sin prisa, las molestias van a más a lo largo de meses o incluso años, y la persona se acostumbra a ellas.
- dolor de cabeza distinto de los anteriores: peor por la mañana, que aumenta al agacharse, toser o hacer fuerza, que despierta por la noche y a veces se acompaña de vómitos sin náusea previa;
- una primera crisis convulsiva en la vida adulta, uno de los motivos más frecuentes por los que se descubre un tumor;
- visión doble, pérdida de visión lateral, sensación de niebla ante los ojos;
- debilidad o entumecimiento del brazo y la pierna de un mismo lado, inestabilidad al andar, letra que cambia;
- dificultad para hablar, para recordar o para calcular; cambios de carácter y de conducta que los allegados notan antes que la propia persona;
- pérdida de audición y ruido en un solo oído, la forma de presentarse del tumor del nervio auditivo;
- alteración de la regla, secreción por el pecho, caída del deseo sexual y cansancio inexplicable en los tumores de la hipófisis, la glándula del tamaño de un guisante que gobierna las hormonas.
En los niños pequeños el cuadro es otro: vómitos matutinos, estrabismo, retraso del desarrollo y, en los lactantes, un perímetro craneal que crece demasiado deprisa.
Cuándo hace falta una ambulancia
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112) si:
- el dolor de cabeza aparece de golpe y alcanza su máximo en segundos: ese dolor habla más de una hemorragia que de un tumor, pero eso se aclara en el hospital;
- la persona sufre su primera crisis convulsiva, la crisis dura más de cinco minutos o las crisis se encadenan;
- aumenta la somnolencia y la confusión, y cuesta despertarla;
- se debilitan de repente el brazo y la pierna, se tuerce la cara o se pierde el habla;
- un dolor de cabeza intenso se acompaña de vómitos repetidos y de visión que empeora.
En ese estado no conduce ni el propio enfermo ni quien se queda a solas con él: por el camino puede necesitar ayuda.
Qué tumores se consideran benignos
Hay varias decenas y cada uno nace de un tejido distinto. Cuatro son los más frecuentes.
- Meningioma, originado en las membranas que recubren el cerebro por fuera. Es el más común y a menudo aparece por casualidad en una prueba de imagen hecha por otro motivo.
- Glioma de bajo grado, procedente de las células que sostienen y alimentan a las neuronas. En los niños suele ser el astrocitoma pilocítico, que crece durante muchos años.
- Neurinoma del acústico (schwannoma), sobre el nervio que une el oído interno con el cerebro.
- Adenoma hipofisario, nacido en la glándula hormonal situada en la base del cerebro. Se delata por un exceso de hormona o por la presión sobre las vías visuales.
A los tumores se les asigna un grado del uno al cuatro. El grado uno es realmente benigno: se extirpa y el asunto queda cerrado. Con el grado dos la cosa se complica, porque el glioma difuso de grado dos crece despacio pero no tiene bordes definidos y con los años puede transformarse en otro más agresivo. Por eso se vigila de por vida, aunque la persona se encuentre estupendamente.
Cómo se localiza el tumor
En la consulta, el médico pregunta cómo han ido cambiando las molestias, comprueba la fuerza de brazos y piernas, la coordinación, los reflejos y el campo visual, y examina el fondo de ojo: un edema de papila delata la presión intracraneal elevada antes de que aparezcan síntomas graves.
La prueba principal es la resonancia magnética cerebral con contraste, que muestra el tumor, el edema que lo rodea y el desplazamiento de las estructuras vecinas. El TAC se hace más rápido, resulta insustituible en una urgencia y ve bien el hueso y la sangre reciente, pero los tumores pequeños, sobre todo los de la base del cráneo y los de la fosa posterior, se le escapan: un TAC normal no descarta un tumor. El electroencefalograma no localiza ningún tumor, muestra la actividad epiléptica, y se pide junto a la imagen y nunca en su lugar. Los análisis de sangre tampoco responden a esta pregunta.
La respuesta definitiva sobre qué tumor es y con qué rapidez tiende a crecer la da el estudio del tejido, obtenido mediante biopsia o tras la extirpación. Hay excepciones: el adenoma hipofisario se reconoce por los análisis hormonales y el estudio del campo visual, y el neurinoma por la resonancia y la audiometría, sin necesidad de tomar muestra alguna.
Cómo se trata
El tratamiento se elige según el tipo de tumor, su localización y las molestias, y no siempre empieza por el quirófano.
- Vigilancia. Un meningioma o un neurinoma pequeños y sin síntomas suelen limitarse a seguirse con resonancias repetidas a intervalos fijos. Si en años no crece, no se toca.
- Cirugía. Es el método principal cuando el tumor comprime el cerebro. El cirujano retira una porción de hueso, extirpa el tumor y devuelve el hueso a su sitio. A la hipófisis se llega casi siempre por la nariz, sin incisiones en la cabeza.
- Medicamentos en lugar de bisturí. El prolactinoma, el adenoma hipofisario que fabrica prolactina, suele reducirse con pastillas del grupo de los agonistas dopaminérgicos y no necesita operación.
- Radioterapia y radiocirugía. Se emplean cuando el tumor está en un lugar inaccesible o cuando tras la cirugía ha quedado un resto.
- Tratamiento de las propias molestias. Antiepilépticos si hay crisis, corticoides en ciclo corto para bajar el edema que rodea al tumor y, si el líquido no drena bien, una válvula de derivación.
Si le espera radioterapia sobre la cabeza y el cuello, acuda al dentista antes de empezar el ciclo y trate todo lo que haya que tratar: el hueso de la mandíbula irradiado cicatriza mal, y una extracción después de la radioterapia se convierte en un problema aparte.
La recuperación y la vuelta a la vida de siempre
La mayoría de los tumores benignos se tratan con éxito, pero recuperarse de la cirugía o de la irradiación puede llevar mucho tiempo. Persiste un cansancio intenso, cuesta concentrarse, falla la memoria, a veces quedan dificultades con el habla, la visión o el movimiento, y el ánimo cambia. Parte de estas secuelas no aparece enseguida, sino meses después de terminar el tratamiento.
Ayudan las sesiones de rehabilitación y el ejercicio terapéutico, el logopeda cuando el habla ha quedado tocada, el terapeuta ocupacional, que enseña a adaptar la casa y las tareas del día a las capacidades de ahora, y el psicólogo, porque la angustia tras un diagnóstico así es lo normal.
Capítulo aparte es conducir. Con crisis convulsivas y después de una operación cerebral no se puede coger el coche durante un tiempo, y hay que comunicarlo al organismo que expide el permiso de conducir. Los plazos y las normas cambian de un país a otro, así que consúltelos con su médico. Por el mismo motivo conviene no nadar en solitario ni trabajar en altura mientras las crisis no estén controladas. Las resonancias de control se repiten durante varios años: el tumor puede reaparecer y, en raras ocasiones, volverse más agresivo.
Lo que de verdad aumenta el riesgo
Se desconoce la causa de la mayoría de estos tumores. Solo unas pocas cosas guardan una relación demostrada con ellos: la edad, la irradiación de la cabeza en el pasado (por ejemplo, una radioterapia recibida en la infancia) y algunas enfermedades hereditarias raras, como la neurofibromatosis de tipo 1 y 2, la esclerosis tuberosa o el síndrome de Li-Fraumeni. Los meningiomas son bastante más frecuentes en mujeres, y los reguladores europeos advierten de su relación con el uso prolongado de ciertos progestágenos a dosis altas, en particular el acetato de ciproterona; si usted recibe ese tratamiento, hable con su médico de la duración del ciclo.
En cambio, el teléfono móvil, los golpes en la cabeza, el estrés y los suplementos alimenticios no figuran en esa lista: por mucho que se ha buscado, no hay pruebas convincentes de que influyan.
Consulta en línea con el médico
La consulta a distancia resuelve aquello que necesita una explicación y no una exploración. Leer juntos el informe de la resonancia y entender qué significa «lesión ocupante de espacio». Decidir si una molestia nueva es preocupante o es una secuela del tratamiento ya recibido. Aclarar los efectos adversos de los antiepilépticos, preparar las preguntas para el neurocirujano, organizar la rehabilitación, hablar de la vuelta al trabajo y al volante.
Los límites están claros. Ninguna conversación sustituye a una prueba de imagen y, ante un dolor de cabeza brusco e intenso, una crisis convulsiva, una somnolencia creciente o una debilidad repentina de medio cuerpo, lo que hace falta no es una consulta, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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