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Tumores cerebrales

Un tumor cerebral es un cúmulo de células que crece donde no hay sitio libre. El cráneo no se ensancha, de modo que incluso una masa pequeña y de crecimiento…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

Un tumor cerebral es un cúmulo de células que crece donde no hay sitio libre. El cráneo no se ensancha, de modo que incluso una masa pequeña y de crecimiento lento puede alterar seriamente el funcionamiento del cerebro: lo decisivo no es tanto el tamaño como aquello sobre lo que presiona. Los tumores se dividen en primarios, nacidos del propio tejido cerebral o de sus membranas, y secundarios, formados por células traídas por la sangre desde un tumor situado en otro órgano. Los segundos son bastante más frecuentes que los primeros.

Por qué «benigno» no quiere decir «inofensivo»

Los tumores cerebrales se describen con un grado del uno al cuatro: indica con qué rapidez crecen las células y con qué facilidad vuelven a aparecer tras la extirpación. Los grados uno y dos corresponden a un crecimiento lento; el tres y el cuatro, a uno agresivo.

Pero dentro de un cráneo cerrado la palabra «benigno» describe la conducta de las células, no las consecuencias para la persona. Un tumor lento de las membranas que crece junto al tronco cerebral o al nervio óptico resulta peligroso precisamente por su localización: llegar hasta él es difícil y comprime estructuras imprescindibles. A la inversa, una masa en una zona «muda» del lóbulo frontal puede pasar años sin dar señales hasta alcanzar un gran tamaño.

Hoy el grado por sí solo no basta: el tipo de tumor se precisa mediante las características moleculares de las células. De ellas dependen tanto el tratamiento elegido como el pronóstico.

Cómo se manifiesta

Los signos proceden de dos fuentes: el aumento de la presión dentro del cráneo y la pérdida de función de la zona comprimida.

  • Dolor de cabeza distinto del habitual: más intenso por la mañana, capaz de despertar por la noche, que aumenta al toser, agacharse o hacer esfuerzo, y que con el tiempo se repite más a menudo.
  • Náuseas y vómitos sin relación con las comidas, sobre todo a primera hora del día.
  • Una primera crisis convulsiva en un adulto, uno de los primeros signos más frecuentes.
  • Debilidad o adormecimiento que avanza despacio en el brazo y la pierna de un mismo lado.
  • Dificultad para hablar: no salen las palabras o el habla suena pastosa.
  • Pérdida de una parte del campo visual, visión doble, o dejar de percibir los objetos situados a un lado.
  • Cambios de carácter: apatía, brusquedad impropia, lagunas de memoria. Suelen notarlo antes los allegados que la propia persona.
  • Somnolencia constante y lentitud de reacción.

Ninguno de estos signos indica por sí mismo un tumor: el dolor de cabeza, la debilidad y las crisis obedecen mucho más a menudo a otras causas. Lo que preocupa no es el síntoma, sino su comportamiento: es nuevo, dura semanas y va a más.

Cuándo no se puede esperar a una cita programada

  • una crisis convulsiva que ocurre por primera vez;
  • de repente se tuerce la cara, se pierde la fuerza de un brazo o desaparece el habla: así empieza también un ictus y cada minuto cuenta;
  • cuesta cada vez más despertar a la persona, que se muestra confusa;
  • dolor de cabeza intenso junto con vómitos y visión doble;
  • el peor dolor de cabeza de la vida, instalado en cuestión de segundos.

En estas situaciones se llama a los servicios de urgencia en lugar de pedir cita.

De dónde vienen los tumores secundarios

Las metástasis cerebrales son más frecuentes que los tumores nacidos en el propio cerebro. Las producen sobre todo el cáncer de pulmón, el de mama, el melanoma, el cáncer de riñón y el de colon. A veces la lesión de la cabeza se descubre primero y el tumor de origen se busca después; por eso, tras un hallazgo en la resonancia, se estudian los pulmones, la piel y las mamas.

De ahí una conclusión práctica. Si una persona ha recibido tratamiento oncológico alguna vez, aunque fuera hace mucho, y aparecen dolores de cabeza, crisis o debilidad en un brazo, debe decírselo al médico desde el principio. Ese dato cambia por completo el orden de las pruebas.

Qué influye en el riesgo y qué no

La causa de la mayoría de los tumores cerebrales sigue siendo desconocida. Entre lo comprobado están la edad, la irradiación de la cabeza con radiación ionizante (ante todo la radioterapia recibida en la infancia) y unos pocos síndromes hereditarios raros: neurofibromatosis de tipo 1 y de tipo 2, esclerosis tuberosa y síndrome de Li-Fraumeni. La inmunosupresión prolongada aumenta la probabilidad de linfoma del sistema nervioso central.

Lo que no ha mostrado relación: los teléfonos móviles, las antenas de telefonía y los aparatos domésticos, las líneas de alta tensión, un golpe antiguo en la cabeza, el estrés o el tipo de alimentación. Una tomografía computarizada de cráneo supone una dosis de radiación mínima y, cuando hay una indicación real, el beneficio es incomparablemente mayor; precisamente por eso a los niños no se les hace «por si acaso».

No se hereda el tumor, sino un síndrome raro que eleva el riesgo. La inmensa mayoría de los casos no son familiares, y los parientes del enfermo no necesitan estudios si no existe un motivo concreto.

Cómo se llega al diagnóstico

El método principal es la resonancia magnética cerebral con contraste. La tomografía computarizada es más rápida y por eso se hace primero en urgencias: detecta bien una hemorragia y un edema importante. La exploración del fondo de ojo muestra el edema de la papila óptica, un signo indirecto de presión elevada dentro del cráneo.

Aquí conviene una advertencia que muchos pacientes desconocen: la imagen enseña la masa, pero no su naturaleza. Un absceso, una lesión de esclerosis múltiple, un linfoma, una metástasis o la secuela de un ictus pueden parecerse mucho. El diagnóstico solo lo da el estudio del propio tejido, es decir, la biopsia o el material extraído en la intervención. A ello se suman las pruebas moleculares, y esperar el resultado varias semanas es lo normal, no un retraso.

En qué consiste el tratamiento

El plan depende del tipo de tumor, de su localización y tamaño, de la edad y del estado general. Casi siempre se combinan varios recursos.

  • Vigilancia. Una masa pequeña y lenta, hallada por casualidad, a veces se limita a controlarse con resonancias repetidas.
  • Cirugía. El objetivo es extirpar todo el tumor que pueda extirparse sin riesgo. Cerca de las áreas del lenguaje se opera a veces con la persona despierta, para vigilar el habla durante la propia intervención.
  • Radioterapia. Se emplea después de la cirugía o en su lugar cuando el acceso es imposible; en las metástasis únicas se recurre a la irradiación dirigida de un volumen pequeño.
  • Tratamiento farmacológico. La quimioterapia y los fármacos dirigidos se eligen según el tipo de tumor y los hallazgos moleculares.

Aparte está la parte de apoyo. Los corticoides reducen el edema alrededor del tumor y pueden hacer desaparecer parte de los síntomas en pocos días, pero se pautan en ciclos cortos y no se mantienen sin necesidad. Los antiepilépticos se reservan para quienes ya han tenido crisis, no para todo el mundo. De la recuperación del habla, el movimiento y la memoria se ocupan el logopeda, el rehabilitador y el fisioterapeuta, y conviene empezar pronto.

El pronóstico varía enormemente: hay tumores que se extirpan por completo y la persona se cura, mientras otros exigen años de tratamiento. Las cifras medias de supervivencia que circulan por internet reúnen decenas de enfermedades distintas y dicen poco sobre un caso concreto. Un detalle práctico: tras una crisis o una cirugía cerebral rigen limitaciones para conducir, y conviene preguntar los plazos al médico con antelación.

Consulta en línea

En la consulta en línea el médico repasará cómo han cambiado los dolores de cabeza y las demás molestias, valorará si hay señales que obliguen a estudiarlas con urgencia, explicará qué prueba tiene sentido hacer primero y qué significan los informes de resonancia ya disponibles. Si la situación es urgente, se lo dirán con claridad y le indicarán adónde acudir de forma presencial.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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