Taquicardia supraventricular (TSV)
La taquicardia supraventricular, o TSV, consiste en episodios de latido muy rápido que empiezan y terminan de golpe, como si alguien accionara un interruptor.
En esta página
- Cómo se reconoce un episodio
- Qué ocurre dentro del corazón y qué favorece los episodios
- Maniobras que pueden cortar un episodio
- Cuándo llamar a una ambulancia
- Por qué es clave registrar el episodio en un electrocardiograma
- Qué ofrece el tratamiento
- La ablación: los episodios pueden desaparecer para siempre
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Taquicardia supraventricular (TSV)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
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La taquicardia supraventricular, o TSV, consiste en episodios de latido muy rápido que empiezan y terminan de golpe, como si alguien accionara un interruptor. Un momento antes todo era normal y, de pronto, el corazón corre a una velocidad que no explican ni el esfuerzo ni los nervios. Es una situación que asusta mucho, pero que casi nunca pone en peligro la vida. Y, a diferencia de otras enfermedades del corazón, no solo se controla: en la mayoría de los casos puede eliminarse por completo, algo que muchas personas con TSV nunca llegan a saber.
Cómo se reconoce un episodio
Un episodio de TSV no se distingue por la fuerza del latido, sino por su forma.
- Comienzo brusco y final igual de brusco. Entre «estoy bien» y «el corazón se dispara» pasa un solo latido. Termina de la misma manera: muchas personas describen un golpe o un vacío dentro del pecho, y enseguida vuelve la calma.
- Ritmo regular y muy rápido. El corazón late deprisa, pero de forma regular, sin pausas ni tropiezos, como un metrónomo puesto demasiado rápido. Eso lo diferencia de la fibrilación auricular, donde el ritmo es desigual y caótico.
- Pulsación en el cuello. Mucha gente nota un golpeteo junto a la garganta y a veces se ven latir las venas del cuello. Es un dato característico y conviene contárselo al médico.
- Debilidad, falta de aire, mareo leve, angustia, sensación de que el aire no entra. A menudo, justo al terminar el episodio, aparecen ganas de orinar: forma parte del cuadro y no es una casualidad.
Lo habitual es que el episodio dure de unos minutos a una o dos horas, rara vez más. Puede repetirse una vez cada varios años o varias veces por semana, y no hay forma de preverlo. El primero suele aparecer en la juventud, aunque también hay quien debuta a los cuarenta o a los sesenta.
Qué ocurre dentro del corazón y qué favorece los episodios
El ritmo lo marca el propio sistema eléctrico del corazón: el impulso nace en la aurícula y recorre un camino bien definido hasta los ventrículos. En la TSV existe en la parte alta del corazón una zona sobrante o una vía de conducción adicional por la que el impulso puede dar vueltas en círculo. Basta con que un latido adelantado entre en ese circuito para que el estímulo empiece a girar solo e imponga al corazón su propio ritmo acelerado. Cuando el círculo se rompe, el episodio se corta de inmediato. De ahí que empiece y acabe tan bruscamente.
No es un corazón desgastado ni la factura de una mala vida. Esa particularidad de las vías de conducción suele ser de nacimiento; sencillamente no se había manifestado hasta ahora. El corazón, en sí, suele estar sano y la ecografía no muestra nada anómalo.
Hay circunstancias que hacen los episodios más frecuentes: dormir poco, el café cargado y las bebidas energéticas, el alcohol, el estrés, la deshidratación, la fiebre alta, el exceso de hormona tiroidea, los estimulantes y algunos productos para el resfriado con efecto vasoconstrictor. Hay personas que siempre identifican un desencadenante y otras que no lo encuentran nunca; ambas cosas son normales.
Maniobras que pueden cortar un episodio
Un episodio puede intentar cortarse sin medicamentos. Estas maniobras actúan sobre el nervio vago, que frena la conducción del impulso en el corazón, y por eso se llaman maniobras vagales. No siempre funcionan, pero merece la pena intentarlo.
- Hacer fuerza con la respiración contenida. Coger aire, retenerlo y empujar con fuerza, como al ir de vientre, durante unos quince segundos; después relajarse. Funciona bastante mejor si, justo al terminar, uno se tumba boca arriba y levanta las piernas.
- Soplar con la boca cerrada. Taparse la nariz, cerrar la boca e intentar soplar con fuerza: el aire no sale y la presión dentro del pecho aumenta.
- Frío en la cara. Lavarse con agua muy fría, aplicar una bolsa de hielo envuelta en una toalla o sumergir la cara unos segundos en agua fría.
Dos condiciones sin las cuales estos consejos sirven de poco. La primera: las maniobras debe enseñarlas un médico, que además confirmará que sus episodios son de los que responden a ellas y le dirá cuántas veces y durante cuánto tiempo intentarlas. La segunda: nunca se masajee usted mismo el cuello. La presión sobre la arteria carótida sí se utiliza, pero solo la aplica un médico y solo donde hay medios para actuar si el ritmo se frena demasiado; en personas mayores y con arteriosclerosis resulta peligrosa. Las maniobras se hacen sentado o tumbado, nunca al volante, ni en la bañera, ni dentro del agua. Si tras dos o tres intentos no cede, no insista: hay que pedir ayuda.
Cuándo llamar a una ambulancia
Un episodio corto que se ha resuelto solo es motivo para pedir cita con calma. Pero hay situaciones en las que no se puede esperar.
Llame a una ambulancia (en Europa funciona el número único 112) si, con el corazón acelerado, aparece:
- dolor, presión u opresión en el pecho;
- falta de aire intensa, imposibilidad de hablar con frases completas;
- pérdida de conocimiento o sensación de desmayo inminente: visión oscurecida, todo da vueltas, las piernas se doblan;
- palidez brusca, sudor frío, confusión;
- el episodio no cede: dura más de lo que suele durarle a usted, o más de media hora, y las maniobras vagales no han servido.
En ese estado no se debe conducir: ni ir al hospital por su cuenta, ni llevar en coche a quien tiene el episodio. Si un latido así aparece por primera vez en la vida y no entiende qué ocurre, llame también: interesa registrar el ritmo mientras está presente.
Por qué es clave registrar el episodio en un electrocardiograma
Aquí está la dificultad central de todo el asunto: entre episodios, el electrocardiograma suele ser completamente normal. La persona acude a la consulta dos días después, le hacen un registro, sale limpio y la conversación termina con un «usted está bien». No hay diagnóstico, porque lo que hay que atrapar no es el corazón en reposo, sino el episodio en sí.
Por eso el estudio se organiza alrededor de una sola idea: conseguir un registro del ritmo mientras el corazón corre.
- un electrocardiograma hecho durante el episodio es lo más valioso que existe; si le ocurre en un lugar donde hay asistencia sanitaria, pida que se lo hagan en ese momento y no espere a que pase;
- registro continuo de 24 horas o de varios días, cuando los episodios son frecuentes;
- grabadora de eventos, que se lleva durante semanas y se activa en el momento del episodio: con crisis poco frecuentes es la única forma;
- los registros de dispositivos personales con función de electrocardiograma no sustituyen un estudio completo, pero pueden mostrar al médico cómo es el ritmo;
- análisis de hormonas tiroideas y ecografía cardíaca, para ver si hay alguna causa acompañante.
Mientras no haya diagnóstico, ayuda mucho un diario breve: fecha, hora, duración, qué estaba haciendo y cómo terminó. Ese apunte dice al médico más de lo que parece.
Qué ofrece el tratamiento
Si los episodios son raros, cortos y se toleran bien, puede que no haga falta ningún tratamiento: basta con saber cortarlos y retirar los desencadenantes evidentes.
Cuando estorban la vida diaria, entran en juego los fármacos. Unos se administran por vena en el hospital para cortar un episodio prolongado; actúan en segundos y una sensación desagradable y breve en el pecho es esperable. Otros se toman en comprimidos, de forma continua o puntual, para que los episodios sean menos frecuentes: suelen ser betabloqueantes o antagonistas del calcio. Los elige el médico, y aquí no es un trámite: un fármaco útil en una arritmia puede ser peligroso en otra, así que tomar «algo para el corazón» por consejo de un conocido no es aceptable. Si el episodio no cede con nada y la situación es grave, en el hospital se recurre a la cardioversión: una descarga breve, con sedación, que devuelve el ritmo normal.
Merece la pena hablar aparte de la conducción, del ejercicio de fuerza y de un posible embarazo. Casi siempre no hay limitaciones o son temporales, pero la respuesta depende de cómo se comporten sus episodios.
La ablación: los episodios pueden desaparecer para siempre
Esta es la parte por la que vale la pena llegar hasta el final. En la TSV no solo existe la manera de apagar los episodios, sino también la de eliminar su causa.
La ablación con catéter se hace sin incisiones: por una vena de la ingle se llevan catéteres finos hasta el corazón, se localiza esa vía de conducción sobrante y se destruye de forma puntual con calor o con frío. Suele durar unas horas y la persona vuelve a casa el mismo día o al siguiente. En la mayoría de las formas de TSV el procedimiento resuelve la causa de manera definitiva: no habrá más episodios y no harán falta pastillas de mantenimiento.
Como toda intervención, tiene riesgos; son bajos y se explican con detalle de antemano, junto con el tipo concreto de TSV que le han encontrado, del que depende también la probabilidad de éxito. Lo importante es otra cosa: si los episodios son frecuentes, largos o le amargan la vida con la espera del siguiente, plantear usted mismo la ablación tiene todo el sentido, sin aguardar a que se la propongan. Mucha gente convive años con las crisis creyendo que no hay alternativa, y sí la hay.
Consulta en línea
El episodio en curso no se resuelve a distancia: si es grave o no cede, hace falta una ambulancia. Pero todo lo que rodea al episodio se atiende bien en línea. El médico repasará cómo empieza y cómo termina exactamente su taquicardia; con esa descripción a menudo ya se intuye si se trata de TSV o de otra cosa, y qué prueba conviene pedir para atrapar el ritmo. Le ayudará a planificar ese registro: qué solicitar si el episodio le sorprende en un centro sanitario y qué tipo de monitor plantear al cardiólogo. Le explicará y le mostrará las maniobras vagales si son adecuadas en su caso. Revisará informes y registros ya realizados y le dirá qué significa el tipo de TSV encontrado. Y hablará de la ablación: a quién se le ofrece, qué cabe esperar de ella y qué preguntas llevar preparadas a la consulta con el especialista en arritmias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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