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El sonambulismo consiste en levantarse de la cama y hacer cosas mientras se duerme, sin recordar nada a la mañana siguiente. Visto desde fuera resulta inquietante, sobre todo la primera vez, pero en la infancia es frecuente y casi siempre inofensivo: los episodios suelen desaparecer solos al llegar la adolescencia. Lo que más se busca en una página como esta son dos cosas: cómo actuar durante el episodio (no hace falta despertar a la persona, y a menudo es peor) y cómo dejar la casa a prueba de sustos. Ambas están explicadas más abajo, y aparte se comentan los casos poco frecuentes en los que ese paseo nocturno no es sonambulismo.
Cómo se ve desde fuera
El episodio casi siempre ocurre en el primer tercio de la noche, una o dos horas después de dormirse, cuando el sueño es más profundo. La persona se incorpora, se levanta y empieza a caminar. Tiene los ojos abiertos, pero la mirada está vacía, como atravesando lo que hay delante, y la cara no expresa nada.
Lo que suele hacerse durante el episodio:
- caminar por la habitación o por la casa, a veces con aparente rumbo fijo;
- cambiar objetos de sitio, vestirse, desvestirse, sentarse en el suelo;
- murmurar frases inconexas o responder con monosílabos que no vienen a cuento;
- con menos frecuencia, comer, orinar fuera del baño, abrir la puerta y salir al rellano o a la calle.
Cuesta mucho despertar a un sonámbulo y, si lo consigue, tardará unos minutos en entender dónde está y por qué se encuentra de pie en mitad del pasillo. Todo dura habitualmente entre unos segundos y unos pocos minutos: la persona vuelve sola a la cama o se la puede acompañar hasta allí, y por la mañana no recuerda nada. Esa falta de recuerdo no es despiste, sino una característica del estado en el que estaba el cerebro en ese momento.
Por qué alguien se levanta sin despertarse
El sueño profundo y la vigilia no son las dos posiciones de un interruptor, sino estados que pueden solaparse. Durante el sonambulismo, la parte del cerebro que gobierna el movimiento ya se ha puesto en marcha, mientras que la que se ocupa de la consciencia y de la memoria sigue dormida. De ahí la escena completa: las piernas caminan, las manos hacen algo y la persona, en cierto modo, no está.
La predisposición es en buena medida heredada: si alguno de los padres fue sonámbulo, en el hijo aparece bastante más a menudo. Pero la predisposición por sí sola no produce episodios; hace falta algo que profundice el sueño o que lo fragmente.
- Dormir poco es el desencadenante más habitual: tras varias noches cortas, el sueño profundo se vuelve más denso y salir de él cuesta más.
- La fiebre alta de cualquier infección. En los niños los episodios aparecen con frecuencia durante la enfermedad y se van con ella.
- Ruidos, luces o contacto físico: el móvil, el gato, un hermano en la cama de al lado, el intento de trasladar a alguien que se ha quedado dormido.
- La vejiga llena, una causa frecuente y fácil de corregir.
- El alcohol por la noche.
- Algunos medicamentos: hipnóticos y sedantes, ciertos antialérgicos y fármacos para la tensión, algunos antidepresivos y tratamientos indicados por el psiquiatra. La lista es distinta en cada persona, así que se revisa con el médico y nunca se retira nada por cuenta propia.
- El estrés y los horarios rotos: exámenes, viajes con cambio de huso horario, turnos de noche, la primera noche en un sitio desconocido.
- La apnea del sueño sin tratar y el síndrome de piernas inquietas, que sacan continuamente a la persona del sueño profundo y facilitan los episodios.
Qué hacer cuando alguien camina dormido
Eso de que despertar a un sonámbulo puede matarlo del susto es falso: no ocurre nada grave por despertarlo. Aun así conviene no hacerlo, por otro motivo. Quien despierta de golpe se queda desorientado varios minutos, puede asustarse, apartarle a usted de un empujón o resistirse. Acompañarlo en silencio de vuelta a la cama es casi siempre más rápido y más tranquilo.
- Hable en voz baja y con tono neutro; no discuta ni intente convencer de nada.
- Cójalo del brazo o apoye la mano en su hombro y gírelo con suavidad hacia el dormitorio: normalmente irá adonde se le lleve.
- Retire del camino aquello con lo que pueda tropezar y no lo sujete a la fuerza, porque la resistencia alarga el episodio.
- Despiértelo si no hay otra forma de pararlo: cuando se dirige a la puerta de la calle, a una ventana o a la cocina, la seguridad manda sobre todo lo demás.
- Por la mañana, evite el interrogatorio y no le enseñe el vídeo a un niño. No va a recordar nada y solo se lleva el susto y la vergüenza.
Cómo hacer segura la casa
Esto es lo más útil que puede hacerse. El episodio no se puede prever, y todo el daño que provoca procede de una sola cosa: aquello con lo que la persona choca o el sitio desde el que se cae.
- Ventanas y balcón. Manillas con llave o bloqueadores en las hojas, y la llave lejos del alféizar.
- Puerta de entrada. Cerrada con llave, y la llave guardada donde no se llegue por costumbre. Una campanilla colgada de la puerta también sirve: despierta a los adultos.
- Escaleras. Barreras de seguridad arriba y abajo si la vivienda tiene desniveles.
- Cama. Un niño sonámbulo no duerme en la litera de arriba.
- Suelo y pasillos. Fuera cables, alfombras que resbalan y mesas de cristal; una luz tenue en el pasillo ayuda.
- Objetos peligrosos. Cuchillos, herramientas, medicamentos, cerillas y mecheros bajo llave. Si el sonámbulo es un adulto, también se guardan las llaves del coche.
Qué ayuda a que haya menos episodios
El sonambulismo no suele necesitar un tratamiento propio. Lo que funciona no es un fármaco, sino identificar y quitar lo que lo provoca.
- Dormir lo suficiente es lo más eficaz. Misma hora de acostarse y de levantarse, también los fines de semana y en vacaciones.
- Una hora tranquila antes de dormir: sin pantallas, sin juegos ruidosos, sin trabajar en la cama.
- Pasar por el baño justo antes de acostarse y no beber mucho líquido a última hora.
- Nada de alcohol ni de cafeína por la tarde-noche, bebidas energéticas y refrescos de cola incluidos en el caso de los adolescentes.
- Llevar un diario breve: hora de acostarse, calidad del sueño, qué pasó ese día y si hubo episodio. En dos o tres semanas el desencadenante suele saltar a la vista.
Cuando los episodios se repiten casi todas las noches y siempre hacia la misma hora, el médico propone a veces despertar a la persona unos quince minutos antes de ese momento: ese despertar breve rompe el ciclo. Es una medida sencilla, pero se aplica con seguimiento médico y durante un tiempo limitado. Los medicamentos se reservan para lo excepcional: episodios frecuentes, peligrosos y que no ceden con nada más.
Cuándo conviene consultar
El sonambulismo infantil, por sí mismo, no es una enfermedad y no exige pruebas. Hay, sin embargo, situaciones en las que detrás del paseo nocturno hay otra cosa.
- Los episodios empiezan por primera vez en la edad adulta. En los niños es lo habitual; estrenarlo de adulto merece una explicación: así se manifiestan la apnea del sueño, el efecto adverso de un medicamento y, con menos frecuencia, enfermedades neurológicas.
- Somnolencia durante el día, ronquido con pausas respiratorias, un niño que duerme con la boca abierta. La apnea del sueño es una causa frecuente y tratable; al tratarla, los episodios suelen cesar por sí solos.
- Episodios con grito, cara de terror y corazón acelerado, en los que resulta imposible calmar a la persona.
- Movimientos breves e idénticos de una vez a otra: quedarse rígido, chasquear los labios, masticar, girar la cabeza, tensar un brazo durante medio minuto o un minuto, y más aún si se repite varias veces por noche. Así se presentan las crisis epilépticas nocturnas, que se tratan de forma completamente distinta.
- Ha habido lesiones: golpes, cortes, una caída por la escalera, una salida a la calle.
- Los episodios son frecuentes, duran años o impiden dormir a toda la familia.
Conviene llevar a la consulta el diario de sueño y, si se ha podido grabar, un vídeo corto del episodio: el especialista distingue por él un sonambulismo de una crisis mucho mejor que por cualquier relato. Si se sospecha apnea o crisis epilépticas, se solicita un estudio del sueño.
La agitación nocturna en personas mayores es otra cosa
Si una persona mayor empieza a gritar de noche, a defenderse a golpes y a mover los brazos como si peleara, y al despertarla vuelve en sí de inmediato y cuenta un sueño que coincide exactamente con lo que estaba haciendo, lo más probable es que no sea sonambulismo. Ese cuadro se llama trastorno de conducta del sueño REM: mientras soñamos, los músculos del cuerpo están normalmente bloqueados, y aquí ese freno no funciona, de modo que la persona representa literalmente el sueño.
Hay tres diferencias con el sonambulismo: la edad (sobre todo a partir de los sesenta y con más frecuencia en hombres), el momento (segunda mitad de la noche, no la primera) y el recuerdo conservado del sueño. Las lesiones las sufren tanto la propia persona como quien duerme al lado.
No conviene dejarlo pasar: en una parte de los casos precede en años a la enfermedad de Parkinson y a trastornos emparentados, por lo que estos pacientes quedan bajo seguimiento del neurólogo. En sí mismo no es una sentencia ni significa que la enfermedad vaya a aparecer, pero hay que buscar médico y, desde luego, hacer segura la habitación.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien la duda principal de cualquier familia: si es el sonambulismo corriente que se supera con la edad o algo que hay que valorar presencialmente. El médico preguntará a qué hora de la noche ocurren los episodios, cuánto duran y si la persona los recuerda por la mañana, porque son justo esos detalles los que separan el sonambulismo de las crisis nocturnas y del trastorno de conducta del sueño. En línea también resulta cómodo repasar los desencadenantes con su diario de sueño, enseñar el vídeo grabado, revisar los medicamentos que toma y hacer la lista de lo que conviene cerrar y bloquear en casa. Si de la conversación surgen motivos para sospechar apnea del sueño o crisis epilépticas, el médico le explicará qué estudio del sueño hace falta y a quién dirigirse.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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