Síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS)
El MERS es una infección respiratoria vírica poco frecuente, pero grave. El virus vive en los dromedarios y pasa a las personas en el trato cercano con estos…
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El MERS es una infección respiratoria vírica poco frecuente, pero grave. El virus vive en los dromedarios y pasa a las personas en el trato cercano con estos animales, a través de su leche cruda o de su carne poco hecha. De persona a persona se transmite mal, aunque estalla con facilidad allí donde hay enfermos graves atendidos de cerca. Para el viajero que no se ha acercado a ningún camello, el riesgo es casi nulo. Pero si en las dos semanas siguientes a un viaje por la península arábiga aparecen fiebre y tos, hay que mencionar ese viaje en el primer minuto de la consulta: de ese dato depende la prueba que le pidan.
Cómo llega el virus a las personas
La fuente principal es el dromedario. En el animal la infección cursa como un simple resfriado, pero elimina virus, y la persona se contagia en el contacto estrecho: acariciarlo, darle de comer, montarlo, limpiar el corral, respirar el polvo de un establo, ayudar en un parto.
La segunda vía son los alimentos. La leche cruda de camella y las bebidas preparadas con ella, la carne poco hecha y también la orina de camello, que en algunos lugares se bebe como remedio tradicional, transportan virus vivo. La pasteurización y una cocción normal lo destruyen.
Entre personas el virus se transmite peor que la gripe o la COVID-19: hace falta un contacto prolongado y muy próximo. Por eso la inmensa mayoría de estos casos ocurren en dos escenarios: la familia que cuida al enfermo en casa y el hospital que ingresa a alguien sin conocer el diagnóstico y lo mantiene varios días en una sala compartida. El vecino de asiento en un avión o quien se cruza por la calle no se contagian así.
Dónde existe riesgo real
Casi todos los casos registrados desde 2012 proceden de la península arábiga, sobre todo de Arabia Saudí; también ha habido enfermos en los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Omán, Jordania y Kuwait. El virus se ha encontrado en camellos del Cuerno de África y del norte del continente, pero allí las personas enfermas son contadas.
Fuera de la región los casos son importados: alguien llega en avión ya infectado. Así empezó el gran brote de Corea del Sur, donde un paciente recién llegado pasó por varias clínicas y contagió a decenas de personas, todas ellas dentro de centros sanitarios.
Lo peligroso no son los países, sino ciertos lugares y actividades: granjas de camellos, mercados de ganado, mataderos, carreras y festivales con paseos en camello, degustaciones de leche cruda y también acompañar a un enfermo en un hospital de la zona. Un viaje corriente de ciudad, hotel y playa apenas supone riesgo.
Cómo empieza la enfermedad
Desde el contagio hasta las primeras molestias pasan de dos a catorce días, con mayor frecuencia cinco o seis. Empieza con fiebre alta, escalofríos, dolores musculares y dolor de cabeza; después aparecen tos y una dificultad respiratoria que va en aumento. En muchos casos se desarrolla una neumonía con rapidez.
Alrededor de un tercio de los enfermos suma síntomas digestivos: diarrea, náuseas, vómitos y dolor abdominal. A veces son estos los que dominan los primeros días y la persona cree que se ha intoxicado con algo.
Una parte de los infectados pasa la enfermedad de forma leve o sin molestias, y se detecta al estudiar al entorno del enfermo. La otra cara es que en los casos graves el estado empeora con frecuencia en la segunda semana, justo cuando parecía que lo peor había pasado. Por eso conviene vigilar la respiración aunque el enfermo se encuentre razonablemente bien.
Quién lo pasa peor
La evolución grave es más frecuente en personas mayores y en quienes tienen enfermedades crónicas. En primer lugar la diabetes, la enfermedad renal crónica —sobre todo si se está en diálisis—, las enfermedades crónicas del pulmón y del corazón y la obesidad importante.
Un grupo aparte lo forman las personas con las defensas bajas: tras un trasplante, durante la quimioterapia o en tratamiento prolongado con fármacos que frenan el sistema inmunitario. En ellas la enfermedad es más grave y además se reconoce más tarde, porque la fiebre puede ser escasa.
La proporción de fallecidos entre los casos oficialmente registrados es alta, cerca de un tercio. Conviene interpretar bien esa cifra: en las estadísticas entran sobre todo los pacientes hospitalizados, es decir, los más graves, mientras que los casos leves y sin síntomas quedan fuera, de modo que la letalidad real es menor. Los niños y los adultos jóvenes sanos suelen pasarlo de forma leve.
Cuándo llamar a urgencias y cuándo acudir al médico
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania el número único es el 112) si el enfermo presenta:
- dificultad respiratoria intensa: no le llega el aire para terminar una frase, respira muy deprisa y al inspirar se le hunden los espacios entre las costillas y el hueco encima del esternón;
- labios, cara o yemas de los dedos azulados o grisáceos; en pieles oscuras conviene mirar labios, encías, palmas y plantas;
- confusión: no sabe dónde está, no responde a preguntas sencillas o no se le consigue despertar;
- dolor torácico opresivo o muy intenso;
- debilidad súbita, desmayo, piel fría y sudorosa, o apenas orina en medio día.
En ese estado no se debe conducir hasta el hospital. Mientras llega la ambulancia, abra una ventana, incorpore a la persona y no la deje sola.
Contacte con su médico de cabecera el mismo día, mejor primero por teléfono, si en los catorce días siguientes a un viaje por la península arábiga aparecen fiebre, tos o falta de aire; si ha tenido contacto con camellos o ha bebido leche cruda de camella; o si alguien de su entorno ha enfermado de MERS confirmado. Avise de antemano del viaje: le atenderán aparte de la sala de espera común y le darán una mascarilla. Para esta consulta no hay que llamar al 112: la ambulancia no decide a quién ni cuándo se le hacen las pruebas.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico se hace con PCR, buscando material genético del virus en las vías respiratorias. Hay un detalle importante: las pruebas rápidas habituales de gripe y de COVID-19 no detectan este virus; hace falta una prueba específica para el MERS-CoV, y el laboratorio tiene que saber que debe buscarlo. De ahí la insistencia en contar el viaje.
La muestra se toma mejor de las vías respiratorias bajas: esputo, aspirado traqueal o lavado obtenido en una broncoscopia. También se hace frotis nasofaríngeo, pero es menos sensible: un frotis negativo con sospecha clara no descarta nada, y la prueba se repite y se completa con muestra profunda.
En paralelo se hace radiografía o tomografía computarizada de tórax, donde suele verse neumonía, con frecuencia en ambos pulmones. Una radiografía normal en los primeros días no descarta la enfermedad. Se revisan el hemograma, en el que a menudo bajan los linfocitos y las plaquetas, la bioquímica con la función renal y hepática, y se mide la saturación de oxígeno con un pulsioxímetro. El análisis de anticuerpos apenas sirve en la fase aguda: informa de una infección ya pasada y se usa para investigar brotes, no para diagnosticar.
Qué se hace en el hospital
No existe ningún fármaco con eficacia demostrada frente a este virus, ni tampoco vacuna para personas. El tratamiento es de soporte y es capaz de sacar adelante a un paciente grave: oxígeno con mascarilla y, si la insuficiencia respiratoria avanza, ventilación no invasiva o ventilación mecánica, y en los casos extremos ECMO. Se añaden líquidos intravenosos, antitérmicos y analgésicos, y se vigila la función renal.
Los antibióticos no actúan sobre el virus. Se indican solo cuando se ha añadido una infección bacteriana, y esa decisión corresponde al médico según los análisis y las imágenes, no al paciente.
Estos pacientes ingresan en habitación de aislamiento y el personal trabaja con mascarilla de protección, gafas y bata. A quienes han tenido contacto estrecho se les vigila catorce días y se les estudia ante la primera molestia. Los casos leves a veces se manejan en casa, también con aislamiento y seguimiento.
Cómo reducir el riesgo durante el viaje
La regla principal es sencilla: manténgase lejos de los camellos y de todo lo relacionado con ellos. No los acaricie, no los monte, no entre en granjas, mercados de ganado ni corrales y no se acerque a las carreras. Si el trabajo o las circunstancias le han puesto en contacto con los animales, lávese las manos con agua y jabón inmediatamente después y no se toque la cara.
No pruebe leche cruda de camella ni productos elaborados con ella, no coma carne ni vísceras crudas o poco hechas y no beba orina de camello bajo ningún concepto ni por consejo de nadie. Lave y pele usted mismo la fruta y la verdura de los mercados callejeros. No se acerque a animales visiblemente enfermos.
Quien tenga diabetes, enfermedad renal, enfermedad pulmonar crónica o las defensas bajas debería renunciar por completo a las visitas a granjas y a hospitales de la región: en ese grupo el riesgo de evolución grave es el más alto. La higiene de manos, evitar la comida de puestos dudosos y lavarse tras el transporte público son igual de necesarios en un viaje así.
Consulta en línea
La consulta a distancia resulta útil justo donde se decide si hace falta o no un estudio. Usted cuenta dónde ha estado, qué ha hecho, cuándo empezó la fiebre y cómo respira, y recibe una respuesta clara: observar con tranquilidad, ir a hacerse la prueba específica del MERS o llamar a una ambulancia ahora mismo. De paso, el médico explica cómo acudir a la consulta sin contagiar a nadie: avisar por teléfono, llevar mascarilla y no esperar en la sala común.
Este formato también sirve después de la enfermedad, para revisar el informe de alta, entender por qué la tos y el cansancio se prolongan semanas y decidir si hace falta una radiografía de control. Los límites son evidentes: auscultar, tomar una muestra de esputo y medir el oxígeno en sangre no puede hacerse a través de una pantalla. Ante una dificultad respiratoria creciente, coloración azulada o confusión, lo que hace falta no es una llamada al médico, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





