Síndrome de taquicardia postural (STP)
El síndrome de taquicardia postural es un cuadro en el que el pulso se dispara al estar de pie y con él llegan el mareo, la debilidad, las palpitaciones y la…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Síndrome de taquicardia postural (STP)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 100 mgPrincipio activo: metoprololFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 100 mgPrincipio activo: metoprololFabricante: Casen Recordati S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mgPrincipio activo: midodrineFabricante: Cheplapharm Arzneimittel GmbhRequiere receta
El síndrome de taquicardia postural es un cuadro en el que el pulso se dispara al estar de pie y con él llegan el mareo, la debilidad, las palpitaciones y la niebla mental. Basta tumbarse para que en unos minutos todo afloje. No es una enfermedad del corazón: el corazón está sano y se emplea a fondo para compensar un fallo del sistema que debería sostener la tensión en posición erguida. Se diagnostica sobre todo en personas jóvenes, y en especial en mujeres, y hasta llegar al diagnóstico suelen pasar años, porque las molestias parecen inconexas y se atribuyen con facilidad a la ansiedad.
Qué ocurre al ponerse de pie
En cuanto uno se levanta, alrededor de medio litro de sangre baja por gravedad hacia los vasos del abdomen y las piernas. En una persona sana esto pasa desapercibido: el sistema nervioso estrecha los vasos en segundos, la sangre regresa al corazón, la tensión se mantiene y el pulso sube una decena de latidos.
En la taquicardia postural ese estrechamiento responde mal. Falta sangre de retorno al corazón, y el único recurso que queda para mantener el riego cerebral es latir más deprisa. El pulso sube treinta, cuarenta y a veces sesenta latidos. La tensión, en cambio, no suele caer: ahí está la diferencia clave con la hipotensión ortostática, en la que sí se desploma.
La mala respuesta de los vasos tiene orígenes distintos, y de ello depende el tratamiento. En algunas personas fallan los pequeños nervios del sistema autónomo de las piernas. En otras la respuesta de las hormonas del estrés es excesiva: entonces se suman temblor, sudoración, ansiedad y subidas de tensión. En otras, sencillamente, circula poco volumen de sangre. A menudo todo ello se suma al desacondicionamiento tras una enfermedad larga, y el reposo en cama cierra el círculo con rapidez.
Cómo se vive
Parte de las molestias aparece justo al estar de pie y cede al sentarse o tumbarse:
- mareo, visión oscurecida o en túnel, la sensación de que la cabeza se va;
- palpitaciones fuertes y golpeteantes;
- dolor u opresión en el pecho, falta de aire;
- temblor de manos, sudoración, oleadas de calor;
- desmayo o sensación inminente de desmayo.
El resto dura más y molesta igual: cansancio agotador, mal dormir, dolor de cabeza, náuseas, hinchazón abdominal, estreñimiento o deposiciones blandas, y manos y pies amoratados e hinchados tras estar mucho rato de pie; en pieles morenas y negras esto se aprecia peor, y conviene mirar las uñas y las palmas. Una queja aparte, y muy frecuente, es la niebla mental: despistes, dificultad para encontrar las palabras, incapacidad para retener lo que se acaba de leer.
Lo peor suele darse por la mañana, con calor, después de comer, en los primeros días de la menstruación y tras una infección. Ningún día se parece al anterior, y esa imprevisibilidad desgasta tanto como los propios síntomas.
Por qué empieza
No hay una causa única, sino circunstancias tras las cuales el cuadro se manifiesta. Las más habituales son:
- una infección previa; desde la COVID-19 la taquicardia postural se detecta bastante más a menudo;
- un reposo en cama prolongado, una cirugía mayor, un traumatismo;
- el síndrome de hipermovilidad articular y otros trastornos del tejido conjuntivo, en los que la pared vascular es más distensible y se estrecha peor;
- el embarazo y el posparto;
- la encefalomielitis miálgica y el síndrome de fatiga crónica;
- las enfermedades autoinmunes;
- el estirón de la adolescencia: a esa edad el cuadro empieza con frecuencia y con los años suele suavizarse solo.
Conviene enumerar aparte lo que no causa la enfermedad pero empeora sin falta las sensaciones: el calor y la ducha caliente, permanecer de pie e inmóvil, las comidas copiosas con hidratos de rápida absorción, beber poco, el alcohol, la deshidratación por vómitos o diarrea y unos cuantos días sin moverse.
Qué más produce las mismas molestias
Un pulso acelerado al estar de pie no es raro, y no siempre se debe a una taquicardia postural. Antes de quedarse con este diagnóstico se descartan:
- la anemia y el déficit de hierro, el hallazgo más frecuente y el más fácil de corregir;
- el hipertiroidismo;
- la deshidratación y la pérdida oculta de sangre, incluida la digestiva;
- las arritmias, en las que la crisis de palpitaciones empieza y termina de golpe, sin relación con la postura;
- los efectos de fármacos: diuréticos, vasodilatadores, algunos antidepresivos;
- la insuficiencia suprarrenal, que suma a la debilidad y la tensión baja el oscurecimiento de la piel, el ansia de sal y la pérdida de peso;
- la diabetes y su efecto sobre los nervios autónomos;
- las crisis de pánico y el trastorno de ansiedad, que dan un cuadro parecido pero también conviven con la taquicardia postural, de modo que uno no excluye la otra;
- los trastornos de la conducta alimentaria y las restricciones alimentarias bruscas.
Existe además una causa rara pero importante: un tumor suprarrenal productor de hormonas. Hace sospecharlo la aparición de crisis de tensión muy alta con sudoración profusa, cefalea intensa y palidez, sin ninguna relación con ponerse de pie. Es por hallazgos así por lo que merece la pena llevar el estudio hasta el final.
Cómo se confirma
La prueba principal es sencilla y se hace en la consulta. La persona permanece tumbada unos minutos y se le miden el pulso y la tensión; después se pone de pie y las mediciones se repiten al minuto, a los tres, a los cinco y a los diez. El diagnóstico se plantea si en esos diez minutos el pulso sube de forma sostenida al menos treinta latidos por minuto en un adulto y cuarenta en un adolescente, sin que la tensión se desplome, y si las molestias llevan ya varios meses.
Además suelen solicitarse:
- análisis de sangre: hemograma, ferritina, hormonas tiroideas, electrolitos, glucosa;
- un electrocardiograma y, si hay crisis de palpitaciones, un registro del ritmo de veinticuatro horas;
- un ecocardiograma para descartar una valvulopatía u otra enfermedad cardíaca;
- una monitorización de la tensión de veinticuatro horas;
- la prueba de la mesa basculante si la prueba de bipedestación no ha dado una respuesta clara;
- determinaciones hormonales suprarrenales cuando se sospechan.
Hay que entender dos cosas: una medición aislada del pulso no decide nada, hace falta una serie de mediciones seguidas; y que el electrocardiograma y el ecocardiograma salgan normales no anula el diagnóstico, porque en la taquicardia postural es justo lo que se espera.
Qué ayuda sin medicamentos
Por aquí se empieza siempre, y a muchas personas les basta.
Líquidos. La referencia son dos o tres litros al día, repartidos; un vaso de agua de golpe antes de salir de la cama ayuda a superar la primera media hora. La sal también se aumenta, pero no por cuenta propia: con tensión alta o con enfermedad renal o cardíaca resulta perjudicial, así que la decisión es del médico.
Prendas de compresión. Los calcetines hasta la rodilla apenas sirven: la sangre se acumula sobre todo en los vasos del abdomen y la pelvis. Hacen falta medias o panties de compresión altos, o una faja abdominal.
Maniobras para el mareo. Si nota que se va, lo mejor es tumbarse y levantar las piernas. Si no hay dónde, tense los músculos: cruce las piernas y apriete los muslos, póngase de puntillas y baje, cierre los puños, contraiga glúteos y abdomen. Estos gestos devuelven sangre al corazón en cuestión de segundos.
Vida diaria. Levantarse en dos tiempos: primero sentarse, esperar y luego ponerse de pie. Elevar el cabecero de la cama. Comer más a menudo y en porciones menores, con menos hidratos de rápida absorción. Evitar estar de pie sin moverse y las duchas muy calientes.
Movimiento. Aquí hay una contradicción que despista a todo el mundo: el esfuerzo empeora las sensaciones y su ausencia empeora la enfermedad. La salida está en empezar en posiciones donde la gravedad no estorbe: natación, remo, bicicleta con respaldo, ejercicios tumbado. Conviene trabajar en particular la musculatura de piernas y abdomen, que es la que empuja la sangre hacia arriba. El paso a los esfuerzos en vertical es gradual, cuestión de meses, y es la parte más sólida del tratamiento.
Cuándo hacen falta medicamentos
Si lo anterior no basta, el médico añade fármacos. No hay una pauta universal: el ajuste se hace probando, a veces se cambian varios fármacos o sus combinaciones, y eso es normal. Se emplean sobre todo estos grupos:
- fármacos que bajan la frecuencia del pulso: betabloqueantes a dosis bajas y un medicamento que frena el marcapasos propio del corazón sin bajar la tensión;
- un mineralocorticoide que retiene sal y agua y así aumenta el volumen de sangre; es el que a veces se llama simplemente «un esteroide», aunque hace algo muy distinto de las hormonas antiinflamatorias;
- vasoconstrictores que elevan el tono de los vasos en posición erguida;
- fármacos que actúan sobre la transmisión del impulso en los nervios autónomos;
- antidepresivos del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, indicados tanto por la ansiedad acompañante como por su efecto sobre la regulación del tono vascular.
Ninguno está aprobado específicamente para este diagnóstico en todos los países, de modo que se prescriben con reservas y bajo control, y la dosis se ajusta poco a poco. No conviene cambiar fármacos ni dosis por cuenta propia: algunos rebotan al suspenderse de golpe.
Cuándo hay que consultar de inmediato
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, al 112) si:
- el desmayo se produjo durante un esfuerzo físico o estando tumbado;
- el desmayo llegó de golpe, sin aviso previo, y la persona se golpeó;
- el dolor torácico es opresivo e irradia al brazo, la mandíbula o la espalda;
- aumenta con rapidez la falta de aire en reposo;
- las palpitaciones se acompañan de confusión.
Un desmayo durante el esfuerzo o en decúbito no es propio de la taquicardia postural y apunta más bien a una arritmia o a una enfermedad cardíaca, así que nunca se atribuye al STP sin estudiarlo. Lo mismo vale si en la familia ha habido muertes súbitas a edades jóvenes: dígaselo al médico sin falta.
Conviene acudir al médico el mismo día ante heces negras y pegajosas o vómitos con sangre junto a un pulso rápido, ante una debilidad marcada tras varios días de vómitos o diarrea, y si tras iniciar un fármaco nuevo el cuadro ha empeorado claramente.
Consulta en línea
La taquicardia postural es uno de esos cuadros en los que un buen repaso de las molestias rinde más que una exploración. En la consulta en línea el médico ordenará el panorama: qué aparece justo de pie, qué se mantiene siempre, cómo empezó todo, qué medicamentos toma y qué ha probado ya.
Prepare un diario de una o dos semanas: pulso y tensión tumbado y unos minutos después de pie, medidos siempre a la misma hora, cuánto bebe y cuándo empeora. Un tensiómetro doméstico con lectura de pulso sirve perfectamente. Lleve también los análisis y los electrocardiogramas que tenga.
El médico le ayudará a separar la taquicardia postural de una anemia, de un problema tiroideo o de una arritmia, le indicará por qué pruebas empezar, revisará la pauta de líquidos y compresión, trazará un plan de vuelta al ejercicio y le explicará cuándo conviene ver en persona al cardiólogo o al neurólogo.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Síndrome de taquicardia postural (STP)
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