Síndrome de hipermovilidad articular
La hipermovilidad es la capacidad de las articulaciones de ir más allá del recorrido habitual.
En esta página
Medicamentos comúnmente prescritos para Síndrome de hipermovilidad articular
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 200 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Kern Pharma S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 4 mg/mlPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Altan Pharmaceuticals SaRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Italfarmaco S.A.Requiere receta
La hipermovilidad es la capacidad de las articulaciones de ir más allá del recorrido habitual. Por sí sola no es una enfermedad: una parte apreciable de la población tiene articulaciones muy laxas, sobre todo niños, adolescentes y mujeres, y a la mayoría no le supone ningún problema, mientras que a gimnastas, bailarines y músicos incluso les ayuda. Se habla de síndrome cuando a esa flexibilidad se suman molestias: dolor, cansancio, articulaciones que se van de sitio. La distinción importa, porque la flexibilidad no se trata, pero sobre las molestias sí se puede influir, y bastante, aunque el camino no suele ser el que se espera de la medicina.
Flexibilidad y síndrome no son lo mismo
El recorrido articular se valora con un conjunto breve de maniobras conocido como escala de Beighton. Se mira si el meñique se dobla hacia atrás más de un ángulo recto, si el pulgar llega a tocar el antebrazo, si los codos y las rodillas se extienden más allá de la línea recta y si, al inclinarse hacia delante con las piernas estiradas, las palmas llegan al suelo. Cada signo se cuenta en los dos lados y de la suma sale una puntuación.
La puntuación no es por sí sola un diagnóstico, y su umbral depende de la edad y del sexo: en los niños las articulaciones son más laxas y con los años el recorrido disminuye, de modo que la misma cifra significa cosas distintas en un niño y en una persona mayor. Además, la escala solo mira manos, codos, rodillas y columna: si usted tiene hombros, mandíbula o pies muy flexibles y esas articulaciones son normales, la puntuación saldrá baja pese a una hipermovilidad evidente. Por eso el médico siempre cruza las maniobras con las molestias en lugar de guiarse por una cifra.
De qué se quejan quienes lo tienen
El cuadro no se compone de un solo síntoma, y la mitad de él no suele relacionarse con las articulaciones:
- dolor articular y muscular al final del día y al día siguiente del esfuerzo, sobre todo en rodillas, dedos, hombros y zona lumbar; en los niños son las clásicas «piernas que duelen de noche»;
- cansancio que no se resuelve con el descanso: para sujetar una articulación laxa los músculos trabajan más de lo normal, y eso se paga;
- esguinces frecuentes, torceduras de tobillo, subluxaciones y luxaciones, a veces por una tontería, como cuando el hombro se sale al alcanzar algo de una estantería;
- torpeza y mala percepción de la posición del cuerpo: las articulaciones envían al cerebro una señal borrosa, de ahí la inseguridad en suelos irregulares y a oscuras;
- piel fina, suave y elástica, hematomas con facilidad, estrías, cicatrices finas tras los cortes;
- pies planos y tobillo que se hunde hacia dentro, dolor en la planta después de caminar mucho;
- en una parte de los casos, mareo y palpitaciones al levantarse deprisa, tendencia al estreñimiento, la hinchazón abdominal y el reflujo, escapes de orina al toser o reír;
- ansiedad, más frecuente en las personas hipermóviles que en la media y que amplifica notablemente el dolor.
Nada de esto es obligatorio ni aparece todo junto. Bastantes personas con hipermovilidad clara no tienen ningún síntoma y se enteran por casualidad.
De dónde viene la laxitud articular
La resistencia de los ligamentos y de la cápsula articular la da el colágeno, la proteína con la que está construido el tejido conjuntivo. Las particularidades de su estructura y de cómo se ensambla en fibras hacen el tejido algo más complaciente, y la articulación queda peor sujeta. Es un rasgo congénito y hereditario, de modo que en una familia suele haber varias personas hipermóviles: si un niño tiene dedos de goma, casi siempre se encuentra lo mismo en alguno de sus padres.
Los nombres han cambiado con el tiempo, y conviene saberlo para no perderse entre documentos antiguos y recientes. Lo que antes se llamaba síndrome de hipermovilidad articular o síndrome de hipermovilidad benigna hoy se entiende como un espectro: hipermovilidad sin síntomas, trastornos del espectro de la hipermovilidad y síndrome de Ehlers-Danlos de tipo hipermóvil. Las fronteras entre ellos son convencionales y el tratamiento es en lo esencial el mismo, así que el cambio de etiqueta no altera nada en su vida.
Cuando detrás de la flexibilidad hay algo más serio
Existen enfermedades hereditarias raras del tejido conjuntivo en las que la hipermovilidad es solo la parte visible, mientras lo importante ocurre en los vasos, el corazón y los ojos. Conviene no pasarlas por alto, porque aquí el seguimiento salva vidas. Estos signos hay que enseñárselos al médico sin esperar a que algo duela.
- Síndrome de Marfan: estatura alta con brazos, piernas y dedos desproporcionadamente largos, esternón hundido o prominente, escoliosis marcada, miopía intensa o desplazamiento del cristalino. El peligro principal es la dilatación de la aorta, que se vigila con ecocardiografía.
- Síndrome de Ehlers-Danlos de tipo vascular: piel muy fina y translúcida con las venas visibles, hematomas al mínimo roce, rasgos faciales finos. Puede provocar roturas de arterias y de órganos huecos, por lo que a estas personas se les evitan ciertas exploraciones y se les prohíben los deportes de contacto.
- Antecedentes familiares que deben alertar: muerte súbita de un pariente joven, disección de aorta, rotura de un vaso o del intestino, varios familiares operados de una válvula cardíaca.
Aparte de eso: si una articulación se sale y no vuelve a su sitio, o el miembro se queda dormido, pálido o frío, la situación es urgente y necesita atención esa misma hora, no al día siguiente.
Qué pasa en la consulta
No hay ninguna prueba única para la hipermovilidad. El médico pregunta por el dolor, las luxaciones y los familiares, comprueba el recorrido articular y examina la piel, los pies y la postura. A partir de ahí la tarea no es confirmar la hipermovilidad, sino asegurarse de que las molestias no vengan de otra enfermedad: las artritis inflamatorias, las enfermedades reumáticas, el hipotiroidismo y algunas carencias producen un dolor y un cansancio parecidos y se tratan de forma muy distinta. Para eso pueden hacer falta análisis de sangre con marcadores de inflamación. La radiografía en la hipermovilidad no suele mostrar nada y no sirve para el diagnóstico, sino después de una lesión.
Si el cuadro sugiere un Marfan o un tipo vascular, el médico deriva a un especialista en enfermedades hereditarias del tejido conjuntivo y pide ecocardiografía y valoración oftalmológica. Pero el trabajo de fondo no lo hace el médico en la consulta, sino el fisioterapeuta, y es a él a quien se deriva en primer lugar.
Qué ayuda de verdad
No existe manera de volver más resistentes los ligamentos, así que todo el sentido del tratamiento consiste en sustituir con músculo el sostén que los ligamentos no dan. Funciona despacio, pero funciona, y por ahora no hay ninguna medida igual de eficaz.
- La fuerza importa más que el estiramiento. A las personas hipermóviles se les da bien justo lo que no necesitan, estirar; lo que les hace falta son ejercicios de fuerza en los músculos que rodean la articulación y de control de la postura.
- Conviene empezar con actividad sin impactos ni tirones: natación, bicicleta estática, caminar, ejercicios con el propio peso en recorridos cortos. Progresar poco a poco, porque un salto de un mes de golpe termina en un brote de dolor.
- El equilibrio y la percepción de la posición del cuerpo se entrenan aparte; lleva semanas, pero es justo eso lo que reduce el número de torceduras.
- El reposo completo empeora las cosas: sin actividad los músculos se debilitan más rápido de lo que cede el dolor.
- Mejor no hacer trucos de hiperextensión ni sentarse en posturas donde la articulación se sostiene «del ligamento». La costumbre de hacer crujir las articulaciones también perjudica.
- El trabajo y el estudio se reparten en el tiempo: alternar tareas con pausas breves se tolera mucho mejor que varias horas de movimientos repetidos.
- Calzado cómodo con buen apoyo y, si el podólogo lo aconseja, plantillas. Las ortesis y las muñequeras sirven de forma puntual, durante el esfuerzo o después de una lesión, no todo el día: llevarlas siempre debilita el músculo.
Para el dolor ayuda el calor: un baño templado, una bolsa caliente. En cuanto a fármacos, tienen sentido el paracetamol y los antiinflamatorios, incluidos los geles aplicados sobre una articulación concreta, en pautas cortas y no de forma continua. Los analgésicos potentes del grupo de los opioides no son eficaces en este tipo de dolor crónico y hacen más daño que bien. Si el dolor dura meses e interfiere en la vida, lo razonable no es subir dosis sino acudir a un servicio dedicado al dolor crónico.
Niños, adolescentes y vida cotidiana
En los niños la hipermovilidad es más frecuente y con la edad las articulaciones de la mayoría se vuelven más firmes, de modo que parte de las molestias desaparece sola. Pero «ya se le pasará» no es motivo para no hacer nada: el niño que rechaza los paseos largos, se agota en educación física y abandona pronto la escritura por cansancio en la mano no suele ser perezoso, sino que realmente no puede. Lo que ayuda no es eximirlo del esfuerzo, sino elegirlo bien: natación en vez de juegos de contacto, pausas al escribir, un bolígrafo cómodo, una segunda bolsa en lugar de una mochila pesada colgada de un hombro. Quien practica danza o gimnasia de forma profesional debería hablar con su entrenador y su médico del equilibrio entre estiramiento y trabajo de fuerza.
A los adultos les conviene revisar el puesto de trabajo: altura de la mesa y de la silla, apoyo para los antebrazos, cambiar de posición al menos una vez por hora. Ayuda mantener el peso dentro de un margen razonable, porque los kilos de más cargan rodillas y pies. La hipermovilidad no prohíbe el deporte, ni el embarazo, ni los viajes; solo exige preparar el esfuerzo con antelación en lugar de sacarlo adelante a base de voluntad.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico aclarará qué le ocurre exactamente: si se trata solo de una flexibilidad excesiva o ya de un conjunto de molestias del que conviene ocuparse. Preguntará por el dolor, las luxaciones y el cansancio, repasará los antecedentes familiares y dirá lo esencial: si hay que descartar otras enfermedades y con qué análisis. Revisará aparte los signos que obligan a acudir a genética, a hacer una ecocardiografía o a ver al oftalmólogo, y le explicará a qué especialista ir primero. Si el diagnóstico ya está hecho, la consulta sirve para repasar el plan de ejercicios, entender por qué no están dando resultado, ajustar la pauta analgésica y decidir si hacen falta plantillas u ortesis. Explorar la articulación con las manos y medir su recorrido no se puede hacer en línea, pero sí ahorrarse años de dar vueltas y encontrar al especialista adecuado.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Síndrome de hipermovilidad articular
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Síndrome de hipermovilidad articular con un médico online.









