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Síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA)

El SDRA no es una enfermedad por sí sola, sino una lesión grave del pulmón que aparece como respuesta a otro problema serio: una infección generalizada, una…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

El SDRA no es una enfermedad por sí sola, sino una lesión grave del pulmón que aparece como respuesta a otro problema serio: una infección generalizada, una neumonía, un traumatismo, la entrada del contenido del estómago en las vías respiratorias. Los pulmones pierden de golpe la capacidad de cargar de oxígeno la sangre y el aire deja de bastar incluso en reposo. Es un cuadro que pone en peligro la vida, se instala deprisa —normalmente en las primeras horas o días tras el suceso que lo desencadena— y se trata solo en cuidados intensivos.

Qué ocurre dentro del pulmón

En un pulmón sano el oxígeno atraviesa una pared finísima entre la bolsa de aire (el alvéolo) y el capilar. En el SDRA una inflamación intensa vuelve permeable la pared del capilar: el líquido y las proteínas de la sangre se filtran hacia los alvéolos y los llenan. Las bolsas que deberían tener aire quedan anegadas, una parte se colapsa y el pulmón se vuelve rígido y difícil de expandir. Hay que respirar más deprisa y con más esfuerzo, y aun así el oxígeno en sangre sigue bajo, porque no tiene por dónde pasar. Una diferencia importante frente al edema de pulmón por insuficiencia cardíaca: aquí el corazón puede funcionar bien, el problema está en el propio pulmón.

Después de qué aparece

Casi siempre hay un suceso que actúa de detonante, y a menudo la persona ya está ingresada por otro motivo.

  • sepsis, la causa más frecuente: una infección extendida a la sangre, sea cual sea su origen;
  • neumonía grave, también vírica: gripe, infección por coronavirus;
  • paso de vómito o comida a las vías respiratorias, por ejemplo al perder la consciencia;
  • pancreatitis aguda y otras inflamaciones graves del abdomen;
  • traumatismos extensos, fracturas múltiples, quemaduras, contusión pulmonar;
  • inhalación de humo, aire caliente o vapores irritantes; ahogamiento;
  • sobredosis de ciertos medicamentos y drogas;
  • reacción a una transfusión de componentes sanguíneos;
  • los primeros días tras un trasplante de pulmón.

El riesgo es mayor en personas mayores, en quienes fuman o abusan del alcohol y en quienes ya tienen enfermedad pulmonar. Pero también puede darse en una persona joven y sana: unos pulmones buenos no protegen.

Cómo se manifiesta

El cuadro no crece en semanas, sino en horas o en un día.

  • falta de aire que va a más y no cede en reposo;
  • respiración rápida y superficial, con los músculos del cuello y del abdomen;
  • sensación de que el aire no termina de entrar, imposibilidad de acabar una frase;
  • tono azulado o grisáceo de los labios y las puntas de los dedos;
  • pulso acelerado, bajada de la tensión;
  • inquietud y luego confusión y somnolencia: el cerebro es el primero que acusa la falta de oxígeno;
  • tos, pesadez en el pecho, debilidad marcada.

Hay un detalle peligroso: la persona puede parecer tranquila y hablar con normalidad con el oxígeno ya bajo. Por eso en el hospital se mide con un aparato y no se juzga a ojo.

Cuándo la falta de aire exige urgencias

El SDRA suele empezar ya bajo vigilancia médica. Pero una falta de aire brusca puede sorprender a alguien en casa, y ahí no hay que averiguar la causa por cuenta propia. Llame al 112 si aparece:

  • dificultad respiratoria intensa, con incapacidad de decir una frase entera;
  • falta de aire repentina junto con dolor en el pecho, la espalda, el cuello, los brazos o la mandíbula;
  • falta de aire repentina con náuseas, vómitos o sudor profuso;
  • tos con sangre;
  • falta de aire junto con dolor e hinchazón de una sola pierna;
  • labios azulados, confusión o imposibilidad de despertar a la persona.

No conduzca usted mismo. Que le lleve otra persona o espere a la ambulancia, y lleve consigo la medicación que toma.

Cómo se llega al diagnóstico

No hay un análisis único para el SDRA: el diagnóstico se arma con varias piezas. Un suceso grave reciente, falta de aire que ha ido a más en una semana o menos, alteraciones en ambos pulmones en la radiografía o el escáner y un oxígeno bajo que no remonta con una mascarilla convencional. El oxígeno y el dióxido de carbono se miden en sangre arterial. Siempre se descarta la insuficiencia cardíaca con una ecografía del corazón, porque un pulmón encharcado también aparece cuando el corazón falla, y ahí el tratamiento es otro. En paralelo se busca la causa: cultivos de sangre y esputo, rastreo del foco de infección y, si hace falta, un escáner del abdomen.

Qué se hace en cuidados intensivos

Ningún medicamento cura el SDRA en sí. La tarea del equipo es sostener al organismo y ganar tiempo mientras el pulmón se repara, y a la vez resolver lo que puso todo en marcha.

  • Oxígeno, con mascarilla o en flujo alto por gafas nasales, y apoyo mecánico a la respiración cuando eso no basta.
  • Ventilación mecánica con volúmenes bajos. Es lo decisivo: poco volumen en cada insuflación y presión limitada reducen claramente la mortalidad, porque los volúmenes grandes dañan aún más un pulmón inflamado.
  • Posición boca abajo. Se coloca en decúbito prono muchas horas seguidas; eso redistribuye el flujo de sangre y de aire y, en los casos graves, salva vidas.
  • Sedación y, a veces, fármacos que relajan la musculatura para que la persona no luche contra el respirador.
  • Aporte de líquidos contenido, porque el exceso agrava el encharcamiento pulmonar.
  • Tratamiento de la causa: antibióticos y antivíricos, drenaje del foco purulento, cirugía si hubo traumatismo.
  • ECMO, la oxigenación de la sangre fuera del cuerpo: un recurso extremo en centros especializados cuando el respirador no da más de sí.
  • Prevención de males añadidos: profilaxis de trombos y de úlceras de estómago, movilización precoz.

Los corticoides no se dan a todo el mundo, sino según la causa y la evolución, y lo decide el médico.

Qué queda después

El SDRA sigue siendo un cuadro grave: una parte importante de los enfermos fallece, y decirlo es más honesto que callarlo. Pero la mayoría de quienes lo superan recupera la respiración casi por completo en unos meses o en un año.

Lo que más cuesta no es respirar, sino todo lo demás tras una estancia larga en intensivos:

  • debilidad muscular marcada, pérdida de peso, incapacidad de subir un tramo de escaleras;
  • cansancio que se prolonga durante meses;
  • fallos de memoria, de concentración y para encontrar las palabras;
  • ansiedad, ánimo bajo, pesadillas y recuerdos intrusivos del ingreso;
  • dolores articulares y musculares, ronquera tras el tubo respiratorio.

Aquí ayudan la rehabilitación respiratoria y física, aumentar el esfuerzo poco a poco, dejar de fumar, las vacunas de la gripe y del neumococo y, si hace falta, el apoyo psicológico. Conviene que la familia lo sepa: los huecos de memoria y los cambios de carácter tras intensivos no son un capricho, son una consecuencia conocida y suelen suavizarse.

Consulta en línea: en qué ayuda

La fase aguda se trata solo en el hospital y el contacto a distancia no la sustituye: ante una falta de aire que va a más hay que llamar a una ambulancia. En línea es útil todo lo que rodea a eso: repasar con usted o con un familiar el informe de la unidad, explicar qué significan los valores y las pautas, planificar la recuperación y valorar si el cansancio y la falta de aire encajan en la evolución esperable o apuntan a una complicación. Otro motivo frecuente es este: cuándo la falta de aire de alguien con una enfermedad crónica del pulmón o del corazón deja de ser la habitual y necesita atención urgente.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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