Roséola (exantema súbito)
La roséola asusta a los padres más que casi cualquier otra infección infantil, y la culpa es del orden en que ocurren las cosas.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Roséola (exantema súbito)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 100 mg paracetamol/mlPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Kern Pharma S.L.No requiere receta
La roséola asusta a los padres más que casi cualquier otra infección infantil, y la culpa es del orden en que ocurren las cosas. Primero al niño le sube la fiebre sin causa aparente y se mantiene tres días, con la garganta limpia, los oídos bien y nada que duela, sin que nadie sepa decir qué es. Después la fiebre baja, todos respiran aliviados y justo entonces el niño se llena de manchas. Ahí suele empezar el pánico. En realidad es al revés: la erupción de la roséola es la señal de que la enfermedad ha terminado.
El orden por el que se reconoce
La roséola está causada por el herpesvirus humano tipo 6. Lo tienen casi todos los adultos y casi todos los niños se lo encuentran en sus primeros años de vida, con más frecuencia entre los seis meses y los dos años. Muchos pasan ese encuentro sin ninguna erupción, y por eso hay familias que solo descubren qué es la roséola cuando le toca al segundo hijo. Conviene no confundirla con la rubéola: son enfermedades distintas.
El cuadro clásico es este:
- la fiebre sube de golpe y llega alta, a menudo por la tarde, y dura unos tres días, a veces hasta cinco;
- apenas hay nada más: la garganta no está roja, no hay tos o es mínima, la tripa va bien. A veces aparecen los párpados algo hinchados, ganglios crecidos en el cuello y detrás de las orejas, y deposiciones más blandas;
- entre los picos de fiebre el niño suele estar sorprendentemente animado, juega y se interesa por lo que pasa;
- la fiebre cede, y normalmente lo hace deprisa, en unas horas;
- y solo después, en menos de un día, aparece la erupción.
Esa secuencia es la clave. Si la erupción no ha salido tras normalizarse la temperatura sino en pleno pico de fiebre, y además el niño está mal, el cuadro no es el de la roséola y hay que estudiarlo aparte.
Cómo es la erupción
Manchitas y pequeños bultos rosados o rojizos, de unos milímetros, a veces con un halo más pálido alrededor. Empiezan en el pecho, la barriga y la espalda, y luego pasan al cuello, la cara y los brazos; en las piernas aparecen menos. En la piel morena y oscura se ven peor: es más fácil mirarlas con luz de día y de lado.
La erupción no pica, no duele, no supura y no deja marca. En ese momento el niño suele encontrarse ya bien. En uno o dos días palidece y desaparece sola. No hay que ponerle nada: ninguna crema acelera algo que se va por sí mismo.
La erupción que no palidece
Hay una propiedad por la que merece la pena recordar todo lo demás. La erupción de la roséola palidece al presionarla. Apriete la piel con el dedo o con la pared de un vaso transparente: las manchas desaparecen un instante y vuelven al soltar.
La erupción de la infección meningocócica se comporta de otro modo: no palidece. Son puntitos rojos o morados, como pinchazos, o pequeños moratones que no vienen de ningún golpe. Aparecen en un niño que se ve claramente mal: decaído, que rechaza el líquido, con manos y pies fríos pese a la fiebre alta, que se queja o llora de forma distinta a la habitual.
Pero conviene ser honestos con la prueba del vaso: no se puede confiar solo en ella. Hay motivos. Al principio la erupción peligrosa todavía puede palidecer. En la piel oscura cuesta verla, y hay que buscarla donde la piel es más clara: palmas, plantas, abdomen, y también en la cara interna de los párpados y en el paladar. A veces una infección grave cursa sin ninguna erupción. Y al revés: hay manchas que no palidecen por causas del todo inofensivas, como las que salen en la cara y el cuello tras vomitar o toser con fuerza.
Por eso la regla es esta: una erupción que no palidece exige llamar a una ambulancia de inmediato, y una erupción que sí palidece en un niño que está mal también es motivo para llamar. Se valora al niño entero, no al vaso.
Convulsiones febriles
En la roséola la fiebre sube deprisa, y es justo en esa subida cuando los niños pequeños pueden convulsionar por el calor. La roséola es una de sus causas frecuentes, así que es mejor saberlo antes que enterarse en el momento.
Se ve así: el niño pierde el conocimiento, el cuerpo se pone rígido, brazos y piernas se sacuden, los ojos se van hacia arriba y los labios pueden ponerse azulados. Suele durar de unos segundos a un par de minutos y cede solo. Después queda somnoliento y aturdido, y eso es normal.
Qué hacer:
- túmbelo de lado sobre algo blando y aparte los objetos duros que tenga cerca;
- mire la hora: es lo primero que le preguntará el médico;
- no lo sujete ni le abra la boca, no le meta nada entre los dientes, no le dé de beber ni intente darle un antitérmico;
- cuando termine, déjelo tumbado de lado.
Llame a una ambulancia si es la primera vez que ocurre, si dura más de cinco minutos, si se repite, si al niño le cuesta respirar o si no se recupera bien una vez pasado todo.
Y algo que conviene oír aparte: estas convulsiones dan mucho miedo, pero no dañan el cerebro ni significan epilepsia. No se pueden prevenir con antitérmicos: estos se dan para que el niño esté cómodo, no para evitar la crisis.
Qué se puede hacer en casa
La roséola no tiene ni necesita tratamiento específico: los antibióticos no actúan sobre un virus. La tarea es pasar tres días de fiebre.
- Líquidos a menudo y en poca cantidad. Con fiebre alta se pierde mucha agua y el niño rara vez quiere beber de una vez.
- Ropa ligera y habitación fresca. No hay que abrigarlo con fiebre: el calor tiene que salir.
- El antitérmico no se da por la cifra del termómetro, sino cuando la fiebre hace que el niño esté incómodo. Sirven las presentaciones infantiles de paracetamol e ibuprofeno; la dosis se calcula por peso, no por edad, y se toma del prospecto o del médico.
- En los más pequeños el antitérmico solo se da si lo indica el médico: hay límites propios de edad y de peso.
- No alterne ni combine dos fármacos por su cuenta: así es más fácil equivocarse con la dosis. Una pauta de ese tipo la indica el médico.
- A niños y adolescentes no se les da aspirina.
- Las friegas con agua fría o con alcohol no ayudan y hacen que el niño lo pase peor.
Si contagia y cuándo volver a la guardería
El virus se transmite por la saliva y por las gotitas al respirar y hablar, normalmente desde adultos y niños mayores que hace tiempo que están sanos y simplemente lo llevan. Por eso casi nunca se consigue averiguar de dónde vino.
El niño contagia sobre todo los días en que tiene fiebre alta, es decir, antes de que haya erupción alguna. Cuando la erupción aparece, el período de mayor contagio ya ha pasado: la erupción de la roséola no es el signo que deba preocupar a quienes rodean al niño.
De ahí la respuesta práctica. Se queda en casa mientras dure la fiebre. Después, si está animado y se encuentra bien, puede volver a la guardería: no hace falta esperar a que desaparezcan las manchas. Conviene decírselo también a la educadora, porque a veces al niño con erupción lo devuelven en la puerta.
Cuándo llamar a una ambulancia
Llame a una ambulancia (en Europa, al número único 112) si el niño presenta:
- una erupción que no palidece al presionar;
- piel, labios o lengua azulados, grises, pálidos o moteados; en la piel oscura se aprecia mejor en palmas y plantas;
- respiración difícil: quejido, hundimiento por debajo de las costillas, respiración muy rápida, pausas;
- un llanto débil y agudo, distinto del habitual;
- que no responda como siempre, que no reaccione, que cueste despertarlo o que rechace beber;
- una convulsión: la primera, de más de cinco minutos o repetida;
- rigidez de nuca, fontanela abombada, rechazo de la luz.
No conduzca usted mismo hasta urgencias: pida que le lleven o llame a una ambulancia.
Hay que ver al médico el mismo día si el niño tiene menos de tres meses y le ha subido la fiebre, porque a esa edad cualquier fiebre exige exploración. También si la fiebre dura más de cinco días o vuelve después de haber cedido; si el niño moja el pañal bastante menos de lo normal, tiene la boca seca y llora sin lágrimas; si la erupción salió durante la fiebre alta en vez de después, o dura más de tres días; y sencillamente si usted está inquieto y ve que el niño no es el de siempre. La sensación de los padres de que algo no va bien es un argumento serio, no una superstición.
Consulta en línea
En línea se resuelve justo lo que más preocupa: qué aspecto tiene esa erupción, si encaja en el cuadro de la roséola y si hace falta seguir estudiando. El médico ordena la secuencia de lo ocurrido, explica qué signos exigen una ambulancia y cuáles se pueden vigilar tranquilamente en casa, y ayuda a calcular la dosis del antitérmico según el peso del niño. Es además la forma de tener respuesta cuando la erupción sale por la noche y esperar hasta la mañana da inquietud. Los signos de la lista anterior no se valoran a distancia: con ellos se llama directamente a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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