Rabia
La rabia tiene un rasgo que la separa del resto de las infecciones: mientras no aparecen síntomas se previene con una fiabilidad casi total, y en cuanto…
En esta página
- Los primeros minutos tras una mordedura o un arañazo
- Por qué «vamos a observar al perro» es un mal plan
- Qué animales transmiten el virus y por qué los murciélagos son un caso aparte
- Cuánto riesgo hay en el lugar donde usted está
- Qué hace el médico: la profilaxis después del contacto
- Vacunarse antes de viajar: a quién le compensa
- Los síntomas: el punto al que no se debe llegar
- Consulta en línea
La rabia tiene un rasgo que la separa del resto de las infecciones: mientras no aparecen síntomas se previene con una fiabilidad casi total, y en cuanto aparecen ya no hay forma de salvar a la persona. Entre esos dos momentos hay semanas o meses de margen, pero lo que decide el desenlace ocurre justo al principio, en las primeras horas después de una mordedura, un arañazo o el contacto con la saliva de un animal. Por eso esta página trata sobre todo de qué hacer de inmediato, y muy poco de cómo evoluciona la enfermedad.
Los primeros minutos tras una mordedura o un arañazo
La herida es el único lugar donde el virus sigue siendo accesible y todavía se puede arrastrar. El lavado mecánico reduce el riesgo más que cualquier otra medida casera, y hay que hacerlo enseguida, sin esperar a salir hacia el centro sanitario.
- Lave la herida con agua corriente y jabón durante al menos quince minutos. Quince es un tiempo medido con reloj, no «hasta que canse»: un enjuague rápido no sirve. No escatime jabón, deje correr el agua con fuerza y, si la herida es profunda, procure que el agua entre hasta el fondo.
- Después aplique un antiséptico, de base alcohólica o yodada.
- No cauterice la herida ni intente ampliarla o exprimirla. No aporta nada y daña más el tejido.
- Las heridas por mordedura no suelen suturarse de inmediato, o se cierran con puntos muy separados. Diga siempre al médico que la herida procede de un animal: de eso depende cómo la trate.
- Acuda al médico ese mismo día. No mañana ni después del fin de semana.
No solo cuenta como contacto la mordedura evidente. También lo son el arañazo de uñas o dientes, cualquier lesión de la piel que el animal haya lamido y la saliva que llegue a los ojos, la nariz o la boca. Acariciar el pelaje o recibir saliva sobre piel intacta no supone riesgo.
De paso, el médico revisará dos cosas que en el susto se olvidan: si toca la vacuna del tétanos y si hacen falta antibióticos. Las mordeduras en la mano y en la cara, y las punciones profundas de los dientes de un gato, se infectan con frecuencia, y ese es un problema distinto de la rabia.
Por qué «vamos a observar al perro» es un mal plan
El error más frecuente y más caro es aplazar la consulta para ver qué le pasa al animal y a uno mismo. Estas son las razones para no hacerlo.
El virus avanza desde la herida por los nervios hasta el cerebro, y la profilaxis funciona solo mientras no ha llegado. El trayecto suele durar de uno a tres meses, pero con mordeduras en la cara, el cuello o la mano puede ser mucho más corto. No existe manera de saber de cuánto tiempo dispone usted, así que ese margen no se gasta.
Observar al animal durante diez días es un procedimiento veterinario real, pero su sentido es otro. No sirve para decidir si se empieza la profilaxis, sino para interrumpirla: el tratamiento se inicia de inmediato y, si a los diez días el perro o el gato doméstico sigue vivo y sano, se cancelan las dosis restantes. Observar en lugar de empezar no es observar: son semanas perdidas.
Hay además tres ideas que tranquilizan sin motivo. El animal contagia varios días antes de enfermar él mismo, de modo que «parecía sano» no demuestra nada. A un perro callejero o a un zorro no hay quién los observe ni dónde. Y que el dueño diga que su perro está vacunado no es un documento: pregunte si consta en la cartilla veterinaria y de qué fecha es.
Qué animales transmiten el virus y por qué los murciélagos son un caso aparte
La rabia no es solo cosa de perros, aunque del perro proceda la inmensa mayoría de las muertes humanas en el mundo. El virus lo llevan mamíferos de todo tipo: gatos, zorros, perros mapache, lobos, chacales, mapaches, mangostas, monos y ganado. Los roedores pequeños y las liebres prácticamente nunca contagian a las personas, así que el mordisco de un hámster o de un ratón de campo queda fuera de esta historia. En zonas turísticas hay que añadir a los monos: arrebatan comida de las manos y arañan, y ese contacto se toma en serio.
Los murciélagos van aparte, y con ellos la regla cambia. Sus dientes son finos como una aguja: la mordedura puede no doler y puede no dejar marca alguna en la piel. Aquí no se puede esperar a ver «una herida visible», porque puede no haberla aunque el contacto haya existido. Por eso conviene consultar si:
- ha tenido un murciélago en las manos, lo ha retirado de la ropa o lo ha espantado de la cara;
- se ha despertado en una habitación por la que volaba un murciélago;
- ha aparecido un murciélago en la habitación de un niño dormido o de una persona que no puede contar con claridad lo ocurrido.
Esto importa todavía más porque, en los países donde hace décadas que no hay rabia en animales terrestres, los murciélagos son la única fuente que queda. Los virus que portan en Europa están emparentados con la rabia clásica, y la misma vacuna protege frente a ellos.
Cuánto riesgo hay en el lugar donde usted está
La respuesta depende mucho del país, y esa es la razón principal para no guiarse por lo que cuenta alguien en internet.
La mayor parte de los casos se concentra en Asia y África, donde la fuente son los perros callejeros y de aldea; el riesgo sigue siendo apreciable en varios países de América Latina. Si viaja allí, la mordedura de un perro es motivo para buscar atención en el sitio, no al volver a casa.
En Europa occidental y meridional no hay rabia en animales terrestres desde hace décadas: un perro o un gato en España, Italia o Portugal casi no puede ser la fuente, y solo quedan los murciélagos y algún animal introducido de forma ilegal. Caso aparte son las ciudades españolas del norte de África, donde la situación se parece más a la del país vecino que a la peninsular.
En Europa oriental el panorama es distinto. En Ucrania y en varios países próximos el virus se mantiene en zorros y perros mapache, y desde ahí pasa a gatos y perros de pueblo. Eso significa que el arañazo de un gato que vive en un patio no es una tontería, sino un motivo corriente para acudir al médico el mismo día.
Un apunte sobre los niños: suponen alrededor de la mitad de los afectados en todo el mundo. Se acercan a los animales y luego callan la mordedura por miedo a la regañina. Si un niño vuelve con un arañazo, pregunte directamente y sin reproches: de que lo cuente o no depende demasiado.
Qué hace el médico: la profilaxis después del contacto
Lo primero que valora el médico es qué tipo de contacto hubo: si el animal lamió piel intacta, si hay un arañazo superficial o si se trata de una mordedura profunda o de saliva en las mucosas. De ahí depende si hace falta profilaxis y con qué alcance.
A partir de ahí hay dos componentes posibles.
- La pauta de vacuna. Son varias dosis repartidas a lo largo de dos a cuatro semanas. El número exacto de dosis y los días dependen de la pauta adoptada en cada país y de si usted ya estaba vacunado: en ese caso el ciclo es más corto. Conviene respetar las fechas y, sobre todo, terminar lo que se empieza.
- La inmunoglobulina antirrábica. Son anticuerpos ya formados que se infiltran dentro de la herida y a su alrededor para que actúen allí mismo mientras la vacuna todavía no hace efecto. Se administra una sola vez y solo a quien no estaba vacunado antes, en mordeduras profundas o múltiples y cuando la saliva ha llegado a las mucosas.
Si empezó la pauta en el extranjero, lleve al médico todos los papeles que le dieran: se continúa, no se reinicia. Conviene saber además que el embarazo, la lactancia, la edad de lactante y un sistema inmunitario debilitado no impiden la profilaxis. Aquí no hay contraindicaciones en la práctica, porque en el otro platillo de la balanza hay una enfermedad mortal segura.
Y una última cosa: si desde la mordedura ha pasado una semana, un mes o más y no consultó con nadie, vaya igualmente. Mientras no hay síntomas, nunca es tarde.
Vacunarse antes de viajar: a quién le compensa
Vacunarse por adelantado no tiene sentido para todo el que sale del país, sino para quien reúne varias condiciones: viaje largo, destinos aislados, dificultad para llegar pronto a un centro sanitario y una forma de moverse que acerca a los animales, como la bicicleta, el senderismo, correr o el trabajo de campo. También conviene planteárselo para los niños que van a estar fuera mucho tiempo.
Es importante entender qué aporta. Vacunarse antes no le exime de consultar tras una mordedura: seguirá necesitando una pauta, solo que más corta. Lo decisivo es otra cosa: quien está vacunado no necesita inmunoglobulina, y precisamente la inmunoglobulina es lo que suele ser imposible de conseguir en esos lugares apartados. Ese es el argumento de fondo.
La pauta previa consta de varias dosis y lleva tiempo, así que se habla con el médico al menos un mes antes del vuelo, no la víspera. A quienes se exponen por su trabajo —veterinarios, personal de criaderos y de cuarentenas, quienes manejan murciélagos o fauna salvaje— se les vacuna con independencia de los viajes y se les comprueba de vez en cuando si la protección se mantiene.
Los síntomas: el punto al que no se debe llegar
Entre el contacto y las primeras señales suelen pasar de uno a tres meses; rara vez una semana o, al contrario, años. El comienzo no llama la atención: fiebre, malestar, ansiedad, mal sueño. El único indicio precoz que apunta a la rabia es el picor, el hormigueo o el dolor en el lugar de la mordedura, ya cicatrizado desde hace tiempo.
Después llega lo que hace reconocible el cuadro: agitación intensa y miedo, salivación abundante, espasmo doloroso en la garganta al intentar tragar agua y más adelante también al verla o al recibir una corriente de aire en la cara. Existe además una segunda forma, la paralítica, en la que en lugar de agitación va creciendo la debilidad muscular; esa se reconoce más tarde y con más dificultad.
A partir de ese momento la medicina no puede ayudar: no hay ningún tratamiento que funcione y solo queda aliviar el sufrimiento. El desenlace llega en pocos días. No lo contamos para asustar, sino para explicar por qué se pone tanta rigidez alrededor de una mordedura: todo lo que se podía hacer se hace en las primeras veinticuatro horas.
Consulta en línea
A distancia se resuelve rápido la duda que de verdad angustia después de un encuentro con un animal: si eso cuenta como contacto y si hay que hacer algo. El médico repasará dónde y cómo ocurrió, qué animal era y si la piel quedó dañada, y le dirá si tiene que ir hoy mismo a por la profilaxis o si la alarma es infundada. Es también una buena forma de preparar un viaje con antelación y valorar si le conviene vacunarse, o de aclarar una pauta empezada en otro país: cuántas dosis faltan y en qué días.
Conviene decir con la misma claridad qué no sustituye. El lavado de la herida no lo hará nadie por usted, y la vacuna y la inmunoglobulina se administran únicamente de forma presencial. Si el contacto ha sido hoy, empiece por los quince minutos bajo el grifo y por localizar el punto más cercano donde presten esa atención; que la conversación con el médico vaya en paralelo, no en lugar de eso.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





