Quistes óseos
Un quiste óseo es una cavidad dentro del hueso llena de líquido o de sangre. No es un cáncer: no siembra en otros órganos.
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Un quiste óseo es una cavidad dentro del hueso llena de líquido o de sangre. No es un cáncer: no siembra en otros órganos. Pero el hueso que rodea la cavidad se adelgaza y acaba rompiéndose con una carga que un hueso sano habría soportado sin consecuencias. Se descubren sobre todo en niños y adolescentes, mientras el esqueleto crece, y muchas veces por casualidad, en una radiografía hecha por otro motivo. Unos desaparecen solos y otros necesitan tratamiento, y por los síntomas no se distingue de antemano cuál es cuál.
De dónde sale ese hueco en el hueso
La respuesta honesta es que no se sabe del todo. Se distinguen dos tipos principales de cavidad, y su origen es distinto.
- Quiste simple. Una sola cámara lisa con líquido transparente, casi siempre en el tercio superior del húmero o del fémur, junto al cartílago de crecimiento. Se cree que el problema está en el drenaje del líquido de la zona que crece. Cuando el crecimiento termina, esta cavidad suele cerrarse por sí sola.
- Quiste aneurismático. Varias cámaras llenas de sangre, separadas por tabiques. Crece bastante más deprisa, empuja el hueso desde dentro y prefiere las vértebras y los huesos de la pelvis. A veces no aparece solo, sino junto a otra lesión ósea; entonces hay que tratar aquello que lo ha provocado.
Ninguno de los dos se contagia, ni se hereda de padres a hijos, ni tiene relación con la cantidad de lácteos o de calcio que se come. Un golpe o una caída no crean el quiste, pero son justo lo que suele delatarlo.
Cómo se nota
La mayoría de las veces, de ninguna manera. Mientras la cavidad es pequeña el hueso aguanta la carga y la persona no siente nada. Cuando da señales, suelen ser estas:
- dolor sordo en el hombro, el muslo o la pierna, que aumenta al final del día y con el esfuerzo;
- hinchazón o un bulto duro que se palpa directamente sobre el hueso;
- cojera o costumbre de proteger el brazo sin causa aparente;
- hormigueo, adormecimiento, debilidad en las piernas o rigidez de la espalda, si la cavidad está en una vértebra;
- una fractura por una tontería: un mal apoyo al caer, lanzar un balón, un empujón jugando.
La fractura sin motivo suficiente es la forma más frecuente en que un quiste se hace notar. El hueso allí es fino como una cáscara y se parte donde uno sano solo se habría magullado. A veces la fractura hasta resulta útil: pone en marcha la curación, y parte de los quistes simples se cierran después de ella.
Lo primero que el médico debe descartar
Esta es la parte más importante de toda la conversación. En una radiografía, un «agujero» en el hueso se parece mucho en situaciones de gravedad muy distinta, y la conclusión tranquila de «es solo un quiste» no se saca a la primera impresión.
Existe una variedad poco frecuente de tumor maligno del hueso que en la imagen es casi indistinguible de un quiste aneurismático: la misma cavidad con varias cámaras llenas de sangre. Por eso una lesión que crece deprisa no se raspa a ciegas, sino que primero se toma un fragmento de tejido para analizarlo.
El segundo punto es la edad. En un niño, una cavidad en el hueso es casi siempre benigna. En un adulto, sobre todo pasados los cuarenta, una imagen parecida suele ser otra cosa: un depósito de un tumor llegado de otro órgano, una enfermedad de la médula ósea o la consecuencia de un exceso de hormona de las glándulas paratiroides, que va vaciando de calcio el esqueleto. Por eso en adultos se comprueba siempre el calcio en sangre y se busca el origen.
Deben poner en alerta el dolor que despierta por la noche, el dolor en reposo absoluto, una hinchazón que crece rápido, la fiebre sin catarro y la pérdida de peso. Ninguno de estos rasgos es propio de un quiste corriente.
Cuándo acudir al médico
- el dolor en un mismo punto del hueso dura más de dos o tres semanas;
- ha aparecido sobre el hueso un bulto o una hinchazón que no baja;
- un niño empieza a cojear o a proteger el brazo sin haberse hecho daño;
- la fractura se ha producido con un esfuerzo mínimo;
- después del tratamiento vuelven el dolor o el bulto: la cavidad puede formarse de nuevo.
No espere al día siguiente si tras una caída la pierna o el brazo han quedado deformados y no funcionan; si el dolor de espalda se agrava de golpe y aparecen debilidad en las piernas, adormecimiento entre las nalgas o dificultad para orinar; si la piel sobre el hueso está roja y caliente y hay fiebre alta. La compresión de la médula espinal y una infección con pus necesitan atención el mismo día.
Cómo se estudia
Se empieza por una radiografía sencilla en dos proyecciones: el quiste simple se ve en ella con bastante claridad. La resonancia magnética hace falta cuando la imagen no es evidente, porque muestra el contenido de la cavidad, los tabiques y los característicos niveles de líquido, y de paso indica si la lesión ha salido del hueso. La tomografía computarizada valora mejor el grosor de la pared y el estado de una vértebra.
Los análisis de sangre no dan el diagnóstico, pero ayudan a descartar otras causas. Si algo en las imágenes se sale del cuadro tranquilo, se toma una biopsia. Conviene aceptarla sin resistencia interna: responde a la única pregunta realmente importante, si la cavidad es benigna o no.
Qué se hace con el quiste
Una cavidad pequeña que no duele ni amenaza con una fractura suele solo vigilarse: se repiten las radiografías cada pocos meses y se observa cómo se comporta con el tiempo. En niños y adolescentes esto acaba casi siempre en un cierre espontáneo.
Si la cavidad es grande, crece o está en un hueso que soporta el peso del cuerpo, se elige entre varias opciones:
- punción con aguja: se vacía el líquido y se introduce dentro un producto que estimula el relleno, normalmente un antiinflamatorio hormonal o médula ósea del propio paciente. Con frecuencia hay que repetir el procedimiento;
- raspado de la cavidad y relleno del hueco con virutas de hueso del propio paciente, hueso de donante o un cemento especial;
- refuerzo del hueso desde dentro con un clavo fino, si hay riesgo de fractura o esta ya se ha producido;
- cierre de los vasos que la nutren mediante un catéter, una opción para quistes aneurismáticos en zonas de difícil acceso, como la pelvis;
- en casos rebeldes se emplean fármacos que frenan la destrucción del hueso; esa decisión la toma el especialista.
Las intervenciones se hacen con anestesia general y normalmente no obligan a pasar la noche en el hospital. Una fractura junto a un quiste se trata primero como fractura, y la cavidad se aborda más tarde, cuando el hueso ya ha consolidado.
Mientras el hueso se rellena
La curación es lenta, lleva meses, y no puede juzgarse por cómo se encuentra uno: el dolor desaparece mucho antes de que la cavidad se cierre. Durante ese tiempo habrá que dejar el deporte de contacto, los saltos y la carga sobre el hueso tratado; los plazos concretos los marca el médico según las radiografías de control.
Los quistes vuelven con bastante frecuencia, sobre todo en los dos primeros años y en los niños más pequeños, cuyo hueso sigue creciendo con fuerza. No significa que el tratamiento se hiciera mal: es una propiedad de estas lesiones. Por eso las radiografías de control se repiten durante varios años aunque nada moleste. El pronóstico en conjunto es bueno: un quiste tratado no suele afectar al crecimiento, a la forma del miembro ni a la vida posterior.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico repasa desde cuándo aparece el dolor y con qué se relaciona, revisa las radiografías y los informes que ya tenga, le explica qué dicen exactamente, le orienta sobre si hacen falta una resonancia magnética y una valoración por traumatología, y le ayuda a entender qué limitaciones de carga son razonables ahora mismo.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





