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Quiste de Bartolino

A ambos lados de la entrada de la vagina, dentro de los labios mayores, hay dos glándulas pequeñas.

Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

A ambos lados de la entrada de la vagina, dentro de los labios mayores, hay dos glándulas pequeñas. Sus conductos se abren al exterior y liberan un líquido que mantiene húmeda la mucosa. Si un conducto se obstruye, el líquido se queda dentro y la glándula se hincha: así aparece un quiste. Es uno de los bultos más frecuentes de esta zona, en sí mismo no es peligroso y muchas veces se resuelve sin ninguna intervención. Aun así, dos circunstancias hacen imprescindible la valoración médica: el quiste puede infectarse y, muy de vez en cuando, tras un bulto parecido se esconde una enfermedad muy distinta.

Qué se nota

El quiste suele descubrirse por casualidad, al tocarlo mientras uno se lava o cuando la ropa interior empieza a molestar. Es blando, se desplaza al tocarlo y se sitúa en un solo lado, cerca del borde inferior de la entrada vaginal. El tamaño puede ser cualquiera, desde un guisante hasta una ciruela grande. Un quiste pequeño no da ningún síntoma.

Cuando crece, aparecen:

  • sensación de cuerpo extraño, de tirantez o de peso en un lado;
  • una diferencia visible entre los labios, uno de los cuales se ve más grande y separado;
  • incomodidad al caminar, al ir en bicicleta o al estar mucho rato sentada;
  • dolor o molestia en las relaciones sexuales.

Afecta sobre todo a mujeres en edad fértil, más o menos entre los veinte y los cuarenta y pocos años. Después de la menopausia las glándulas trabajan menos y los quistes son mucho menos frecuentes.

Cuando el quiste se infecta

Si entran bacterias en la glándula obstruida, el contenido se transforma en pus y se forma un absceso. La diferencia con un quiste tranquilo es evidente: en cuestión de horas, o de uno o dos días, un bulto silencioso cambia de carácter.

  • el dolor se vuelve intenso y palpitante, y dificulta caminar y sentarse;
  • la piel que lo cubre se tensa y se nota caliente y roja, aunque el enrojecimiento se aprecia peor en pieles morenas y negras, así que guíese por el calor y la hinchazón;
  • el bulto crece deprisa y se palpa a tensión;
  • sube la temperatura y aparecen escalofríos y malestar general;
  • a veces el absceso se abre solo y sale pus con mal olor.

Un absceso no se reabsorbe ni espera: hay que abrirlo y drenarlo, normalmente el mismo día. Acuda a atención urgente y, si hay fiebre alta con escalofríos, un enrojecimiento que se extiende, debilidad marcada o mareo, llame al 112, porque así puede empezar una infección que requiere ingreso.

Un bulto que no debe quedarse sin examinar

Otras cosas tienen un aspecto parecido: un quiste sebáceo, un lipoma, un folículo piloso inflamado, una hernia, verrugas genitales o las ampollas del herpes. Merece mención aparte una causa poco frecuente pero seria: el cáncer de vulva. Es raro y aparece casi siempre después de los cincuenta o sesenta años, pero en fases iniciales también puede parecer un nódulo inocente al lado de la entrada vaginal.

De ahí una regla práctica: en mujeres mayores de cuarenta años, y siempre que un bulto no desaparezca, siga creciendo, se haya vuelto duro y fijo, se ulcere o sangre, el médico toma una pequeña muestra de tejido para analizarla. No es señal de que se sospeche lo peor, sino una precaución habitual y el único modo de distinguir con seguridad una cosa de otra. Por el mismo motivo, cualquier bulto nuevo en esta zona conviene enseñarlo, aunque no duela en absoluto.

Qué puede hacer en casa

Mientras el quiste sea pequeño y no esté infectado, el objetivo es sencillo: ayudar a que el conducto se abra y aliviar la molestia.

  • Baños de asiento con agua tibia, tres o cuatro veces al día durante un cuarto de hora, varios días seguidos. El calor a menudo permite que el contenido salga solo.
  • Una compresa tibia y húmeda si el baño resulta incómodo.
  • Un analgésico sin receta si el dolor molesta; con alergia a estos fármacos o problemas de estómago, pregunte antes en la farmacia.
  • Ropa interior de algodón holgada y nada de geles ni sprays perfumados en la zona.

Lo que no debe hacerse es apretar, pinchar con una aguja ni intentar abrir o rascar el quiste por su cuenta. Así se introducen bacterias y un quiste inofensivo se convierte en absceso. Si el quiste se abre solo, es una buena noticia: el dolor cede enseguida. Lave la zona con agua tibia, manténgala limpia y seca y deje que cicatrice.

Cómo lo trata el médico

Con la exploración suele bastar para saber de qué se trata. Tiene derecho a pedir que durante la exploración esté presente una tercera persona, ya sea una enfermera o alguien que la acompañe. Del absceso se toma contenido para cultivo y, si hay motivo, se ofrecen pruebas de infecciones de transmisión sexual: la gonorrea y la clamidia pueden participar en la infección, aunque lo más habitual es que la causen bacterias corrientes de la piel y del intestino.

Un quiste tranquilo que no molesta no necesita tratamiento y simplemente se vigila. Cuando es grande, doloroso o se ha infectado, se drena. Una simple punción ayuda poco tiempo, porque la cavidad se cierra y vuelve a llenarse. Por eso se procura mantener una salida: se introduce a través de una incisión pequeña un catéter fino con un balón hinchable y se deja varias semanas, hasta que los bordes cicatrizan formando un conducto permanente. La otra opción es la marsupialización, en la que los bordes de la incisión se suturan a la piel para crear una nueva desembocadura. Ambas se hacen con anestesia local y, menos veces, general. Los antibióticos no siempre son necesarios: hacen falta cuando el tejido de alrededor está muy inflamado, si hay fiebre, en el embarazo o con las defensas bajas, pero no sustituyen al drenaje.

Los quistes reaparecen aproximadamente en una de cada diez mujeres. Cuando recidivan de forma obstinada se plantea extirpar la glándula entera, una operación que se reserva como último recurso porque es más compleja y sangra.

Consulta en línea: en qué ayuda

La cita a distancia tiene sentido cuando el bulto acaba de aparecer y no sabe si debe preocuparse. El médico revisará cómo y cuándo surgió y qué se nota, y explicará qué cabe esperar y qué medidas caseras merecen la pena. En línea también resulta cómodo tratar lo que viene después: cómo cuidar la zona tras el drenaje, qué hacer si el quiste vuelve, si conviene hacer pruebas de infecciones o si hay que plantearse la cirugía. Con todo, cualquier bulto nuevo debe acabar viéndolo un médico en persona, porque a distancia no se palpa. Y con dolor que crece deprisa, pus y fiebre hace falta atención presencial hoy mismo, no un chat.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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