Pinzamiento de hombro (síndrome subacromial)
Es la causa más frecuente de dolor de hombro en el adulto. El brazo aparentemente funciona, pero levantarlo por encima de cierta altura duele, llevarlo a la…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Pinzamiento de hombro (síndrome subacromial)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 400 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Apotheke Laboratorios S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 400 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Farmalider S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Vegal Farmaceutica S.L.Requiere receta
Es la causa más frecuente de dolor de hombro en el adulto. El brazo aparentemente funciona, pero levantarlo por encima de cierta altura duele, llevarlo a la espalda duele, y por la noche, si uno se tumba sobre ese lado, el dolor despierta. Conviene entender una cosa desde el principio: el hombro se cura con movimiento, no con reposo, y la mejoría llega en semanas, no en días. La mayoría abandona en la segunda semana pensando que no funciona, y por eso mismo acaba arrastrando el dolor medio año.
Cómo reconocer este dolor
El pinzamiento de hombro tiene un patrón de molestias bastante reconocible:
- dolor en la parte media del recorrido. Empiezas a subir el brazo de lado: los primeros grados van tranquilos, luego llega un tramo doloroso y, si consigues levantarlo del todo, arriba vuelve a aliviarse. Ese «arco doloroso» es el rasgo más característico;
- dolor al llevar el brazo a la espalda: abrochar el sujetador, sacar la cartera del bolsillo trasero, meter el brazo en la manga del abrigo;
- dolor al trabajar por encima de la cabeza: colgar unas cortinas, bajar un bote del estante alto, pintar el techo;
- dolor en la cara externa del hombro, que a veces baja hasta la mitad del antebrazo, pero no llega a la mano;
- peor de noche, sobre todo tumbado sobre ese hombro; mucha gente acude por primera vez al médico precisamente porque ha dejado de dormir;
- el brazo se nota débil, pero esa debilidad viene del dolor: si no doliera, la fuerza estaría ahí.
En reposo, con el brazo colgando, no suele doler. El hombro se mueve además en todas las direcciones; sencillamente hay movimientos que resultan desagradables. Puede empezar de golpe, tras un día de trabajo con los brazos en alto, o poco a poco, sin ningún motivo.
Qué ocurre dentro del hombro
La articulación del hombro la sujetan menos los ligamentos que los músculos. Cuatro de ellos, el manguito de los rotadores, envuelven la cabeza del húmero y sus tendones pasan por debajo de un saliente óseo de la escápula, el acromion. Entre el tendón y el hueso hay una bolsa de deslizamiento. El espacio ahí es estrecho, y al levantar el brazo todo eso debe deslizarse sin trabas.
Cuando el tendón está irritado y engrosado y la bolsa inflamada, el deslizamiento se altera, y de ahí el dolor en un sector concreto del movimiento. Suele haber varias causas a la vez: trabajo prolongado con los brazos elevados, un aumento brusco de carga tras un parón, cambios del tendón propios de la edad, debilidad de los músculos que sujetan la escápula, una postura encorvada ante la mesa. En algunas personas influye también la forma del acromion.
El nombre ha quedado por razones históricas y despista un poco: durante mucho tiempo se creyó que el hueso literalmente «lima» el tendón. Hoy se entiende que la clave suele estar en un tendón sobrecargado que tolera mal el esfuerzo, más que en un roce mecánico. Para el paciente no es un matiz: de la idea antigua se deducía que había que «quitar el roce», es decir proteger el brazo u operar, y de la nueva, que hay que acostumbrar el tendón a la carga de forma progresiva.
Por qué el tratamiento son ejercicios y no un cabestrillo
Un hombro que no se mueve no se cura: pierde movilidad. El cabestrillo, el reposo total y el «cuidarlo un mes» empeoran las cosas en el pinzamiento: los músculos se debilitan, la articulación se agarrota y al dolor inicial se le suma una rigidez mucho más difícil de tratar.
El tratamiento que funciona resulta aburrido y exige paciencia. Son ejercicios que pauta el médico o el fisioterapeuta: primero para recuperar el movimiento libre y para los músculos que estabilizan la escápula, y después una carga progresiva del manguito de los rotadores contra resistencia, subiendo despacio el peso y las repeticiones. Se hacen casi a diario, en casa, en diez o quince minutos.
Tres cosas conviene saberlas de antemano, porque si no la gente lo deja:
- Las primeras mejorías aparecen al cabo de varias semanas, y para un resultado claro suelen hacer falta entre seis y doce semanas. A veces más. Ese es el plazo normal de un tendón, no una señal de que el tratamiento no sirve.
- Un dolor moderado durante los ejercicios es aceptable. La referencia es sencilla: un dolor tolerable que se calma poco después de la sesión y no deja el hombro peor a la mañana siguiente no hace daño. Un dolor agudo que dura horas significa que la carga ha sido excesiva.
- El avance no es lineal. Un mal día no anula dos buenas semanas; hay que mirar lo que pasa de un mes a otro.
Son los ejercicios los que dan el resultado duradero. Todo lo demás —analgesia, infiltraciones— solo crea la oportunidad para hacerlos, pero por sí solo no arregla el hombro.
Qué puedes hacer por tu cuenta
- Cambia la carga, no la elimines. Retira temporalmente lo que claramente provoca dolor: trabajar mucho rato con los brazos en alto, nadar a crol, sacar en tenis, el press por encima de la cabeza. Todo lo que no duela con fuerza, sigue haciéndolo.
- Analgesia. El paracetamol o los antiinflamatorios en pauta corta ayudan a dormir y a poder entrenar. Con problemas de estómago o de riñón, con enfermedades del corazón o si se toman anticoagulantes, los antiinflamatorios se eligen solo con el médico; las presentaciones en gel se toleran mejor.
- Frío o calor, según lo que alivie. El frío suele venir bien después del esfuerzo, y el calor con la rigidez de la mañana. Quince o veinte minutos, siempre con una tela de por medio.
- Por la noche, túmbate del lado sano o boca arriba, con una almohada bajo el brazo dolorido para que el hombro no quede colgando hacia atrás. A mucha gente esto le devuelve el sueño en las primeras noches.
- Arregla el puesto de trabajo: codos apoyados, pantalla a la altura de los ojos, el teléfono nunca sujeto con el hombro. Una hora encorvado echa por tierra quince minutos de ejercicios.
- No des tirones bruscos ni trates de «desentumecer» el hombro a base de dolor fuerte. Los ejercicios son carga dosificada, no una prueba de aguante.
Infiltraciones y cirugía: lo que hay de cierto
De las infiltraciones de corticoides hay que hablar con franqueza, porque se espera de ellas más de lo que dan. Una infiltración en el espacio subacromial quita el dolor de verdad, y a menudo deprisa. Pero el efecto es temporal: dura unas semanas, rara vez más, y luego el dolor vuelve si en ese tiempo no ha cambiado nada en la musculatura. Su sentido es romper el círculo de «duele, no lo muevo, se debilita, duele más» y permitir empezar a entrenar.
De ahí dos reglas. La primera: la infiltración no sustituye a los ejercicios, abre una ventana para ellos, y hay que empezar mientras dura su efecto. La segunda: no conviene repetir estas infiltraciones a menudo. Los corticoides puestos muchas veces en la misma zona debilitan el tendón, y si tras la primera o la segunda no hay resultado, insistir carece de sentido: lo que toca es revisar el diagnóstico, no sumar pinchazos.
La operación para ampliar el espacio bajo el acromion se hizo mucho en su día. Hoy se mira con más reservas: en los estudios, en personas con un pinzamiento común no ha demostrado ventaja frente a un programa de ejercicios bien llevado. Se plantea cuando varios meses de tratamiento real —no formal— no han dado nada, o cuando las pruebas encuentran otra causa, por ejemplo una rotura importante del manguito o depósitos de calcio en el tendón.
Cuando no es un pinzamiento
Hay varios cuadros parecidos, y distinguirlos importa porque lo que hay que hacer es distinto.
Rotura del manguito de los rotadores. Si después de una caída, un tirón o el intento de sujetar algo pesado el brazo ha dejado de subir del todo —no «duele al subirlo», sino que no sube, aunque otra persona sí puede levantártelo—, se trata de una rotura del tendón y no de un pinzamiento. Lo mismo si la fuerza del brazo ha caído de golpe y no vuelve. Aquí hace falta valoración en los próximos días y, con toda probabilidad, pruebas de imagen: en algunas roturas de personas activas, decidir pronto sobre la cirugía cambia el resultado.
Capsulitis adhesiva u «hombro congelado». Se distingue porque el hombro pierde movilidad en todas las direcciones, y no solo cuando lo mueves tú: el médico que moviliza tu brazo relajado también topa con un tope rígido. Sufre sobre todo la rotación hacia fuera: cuesta peinarse, resulta imposible girar el antebrazo separándolo del cuerpo. En el pinzamiento los movimientos pasivos son libres. El hombro congelado es más frecuente con diabetes y con enfermedades del tiroides, avanza por fases y se trata de otra manera.
Otras causas. El dolor de hombro puede venir del cuello: entonces suele bajar por el brazo más allá del codo, se acompaña de hormigueo o adormecimiento y cambia con la posición de la cabeza. Un dolor muy intenso y repentino sin traumatismo, con el brazo prácticamente inmovilizado, es típico de los depósitos de calcio en el tendón. En personas mayores, el dolor y la rigidez pueden deberse a artrosis de la articulación.
Señales que exigen atención urgente
No retrases la consulta si:
- tras una caída o un golpe el hombro está deformado, ha cambiado de contorno, el brazo no se mueve o la mano está dormida y fría: eso es una fractura o una luxación y hay que verlo de inmediato;
- la articulación está caliente, hinchada y roja, hay fiebre y escalofríos y cualquier movimiento provoca un dolor agudo: así se presenta una infección articular, que requiere hospital ese mismo día;
- el dolor de hombro aparece junto con falta de aire, opresión o peso en el pecho, sudor frío, náuseas, o irradia a la mandíbula o al brazo izquierdo: puede ser el corazón y no el hombro. Llama a una ambulancia (112, número único europeo) y no esperes a que se pase;
- el dolor de hombro se acompaña de tos con sangre, pérdida de peso, caída del párpado o debilidad de la mano de ese mismo lado;
- ha aparecido un bulto que crece en la zona del hombro, o el dolor no deja dormir y va a más semana tras semana pese al tratamiento.
Aparte: el dolor en el hombro derecho y en la parte alta de la espalda que viene a episodios después de comidas grasas, junto con dolor bajo las costillas derechas, suele ser de la vesícula y no de la articulación.
Consulta en línea
El hombro es un tema en el que hablar rinde mucho. En la consulta en línea el médico repasa qué movimientos exactos duelen, cómo empezó todo y qué ha cambiado con el tiempo, y solo con eso ya separa el pinzamiento del hombro congelado, de una rotura del manguito y de un dolor procedente del cuello. También puede guiarte por unas pruebas sencillas delante de la cámara: subir el brazo de lado, llevarlo a la espalda, girar el antebrazo hacia fuera.
Prepárate así: fíjate de antemano en qué movimiento y en qué momento aparece el dolor, si duermes sobre ese hombro, si hubo una caída o un esfuerzo raro los días previos y cuánto tiempo llevas así. Cuenta a qué te dedicas y qué deporte haces, qué otras enfermedades tienes —sobre todo diabetes y tiroides— y qué medicamentos tomas.
Al final el médico explica qué esperar y en qué plazos, entrega un programa de ejercicios y pauta la analgesia y, no menos importante, fija una consulta de seguimiento para que no lo abandones a mitad de camino. Si el cuadro apunta a una rotura, a un hombro congelado o al cuello, te derivará a valoración presencial y a pruebas. Con las señales del apartado anterior la consulta en línea no sirve: hace falta atención presencial, y urgente.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Pinzamiento de hombro (síndrome subacromial)
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