Norovirus (virus del estómago)
El norovirus es la causa más frecuente de esos vómitos repentinos con diarrea que obligan a cerrar aulas en las guarderías y plantas enteras en los hospitales.
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El norovirus es la causa más frecuente de esos vómitos repentinos con diarrea que obligan a cerrar aulas en las guarderías y plantas enteras en los hospitales. El apodo de «gripe estomacal de invierno» ha cuajado porque los brotes se concentran en los meses fríos, pero el virus no tiene nada que ver con la gripe y se puede contraer en cualquier época del año. La enfermedad es corta y en la inmensa mayoría de los casos se resuelve sola en un par de días. Lo peligroso no es el virus en sí, sino la pérdida de líquidos, sobre todo en lactantes, personas mayores y quienes ya arrastran otra enfermedad. Por eso todo lo que conviene saber del norovirus se reduce a dos cosas: cómo evitar la deshidratación y cómo no contagiar a los demás.
Cómo transcurre
Desde el contagio hasta las primeras molestias pasan entre doce y cuarenta y ocho horas. El comienzo suele ser brusco, sin aviso: la persona siente náuseas y a los pocos minutos ya está vomitando. Después se añade una diarrea acuosa, sin sangre ni moco.
Junto a eso pueden aparecer:
- dolor abdominal en forma de retortijones y ruidos de tripas;
- fiebre, normalmente no muy alta;
- dolor de cabeza y agujetas en los músculos;
- una sensación de agotamiento que quita las ganas de levantarse.
Lo más duro corresponde al primer día; luego los vómitos ceden y la diarrea aguanta uno o dos días más. A los dos o tres días la mayoría se encuentra bien, aunque el apetito y las deposiciones tardan algo más en normalizarse. En los niños pequeños y en las personas mayores el cuadro se alarga y se tolera peor.
Haber pasado la infección no protege de forma duradera: hay muchos tipos de virus y la inmunidad frente a cada uno dura poco, de modo que se puede caer dos veces en la misma temporada. Todavía no existe vacuna contra el norovirus.
Cómo se contagia
El virus sale con las heces y el vómito y llega a la boca de otra persona a través de las manos, los objetos, los alimentos o el agua. Su capacidad de contagio es extraordinaria: bastan unas pocas partículas víricas, una cantidad que no se ve ni se nota. De ahí los brotes en los que enferman decenas de personas a la vez.
Las vías habituales son estas:
- el contacto estrecho con un enfermo: cuidarlo, compartir vajilla, compartir toalla;
- tocar pomos, grifos, botones de la cisterna o pasamanos y llevarse después la mano a la cara;
- comida preparada por alguien con la infección o por quien la ha pasado hace muy poco;
- moluscos crudos o poco cocinados, sobre todo ostras, y agua contaminada;
- inhalar las gotitas que salen despedidas al vomitar; por eso el vómito se recoge con guantes y mascarilla, no pasando un trapo sin más.
La persona contagia desde las primeras horas de la enfermedad y sigue haciéndolo al menos dos días después de que cesen los vómitos y la diarrea. El virus continúa eliminándose con las heces todavía más tiempo, hasta un par de semanas, así que el lavado de manos no se abandona aunque uno se encuentre estupendamente.
Cómo cuidarse y cuidar al niño en casa
No hay ningún tratamiento que mate el virus, y los antibióticos aquí no sirven: no actúan sobre los virus y encima añaden diarrea. Todo se reduce a reponer el líquido y las sales que se pierden.
- Beba a menudo y en poca cantidad. Un vaso grande de un trago, con náuseas, vuelve a salir; un sorbo cada pocos minutos se absorbe. Sirven el agua, el té flojo y un caldo suave.
- Use suero de rehidratación oral. El sobre de la farmacia se disuelve siguiendo las instrucciones, exactamente en el volumen de agua indicado. Es mejor que el agua sola porque devuelve también las sales que se van con las deposiciones. Resulta especialmente necesario en niños pequeños, personas mayores y quienes tienen enfermedades crónicas.
- Siga con el pecho o el biberón como siempre. No hay que interrumpirlos. Si el bebé vomita, ofrezca menos cantidad pero más veces. La leche de fórmula se prepara a la concentración habitual, no más diluida.
- Coma cuando pueda. No existe una dieta especial; es más llevadero empezar por comida sencilla y dejar para después lo graso y lo muy picante. Forzarse no hace falta; beber, en cambio, sí.
- Descanse y quédese en casa. Es además la única manera de no repartir la infección.
- Para el malestar y la fiebre sirve el paracetamol a la dosis habitual; en el niño, según el prospecto de la presentación infantil y ajustado a su peso.
En la farmacia le indicarán el suero de rehidratación adecuado y comprobarán si interfiere con su medicación habitual. Conviene además preguntar al médico si toma diuréticos o fármacos para la tensión o la diabetes: con vómitos y diarrea a veces se suspenden temporalmente.
Qué es mejor no hacer
- No se rehidrate con zumos ni refrescos. Las bebidas azucaradas arrastran agua hacia el intestino y empeoran la diarrea. Las bebidas para deportistas no sustituyen al suero de rehidratación.
- No dé a los niños medicamentos que cortan la diarrea. En un adulto ese fármaco a veces se admite durante unas horas, por ejemplo para poder llegar a casa, pero nunca si hay sangre en las heces ni con fiebre alta, y mejor tras hablarlo con el farmacéutico o el médico.
- No dé aspirina a niños ni adolescentes. En una infección vírica les está contraindicada.
- No tome antieméticos por consejo de conocidos. Estos medicamentos tienen sus limitaciones, sobre todo en la infancia.
- No confíe en el gel hidroalcohólico. Contra el norovirus funciona mal. Hacen falta agua y jabón.
- No vuelva al trabajo «casi recuperado». Así es exactamente como la infección salta al resto del equipo.
Cómo reconocer la deshidratación
Esto es lo principal que hay que vigilar. En el adulto ponen sobre aviso la boca seca y la sed, la orina oscura y de olor fuerte, orinar menos veces de lo normal, el mareo al ponerse de pie, la debilidad, el dolor de cabeza y los ojos hundidos.
En un niño de uno o dos años los signos son otros y hay que captarlos antes: los pañales siguen secos más tiempo del habitual, el niño está apagado o, al contrario, inusualmente irritable, llora sin lágrimas, tiene la fontanela hundida y los labios secos. Un lactante que durante la enfermedad rechaza el pecho y el biberón también requiere la atención del médico.
En una persona mayor la deshidratación puede presentarse como confusión y debilidad repentina, y puede que ni siquiera haya sed. Corren un riesgo aparte quienes tienen diabetes, enfermedad renal o insuficiencia cardíaca y quienes toman diuréticos.
Cuándo acudir al médico
Contacte con el médico el mismo día si:
- los signos de deshidratación no ceden pese a tomar suero de rehidratación;
- los vómitos no paran y no consigue retener líquido;
- la diarrea dura más de una semana o los vómitos más de dos días;
- hay sangre en las heces o sale sangre por el ano;
- la fiebre se mantiene alta varios días;
- quien ha enfermado tiene las defensas bajas, ha recibido un trasplante o está en quimioterapia;
- le preocupa un bebé de menos de un año.
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, al 112) si aparecen:
- vómito con sangre o vómito con aspecto de posos de café;
- vómito verde, y en el niño amarillo verdoso;
- dolor abdominal brusco e intenso, que impide hablar o moverse;
- dolor de cabeza repentino y fuerte, rigidez de nuca, molestia con la luz brillante o una erupción que no se aclara al presionarla: el vómito puede ser el comienzo de una meningitis, y esa combinación no admite espera;
- piel, labios o lengua azulados, grises, pálidos o moteados; en pieles oscuras se aprecia mejor en palmas y plantas;
- dificultad respiratoria marcada o respiraciones rápidas y superficiales;
- confusión, somnolencia inusual, un niño al que cuesta despertar;
- la sospecha de que la persona ha tragado algo tóxico.
Con estos signos no conviene conducir hasta urgencias: pida que le lleven o llame a una ambulancia. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma.
Cómo no contagiar a los demás
Mientras está enfermo y durante los dos días siguientes:
- lávese las manos con agua y jabón después del baño, tras cambiar un pañal y antes de cualquier comida, a conciencia, no menos de veinte segundos;
- no cocine para otros ni ponga la mesa;
- lave la ropa y la ropa de cama manchadas por separado y a temperatura alta, 60 °C o más;
- limpie el inodoro, la cisterna, los grifos, los interruptores y los pomos con un producto con lejía, no solo con agua;
- use una toalla propia;
- no vaya al trabajo, al colegio ni a la guardería, no visite hospitales ni residencias y no se bañe en la piscina.
Para recoger un vómito, póngase guantes, absorba el líquido con papel de cocina, tírelo a una bolsa y solo entonces desinfecte la superficie. Ventile la habitación. La regla de los dos días tras el último episodio no es exceso de celo: precisamente en esos días la persona que ya se considera sana es la que más contagia a su alrededor.
Consulta en línea
Con el norovirus la consulta a distancia tiene la ventaja de que no hay que llevar al enfermo al centro de salud ni contagiar a la sala de espera. El médico valorará por su descripción cuánto líquido se ha perdido, le explicará cómo y en qué cantidad rehidratar, le ayudará a decidir si conviene suspender temporalmente alguno de sus medicamentos habituales y le dirá cuándo hay que dejar de observar y acudir al hospital. También le indicará cuántos días quedarse en casa y cómo evitar que se contagie el resto de la familia.
Lo que la consulta a distancia no sustituye: la exploración y la valoración presencial cuando la deshidratación es marcada, los análisis y el suero intravenoso. Si un bebé tiene los pañales secos y está apagado, o un adulto no retiene ni un sorbo de agua, la atención tiene que ser presencial y sin demora.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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