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Medicamentos comúnmente prescritos para Neuralgia del pudendo
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 25 mgPrincipio activo: amitriptilinaFabricante: Tarbis Farma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50/mg comprimidosPrincipio activo: amitriptilinaFabricante: Pan Quimica Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 25 mgPrincipio activo: amitriptilinaFabricante: Laboratorio Estedi S.L.Requiere receta
El nervio pudendo se encarga de la sensibilidad del periné, de los genitales externos y de la zona del ano, y además gobierna los músculos que retienen la orina y las heces. Cuando ese nervio está dañado o atrapado, empieza a enviar dolor sin ningún motivo: eso es la neuralgia del pudendo. Es una enfermedad rara pero reconocible, y su mayor problema no es la rareza sino que da vergüenza hablar de este dolor. Hay quien pasa años tratándose una prostatitis, una cistitis o unas hemorroides, cambiando de médico y oyendo que «los análisis están bien». A continuación, sin rodeos: cómo es este dolor, por qué señales se reconoce, por qué no se ve en la resonancia y qué se hace con él.
Qué clase de dolor es
El dolor se siente en el periné, la franja entre los genitales externos y el ano, y también en los propios genitales y alrededor del ano; a veces se irradia a la nalga y a la cara interna del muslo. En las mujeres afecta a la vulva, al clítoris y a la entrada de la vagina; en los hombres, al pene y al escroto, sobre todo en la zona de la raíz.
El carácter del dolor es el típico del dolor nervioso: quemazón, como si hubiera habido una escaldadura; latigazos parecidos a una descarga eléctrica; escozor, hormigueo, sensación de tirantez. La piel del periné puede quedar dormida o, al revés, volverse tan sensible que molesta la costura de la ropa interior. Muchas personas describen la sensación de llevar algo dentro: como sentarse sobre una pelota de golf, o como si algo se hubiera quedado atascado en el recto o en la vagina.
Lo habitual es que duela de un solo lado, aunque puede doler de los dos. Rara vez aparece de golpe: suele crecer a lo largo de semanas y meses. Y casi nunca despierta por la noche; dormirse se consigue, pero la jornada se va haciendo más dura hora tras hora.
Por qué sentado duele y de pie o tumbado alivia
Este es el rasgo más reconocible y merece la pena comprobarlo en uno mismo. En la neuralgia del pudendo el dolor aumenta al sentarse y cede cuando la persona se levanta o se tumba. Al final del día, después de una jornada al volante o en la mesa, duele más que por la mañana.
Hay una pista aún más fina: sentarse en el inodoro no suele doler. La explicación es sencilla: en una silla corriente el peso recae sobre las tuberosidades isquiáticas, entre las cuales discurre el nervio, mientras que en un asiento con hueco esa zona queda libre. Si se ha descubierto sentándose solo en el borde de la silla, poniéndose un cojín, conduciendo de medio lado o prefiriendo ir de pie en el transporte, cuénteselo al médico: forma parte del cuadro.
Por eso la enfermedad rompe la vida diaria más de lo que suena: no se aguanta una jornada de trabajo, un viaje, una comida con amigos, una visita a la familia. De ahí vienen el cansancio, la irritabilidad y el ánimo bajo, que también conviene mencionar en la consulta.
Qué más cambia
El nervio pudendo no atiende solo a la piel, de modo que las molestias rara vez se quedan en el dolor:
- ganas frecuentes de orinar, sensación de que la vejiga no se ha vaciado del todo, escozor al orinar;
- dolor al defecar y después, y estreñimiento, en parte porque la persona empieza a posponer el ir al baño por miedo al dolor;
- sensación de plenitud o de presión en el recto o en la vagina;
- dolor durante las relaciones sexuales y después de ellas;
- en los hombres, dificultad para la erección; en mujeres y hombres, dificultad para llegar al orgasmo y orgasmo doloroso;
- a veces lo contrario: una sensación insistente de excitación sin deseo que no se resuelve y agota.
Nada de esto resulta cómodo de decir en voz alta, pero hay que enumerarlo entero ante el médico: sin estos detalles el diagnóstico es casi imposible de armar, y la mitad de ellos apunta directamente al nervio.
Por qué el diagnóstico llega tarde y cómo se llega a él
El diagnóstico se retrasa por dos razones. La primera es que las molestias coinciden con enfermedades mucho más frecuentes y el médico piensa antes en ellas: en los hombres, la prostatitis crónica y el síndrome de dolor pélvico crónico; en las mujeres, la cistitis, la vulvodinia y la endometriosis; en todos, las hemorroides y la fisura. La segunda razón pesa más: la neuralgia del pudendo no tiene ningún análisis ni ninguna imagen que la muestre.
Digámoslo claro: en la resonancia esta enfermedad no se ve. La resonancia magnética, la tomografía y la ecografía no sirven aquí para encontrar la neuralgia, sino para descartar lo que puede comprimir el nervio o disfrazarse de él: un tumor pélvico, alteraciones del sacro, una hernia discal, una inflamación. Una imagen limpia no anula el diagnóstico ni significa que el dolor sea inventado. La electromiografía tampoco lo confirma en muchos casos.
El diagnóstico se establece por criterios clínicos, es decir, por el conjunto de signos. El médico busca:
- dolor en el territorio del que se ocupa el nervio pudendo;
- aumento del dolor al sentarse y alivio de pie o tumbado;
- ausencia de despertares nocturnos por ese dolor;
- ausencia de una pérdida de sensibilidad evidente en la exploración, porque si la sensibilidad falla se busca otra causa;
- dolor al presionar un punto concreto en la exploración vaginal o rectal;
- disminución del dolor tras un bloqueo diagnóstico del nervio con anestésico.
El bloqueo funciona aquí como prueba: si tras la inyección el dolor desaparece durante un tiempo, es un argumento sólido a favor del diagnóstico y a la vez una forma de aliviar. La exploración vaginal o rectal no es una humillación ni un trámite: es con el dedo como el médico localiza ese punto doloroso que ningún aparato muestra.
Cuándo hay que ir al médico de inmediato
La neuralgia en sí no pone la vida en peligro, pero sensaciones parecidas las producen cuadros que no admiten espera. Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único 112) si aparece:
- adormecimiento del periné y de la cara interna de los muslos, la zona que apoyaría en una silla de montar, junto con imposibilidad de orinar o, al contrario, escape de orina o de heces;
- además de lo anterior, debilidad en las piernas, inestabilidad, sensación de piernas de trapo;
- dolor perineal con hinchazón que crece deprisa, enrojecimiento u oscurecimiento de la piel y fiebre alta, sobre todo en personas con diabetes, porque una infección purulenta en esta zona avanza a gran velocidad.
Hay que ver al médico ese mismo día, y no dentro de una semana, si el dolor ha aparecido de forma brusca y por primera vez, si se acompaña de pérdida de peso, sangre en la orina o en las heces o un bulto palpable, o si hubo hace poco una fractura de sacro o de coxis. No son las causas más frecuentes, pero es por ellas por lo que no conviene aplazar la visita.
Con qué se trata
Aquí no hay una solución rápida, y es mejor saberlo de antemano. Un nervio que ha aprendido a doler necesita tiempo, y el tratamiento casi siempre se compone de varias piezas a la vez.
- Fisioterapia del suelo pélvico. Es la primera línea y la parte más infravalorada. El profesional trabaja los músculos del periné en tensión, enseña a relajarlos, deshace el espasmo y ajusta posturas y cargas. Importante: los ejercicios habituales de fortalecimiento del suelo pélvico aquí suelen empeorar las cosas; hace falta alguien que sepa tratar dolor y no incontinencia.
- Medicamentos para el dolor nervioso. Los analgésicos corrientes apenas funcionan en este dolor. Ayudan fármacos de otros grupos: antidepresivos tricíclicos, antidepresivos de acción dual y anticonvulsivantes gabapentinoides. La dosis se ajusta poco a poco y el efecto se valora al cabo de varias semanas. Los opioides no resuelven a largo plazo y con el uso prolongado aumentan por sí mismos la sensibilidad al dolor.
- Bloqueos del nervio. Inyección de anestésico local, a veces con corticoide, en el trayecto del nervio guiada por ecografía o tomografía. Dan una tregua y ayudan a confirmar que se está mirando en el sitio correcto.
- Radiofrecuencia y neuromodulación. Se plantean cuando los bloqueos alivian, pero por poco tiempo.
- Cirugía. Liberación del nervio atrapado. Se considera cuando está demostrado que el nervio está realmente comprimido y cuando el tratamiento conservador se ha probado en serio. La mejoría no llega de golpe sino a lo largo de meses.
- Trabajo con un psicólogo. No porque el dolor esté «en la cabeza». El dolor crónico reorganiza el sistema nervioso, y la terapia cognitivo-conductual es una forma demostrada de bajar su intensidad y recuperar la vida propia, no una confesión de que uno se lo ha inventado.
Qué puede hacer usted
- Reduzca el tiempo sentado: levántese cada veinte o treinta minutos, trabaje parte del día de pie y haga paradas en los viajes.
- Busque un cojín con hueco bajo el periné, rectangular con una ranura o en forma de U. El flotador redondo no suele ayudar y a veces empeora el dolor.
- Deje la bicicleta mientras dure el dolor. Si renunciar no es posible, hace falta un sillín con canal central y una postura con la espalda recta para que el peso recaiga en los isquiones.
- Evite los esfuerzos que empeoran las cosas: sentadillas profundas, flexiones con peso, levantar cargas y conducir durante horas.
- No se estriña: fibra, agua y, si hace falta, un laxante suave. Hacer fuerza daña el nervio de forma directa.
- Use ropa interior y pantalones holgados y renuncie a las prendas ajustadas y a los cinturones apretados.
- Un baño templado y el calor local alivian a mucha gente durante una o dos horas: no es un tratamiento, pero sí un respiro.
- Lleve un diario breve de qué aumentó el dolor y qué lo calmó. Al cabo de un mes será el papel más útil de la consulta.
Consulta en línea
De este dolor cuesta hablar, y una conversación desde casa resulta a menudo la primera en la que la persona llama a las cosas por su nombre. En línea se puede describir todo con calma y valorar si el cuadro encaja en una neuralgia del pudendo o se parece más a otra cosa; preparar la lista de pruebas realmente necesarias para no dar vueltas; repasar las imágenes y los informes ya hechos; hablar de qué fármaco para el dolor nervioso plantear y cómo juzgar su efecto; buscar un fisioterapeuta de suelo pélvico y aclarar a qué especialista pedir derivación. La exploración presencial acabará haciendo falta, porque sin tacto vaginal o rectal el diagnóstico no se confirma, y ante un adormecimiento del periné con retención de orina o escapes hay que llamar a una ambulancia y no pedir consulta.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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