Mucositis
La mucositis es la inflamación y ulceración del revestimiento del tubo digestivo, de los labios al ano, provocada por la quimioterapia o la radioterapia.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Mucositis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Mabo Farma S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Viatris Pharmaceuticals S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 10 mg/mlPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Basi Industria Farmaceutica S.A.Requiere receta
La mucositis es la inflamación y ulceración del revestimiento del tubo digestivo, de los labios al ano, provocada por la quimioterapia o la radioterapia. Dicho así suena aséptico, pero es una de las partes más penosas del tratamiento oncológico: alguien que aguanta los ciclos sin quejarse se derrumba cuando no consigue tragar agua. La buena noticia es que es pasajera, porque la mucosa se regenera más deprisa que casi cualquier otro tejido y dos a cuatro semanas después de terminar el tratamiento no queda rastro. La mala es que mientras dura el dolor puede ser intenso, y con ese ruido de fondo es fácil pasar por alto una infección que, con las defensas bajas, se instala en cuestión de horas. Esta página trata de cómo hacer más llevaderas esas semanas y de aquello a lo que no se puede hacer la vista gorda.
Por qué aparece y cuándo esperarla
Los citostáticos y la radiación golpean a las células que se dividen deprisa. El tumor se divide deprisa (en eso se basa todo el tratamiento), pero la mucosa de la boca y del intestino se renueva más o menos una vez por semana y está entre las primeras en recibir el golpe. La capa superficial se pierde más rápido de lo que crece la nueva, queda el tejido de debajo al descubierto y aparece la úlcera.
Los plazos son bastante previsibles. Tras la quimioterapia la boca empieza a doler entre el quinto y el décimo día, lo peor llega hacia el final de la segunda semana y todo cura al tiempo que se recuperan los valores de la sangre. Con la radioterapia de cabeza y cuello las molestias empiezan en la segunda o tercera semana del ciclo, se mantienen hasta el final y se van dos a cuatro semanas después. El intestino suele sumarse más tarde que la boca, hacia el final de la segunda semana.
La gravedad no es cuestión de suerte. Tienen más riesgo quienes reciben radioterapia de cabeza y cuello, quienes reciben quimioterapia a dosis altas antes de un trasplante de médula, quienes reciben fármacos de determinados grupos y, aparte, quienes llegaban al tratamiento con caries, encías inflamadas, una prótesis mal ajustada o la boca seca. El tabaco y el alcohol empeoran el cuadro de forma apreciable.
Qué se nota en la boca
No empieza con úlceras sino con sensaciones: la boca se seca, la saliva se espesa y se hace filante, la comida sabe sosa o a metal, la mucosa arde con lo ácido y lo caliente. Luego llega el enrojecimiento, después pequeños focos blancos y por fin las úlceras propiamente dichas, sobre todo en la cara interna de las mejillas y los labios, debajo de la lengua y en el paladar blando.
A esas alturas el dolor estorba lo esencial: comer, beber, hablar, dormir, llevar la prótesis. A ello se añade el mal aliento y muchas probabilidades de que se instale una infección por hongos, la candidiasis, que en una mucosa dañada prende con facilidad y se ve como una placa blanca que al desprenderse deja una zona roja que sangra. Se trata aparte, así que de esa placa hay que hablar con el médico en lugar de rascarla por cuenta propia.
Qué ocurre en el intestino
Más abajo pasa lo mismo, solo que no se ve. En el esófago son dolor y la sensación de que el bocado baja rozando. En el estómago y el intestino, retortijones, hinchazón, ruidos, náuseas, diarrea, a veces con moco. Alrededor del ano la mucosa también se inflama: escozor, fisuras, dolor al defecar, restos de sangre en el papel.
La diarrea aquí no es un contratiempo doméstico. Durante un tratamiento oncológico deja fuera de combate muy rápido: deshidratación, pérdida de potasio, bajada de tensión, y todo ello sobre un organismo ya debilitado. Contar las deposiciones y comunicarlas al equipo que lleva el caso no es aprensión, es la manera de frenar la complicación a tiempo.
Cuándo hay que llamar sin demora
Durante la quimioterapia un catarro corriente deja de ser corriente. Mientras bajan los leucocitos, cualquier herida de la boca es una puerta de entrada para las bacterias, y una infección de la sangre se desarrolla en pocas horas. Hay que contactar de inmediato con el equipo que trata el cáncer o llamar a una ambulancia al número europeo de emergencias 112 si aparecen:
- fiebre de 38 °C o más, y también escalofríos intensos con tiritona aunque el termómetro no suba;
- imposibilidad de tragar la saliva, el agua o las pastillas;
- signos de deshidratación: poca orina, orina oscura, mareo al levantarse, lengua seca;
- vómitos que no cesan o más de seis deposiciones líquidas al día;
- sangre abundante en la boca o en las heces, heces negras y alquitranadas;
- dolor abdominal fuerte con el vientre hinchado y sin expulsar gases ni heces;
- dificultad para respirar, confusión, somnolencia inhabitual.
Un detalle importante sobre los antitérmicos: el paracetamol baja la fiebre y con ella esconde la principal señal de alarma. Durante un ciclo de quimioterapia no se toma por si acaso; primero se mide la temperatura y se llama, y después se actúa según indique el médico.
Qué conviene hacer antes de empezar
La parte más eficaz del trabajo cae en el momento en que todavía no duele nada. Antes de un ciclo de quimioterapia o de una radioterapia de cabeza y cuello merece la pena pasar por el dentista y contarle qué tratamiento viene y cuándo empieza. Las caries se tratan y los dientes sin arreglo posible se extraen con antelación, para que la encía cure antes de que caigan los leucocitos: después ya no se podrá extraer nada. Se quita el sarro, se trata la inflamación de las encías, se ajusta la prótesis o se aparca si roza. Los bordes afilados de los empastes se liman.
Es también el momento de dejar de fumar y de replantearse el alcohol, de comprar un cepillo suave y una pasta con flúor y de preguntar al equipo si en su caso conviene chupar hielo durante la infusión: con algunos fármacos de administración corta el frío contrae los vasos de la mucosa, llega menos medicamento a ella y salen bastantes menos úlceras. Es un recurso sencillo, pero no vale con todos los esquemas y por eso se consulta.
Cuidado de cada día
La higiene de la boca durante el tratamiento no es cuestión de aseo sino prevención directa de complicaciones. Lleva unos minutos y cambia de verdad las cosas.
- cepillarse con un cepillo suave después de cada comida y antes de dormir, con pasta con flúor y sin movimientos bruscos;
- enjuagarse varias veces al día con una solución tibia: media cucharadita de sal y media de bicarbonato en un vaso de agua, sin tragarla y preparándola cada vez;
- evitar los colutorios con alcohol y el agua oxigenada, que resecan y queman la mucosa dañada;
- usar la seda dental con suavidad y dejarla del todo si las encías sangran o las plaquetas están bajas;
- quitarse la prótesis por la noche y en los días de más dolor, limpiarla aparte y guardarla húmeda;
- cuidar los labios con bálsamo, beber agua a sorbos a lo largo del día y masticar chicle sin azúcar si la boca está seca;
- comer alimentos blandos, húmedos y a temperatura ambiente: caldos, purés, requesón, tortilla, papillas, plátano, natillas;
- dejar de lado lo picante, lo ácido, lo salado, lo seco y lo crujiente (tostadas, patatas fritas, cortezas de pan, cítricos, tomate), además de lo muy caliente, las bebidas con gas y el alcohol.
Con diarrea se bebe más líquido, se reducen de momento la fibra y las grasas, y los antidiarreicos se toman solo si el médico los indica: con algunos esquemas de tratamiento están contraindicados. La piel alrededor del ano se lava con agua tibia sin jabón, se seca a toquecitos sin frotar y se protege con una crema barrera.
Con qué se calma el dolor y qué receta el médico
Aquí no hay que aguantarse: la analgesia se ajusta por escalones hasta el nivel en que la persona puede comer y dormir. Se empieza por lo local: enjuagues y geles con anestésico antes de las comidas, soluciones que forman una película protectora, sustitutos de la saliva si hay sequedad. En la radioterapia de cabeza y cuello se emplean enjuagues con acción antiinflamatoria. Si lo local no basta, se pautan analgésicos por vía general, incluidos los opioides: en una mucositis grave eso es lo habitual, no un extremo.
Aparte, lo que conviene no comprar por cuenta propia. Los antiinflamatorios no esteroideos y la aspirina durante un tratamiento oncológico se toman solo con el permiso del médico: dañan el estómago y el riñón y aumentan el sangrado, y las plaquetas durante los ciclos ya están bajas de por sí.
Qué más hay en el arsenal: antifúngicos y antivíricos si sobre las úlceras se ha añadido una infección; espasmolíticos y antidiarreicos; fármacos que reducen la acidez cuando duele el esófago. Un procedimiento propio es la terapia con láser de baja intensidad sobre la mucosa oral, en sesiones diarias cortas durante el tratamiento; se usa para prevenir y para reducir el dolor allí donde hay ese equipo. Si el dolor impide comer, entra en juego el dietista: preparados nutricionales y, si hace falta, alimentación por sonda durante unas semanas. No es una derrota, es la forma de no perder peso y de no retrasar el tratamiento principal.
Consulta en línea
La mucositis es un motivo cómodo para la consulta a distancia: hace falta a menudo, brevemente y casi siempre entre visitas al hospital, cuando no quedan fuerzas para desplazarse. Al médico le sirven una fotografía de la boca con buena luz y unos números: qué día del ciclo es, qué esquema de tratamiento se sigue, cuántas deposiciones ha habido, cuánto se ha bebido, qué temperatura se ha medido por la mañana y por la noche y cuánto tiempo lleva la persona sin poder comer con normalidad.
Con eso se resuelve lo principal: si esto va como suele ir o toca preocuparse; si la placa blanca parece candidiasis; con qué calmar el dolor hoy y qué se puede comer; si conviene cambiar la rutina de cuidados; qué productos de farmacia son seguros en su caso y cuáles es mejor no tocar. La alimentación merece su propio rato: qué beber y con qué sustituir la comida mientras tragar duela.
Los límites están claros. Explorar la garganta por dentro, tomar una muestra o valorar un análisis que todavía no existe no se puede a través de una pantalla, y la decisión de retrasar o modificar el ciclo la toma siempre el oncólogo que lleva el caso. Y con fiebre de 38 °C, tiritona, imposibilidad de beber o heces negras, lo que hace falta no es una consulta sino un contacto urgente con el hospital o una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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