En esta página
- Cómo transcurre una crisis
- El aura: lo que ocurre antes del dolor
- Qué desencadena las crisis
- Qué hacer cuando empieza la crisis
- Los fármacos y la trampa de los analgésicos
- Cuándo hace falta tratamiento preventivo
- Migraña, menstruación y anticoncepción
- Cuándo hacen falta una ambulancia y pruebas
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Migraña
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: LevetiracetamFabricante: Ratiopharm GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 100 mg/mlPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Nutra Essential Otc S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Normon S.A.No requiere receta
La migraña no es un simple dolor de cabeza fuerte, sino un trastorno del funcionamiento del cerebro que aparece en crisis: duele durante horas o días y, junto con el dolor, la luz, los ruidos y los olores se vuelven insoportables. La crisis aparta a la persona de todo lo que estaba haciendo, y ese es su rasgo distintivo: con un dolor de cabeza corriente la vida sigue; con una migraña solo se quiere bajar la persiana y tumbarse. Casi siempre se puede manejar, pero no con un analgésico ni en una sola visita.
Cómo transcurre una crisis
El dolor migrañoso clásico es pulsátil, se irradia al ojo o a la sien, suele afectar a un lado de la cabeza y empeora con cualquier movimiento: subir una escalera o agacharse se hace difícil. A ello se suman náuseas, a veces vómitos, y un rechazo intenso a la luz, a los sonidos fuertes y a los olores penetrantes. Sin tratamiento, la crisis dura entre unas horas y tres días.
Que duela estrictamente media cabeza no es un requisito. En niños y adolescentes la migraña duele a menudo en los dos lados y en la frente, las crisis son más cortas y lo que más destaca son las náuseas, la palidez y el sueño.
Uno o dos días antes del dolor, muchas personas notan señales previas: bostezos, agotamiento, ganas de dulce, rigidez en el cuello, irritabilidad o, al contrario, una energía inusual. Quien aprende a reconocerlas gana unas horas y llega preparada a la crisis. Y cuando el dolor se va, queda un día de «resaca migrañosa», con apatía y la cabeza espesa; forma parte de la crisis, no es un problema aparte.
El aura: lo que ocurre antes del dolor
En aproximadamente un tercio de las personas la crisis va precedida de aura, una alteración breve y reversible del funcionamiento de la corteza cerebral. La más habitual es visual: aparece en el campo visual una mancha centelleante o un arco luminoso en zigzag que se extiende poco a poco hacia un lado y deja tras de sí una zona ciega. Con menos frecuencia surgen adormecimiento y hormigueo que suben de los dedos al antebrazo y a media cara, o dificultad para hablar, con palabras que se enredan o que no se encuentran.
El aura se instala poco a poco, dura entre cinco minutos y una hora y desaparece sin dejar rastro; después empieza el dolor de cabeza. A veces se presenta sola, sin dolor alguno, algo propio de las personas mayores que desconcierta bastante.
La diferencia clave con un accidente vascular cerebral está precisamente en esa instauración gradual y en su reversibilidad. En el ictus las alteraciones aparecen de golpe, con toda su intensidad, y no se van. Si los síntomas surgen de una vez, duran más de una hora, afectan siempre al mismo lado o el aura aparece por primera vez en la edad adulta, hay que estudiarlo aparte y no atribuirlo a la migraña.
Qué desencadena las crisis
La migraña se hereda: la mayoría de los pacientes tiene un familiar cercano que también sufría dolores de cabeza. La predisposición por sí sola no provoca la crisis; lo que la desencadena son los cambios en el ritmo habitual.
Lo que más veces actúa como detonante es saltarse una comida, dormir poco o, al contrario, alargar el sueño el fin de semana, la deshidratación, el alcohol, un cambio brusco en la cantidad de café, la menstruación, la luz parpadeante, los olores intensos y los cambios de tiempo. Merece la pena señalar que el dolor no suele llegar en plena tensión, sino cuando esta afloja: el viernes por la tarde o el primer día de vacaciones.
Intentar recordar los desencadenantes de memoria no funciona: suelen ser varios y se suman. Ayuda un diario con la fecha, la duración, la intensidad del dolor, lo que se comió y cómo se durmió la víspera, qué medicamento se tomó y cuánto tardó en hacer efecto. En dos o tres meses las regularidades se ven, y con ese diario al médico le resulta mucho más fácil ajustar el tratamiento. En cambio, no conviene eliminar alimentos siguiendo listas de internet: las dietas estrictas empobrecen la vida más de lo que reducen las crisis.
Qué hacer cuando empieza la crisis
Lo que decide es la rapidez. El medicamento tomado en la primera hora, cuando el dolor aún es leve, funciona bastante mejor que ese mismo medicamento tomado en pleno pico: en ese momento el estómago se enlentece y el comprimido sencillamente se absorbe peor. Aguantar «a ver si pasa» es la peor estrategia.
Después ayuda todo lo que elimina estímulos: una habitación tranquila y a oscuras, una compresa fresca en la frente o en la nuca, dormir. A muchas personas les alivia precisamente conseguir conciliar el sueño. Beba agua e intente comer algo si las náuseas lo permiten. Un café muy al principio corta a veces la crisis, pero contar con él a diario acaba generando nuevos dolores.
Si las crisis son frecuentes, acuerde con su médico un plan por adelantado: qué tomar primero, qué hacer si a las dos horas no ha funcionado y cuándo se puede repetir la dosis. Llevar ese plan encima tranquiliza más que improvisar cada vez.
Los fármacos y la trampa de los analgésicos
Se empieza por lo sencillo: antiinflamatorios no esteroideos o paracetamol a dosis suficiente. A niños y adolescentes no se les da aspirina. Si las náuseas molestan, el médico añade un antiemético, que además de quitarlas acelera la absorción del analgésico.
Cuando eso no basta, se recurre a los triptanes, fármacos que actúan sobre el mecanismo mismo de la crisis y no solo sobre el dolor. Se toman al primer signo de dolor, pero no durante el aura. No sirven para todo el mundo: no se indican en hipertensión no controlada, cardiopatía isquémica ni tras un ictus, y aquí hace falta hablar con el médico y no seguir un consejo de mostrador. Existe además una clase más reciente, los gepantes, que bloquean la proteína CGRP y se emplean cuando los triptanes no han ido bien.
Es mejor evitar los analgésicos con codeína y otros opioides: funcionan mal y meten rápidamente en un círculo vicioso, la cefalea por abuso de medicación, en la que el uso frecuente de calmantes pasa a mantener el dolor por sí solo. La referencia es simple: si hay que calmar el dolor más de dos días por semana durante varios meses, lo que se cambia es el tratamiento, no la dosis. La retirada se hace con el médico, porque las primeras semanas después suelen ser peores que antes.
Cuándo hace falta tratamiento preventivo
El tratamiento preventivo consiste en tomar un fármaco a diario, no para cortar la crisis, sino para que haya menos crisis. Se plantea cuando el dolor aparece varias veces al mes, cuando las crisis son intensas y apartan del trabajo, cuando hay que tomar analgésicos con demasiada frecuencia o estos están contraindicados.
Las opciones son amplias y en buena medida dependen de lo que la persona tenga además de la migraña: betabloqueantes y otros fármacos que bajan la tensión, algunos antiepilépticos, antidepresivos a dosis bajas y, en las migrañas frecuentes y resistentes, los fármacos inyectables contra el CGRP y las inyecciones de toxina botulínica. A las mujeres que pueden quedarse embarazadas no se les indican algunos antiepilépticos por su daño sobre el feto; por eso se pregunta antes.
Lo esencial es saberlo de antemano: la prevención no funciona enseguida. Tiene sentido valorarla a los mes y medio o dos meses de tomarla a la dosis ajustada, y se considera un éxito reducir el número de crisis aproximadamente a la mitad, no hacerlas desaparecer. El ciclo dura varios meses y después se intenta retirar el fármaco. De lo no farmacológico, aportan beneficio el sueño regular, el movimiento y el trabajo sobre el estrés.
Migraña, menstruación y anticoncepción
En muchas mujeres las crisis van ligadas al ciclo y coinciden con los días previos a la regla y los primeros del sangrado. Suelen ser más intensas y responden peor a lo habitual, pero son previsibles: conociendo el ciclo se puede empezar antes, y el médico ajustará una pauta para esos pocos días.
Un asunto aparte y muy importante es la anticoncepción hormonal. La migraña con aura eleva algo por sí misma el riesgo de ictus isquémico, y los anticonceptivos combinados, que contienen estrógeno, lo elevan todavía más. Por eso, en la migraña con aura no suelen usarse las píldoras, los parches ni los anillos combinados; quedan los métodos solo con progestágeno, el dispositivo intrauterino y las opciones no hormonales. Fumar multiplica aún más ese riesgo. Si el aura aparece por primera vez estando ya con un anticonceptivo combinado, se suspende y se consulta al médico.
Durante el embarazo la migraña se atenúa en la mayoría de las mujeres, sobre todo pasados los primeros meses. Pero también cambian los fármacos: parte de los habituales no sirven en el embarazo, así que la pauta se revisa antes de buscar la gestación, no después. Durante la lactancia también hay opciones, simplemente son otras.
Cuándo hacen falta una ambulancia y pruebas
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, número único 112) si:
- el dolor ha surgido de golpe y ha alcanzado su máximo en segundos, como un golpe en la cabeza: es el más peligroso de los dolores de cabeza;
- junto al dolor aparecen debilidad en un brazo o una pierna, desviación de la cara, habla confusa, pérdida de visión, convulsiones, desorientación o no se consigue despertar a la persona;
- la fiebre alta se acompaña de imposibilidad de pegar la barbilla al pecho, intolerancia a la luz o una erupción que no palidece al presionarla;
- el dolor intenso ha empezado tras un golpe en la cabeza o una caída.
No conduzca usted mismo ni espere a la mañana siguiente.
Pida cita con su médico de cabecera, sin urgencia pero sin dejarlo, si las crisis se han hecho más frecuentes o han cambiado de carácter, si la cabeza duele por la mañana con vómitos, empeora al tumbarse, al toser o al hacer esfuerzo, o si un dolor de cabeza intenso aparece por primera vez en la edad adulta. Pasados los cincuenta años, el dolor acompañado de sensibilidad en el cuero cabelludo y cansancio de la mandíbula al masticar apunta a una inflamación de las arterias que, sin tratamiento, puede costar la visión. Y un dolor de cabeza en la segunda mitad del embarazo o poco después del parto obliga a medir la tensión arterial ese mismo día.
No existe ningún análisis ni imagen que confirme una migraña: el diagnóstico se establece con la entrevista, el diario de crisis y la exploración, que incluye tomar la tensión y una revisión neurológica. La tomografía no se pide «por si acaso», sino cuando el cuadro es atípico o hay signos de alarma. Una imagen normal ni descarta la migraña ni sustituye al tratamiento.
Consulta en línea
La migraña es de esos temas en los que hablar con el médico a distancia equivale casi a hacerlo en persona: aquí el diagnóstico se apoya en el relato, no en la exploración. En la consulta se revisa el diario de crisis, se separa la migraña de la cefalea tensional y de la causada por abuso de analgésicos, se explica por qué el comprimido de siempre ha dejado de servir y se elabora un plan: qué tomar al inicio, qué hacer si no funciona y si hace falta prevención.
En línea resulta cómodo tratar además lo que suele olvidarse en la consulta presencial: la compatibilidad de la migraña con la anticoncepción, la planificación del embarazo, cómo se comportan las crisis con los vuelos y los turnos de trabajo, y cómo abandonar con seguridad los analgésicos diarios. Los límites están claros: explorar el fondo de ojo y valorar el estado neurológico no puede hacerse por pantalla, y ante un dolor repentino y del todo desacostumbrado o ante alteraciones neurológicas lo que hace falta no es una llamada, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Migraña
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Migraña con un médico online.














