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Mastoiditis

La mastoiditis es la infección purulenta del hueso que se palpa como un bultito justo detrás de la oreja.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La mastoiditis es la infección purulenta del hueso que se palpa como un bultito justo detrás de la oreja. La infección llega hasta allí desde el oído medio, casi siempre después de una otitis. Es una enfermedad poco frecuente, pero avanza deprisa: entre el «me molesta un poco el oído» y una situación que exige hospital pueden pasar apenas unos días. La mayoría de los casos se dan en niños menores de dos años. El tratamiento se hace ingresado, y cuando se consulta a tiempo la mastoiditis se resuelve sin dejar secuelas.

Qué hueso hay detrás de la oreja y cómo llega el pus

La apófisis mastoides es el saliente del hueso temporal situado detrás del pabellón auricular. Por dentro no es macizo: está construido como un panal, con multitud de celdillas llenas de aire separadas por tabiques finísimos. Todas esas celdillas se comunican con la caja del oído medio a través de un único paso estrecho.

Durante una otitis media, la mucosa que tapiza tanto la caja como las celdillas se inflama y se hincha. El paso estrecho queda cerrado y el pus, que antes drenaba con libertad, se queda encerrado dentro del hueso. La presión aumenta, los tabiques óseos se reblandecen y se destruyen, y las celdillas se funden en una única cavidad llena de pus. A partir de ese momento ya no hablamos de otitis, sino de mastoiditis.

Después el pus busca salida. Puede romper hacia fuera por debajo del periostio y levantar la piel de detrás de la oreja, puede bajar por los músculos del cuello, o puede tomar la dirección contraria: hacia el interior del cráneo, donde están las meninges y los grandes senos venosos. Por eso esta enfermedad no admite esperar y ver.

Qué se ve y qué nota la persona

El cuadro suma los signos de la otitis y lo que ocurre detrás de la oreja. Lo habitual es encontrar:

  • dolor y molestia al presionar detrás de la oreja, no dentro de ella;
  • enrojecimiento e hinchazón de la piel de esa zona; en pieles oscuras el enrojecimiento se aprecia peor, pero la hinchazón se nota igual;
  • la oreja despegada hacia delante y hacia abajo, con una diferencia evidente respecto al otro lado, sobre todo si se mira a la persona desde atrás o desde arriba;
  • fiebre que se mantiene o que ha vuelto a subir;
  • supuración por el oído o una mancha húmeda en la almohada;
  • pérdida de audición y sensación de taponamiento en ese lado;
  • dolor de cabeza, decaimiento, irritabilidad y falta de apetito.

Un niño muy pequeño no sabe explicar dónde le duele. En lactantes hay que fijarse en el llanto continuo, el rechazo del pecho o del biberón, el sueño intranquilo y el gesto de llevarse la mano a la oreja o apoyar siempre ese lado de la cabeza. Mire la piel detrás de las dos orejas con buena luz y compárelas.

En qué se diferencia de una otitis corriente

Distinguirlas en casa no siempre es posible, pero hay algunas referencias útiles.

En la otitis media aguda duele por dentro del oído y al segundo o tercer día el dolor cede. En la mastoiditis el dolor se traslada detrás de la oreja, a un punto que se puede señalar con el dedo, y no cede. La evolución también orienta: el niño había mejorado, la fiebre había bajado y unos días después todo vuelve y va a peor. Ese es el guion típico.

Otro signo es la oreja despegada. La otitis no cambia la forma de la oreja.

Conviene decir algo sobre los antibióticos. La mastoiditis puede aparecer incluso tomándolos, ya sea porque el germen no es sensible a ese fármaco o porque el pus ya está encerrado en el hueso y el medicamento no llega. Así que «pero si está con antibiótico» no es motivo para esperar: si detrás de la oreja aparecen hinchazón y dolor a la presión, hay que verlo ese mismo día.

Cuándo hay que buscar atención urgente

Llame a una ambulancia (en España y en el resto de Europa el número único es el 112) o acuda a urgencias si, con un oído enfermo de por medio, aparece cualquiera de estas cosas:

  • dolor de cabeza intenso con vómitos, molestia con la luz o imposibilidad de acercar la barbilla al pecho;
  • confusión, somnolencia llamativa, dificultad para despertar al niño;
  • convulsiones;
  • desviación de la cara: la comisura de la boca cae y el ojo de ese lado no cierra;
  • visión doble, mareo intenso con vómitos, inestabilidad al andar;
  • hinchazón y dolor que descienden desde detrás de la oreja hacia el cuello;
  • en un lactante, fontanela abombada y tensa, decaimiento, quejido al respirar, rechazo del alimento.

Son señales de que el pus ha salido del hueso. Esperar a la mañana siguiente, llamar a una línea de información o probar unas gotas no son opciones aquí.

Sin esos signos, pero con hinchazón y dolor detrás de la oreja, oreja despegada y roja o fiebre persistente después de una otitis, hay que consultar el mismo día y no dejarlo para el fin de semana.

Quién tiene más riesgo

La mastoiditis afecta sobre todo a niños de los dos primeros años de vida: sus celdillas óseas todavía se están formando, el paso entre el oído y la mastoides es corto y ancho, y las otitis son frecuentes a esa edad. Aumentan el riesgo las otitis de repetición, los tratamientos antibióticos interrumpidos a mitad, las defensas debilitadas y la diabetes.

Merece atención aparte la mastoiditis del adulto, sobre todo cuando no hubo una otitis aguda previa o cuando el oído lleva meses supurando. Detrás de ese curso suele haber un colesteatoma: un crecimiento de epitelio cutáneo dentro del oído medio que va destruyendo el hueso desde dentro, poco a poco. Con menos frecuencia la causa es una tuberculosis, una forma rara de inflamación de los vasos o un tumor del hueso temporal. Todo ello cambia tanto las pruebas como el tratamiento, y aquí no basta con una tanda de antibióticos.

Cómo se llega al diagnóstico

Se empieza por la exploración. El médico compara las dos regiones retroauriculares, valora la posición del pabellón, palpa el hueso y después mira el tímpano con el otoscopio: en la mastoiditis suele estar inflamado, abombado o ya perforado. Se comprueban los movimientos de la cara y de los ojos.

Lo que confirma el diagnóstico es la tomografía computarizada de los huesos temporales: solo ella muestra si los tabiques entre celdillas están destruidos y si el pus ha salido del hueso. Una radiografía simple de cráneo no lo enseña y no merece la pena perder tiempo en ella. Si se sospechan complicaciones dentro del cráneo se añade una resonancia magnética con estudio de los senos venosos, y ante la sospecha de meningitis se hace una punción lumbar.

La supuración del oído o el pus obtenido en la intervención se envían a cultivo con antibiograma, lo que permite cambiar de fármaco si el inicial no era el adecuado. En sangre se miran el hemograma y los marcadores de inflamación. Cuando la inflamación cede, se revisa la audición.

Por qué es peligrosa

Las complicaciones son la razón principal por la que esta enfermedad se trata en el hospital.

  • Absceso bajo la piel de detrás de la oreja; si el pus baja por debajo de los músculos del cuello, se forma un absceso cervical profundo.
  • Parálisis de la musculatura de la cara del lado afectado: el nervio facial discurre por ese hueso, muy cerca.
  • Inflamación del oído interno, con vértigo intenso y pérdida de audición permanente.
  • Trombosis del seno venoso que se apoya contra la mastoides, con fiebre alta oscilante y escalofríos.
  • Meningitis y absceso cerebral, los desenlaces más graves; antes de los antibióticos no eran nada raros.
  • Pérdida auditiva persistente en el lado de la infección.

Hoy todo esto es infrecuente, y ocurre sobre todo cuando la consulta se ha retrasado semanas.

Cómo se trata

El tratamiento empieza en el hospital, sin esperar al resultado del cultivo. La base son los antibióticos por vía intravenosa, en dosis suficientes para penetrar en el hueso y, si hace falta, atravesar las meninges; el fármaco lo elige el médico y lo ajusta cuando llega el antibiograma. Los primeros días se vigila la evolución: si baja la hinchazón y si cede la fiebre.

Es habitual practicar una pequeña incisión en el tímpano y colocar un tubo de ventilación: eso abre la salida al pus y alivia enseguida. El absceso de detrás de la oreja se abre y se drena.

Si en dos o tres días no hay mejoría, o si se encuentra hueso destruido, colesteatoma o complicaciones, se practica una mastoidectomía: por una incisión detrás de la oreja se retiran las celdillas afectadas junto con el pus. La operación suena temible, pero se tolera bien y la audición suele conservarse.

Para el dolor y la fiebre sirven el paracetamol o el ibuprofeno en la dosis que corresponda por edad y peso. Las gotas óticas no resuelven nada por sí solas: no llegan al hueso. Los calores locales, las compresas templadas y cualquier intento de «disolver» la inflamación con calor están contraindicados en un proceso purulento.

Después del alta y cómo evitar que se repita

El antibiótico en casa se termina hasta el último día, aunque uno ya se encuentre bien: una inflamación ósea a medio tratar vuelve. Hay que acudir a la revisión y, unas semanas después, comprobar la audición. Que el oído quede algo apagado un tiempo es normal, pero conviene confirmar que se ha recuperado.

A partir de ahí lo principal es no descuidar las otitis. Si el oído duele más de dos días, la fiebre se mantiene o el oído empieza a supurar, hay que verlo. Cuando las otitis se repiten una y otra vez, el otorrinolaringólogo valora colocar tubos de ventilación. Son útiles las vacunas frente al neumococo y frente a Haemophilus influenzae tipo b: reducen el número de otitis y con ellas el riesgo de mastoiditis. Las edades de administración las marca el calendario vacunal de cada país.

Ayudan también cosas sencillas: no fumar en casa si hay niños, dar el biberón con el bebé algo incorporado en lugar de tumbado del todo, y no dejar que una nariz taponada se prolongue semanas sin resolverse.

Consulta en línea con un médico

A distancia se resuelve bien la duda principal: si esto es una otitis corriente o ya toca ir al hospital. En la consulta en línea el médico preguntará cómo ha ido cambiando el cuadro día a día, pedirá fotografías de las dos orejas desde atrás con buena luz, indicará cómo presionar el hueso retroauricular, valorará la fiebre y el comportamiento del niño y dirá si hace falta ver al otorrinolaringólogo hoy mismo. También sirve para repasar el informe de la tomografía y del cultivo, entender por qué se cambia de antibiótico y organizar el seguimiento tras el alta: cuándo revisar la audición y a quién acudir con las otitis de repetición. Si detrás de la oreja ya hay hinchazón y enrojecimiento, o si han aparecido los signos del apartado de urgencia, no vale esperar a una cita en línea: hace falta una exploración presencial y, en los casos graves, una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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