Listeriosis
Es una infección alimentaria causada por la bacteria listeria. En una persona sana suele pasar como un trastorno intestinal breve o no dar síntoma alguno.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Listeriosis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
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Es una infección alimentaria causada por la bacteria listeria. En una persona sana suele pasar como un trastorno intestinal breve o no dar síntoma alguno. Pero en las embarazadas, los recién nacidos, las personas mayores y quienes tienen las defensas bajas esa misma bacteria puede salir del intestino y provocar una infección de la sangre o una inflamación de las meninges.
Se contrae pocas veces, bastante menos que una salmonelosis. Lo que la hace peligrosa no es la frecuencia, sino el desenlace: entre quienes la infección llega a la sangre, el cuadro grave es lo habitual. Por eso conviene saber de la listeriosis por adelantado, sobre todo si está embarazada o pertenece a alguno de los grupos vulnerables.
En qué se diferencia la listeria de otras bacterias alimentarias
Las bacterias intestinales corrientes se multiplican con el calor y la nevera las detiene. La listeria no. Crece tranquilamente a la temperatura del frigorífico, despacio pero sin pausa, aumentando su número en un producto que lleva allí una semana. Por eso los peligrosos no son los platos calientes, sino los alimentos refrigerados que se comen sin cocinar.
Tiene además otras dos particularidades incómodas. Aguanta la sal, el ahumado y el curado, es decir, los tratamientos que resultan letales para muchos microbios. Y no estropea el alimento: la comida contaminada no huele, no cambia de sabor y tiene un aspecto perfectamente normal. Aquí no sirve fiarse de la nariz ni de la vista; solo funcionan la temperatura, las fechas y guardar cada cosa por separado.
En cambio, la listeria está indefensa frente al calor. Basta con calentar el alimento de verdad, hasta que humee y esté caliente por dentro, para que la bacteria muera. De ahí toda la lógica de la prevención: el frío no la mata, el calor sí.
De dónde procede
Casi siempre de la comida, y casi siempre de alimentos refrigerados que se toman sin cocinar:
- fiambres, embutidos y carnes curadas loncheadas;
- pescado ahumado o poco salado, incluido el que se usa en el sushi;
- quesos blandos de corteza enmohecida y quesos azules, así como cualquier queso hecho con leche sin pasteurizar;
- leche sin pasteurizar y todo lo elaborado con ella;
- patés de cualquier tipo, incluidos los vegetales;
- ensaladas y bocadillos preparados, fruta y verdura cortadas y envasadas;
- verduras congeladas, que muchos dan por listas para comer y añaden a los platos sin cocinarlas.
Con menos frecuencia el contagio llega por otra vía: por las manos de quien ha cocinado sin lavárselas después del baño, o por el contacto estrecho con animales de granja durante los partos. La bacteria está muy extendida en el suelo, el agua y las plantas, así que eliminarla por completo de la cadena alimentaria es imposible; lo que sí puede hacerse es no dejar que se multiplique.
Conviene además medir bien el riesgo: esos alimentos no llevan listeria ni mucho menos siempre. Si ha comido alguno hace poco y se encuentra bien, no hay nada que hacer.
Cómo se manifiesta
En la mayoría de las personas sanas todo se reduce a unos días de malestar: sube la fiebre, hay escalofríos y dolor muscular, a veces náuseas, vómitos y diarrea. No se distingue de otras intoxicaciones alimentarias y normalmente nadie llega a averiguar la causa.
Una dificultad aparte son los plazos. Entre la comida y la enfermedad pasan desde unos días hasta varias semanas, y a veces más de un mes: uno ya no recuerda lo que comió y el vínculo con el alimento se pierde. Por eso, si el médico pregunta por la comida de las últimas semanas, la pregunta no es ociosa.
La forma grave se desarrolla cuando la bacteria sale del intestino a la sangre. Aparecen entonces fiebre alta con escalofríos, debilidad intensa y confusión. La listeria tiene una afinidad particular por el sistema nervioso: provoca inflamación de las meninges y, de forma bastante característica, afectación del tronco cerebral. Eso da un conjunto de signos poco habitual: visión doble, habla arrastrada, dificultad para tragar, inestabilidad y debilidad de los músculos de la cara.
En el embarazo el cuadro engaña. La propia mujer suele pasarlo con poca cosa: fiebre, dolores, sensación de gripe que empieza y a veces dolor abdominal. El peligro no la amenaza a ella, sino al bebé: la listeria atraviesa la placenta y puede provocar un aborto, un parto prematuro o la muerte fetal. Por eso cualquier fiebre durante el embarazo es motivo para contactar con el médico el mismo día, y no para esperar a ver.
En el recién nacido la enfermedad se manifiesta o bien justo después del parto con una infección grave de la sangre, o bien a la semana o dos con una meningitis. El bebé está apagado o, al contrario, irritable, mama mal, tiene fiebre o, lo que es más preocupante, la temperatura baja, respira deprisa y la piel se ve grisácea.
A quién pone realmente en peligro
Para la mayoría de los adultos la listeriosis es un episodio digestivo y poco más. El curso grave recae sobre grupos concretos, y conviene saber si usted está en alguno:
- las embarazadas, cuyo riesgo es muchas veces superior al medio, y sobre todo por el peligro para el bebé;
- los recién nacidos;
- las personas mayores, con más probabilidad de gravedad cuanto mayor es la edad;
- quienes tienen las defensas bajas: pacientes con cáncer en quimioterapia, trasplantados, personas con VIH, y quienes toman corticoides u otros fármacos inmunosupresores durante mucho tiempo;
- quienes padecen cirrosis u otras enfermedades del hígado, enfermedad renal crónica o diabetes;
- quienes tienen exceso de hierro en el organismo: con la hemocromatosis la listeria se multiplica con más facilidad;
- quienes toman medicamentos que reducen la acidez del estómago, ya que el jugo gástrico actúa de barrera natural y sin él a la bacteria le resulta más fácil llegar al intestino.
Este último punto se conoce poco, y sin embargo mucha gente toma esos fármacos durante años. No es motivo para dejarlos, pero sí para prestar más atención a los alimentos de la lista.
Cuándo hace falta atención urgente
Llame a una ambulancia o al número único europeo 112 si usted o un niño, con fiebre, presenta:
- dolor de cabeza intenso junto con rigidez del cuello, sin poder acercar la barbilla al pecho;
- molestia intensa ante la luz brillante;
- confusión, comportamiento extraño, somnolencia marcada o imposibilidad de despertar a la persona;
- una convulsión;
- visión doble, habla arrastrada, atragantamiento al tragar o inestabilidad repentina;
- en un lactante: decaimiento, rechazo del alimento, fiebre o, al revés, temperatura baja, respiración rápida, llanto agudo poco habitual o fontanela abombada.
Son signos de que la infección ha alcanzado el cerebro y sus cubiertas, y hay que tratarlos de inmediato y en el hospital.
El mismo día, aunque sin ambulancia, acuda al médico si tiene fiebre y está embarazada; si la fiebre dura más de dos o tres días con las defensas bajas; si la diarrea y los vómitos no ceden en varios días o aparecen signos de deshidratación como boca seca, orinar poco o marearse al levantarse. En el embarazo hay un motivo añadido de consulta urgente: el dolor abdominal o la sensación de que el bebé se mueve menos de lo habitual.
Cómo se diagnostica y cómo se trata
La listeriosis se confirma con un hemocultivo y, si se sospecha afectación del sistema nervioso, con el estudio del líquido cefalorraquídeo. El análisis de heces no sirve para esto. Por eso, en un trastorno intestinal leve, el diagnóstico normalmente ni se plantea: no tendría utilidad práctica.
Dígale al médico sin rodeos si está embarazada, si toma medicamentos que bajan las defensas o si ha comido hace poco algo de la lista anterior. No es un trámite: la listeria no responde a algunos antibióticos habituales que se pautan «a ciegas» en una infección grave, y sospecharla cambia la elección del fármaco.
El tratamiento depende de la gravedad. Una persona sana con molestias intestinales leves no necesita antibióticos: bastan el reposo y beber abundante en tomas pequeñas, mejor con soluciones de rehidratación. Si en cambio la infección ha pasado a la sangre o ha alcanzado el sistema nervioso, o si enferma alguien de un grupo de riesgo o una embarazada, se pautan antibióticos de un grupo concreto y por lo general por vía intravenosa, en el hospital. En el embarazo, empezar a tiempo puede proteger al bebé, y es un motivo más para no demorar la consulta.
Cómo evitar la infección
Las reglas son sencillas y todas se deducen de cómo es la bacteria: crece en frío y muere con el calor.
- Mantenga la nevera realmente fría, en torno a cinco grados o menos, y compruébelo con un termómetro: los frigoríficos domésticos funcionan a menudo más calientes de lo que marca el mando.
- Fíjese en la fecha de caducidad, no en el olor y el aspecto. Un producto caducado puede oler perfectamente bien y ser peligroso igualmente.
- Consuma los envases abiertos de comida preparada en un día o dos, sin estirarlos hasta la fecha que figura para el envase cerrado.
- No deje mucho rato al calor la comida refrigerada ya lista: sáquela de la nevera poco antes de comer.
- Recaliente hasta que humee y esté caliente por dentro, no «hasta que esté templado». Esto vale también para las verduras congeladas si van a un plato sin cocción.
- Guarde la carne y el pescado crudos separados de la comida lista, reserve para ellos el estante inferior y una tabla propia.
- Lávese las manos y lave tablas y cuchillos con jabón, y limpie con regularidad los estantes de la nevera.
A quienes están en un grupo de riesgo, y muy en especial a las embarazadas, se añade una lista de alimentos que conviene evitar: quesos blandos enmohecidos y quesos azules, cualquier queso o leche sin pasteurizar, patés, pescado poco salado o ahumado en frío, ensaladas preparadas y embutidos cortados a granel. La excepción es una sola: todo eso es seguro si se calienta hasta estar caliente por dentro; un queso blando horneado, por ejemplo, no supone peligro.
En cambio, los quesos curados, el requesón y los quesos cremosos de leche pasteurizada, la mozzarella, los quesos fundidos y los yogures no entran en esa lista y siguen formando parte de la dieta habitual. Las embarazadas harán bien además en no participar en los partos del ganado ni acercarse a corderos y terneros recién nacidos.
Consulta en línea
En una infección alimentaria la consulta a distancia sirve sobre todo para clasificar la situación: entender qué está pasando y decidir si basta con el tratamiento en casa. El médico preguntará por la fiebre, por los plazos, por lo comido en las últimas semanas y por sus enfermedades crónicas y su medicación, y explicará cómo reponer líquidos, qué se puede comer, cuándo esperar mejoría y qué señales indican que ya no se puede esperar más.
Hay otro motivo de consulta muy frecuente: la angustia después de comer. «Estoy embarazada y me he comido un trozo de queso azul, ¿qué hago ahora?» es justo la pregunta que mejor se resuelve a distancia: el médico valorará el riesgo real, dirá qué signos vigilar y durante cuánto tiempo, y evitará pruebas innecesarias. En línea se puede hablar también de cómo reorganizar la alimentación durante el embarazo o durante un tratamiento que baja las defensas.
Pero ante fiebre alta en una embarazada, ante la sospecha de afectación cerebral y ante la enfermedad de un recién nacido hace falta atención presencial y, muchas veces, hospital. En esos casos no pierda tiempo escribiendo: acuda directamente.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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