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Medicamentos comúnmente prescritos para Laringitis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Tarbis Farma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Haleon Spain S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Haleon Spain S.A.No requiere receta
Se llama laringitis a la inflamación de la laringe y, en la mayoría de los casos, a la hinchazón de las cuerdas vocales. La voz se apaga, se vuelve ronca y grave, a veces desaparece del todo, la garganta pica y uno no deja de carraspear. La laringitis aguda casi siempre es vírica y se resuelve sola en una o dos semanas. Merece la pena entender dos cosas: cómo ayudar a que la voz vuelva antes y en qué casos detrás de la ronquera no hay un catarro.
Qué les ocurre a las cuerdas vocales
El sonido nace cuando dos pliegues finos de la laringe se juntan y empiezan a vibrar con el aire que sale de los pulmones. Esa vibración es rápida y extraordinariamente precisa, y cualquier detalle la altera. Al inflamarse, los pliegues se hinchan, ganan peso y pierden flexibilidad: ya no cierran del todo, parte del aire se escapa sin producir sonido y la vibración se vuelve irregular. De ahí ese timbre característico, grave, áspero y con soplo, y la sensación de tener que empujar la voz.
Entender el mecanismo explica el principio del tratamiento. Un tejido hinchado se cura en reposo, y todo lo que hace chocar los pliegues con más fuerza retrasa esa curación. Por eso lo esencial en la laringitis no son las gárgaras ni los jarabes, sino el reposo vocal y la humedad.
Cómo se manifiesta
La laringitis suele empezar de golpe, empeora durante los dos o tres primeros días y después remite. El cuadro típico es este:
- voz ronca y quebrada, que al final del día suena peor;
- pérdida completa de la voz durante uno o dos días: asusta, pero en sí misma no es peligrosa;
- tos seca e irritativa que no alivia nada;
- ganas continuas de carraspear y de «aclarar» la garganta;
- sequedad, escozor y molestia leve en la garganta, sobre todo al despertar;
- dolor o esfuerzo al hablar y al intentar subir el tono.
La laringitis rara vez viene sola: casi siempre forma parte de un catarro o de una gripe, así que la acompañan mocos, fiebre y malestar general. Si la voz se mantiene clara y lo que duele es solo la garganta, se trata más bien de una faringitis o una amigdalitis: son cuadros vecinos, pero distintos, y se comportan de otra manera.
La laringitis del niño y el crup
En los niños pequeños la laringe es estrecha, y la misma hinchazón que en un adulto solo estropea la voz, en un niño reduce el calibre de la vía respiratoria. Así aparece el crup, sobre todo entre los seis meses y los tres años y casi siempre de noche. Se reconoce con facilidad: tos perruna, como un ladrido, voz ronca y una inspiración ruidosa y silbante.
Lo primero es calmar al niño y calmarse uno mismo: el llanto y el susto estrechan todavía más la vía aérea. Conviene sostenerlo incorporado, en brazos, y ofrecerle aire fresco y húmedo, junto a una ventana entreabierta o en el baño con vapor. El tratamiento fundamental del crup es un corticoide que indica el médico; una sola dosis suele cortar el episodio, y esa decisión la toma un profesional, no la familia.
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, por el número europeo único 112) si en el niño o en un adulto aparece alguna de estas señales:
- inspiración ruidosa y silbante en reposo, no solo al llorar o al moverse;
- hundimiento de la piel entre las costillas, encima de las clavículas y bajo el esternón al respirar, aleteo nasal;
- labios azulados o muy pálidos, decaimiento, confusión;
- el niño se sienta inclinado hacia delante, con la boca entreabierta, babeando y sin poder tragar;
- dolor de garganta intenso con fiebre alta y voz apagada, teniendo la faringe casi limpia a la vista.
Los dos últimos puntos dibujan una epiglotitis, la inflamación de la epiglotis. Es un cuadro raro pero verdaderamente peligroso, en el que la vía respiratoria puede cerrarse en unas pocas horas. Ante esa sospecha no hay que mirar la garganta con una cuchara ni tumbar a la persona boca arriba: ambas cosas pueden desencadenar un espasmo. Se mantiene al niño en la postura que él elija y se espera a la ambulancia.
Qué ayuda en casa
Un adulto con una laringitis corriente no suele necesitar consulta. Lo que sí sirve es esto.
- Hablar poco, y en ningún caso susurrar. El susurro fuerza los pliegues tanto como el habla normal y a veces más. Hable bajo, pero con voz normal, y haga pausas.
- Beber a lo largo del día: agua, infusiones templadas, cualquier cosa suave. Una mucosa deshidratada se repara más despacio.
- Humidificar el aire: la calefacción y el aire acondicionado lo resecan más de lo que parece. Ayudan un humidificador o simplemente respirar vapor.
- Dejar el tabaco estos días, también el humo ajeno, y evitar ambientes con polvo o humo.
- Moderar el café cargado y el alcohol, que resecan la mucosa.
- Para las molestias de garganta, los analgésicos habituales sin receta: paracetamol y, si no hay contraindicación, un antiinflamatorio no esteroideo. Los caramelos y las gárgaras con agua tibia y sal alivian la faringe; no llegan hasta los pliegues, pero hacen más llevadero el picor. En niños las gárgaras no son adecuadas.
- Desacostumbrarse a carraspear. Cada carraspeo es un golpe de un pliegue contra el otro. Sustitúyalo por un sorbo de agua o por una deglución tranquila.
Lo que conviene evitar: los descongestivos nasales y los sobres «anticatarrales» más de un par de días, porque resecan y perjudican a la voz; exigir un antibiótico, ya que la laringitis aguda es casi siempre vírica y el antibiótico no acorta la recuperación ni un día; y las inhalaciones con cualquier producto o el calor local con fiebre alta.
Cuándo consultar y qué debe alarmar
Conviene ver al médico de cabecera si la voz no ha empezado a recuperarse a las dos semanas, si la laringitis se repite varias veces al año o si cada mañana se despierta con la voz tomada.
Hay un grupo aparte de signos ante los cuales hace falta explorar la laringe con endoscopio, y no otra tanda de gárgaras:
- ronquera de más de tres semanas, sobre todo en un fumador de más de cuarenta años;
- aparición de un bulto duro en el cuello;
- dificultad o dolor al tragar, sensación de que la comida tropieza con algo;
- dolor en un oído estando ese oído sano;
- sangre en el esputo;
- pérdida de peso sin motivo.
Detrás de ese conjunto puede haber un tumor de laringe, y sus formas iniciales responden muy bien al tratamiento, pero solo mientras se detectan pronto. La exploración endoscópica dura un par de minutos y se hace con anestesia local.
En la consulta el médico mirará la garganta, preguntará por el uso de la voz, el reflujo y el trabajo, tomará una muestra o pedirá análisis si procede y, ante episodios repetidos, derivará al otorrinolaringólogo o al foniatra.
Por qué vuelve una y otra vez
Cuando la ronquera reaparece de forma repetida, lo habitual no es una infección sino una causa que sigue actuando. Las más frecuentes son estas:
- El sobreuso vocal. Docentes, educadores infantiles, dependientes, teleoperadores, entrenadores, cantantes: jornadas enteras hablando alto, muchas veces en locales ruidosos. Aquí no sirve callar después de cada crisis, sino aprender a impostar la voz y organizar el día: pausas, micrófono, agua a mano.
- El ascenso de ácido desde el estómago. Se reconoce por la ronquera matutina, el carraspeo habitual y la sensación de nudo, y por la ausencia de ardor: el ácido llega a la laringe sin provocar la quemazón típica detrás del esternón. Ayudan no cenar justo antes de acostarse, elevar la cabecera de la cama y el tratamiento que indique el médico.
- El tabaco. Muchos años de humo producen una hinchazón permanente de los pliegues que hace que la voz, en las mujeres, se vuelva claramente más grave y áspera. Al dejar de fumar se recupera en parte.
- El aire seco y la alergia: temporada de calefacción, aire acondicionado, polvo, pelo de animales, polen.
- Los corticoides inhalados del asma. La ronquera es un efecto secundario conocido. La cámara espaciadora y enjuagarse la boca después de cada inhalación suelen resolverlo; el medicamento no se suspende por cuenta propia.
- Con menos frecuencia: hipotiroidismo, nódulos y pólipos de las cuerdas vocales, secuelas de una cirugía de cuello.
Merece una mención la vacuna de la gripe: no cura la laringitis, pero elimina una de las causas que más a menudo la desencadenan.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico, a partir de cómo suena la voz, de los síntomas acompañantes y del tiempo que llevan, ayuda a distinguir una laringitis vírica corriente de una situación que exige explorar la laringe, y orienta sobre qué hacer ahora mismo para que la voz vuelva antes. A los padres de un niño con tos perruna se les explica cómo actuar de noche, qué señales permiten observar en casa y cuáles obligan a llamar a una ambulancia. Si los episodios se repiten, el médico analiza la causa probable —uso de la voz, reflujo, inhalador, aire seco—, propone qué cambiar e indica cuándo hace falta un foniatra y con qué información acudir a él.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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