Infección de las vías respiratorias bajas
Con este nombre se agrupan las infecciones de los bronquios y de los pulmones, lo que en el lenguaje corriente se llama «una infección de pecho».
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Medicamentos comúnmente prescritos para Infección de las vías respiratorias bajas
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL EFERVESCENTE, 600 mgPrincipio activo: AcetilcisteinaFabricante: Viatris Pharmaceuticals S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO EFERVESCENTE, 1 GPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Industria Quimica Y Farmaceutica Vir S.A.No requiere receta
Con este nombre se agrupan las infecciones de los bronquios y de los pulmones, lo que en el lenguaje corriente se llama «una infección de pecho». Detrás hay casi siempre dos cuadros distintos: la bronquitis aguda, en la que la inflamación no pasa de los bronquios, y la neumonía, en la que se afecta el tejido del propio pulmón. Empiezan de forma parecida, casi siempre después de un catarro, pero terminan de manera muy distinta: la bronquitis se resuelve sola en la inmensa mayoría de los casos, mientras que la neumonía necesita tratamiento y a veces ingreso. Por eso, ante una tos larga con fiebre, la pregunta importante no es qué jarabe tomar, sino si esto sigue siendo una bronquitis o ya es una neumonía. Aquí se explica cómo se distinguen, qué ayuda de verdad en casa y en qué momento hay que llamar al médico.
Cómo suele transcurrir
Los primeros días se parecen a un resfriado: nariz taponada, dolor de garganta, malestar general. Después baja:
- tos, primero seca y luego con expectoración, peor por la noche y al despertar;
- fiebre, escalofríos, debilidad, dolor de cabeza y dolores musculares;
- opresión o escozor detrás del esternón que aumenta al toser;
- pitos al respirar y falta de aire al hacer esfuerzos.
Todo esto suele ir cediendo en una semana o diez días, pero la tos dura más que el resto de los síntomas: tres semanas es un plazo normal y no significa que el tratamiento haya fallado. Después de la infección la mucosa de los bronquios sigue irritada y responde con tos al aire frío, al humo y hasta a la risa.
Conviene detenerse en el color del esputo, porque a su alrededor hay muchos malentendidos. Que sea amarillo o verde no quiere decir que hagan falta antibióticos: ese color lo dan las células que combaten cualquier inflamación, también la vírica. Importan mucho más el estado general y la respiración.
Lo que hace pensar en una neumonía es otra cosa: fiebre que se mantiene más de tres o cuatro días o que vuelve tras una mejoría, falta de aire en reposo, respiración más rápida, punzada en el costado al inspirar hondo y una sensación de enfermedad claramente mayor que en un catarro. En las personas mayores el cuadro puede ser engañoso: sin fiebre alta, pero con confusión, somnolencia inusual o una debilidad repentina, que a menudo es el único signo de neumonía.
Qué ayuda en casa
En una bronquitis corriente las medidas caseras son el tratamiento principal.
- Descanse y no siga con la vida de siempre: el cuerpo necesita esa energía para curarse.
- Beba líquidos templados en cantidad suficiente: suavizan la garganta y facilitan expectorar.
- Una cucharada de miel en agua caliente con limón alivia la tos tanto como la mayoría de los jarabes. A los menores de un año no se les da miel.
- Duerma con la cabecera elevada: así se tose menos de noche.
- Ventile y humedezca la habitación, sobre todo en temporada de calefacción.
- Para la fiebre y el malestar valen los antitérmicos habituales. La aspirina no se da a niños ni a adolescentes.
- No fume ni permanezca donde se fume: eso alarga la tos directamente.
Lo que conviene evitar: inclinarse sobre una olla de agua hirviendo, porque las quemaduras por vapor son una lesión frecuente y del todo innecesaria, sobre todo en niños; y dar jarabes para la tos a los pequeños, que no se recomiendan por debajo de los seis años y aportan poco a cualquier edad. Los mucolíticos y las friegas rinden menos que una simple bebida caliente. Si duda ante un producto sin receta, pregunte al farmacéutico, especialmente si ya toma medicación para la tensión o el corazón.
Señales que no admiten espera
Se llama al 112 sin pensárselo si aparecen:
- falta de aire intensa en reposo, incapacidad de terminar una frase, respiración rápida y superficial;
- labios o piel azulados, palidez con aspecto moteado;
- confusión, embotamiento, somnolencia inusual de la que cuesta sacar a la persona;
- dolor torácico intenso, sobre todo si ha aparecido de golpe y sin un catarro previo;
- sangre en el esputo, más allá de alguna estría suelta tras un golpe de tos fuerte;
- fiebre con manos y pies fríos, ausencia de orina durante todo el día, convulsiones;
- en un niño, hundimiento entre las costillas y por encima del esternón, aleteo nasal, quejido al espirar, rechazo de la bebida, decaimiento y, en un lactante, pausas respiratorias.
Hay que ver al médico en uno o dos días si tiene más de sesenta y cinco años, está embarazada, padece una enfermedad crónica del pulmón, del corazón, del riñón o del hígado, tiene diabetes o defensas bajas por algún tratamiento; y también si tras unos días de mejoría vuelve la fiebre o empeora todo de nuevo.
Antibióticos: cuándo sirven y cuándo no
La inmensa mayoría de las bronquitis agudas las causan virus, y ahí el antibiótico no aporta nada: no acorta la tos ni un solo día, y en cambio provoca diarrea, erupciones y hongos y enseña a las bacterias a resistir el tratamiento. Por eso el médico propone a menudo esperar y observar; no es negar ayuda, es una decisión meditada.
Los antibióticos hacen falta en la neumonía y en otras infecciones bacterianas, y la elección depende de la edad, de las enfermedades de base y de lo que se haya tomado antes. Si se los recetan, tómelos como le indiquen: no abandone al primer alivio ni alargue la pauta por su cuenta. Las cajas sobrantes de otra vez y el antibiótico que le fue bien a un conocido no valen, porque detrás de síntomas parecidos hay microbios distintos.
Para saber qué ocurre, el médico ausculta, cuenta la frecuencia respiratoria y mide la saturación de oxígeno en sangre. Si sospecha una neumonía puede hacer falta una radiografía de tórax y un análisis de sangre, y a veces un estudio del esputo.
Cuando la tos no se va
Una tos de más de tres semanas merece una visita al médico aunque por lo demás se encuentre bien. Las causas son varias y no todas son infecciosas.
- La hipersensibilidad bronquial que queda tras la infección: puede durar hasta un par de meses y se va sola.
- Un asma que se ha manifestado por primera vez con la enfermedad; la pista es la tos nocturna, de madrugada y con el ejercicio.
- Tos ferina: accesos de tos que terminan en vómito, con una inspiración ruidosa, durante semanas; en personas vacunadas el cuadro es más apagado.
- Efecto secundario de los medicamentos para la tensión del grupo de los IECA: una tos seca y molesta que solo cede al cambiar de fármaco.
- El paso de ácido del estómago al esófago y el goteo de moco por la pared posterior de la garganta.
- Tuberculosis: tos de semanas, sudores nocturnos, pérdida de peso, febrícula y sangre en el esputo. Es poco frecuente, pero no se puede pasar por alto.
- Tumor de pulmón: la sospecha se centra en un fumador de más de cuarenta años cuya tos habitual ha cambiado y que presenta sangre en el esputo, ronquera o pérdida de peso.
Qué reduce el riesgo de repetir
Si estas infecciones le visitan cada invierno, conviene ocuparse menos del episodio de turno y más de la prevención.
- la vacuna anual de la gripe, la medida más sencilla con efecto demostrado;
- la vacuna frente al neumococo si tiene más de sesenta y cinco años o alguna enfermedad crónica; pregunte a su médico de cabecera qué le corresponde;
- dejar de fumar, con lo que nada compite en cuanto a frecuencia de bronquitis;
- controlar las enfermedades crónicas: un asma, una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, una insuficiencia cardíaca o una diabetes mal ajustadas elevan por sí solas el riesgo de neumonía;
- moderación con el alcohol, alimentación completa y sueño suficiente;
- lavarse las manos y no salir entre la gente los primeros días, algo que protege menos a uno mismo que a los demás.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien la pregunta de los primeros días: si esto sigue siendo una bronquitis que se irá sola o un cuadro que exige exploración y radiografía. El médico preguntará por los plazos, la fiebre, la falta de aire y la tolerancia al esfuerzo, revisará sus enfermedades crónicas y su medicación, y explicará qué vigilar en casa y en qué momento hay que volver a llamar. Es también una manera cómoda de aclarar esa tos que va por la cuarta semana después de la infección y decidir si hacen falta pruebas. Las señales de la lista anterior no se manejan por pantalla: ante falta de aire marcada, confusión o labios azulados se llama a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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