Hombro congelado (capsulitis adhesiva)
La articulación del hombro está envuelta en una cápsula, una bolsa de tejido conjuntivo que en condiciones normales se estira sin dificultad y deja que el…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Hombro congelado (capsulitis adhesiva)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Kern Pharma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 40 mg/mlPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Reckitt Benckiser Healthcare S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50 mgPrincipio activo: DiclofenacoFabricante: Laboratorios Alter S.A.Requiere receta
La articulación del hombro está envuelta en una cápsula, una bolsa de tejido conjuntivo que en condiciones normales se estira sin dificultad y deja que el brazo se mueva en todas direcciones. En la capsulitis adhesiva esa cápsula se inflama, después cicatriza y se encoge, como una camisa que ha menguado en la lavadora. La articulación sigue intacta, el cartílago no está destruido y los músculos funcionan, pero el brazo choca con una pared invisible y no pasa de ahí. El nombre popular describe muy bien la sensación: el hombro se ha quedado congelado. El proceso es largo, con frecuencia de más de un año, y la dificultad no está tanto en el tratamiento como en la paciencia y en no confundirlo con otras causas de dolor de hombro.
Las tres fases por las que pasa el hombro
La evolución es reconocible, y conviene conocerla: saber en qué fase se está ayuda a entender por qué las sensaciones de hoy no son las de hace unos meses.
Congelación. Durante los primeros meses manda el dolor. Aparece poco a poco, sin motivo aparente, empeora al caer la noche e impide dormir sobre ese lado. El movimiento se va reduciendo, pero la persona lo atribuye al dolor: parece que el brazo no sube porque duele. Esta fase dura entre dos y nueve meses.
Rigidez. El dolor cede y la rigidez pasa a primer plano hasta alcanzar su punto máximo. Es entonces cuando se ve cuánto movimiento se ha perdido: cuesta abrochar el sujetador, sacar la cartera del bolsillo trasero, alcanzar el cinturón de seguridad, lavarse el pelo, quitarse un jersey. Se prolonga de cuatro meses a un año.
Descongelación. La cápsula empieza a ceder despacio y el movimiento regresa. Es la fase más larga y la menos perceptible: el avance no se mide en semanas, sino en meses. La recuperación completa lleva de uno a tres años desde el inicio, y una parte de las personas conserva para siempre una pequeña limitación, normalmente al llevar la mano a la espalda, que apenas estorba en la vida diaria.
A lo largo de las tres fases se repiten unas cuantas sensaciones:
- dolor sordo y profundo en el hombro, que a menudo baja por la cara externa del brazo hasta el codo;
- una punzada brusca con un movimiento rápido y torpe: estirarse para alcanzar el cinturón, atrapar algo que cae;
- lo primero y lo más afectado es la rotación hacia fuera: pegue el codo al costado y separe el antebrazo, como si abriera una puerta;
- el hombro tampoco cede cuando lo mueve otra persona, y esa es la diferencia clave con las demás causas de dolor de hombro;
- una adaptación involuntaria: se levanta el brazo encogiendo todo el hombro y girando el tronco.
Lo que normalmente no hay: hinchazón, enrojecimiento, calor en la articulación, adormecimiento ni debilidad de la mano. Si aparecen, el cuadro cambia y hay que revisarlo.
Por qué se encoge la cápsula
La respuesta honesta es que muchas veces no se sabe: buena parte de los casos surge en personas sanas sin ningún desencadenante. Sí existen circunstancias que aumentan claramente la probabilidad.
- La diabetes es el factor más potente que se conoce: el hombro se congela varias veces más a menudo, evoluciona peor y más despacio, responde menos al tratamiento y con más frecuencia acaba afectando a los dos lados. Se atribuye a la forma en que el exceso de azúcar altera las proteínas del tejido conjuntivo.
- Las enfermedades del tiroides, sobre todo cuando funciona por debajo de lo normal.
- La inmovilidad forzada del brazo: tras una fractura, una cirugía de hombro o de tórax, un ictus, o por llevar mucho tiempo un cabestrillo. El hombro se queda rígido antes de que cure aquello por lo que se inmovilizó.
- La edad entre los cuarenta y los sesenta años; en niños y jóvenes es rarísimo.
- Es más frecuente en mujeres.
- La contractura de Dupuytren en la palma, la enfermedad de Parkinson y las cirugías cardíacas previas.
Un detalle que conviene saber de antemano: aproximadamente a una de cada cinco personas le acaba ocurriendo lo mismo en el otro hombro, casi siempre años después. Que vuelva en el mismo lado, en cambio, es raro.
Con qué se confunde
El dolor de hombro tiene una docena larga de causas, y equivocarse sale caro porque el tratamiento es distinto en cada caso.
- Lesión del manguito rotador: el error más habitual. También duele y también cuesta levantar el brazo, pero si el médico levanta el brazo relajado, sube sin resistencia. En la capsulitis no sube ni con fuerza propia ni con ayuda.
- Artrosis del hombro: produce una rigidez parecida, aunque suele darse en personas mayores y se acompaña de crujidos; la radiografía las distingue.
- Depósito de calcio en un tendón: provoca un dolor repentino e intensísimo durante unos días y se ve bien en la radiografía.
- El cuello. La hernia y la artrosis cervicales irradian al hombro y al omóplato, pero el movimiento del hombro está conservado y en cambio hay hormigueo y debilidad en la mano.
Aparte quedan las causas raras pero serias, que son la razón de fondo para enseñar el hombro a un médico: la infección de la articulación (hombro caliente, hinchado y con fiebre), un tumor del vértice del pulmón que comprime el plexo nervioso y se manifiesta precisamente como dolor de hombro, las metástasis óseas, y también el corazón y la vesícula biliar, cuyo dolor irradia al hombro sin limitar ningún movimiento.
Cómo se llega al diagnóstico
La base es la exploración, no la tecnología. El médico compara cuánto se mueve el brazo por sí solo y hasta dónde llega cuando lo mueve otra mano; la limitación de ambos tipos de movimiento, sobre todo de la rotación externa, con una radiografía normal, es el diagnóstico.
La radiografía no se pide para ver la capsulitis, que no aparece en la placa, sino para descartar artrosis, fractura, calcificación o tumor. La ecografía y la resonancia no hacen falta en todos los casos: se reservan para cuadros atípicos o para la valoración prequirúrgica. Conviene además comprobar la glucemia y la función tiroidea: a veces es el hombro congelado lo que lleva a descubrir una diabetes.
Qué ayuda de verdad
Conviene decirlo cuanto antes: no existe forma de descongelar el hombro deprisa, y quien prometa resultados en una semana está engañando. El tratamiento persigue dos objetivos: quitar el dolor ahora y evitar que se pierda más movilidad de la inevitable.
- Analgesia. Analgésicos sencillos y antiinflamatorios no esteroideos, estos últimos en pauta corta y con precaución si hay problemas de estómago, riñón o corazón. Conviene elegir el fármaco con el médico de cabecera o el farmacéutico, sobre todo si ya toma algo de forma continua.
- Infiltración de corticoide en la articulación. Su mayor rendimiento está en la primera fase, la dolorosa: quita el dolor durante semanas o meses y permite por fin hacer los ejercicios. Más adelante, cuando solo queda rigidez, aporta menos. Aviso importante para quien tiene diabetes: tras la infiltración la glucemia sube durante unos días, a veces bastante; es esperable, pero obliga a controlarse más a menudo.
- Distensión de la cápsula con líquido. Guiado por ecografía o radioscopia, se introduce en la articulación un volumen de suero con anestésico y antiinflamatorio, separando con suavidad la cápsula retraída desde dentro.
- Fisioterapia. No se trata de fortalecer músculo, sino de recuperar cada día un poco de recorrido. Funciona la constancia, no el esfuerzo: sesiones cortas varias veces al día rinden más que un entrenamiento agotador.
- El calor antes de los ejercicios relaja los tejidos; el frío después calma el hombro irritado.
- La cirugía se plantea cuando un año de tratamiento no ha movido nada y la rigidez impide vivir con normalidad: la cápsula se distiende bajo anestesia o se secciona por artroscopia. Los ejercicios se reanudan de inmediato, porque si no todo vuelve a encogerse.
Ejercicios para hacer en casa
No son difíciles, pero es mejor que alguien los enseñe la primera vez. La regla: estirar hasta notar tensión y una molestia leve que se apaga a los pocos minutos de acabar. Un dolor agudo que dura horas y no deja dormir significa que se ha ido demasiado lejos.
- Péndulo. Inclínese hacia delante apoyando la mano sana en una mesa y deje colgar el brazo afectado. Balancéelo adelante y atrás, a los lados y en círculos, no con los músculos del brazo, sino moviendo el tronco.
- Trepar por la pared. Camine con los dedos del brazo afectado pared arriba, marque hasta dónde ha llegado e intente un centímetro más la próxima vez.
- Toalla a la espalda. Pase una toalla por encima del hombro y tire del extremo inferior con la mano sana, ayudando a la afectada a subir por la espalda.
- Rotación externa. Pegue el codo al costado, doble el brazo en ángulo recto y lleve el antebrazo hacia fuera con ayuda de la otra mano o de un bastón. Es el movimiento más importante, porque es el primero que se pierde.
- Cruce por delante del pecho. Sujete el brazo afectado por el codo con la mano sana y llévelo con suavidad hacia el hombro contrario.
Lo que no conviene hacer: trabajar a través de un dolor fuerte, dar tirones bruscos, inventarse cargas en máquinas del gimnasio y, en el extremo contrario, proteger el hombro por completo y llevarlo en cabestrillo. El reposo absoluto es aquí el camino más directo a perder todavía más movimiento.
Cuándo no se puede esperar
Hay que acudir al médico el mismo día si:
- el hombro está hinchado y caliente, la piel enrojecida, hay fiebre o escalofríos;
- el dolor apareció de golpe tras una caída o un golpe, el hombro ha cambiado de forma o el brazo no se mueve en absoluto;
- aparecen adormecimiento, hormigueo o debilidad en la mano, o el brazo está frío o pálido;
- el dolor de hombro se acompaña de tos, falta de aire, pérdida de peso sin explicación, caída del párpado o sudoración en una sola mitad de la cara;
- ha recibido tratamiento por un cáncer y ha aparecido un dolor de hombro constante que despierta por la noche.
Llame a una ambulancia de inmediato (en los países europeos, al número único 112) si el dolor de hombro o de brazo llega junto con opresión, ardor o peso en el pecho, falta de aire, sudor frío o mareo. Así se manifiesta un infarto, sobre todo cuando irradia al hombro izquierdo o a los dos brazos, y aquí no se espera.
Consulta en línea
El hombro congelado es justo el tipo de problema en el que la consulta a distancia rinde mucho. El médico preguntará cómo empezó el dolor y qué ha dejado de poder hacer, pedirá que muestre ante la cámara unos cuantos movimientos —levantar el brazo hacia delante y hacia el lado, girar el antebrazo hacia fuera, llevar la mano a la espalda— y con eso ya distingue la retracción de la cápsula de una lesión de tendones o de un dolor que viene del cuello. Explicará en qué fase está y qué cabe esperar en los próximos meses, revisará qué tomar para el dolor teniendo en cuenta el resto de su medicación, enseñará los ejercicios y cómo repartirlos a lo largo del día, y valorará si tiene sentido una infiltración y en qué momento rinde más. Si vive con diabetes, conviene hablar aparte de la glucemia y de cómo prepararse para el procedimiento. Lo que no se resuelve en línea es lo que exige manos y pruebas de imagen: una lesión reciente, un hombro caliente e hinchado, la debilidad y el adormecimiento del brazo son motivo de exploración presencial, y el médico lo dirá con claridad.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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