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Hipotermia

Se llama hipotermia a la caída de la temperatura interna del cuerpo por debajo de 35 °C, cuando lo normal ronda los 37 °C.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

Se llama hipotermia a la caída de la temperatura interna del cuerpo por debajo de 35 °C, cuando lo normal ronda los 37 °C. No es «tener mucho frío», sino un estado en el que el organismo ya no compensa la pérdida de calor: los músculos, el corazón y el cerebro trabajan cada vez peor y la persona no sale de ahí sin ayuda. La ayuda que hace falta es médica, no casera. Se puede llegar a un enfriamiento peligroso sin heladas: bastan viento, ropa mojada y unas horas a ocho grados, y en agua fría el margen se mide en minutos.

Qué le hace el frío al cuerpo

Al principio el cuerpo se defiende: los vasos de la piel se estrechan para que la sangre no se enfríe en la superficie y aparece el temblor, la forma más rápida de producir calor con los músculos. En ese momento la persona está despierta pero torpe, las manos no obedecen y los dedos se ponen blancos.

Si el calor sigue escapándose, el combustible de los músculos se agota, el temblor pierde fuerza y después cesa por completo. Eso no significa que haya mejorado: un temblor que se detiene indica que la defensa se ha agotado y que la temperatura sigue bajando. El corazón se enlentece, la respiración se espacia, al cerebro le falta calor y oxígeno. Llegan la confusión y la indiferencia, y la persona deja de entender lo que ocurre: puede rechazar la ayuda, alejarse aún más de cualquier refugio y, en las fases profundas, incluso empezar a desnudarse, porque los vasos se dilatan un momento y siente calor. Por eso quien se está enfriando casi nunca consigue salvarse solo: la decisión tiene que tomarla quien esté a su lado.

Señales por las que se reconoce

  • un temblor intenso que no se puede frenar por voluntad;
  • piel pálida, fría y seca; labios, orejas y yemas de los dedos azulados o grisáceos, algo más visible en pieles oscuras en las palmas, las plantas y la cara interna de los labios;
  • habla lenta y arrastrada, con dificultad para encontrar las palabras;
  • torpeza: los dedos no pueden con una cremallera, unos cordones o unas llaves, y la marcha se vuelve insegura;
  • somnolencia, apatía, desinterés por todo, confusión;
  • respiración lenta y superficial, pulso débil y espaciado.

Un termómetro doméstico corriente no sirve para comprobarlo: está pensado para medir fiebre y sencillamente no muestra temperaturas bajas. Hay que guiarse por el aspecto y por cómo habla la persona, no por una cifra.

Cómo se ve en un bebé y en una persona mayor

En un niño de los primeros meses puede no haber temblor en absoluto: los bebés apenas saben temblar. El cuerpo está frío al tacto, sobre todo la espalda, la barriga y el cuello. El niño está inusualmente callado, flojo, mama mal o rechaza el pecho, y el llanto es débil. La piel, en cambio, puede tener un aspecto engañosamente sano, de un rosa intenso. Un bebé silencioso y «cómodo» al que cuesta despertar, en una habitación fría, es motivo de alarma y no de alivio.

En las personas mayores la hipotermia ocurre más a menudo dentro de su propia casa fría que en la calle, y se instala a lo largo de varios días. Puede no haber temblor y la persona no se queja del frío. Lo que nota la familia es otra cosa: se hace un lío al hablar, va más lenta, pasa el día sentada en el sillón, se olvida de comer, se cae más. Es fácil atribuirlo a la memoria o al cansancio cuando el problema es que la casa no se calienta. Si un familiar mayor vive solo y en una semana de frío se le nota raro al teléfono, conviene acercarse y tocarle las manos y el cuello.

Cuándo hay que llamar a una ambulancia

Se llama en cuanto surge la sospecha de hipotermia. No se espera a ver «si entra en calor»: sin medir la temperatura interna es imposible saber hasta dónde ha llegado el enfriamiento.

  • la persona tiembla y a la vez habla mal, se confunde o se queda dormida;
  • el temblor ha cesado y el estado no ha mejorado;
  • la piel está fría y los labios azules o grises;
  • alguien ha sido sacado del agua fría, aunque se mantenga en pie;
  • un niño está frío al tacto, decaído y no se despierta al oír una voz;
  • la respiración es lenta y superficial, o la persona está inconsciente.

El número único de emergencias en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania es el 112. No traslade a la persona conduciendo usted mismo: por el camino puede empeorar y no habrá nadie que la atienda. Si el traslado es inevitable, que conduzca otro. Reúna los medicamentos que toma y entrégueselos al equipo sanitario.

Qué hacer mientras llega la ayuda

  • lleve a la persona a un lugar caldeado o al menos a resguardo del viento;
  • quítele toda la ropa mojada, porque la tela húmeda roba calor mucho más deprisa que la seca; si desvestirla resulta difícil, córtela;
  • envuélvala en una manta, un saco de dormir, toallas secas o chaquetas, y cúbrale la cabeza sin falta: por ahí se va una parte considerable del calor;
  • coloque algo bajo la espalda: quien está tumbado en el suelo o sobre baldosas pierde calor más rápido que al aire;
  • déle su propio calor si no hay otra cosa: túmbese al lado bajo la misma manta;
  • ofrézcale una bebida caliente y azucarada y algo dulce de comer, pero solo si está plenamente consciente y traga sin dificultad;
  • háblele y no la deje sola hasta que llegue el equipo.

Hay que manejarla con delicadeza. Un corazón muy enfriado se vuelve extremadamente sensible: los movimientos bruscos, las sacudidas, intentar ponerla de pie o frotarla pueden desencadenar una arritmia. Muévala con suavidad y en posición horizontal, y no la obligue a caminar por su cuenta.

Si no responde, compruebe la respiración con calma y sin prisa, hasta un minuto: en la hipotermia profunda puede ser muy lenta y apenas perceptible. Si no encuentra signos de vida, inicie la reanimación cardiopulmonar y manténgala hasta que llegue el equipo. En el enfriamiento la reanimación se justifica durante más tiempo del habitual, y se conocen recuperaciones completas tras paradas prolongadas en el frío.

Qué no se debe hacer

  • no la meta en un baño caliente ni le eche agua caliente encima;
  • no le aplique una bolsa de agua caliente ni la caliente con una lámpara o un radiador pegado: la piel enfriada casi no siente dolor y la quemadura se produce sin que nadie lo advierta;
  • no le frote manos, pies ni orejas, ni con las palmas, ni con nieve, ni con alcohol;
  • no le dé alcohol de beber: dilata los vasos de la piel, acelera la pérdida de calor y borra la capacidad de valorar el propio estado;
  • no la haga moverse ni la mande a «dar unos pasos para entrar en calor»;
  • no deje sin vigilancia a quien parece haberse recuperado, ni permita que vuelva a salir al frío.

Todas estas prohibiciones apuntan a lo mismo: hay que calentar desde dentro y poco a poco. Calentar la superficie de golpe dilata los vasos de brazos y piernas, y la sangre fría que había en ellos regresa de una vez al corazón: la temperatura interna baja todavía más y la tensión arterial se desploma.

Qué se hace en el hospital

Lo primero es medir la temperatura interna con un termómetro adecuado y conectar la vigilancia del ritmo cardíaco, porque en las primeras horas la amenaza principal es precisamente el ritmo. Se administra oxígeno caliente y humidificado, se pone una vía con sueros templados y se cubre a la persona con una manta de aire caliente. Se comprueba el azúcar en sangre: con el agotamiento y el alcohol suele estar bajo, y sin corregirlo el recalentamiento avanza mal.

Al mismo tiempo se busca qué llevó a la hipotermia: una fractura tras una caída, una infección, un ictus, una intoxicación, una función tiroidea baja. En las personas mayores una temperatura baja resulta con frecuencia el primer signo de una infección grave y no solo la consecuencia del frío en casa.

En los casos graves el tratamiento continúa en cuidados intensivos; en los más extremos la sangre se calienta fuera del cuerpo haciéndola pasar por un aparato. Aparte se revisan manos, pies, nariz y orejas, donde pueden haber aparecido congelaciones que se tratan una vez estabilizado el estado general.

Por qué ocurre y cómo evitarlo

La hipotermia casi siempre se compone de varias circunstancias a la vez: frío más humedad, viento, cansancio, hambre o alcohol.

  • ropa ligera o empapada, calzado mojado, ir sin gorro; el viento se lleva el calor mucho más deprisa que un frío en calma;
  • caer al agua, o simplemente un baño largo: en el agua el cuerpo se enfría muchísimo más rápido que al aire a la misma temperatura;
  • el alcohol y las sustancias que embotan la conciencia, compañeros habituales de los casos graves: la persona no siente el frío y se queda dormida en la calle;
  • una vivienda fría, sobre todo en personas mayores que viven solas y en quienes ahorran en calefacción;
  • la edad: los bebés pierden calor deprisa por su gran superficie corporal, y los mayores por un temblor débil y una percepción del frío disminuida;
  • agotamiento, desnutrición, función tiroidea baja, diabetes avanzada, demencia, ictus;
  • medicamentos sedantes y algunos fármacos para trastornos psiquiátricos, que amortiguan la respuesta al frío;
  • una lesión o una enfermedad que deja a la persona mucho tiempo inmóvil sobre un suelo frío o sobre la tierra.

La protección se apoya en cosas sencillas. Vestirse por capas y no con una sola prenda gruesa: el aire atrapado entre capas abriga mejor que el tejido. La capa exterior debe frenar el viento y el agua. Llevar gorro y mantener secos pies y manos, con calcetines y guantes de repuesto en la mochila. Nada de alcohol con frío ni antes de salir a la intemperie. En una excursión o pescando, llevar bebida caliente, comida y un modo de pedir ayuda, y no hacer la ruta en solitario cuando hace frío. En casa, mantener las habitaciones a una temperatura agradable en lugar de vivir con jersey en un piso helado; en el cuarto del bebé, vigilar que no pase frío sin llegar a abrigarlo en exceso.

Y lo más eficaz de todo: en los días de frío, llamar a los familiares mayores que viven solos y a los vecinos, y pasarse por su casa. Es justo ahí donde la hipotermia avanza en silencio y sin testigos.

Consulta en línea

La consulta en línea no sustituye a una ambulancia cuando alguien ya se ha enfriado: en esa situación lo primero es marcar el 112. En cambio resulta útil después y también por adelantado. El médico repasa qué ocurrió y por qué, valora el estado tras el alta, explica cómo vigilar las zonas de piel dañadas por el frío y qué observar en los días siguientes. Aparte se puede hablar de cómo proteger del frío a un familiar mayor o a un niño, qué medicamentos de los que ya toma aumentan el riesgo y qué conviene llevar en el coche y en la mochila en los meses fríos.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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