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Medicamentos comúnmente prescritos para Hernia de hiato
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 mg pantoprazolPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Industria Quimica Y Farmaceutica Vir S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 40 mgPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 MGPrincipio activo: PantoprazolFabricante: Kern Pharma S.L.No requiere receta
El diafragma es el tabique muscular que separa el tórax del abdomen, y el esófago lo atraviesa por un orificio estrecho. Ese orificio está rodeado por unos haces musculares que funcionan como un lazo y que, junto con el esfínter del esófago, impiden que el contenido del estómago suba. Cuando el lazo se afloja, la parte alta del estómago asciende hacia el tórax: eso es la hernia de hiato. Se encuentra con muchísima frecuencia, sobre todo a partir de cierta edad, y en la mayoría de las personas no da señales. El problema no suele ser la hernia en sí, sino la válvula que ha dejado de cerrar.
Deslizante y paraesofágica: una distinción que importa
Bajo un mismo nombre conviven dos situaciones bastante distintas, y conviene no confundirlas.
La deslizante supone alrededor de nueve de cada diez casos. La unión entre el esófago y el estómago, junto con una pequeña porción del propio estómago, se desliza hacia arriba siguiendo el eje del esófago y vuelve a bajar cuando la persona se pone de pie. El ángulo con que el esófago desemboca en el estómago se endereza y la válvula cierra peor. De ahí todo el repertorio de molestias: ardor y reflujo.
La paraesofágica funciona de otro modo: la unión se queda donde está y, junto al esófago y por el mismo orificio, se asoma el fundus gástrico. Puede no haber ardor ninguno, pero la porción desplazada puede quedar atrapada o retorcerse. Son menos frecuentes, y son precisamente las que originan las urgencias. También existen las mixtas y las hernias grandes, en las que asciende una parte considerable del estómago.
Qué nota la persona
Una hernia deslizante pequeña suele descubrirse por casualidad, en una gastroscopia hecha por otro motivo o en una radiografía. Cuando hay molestias, dibujan un cuadro reconocible:
- ardor detrás del esternón, sobre todo entre media hora y una hora después de comer, al agacharse y al tumbarse;
- subida de contenido ácido o amargo a la garganta, a veces con restos de comida, especialmente de noche;
- eructos frecuentes, sensación de saciedad con raciones pequeñas, hinchazón en la parte alta del abdomen;
- dolor retroesternal que se confunde con facilidad con uno de origen cardíaco;
- sabor ácido al despertar, mal aliento, desgaste del esmalte de las muelas;
- tos seca nocturna, ronquera matutina, sensación de nudo en la garganta y crisis de ahogo parecidas al asma;
- la impresión de que la comida baja despacio y se detiene detrás del esternón.
La intensidad de las molestias y el tamaño de la hernia guardan poca relación entre sí. Alguien con una hernia grande puede no notar nada, mientras que una pequeña arruina el sueño durante años.
Cuándo hay que llamar a una ambulancia
Esta es la cara rara pero peligrosa del asunto, y casi nunca se menciona al hablar de «hernia de hiato». Si la porción desplazada del estómago queda atrapada en el orificio o se retuerce, deja de recibir sangre y el tiempo cuenta en horas. Llame a una ambulancia — en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112 — si aparecen:
- un dolor intenso y repentino en la parte alta del abdomen o detrás del esternón, que va a más y no cede;
- arcadas persistentes sin conseguir vomitar, o vómitos que no alivian;
- incapacidad de tragar ni siquiera la propia saliva;
- hinchazón brusca y tensión en la parte alta del abdomen;
- vómito con sangre o de aspecto oscuro, parecido a los posos del café;
- heces negras y pegajosas, como alquitrán;
- dolor fuerte en el pecho con falta de aire, sudor frío o irradiación al brazo, al cuello o a la mandíbula: aquí lo primero es descartar el corazón.
No conduzca usted mismo en ese estado. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma.
Señales que no admiten espera
Un ardor corriente puede manejarse por cuenta propia durante un tiempo, pero hay molestias tras las que no se busca una hernia, sino cosas más serias: un estrechamiento del esófago, úlceras profundas, un tumor. Pida cita con su médico de cabecera en los próximos días si:
- tragar cuesta cada vez más, primero lo sólido y después también lo líquido;
- tragar duele;
- pierde peso sin proponérselo;
- los vómitos se han vuelto constantes;
- en un análisis han aparecido anemia o falta de hierro sin explicación;
- el ardor aparece por primera vez en la edad adulta avanzada o cambia bruscamente de carácter;
- las molestias duran más de tres semanas pese a los productos de farmacia.
Merece mención aparte el esófago de Barrett. Muchos años de reflujo transforman el revestimiento de la parte baja del esófago, y sobre ese revestimiento transformado se desarrolla, en contadas ocasiones, un cáncer de esófago. El riesgo individual es bajo, y precisamente por eso un ardor prolongado no se deja sin valorar: se trata de decidir si hacen falta una gastroscopia y un seguimiento.
Lo que más alivio da
Devolver el estómago a su sitio con medidas caseras es imposible, pero frenar el reflujo sí lo es, y para una parte de las personas ahí termina todo el tratamiento.
- Bajar peso si sobra. De toda la lista es lo que más rinde: la grasa abdominal empuja desde abajo y desplaza el estómago hacia arriba. Unos pocos kilos ya cambian las cosas.
- Elevar la cabecera de la cama. Ponga tacos bajo las patas del lado de la cabeza, o una cuña bajo el colchón, para levantarla un palmo largo. Amontonar almohadas no sirve: dobla el cuerpo por la mitad y solo aumenta la presión abdominal.
- Cenar tres o cuatro horas antes de acostarse. El reflujo nocturno es el más dañino, porque el ácido permanece mucho tiempo en el esófago.
- Raciones más pequeñas y más repartidas. Un estómago lleno abre la válvula casi siempre.
- Ropa holgada. Un cinturón apretado o una faja actúan como una prensa.
- Dejar de fumar. La nicotina relaja el esfínter del esófago, y en quien fuma el ardor se resiste más.
- El alcohol, sobre todo por la noche. Relaja ese mismo esfínter e irrita la mucosa.
- Los desencadenantes propios. No existe una lista universal de alimentos prohibidos. Se suelen citar el café, el chocolate, la menta, lo picante, lo graso, los zumos ácidos y los refrescos con gas, pero cada persona tiene los suyos: sale más a cuenta anotar durante una semana que suprimirlo todo a ciegas.
- No tumbarse ni agacharse justo después de comer, y levantar peso con las piernas y no con el abdomen.
Conviene revisar también el botiquín. Los analgésicos del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos irritan la mucosa y agravan las molestias, y algunos fármacos para la tensión y la angina de pecho relajan el esfínter. No suspenda por su cuenta un tratamiento prescrito: eso se habla con el médico, que buscará una alternativa.
Los medicamentos y hasta dónde llegan
En la farmacia se dispensan sin receta dos grupos. Los antiácidos neutralizan el ácido ya segregado: actúan deprisa, pero poco rato. Los alginatos forman una capa densa sobre el contenido gástrico que estorba mecánicamente al reflujo, y encajan sobre todo después de las comidas y al acostarse. Unos y otros se toman un rato después de comer, que es cuando las molestias son más probables.
Son remedios para episodios sueltos, no para el uso continuo. Si no se puede pasar sin ellos a diario durante semanas, el planteamiento está mal y hace falta un médico: puede recetar fármacos que reducen la producción de ácido — inhibidores de la bomba de protones o antagonistas de los receptores H2 — en pautas que luego se revisan. Tomarlos años sin control no es inocuo y, además, tapa las señales de alarma.
En el embarazo no todo vale, así que cualquier medicamento debe consultarse con el médico o el farmacéutico. Consuela saber que el ardor del embarazo suele desaparecer poco después del parto.
Cómo se llega al diagnóstico
Lo habitual es que se vea en una gastroscopia: el médico observa el desplazamiento de la unión y, de paso, valora la mucosa — inflamación, erosiones, estrechamientos, epitelio alterado. La radiografía con contraste muestra la forma y el tamaño de la hernia y resulta especialmente útil en la variante paraesofágica. La manometría mide la presión dentro del esófago y el trabajo de su musculatura, y la medición de la acidez durante veinticuatro horas responde a si las molestias se deben realmente al reflujo. Rara vez se necesita todo: casi siempre bastan la conversación, la exploración y una o dos pruebas.
Cuándo se plantea la cirugía
La operación no es el primer paso, sino la salida para una minoría. Se vuelve a ella cuando los fármacos y los hábitos no bastan, cuando la persona no acepta medicarse durante décadas, cuando aparecen complicaciones como un estrechamiento del esófago o úlceras que sangran, y en las hernias paraesofágicas grandes con riesgo de atrapamiento.
Se hace por laparoscopia: unas pocas incisiones pequeñas en el abdomen, con anestesia general. El cirujano devuelve el estómago a la cavidad abdominal, cierra el orificio ensanchado del diafragma y construye con la parte alta del estómago un manguito alrededor del esófago que recupera la función de válvula.
Conviene saber de antemano: las primeras semanas la alimentación es blanda y la dieta habitual vuelve poco a poco. Durante un tiempo pueden molestar la dificultad para tragar, la hinchazón y la imposibilidad de eructar, cosas que en general se resuelven. En una parte de los operados las molestias regresan con los años y entonces se habla de una segunda intervención. Por eso la decisión se toma junto con el cirujano, pesando cuánto estorba realmente la enfermedad en el día a día.
Consulta en línea
En una consulta en línea el médico repasará con detalle cómo son sus molestias: cuándo aparece el ardor, si depende de las comidas y de la postura, si hay reflujo y tos nocturnos, qué ha probado ya y con qué resultado. Comprobará aparte las señales de alarma — dificultad para tragar, pérdida de peso, rastros de sangre, anemia — y preguntará qué medicamentos toma, porque algunos empeoran el reflujo. Al final quedará claro si basta con cambiar hábitos y ajustar un fármaco o si ya toca hacer una gastroscopia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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