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Una hernia es la salida de un contenido interno a través de un punto débil de la pared muscular que debería sujetarlo. Casi siempre se trata del abdomen y la ingle: por una brecha de la pared se escapa una capa de grasa y a veces un asa de intestino, y por fuera aparece un bulto blando. Conviene una aclaración: la misma palabra se usa para la protrusión de un disco de la columna, pero esa es otra historia y no se aborda aquí. Esta página trata de las hernias de la pared abdominal: por qué salen, qué puede ocurrir con ellas y cuándo no cabe esperar.
De dónde sale el punto débil
La pared del abdomen funciona como un corsé firme de músculos y láminas tendinosas que sostiene las vísceras en cualquier esfuerzo. Pero en ese corsé hay zonas de origen más finas: el conducto de la ingle por el que desciende el testículo en los niños, el anillo del ombligo por donde pasaba el cordón, el estrecho conducto crural bajo el ligamento inguinal. A eso se suma cualquier punto por donde se haya cortado la pared en una operación.
Hace falta después un segundo protagonista: la presión desde dentro. Sube con cada tos, cada esfuerzo defecatorio y cada peso levantado. Si esos episodios se repiten durante años, la zona débil se va estirando hasta que el contenido del abdomen se cuela por ella. Se entiende así la lista de lo que empuja hacia una hernia: tos crónica, sobre todo en fumadores; estreñimiento pertinaz; dificultad para orinar por una próstata aumentada; trabajo físico pesado; exceso de peso; embarazo; acumulación de líquido en el abdomen; y la edad, con la que los tejidos pierden resistencia. El tabaco actúa además de forma directa, empeorando la calidad del colágeno del que están hechas esas láminas. Cuenta también la calidad del tejido conjuntivo de nacimiento, y eso explica las hernias en personas jóvenes y delgadas que nunca levantaron nada.
Qué tipos hay y por dónde salen
- Inguinal: la más frecuente, sobre todo en varones. El bulto aparece en la ingle y a veces baja al escroto.
- Crural o femoral: por debajo del pliegue inguinal y más habitual en mujeres. Es poco frecuente, pero su conducto es estrecho y rígido, de modo que se estrangula más que ninguna otra. Por eso suele operarse sin demora.
- Umbilical: alrededor del ombligo. En los lactantes es casi lo normal, ya que el anillo se cierra solo en los primeros años de vida y no hay que tocarlo. En el adulto, en cambio, no se cierra nunca por sí misma.
- Incisional: en la zona de una cicatriz antigua del abdomen, donde la pared consolidó de forma frágil.
- Epigástrica: en la línea media, entre el ombligo y el esternón; suele ser pequeña y molesta.
- De Spiegel: rara, al lado del músculo recto; es traicionera porque se esconde entre las capas de la pared y puede no abultar por fuera.
- Hernia de hiato: caso aparte, ya que allí una parte del estómago sube al tórax, no hay ningún bulto visible y lo que molesta es el ardor.
Qué nota la persona
El cuadro clásico es un abultamiento blando que aparece al estar de pie, al toser o al hacer fuerza y desaparece al tumbarse. Muchos lo descubren en la ducha o al palparse por casualidad. Puede no doler en absoluto. Cuando duele, suele ser una molestia tirante que aumenta al final del día, tras muchas horas de pie o de trabajo duro; en las hernias pequeñas ocurre a menudo lo contrario, y duelen más que las grandes porque el contenido queda apretado en un orificio estrecho.
Con el tiempo el bulto casi siempre crece, aunque de forma irregular: puede mantenerse igual durante años y luego aumentar en un par de meses. Crecer no es en sí motivo de alarma, pero cambiar de comportamiento sí lo es: si deja de reducirse y sigue visible estando tumbado, conviene comentarlo con un médico sin esperar a que aparezca dolor.
Cuando cuentan las horas
El peligro principal de una hernia es que el tejido atrapado quede comprimido en el orificio estrecho. Se corta el riego, el tejido empieza a morir y, si lo comprimido es intestino, se añade una obstrucción intestinal. Ambas situaciones exigen cirugía inmediata.
Llame a una ambulancia (en Europa el número único es el 112) o acuda de inmediato a urgencias si:
- la hernia se ha vuelto de pronto muy dolorosa;
- el bulto está duro, no se reduce y sigue ahí al tumbarse;
- aparecen vómitos y el vientre se hincha;
- dejan de salir las heces y los gases;
- la piel sobre el bulto se enrojece o se oscurece;
- hay fiebre, el pulso se acelera y aparece una debilidad brusca.
Dos apuntes prácticos. Primero: no se debe reducir a la fuerza una hernia dura y dolorosa, porque así puede empujarse hacia el abdomen un asa ya dañada y el cirujano no la encontrará. Segundo: hasta la exploración es mejor no comer ni beber, ya que si la operación resulta necesaria eso ahorra tiempo.
La exploración y la decisión
El diagnóstico se hace en la inmensa mayoría de los casos con las manos. El médico explora la ingle y el abdomen de pie, no solo tumbado —tumbado, una hernia pequeña sencillamente desaparece—, y pide que se tosa: bajo los dedos se nota un impulso característico. La ecografía hace falta cuando no se ve bulto pero sí hay dolor inguinal, o cuando no está claro si la hernia es inguinal o crural. La tomografía sirve en las hernias incisionales y en las raras, para conocer el tamaño del defecto antes de intervenir.
Después se decide lo esencial: operar ahora u observar. Se sopesan varias cosas:
- el tipo de hernia: la crural se opera casi siempre y sin demora, mientras que la inguinal admite espera;
- qué contiene: si sale un asa de intestino el riesgo es mayor que con solo grasa;
- cuánto estorba: el dolor y las limitaciones pesan más que el tamaño;
- el estado general de salud, porque con enfermedades graves el riesgo de la anestesia puede superar al beneficio.
Observar es una opción legítima en una hernia inguinal pequeña e indolora, y a esa persona no se la abandona: se le explican los signos de estrangulación y se acuerda una revisión. Conviene tener claras dos cosas. En el adulto la hernia no se cierra sola y ningún ejercicio la cerrará. Y la faja o braguero que algunos llevan durante años no cura nada: solo sujeta el bulto, y con el uso prolongado puede irritar la piel y complicar la futura operación.
Cómo se repara
El sentido de la operación es único: devolver el contenido a su sitio y reforzar el punto débil de la pared. Se hace por dos vías. La cirugía abierta, con una incisión justo sobre la hernia, a menudo con anestesia local o raquídea. Y la laparoscópica, por varios orificios pequeños y con anestesia general; es técnicamente más exigente, pero se tolera mejor y resulta cómoda cuando hay hernias en ambos lados o cuando la hernia ha vuelto. En los adultos el defecto se cierra casi siempre con una malla, que asume la carga y reduce mucho la probabilidad de recidiva. En los niños no se coloca malla: basta con cerrar el conducto.
La mayoría de las personas vuelve a casa el mismo día o al siguiente. Caminar se permite enseguida; conducir, cuando se logra frenar de golpe sin dolor; al trabajo de oficina se vuelve en una o dos semanas y al pesado según lo acordado con el cirujano. Una molestia tirante moderada, la hinchazón y el amoratamiento junto a la herida durante las primeras semanas son normales.
Sobre los riesgos conviene preguntar de antemano, porque influyen en la decisión. La hernia puede reaparecer. Son posibles la acumulación de líquido bajo la piel, un hematoma y, con menos frecuencia, la infección de la herida. Aparte está el dolor inguinal crónico, que afecta a una parte de los operados y se debe a la irritación de los nervios; justamente por él no siempre se corre a operar una hernia inguinal sin síntomas.
Lo que depende de usted
Una hernia no se quita por cuenta propia, pero bajar la presión dentro del abdomen y evitar que crezca sí es posible, y además prepara para la operación si llega a hacer falta.
- Resuelva el estreñimiento: fibra, agua, movimiento y, si hace falta, laxantes suaves. Años de esfuerzo en el baño son una de las causas principales de que una hernia crezca.
- Trate la tos crónica y deje de fumar: actúa a la vez sobre la presión y sobre la resistencia de los tejidos.
- Si el chorro de orina es débil y hay que hacer fuerza, consulte con su médico de cabecera; la próstata tiene tratamiento y de paso se protege la pared abdominal.
- Baje de peso poco a poco. Las dietas bruscas no sirven, mientras que unos kilos menos alivian mucho a la pared del abdomen.
- Al levantar peso, doble las rodillas, mantenga la carga pegada al cuerpo y no aguante la respiración. No hace falta renunciar al esfuerzo: lo que importa es la técnica.
- Después de una cirugía abdominal respete los plazos de reposo indicados: buena parte de las hernias incisionales nace de volver demasiado pronto al trabajo pesado.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien qué es lo que hay y con qué urgencia. El médico preguntará cómo se comporta el bulto, si se reduce, qué pasa al toser y al esforzarse, pedirá verlo por la cámara y explicará si aquello se parece a una hernia o más bien a un ganglio aumentado, un lipoma o una separación de los rectos después del parto. Ahí mismo se valora si conviene operar ahora o se puede observar, cómo prepararse para la intervención, qué hacer con el dolor y la hinchazón posteriores y cuándo volver al deporte. Los signos de estrangulación de la lista anterior no se atienden por pantalla: con ellos se va directamente a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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