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Medicamentos comúnmente prescritos para Gonorrea
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 1 g/vial de polvoPrincipio activo: CeftriaxonaFabricante: Ldp Laboratorios Torlan S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 500 mg ceftriaxonaPrincipio activo: CeftriaxonaFabricante: Ldp Laboratorios Torlan S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 250 mgPrincipio activo: CeftriaxonaFabricante: Ldp Laboratorios Torlan S.A.Requiere receta
La gonorrea es una infección bacteriana de las mucosas que se transmite en las relaciones sexuales. Se instala en la uretra y el cuello del útero, en el recto, en la garganta y, rara vez, en el ojo. Se cura rápido y casi siempre sin dejar rastro, con una condición: que alguien la busque. Y ahí está la dificultad, porque normalmente no hay motivo para buscarla: la mayoría de las mujeres y buena parte de los hombres no notan absolutamente nada. Mientras la persona se cree sana, la bacteria asciende y tiene tiempo de causar daños que después no siempre se pueden deshacer.
Cómo se contagia y por qué pasa desapercibida
El gonococo no sobrevive fuera del cuerpo humano. No se transmite por toallas, piscinas, la taza del váter ni los cubiertos: esa preocupación se puede descartar de entrada. El contagio ocurre en el sexo vaginal, anal y oral, y también de los genitales al ojo a través de las manos. El bebé se contagia de la madre durante el parto, al pasar por el canal del parto.
No siempre hace falta penetración: basta con el contacto entre mucosas y el intercambio de secreciones. Los juguetes sexuales compartidos, si no se lavan ni se les cambia el preservativo, trasladan la infección de la misma manera.
Que no dé síntomas no es la excepción, sino lo habitual. La infección permanece especialmente silenciosa en la garganta y en el recto: allí casi nunca hay molestias. Por eso la gonorrea no se descubre por cómo se encuentra uno, sino por una prueba: bien porque la pareja se ha hecho un análisis, bien porque la persona decide comprobarlo por su cuenta.
Las señales, cuando aparecen
Suelen dar la cara a los pocos días o al cabo de una o dos semanas del contagio, y en algunas personas más tarde.
- escozor y dolor al orinar;
- en los hombres, secreción por la uretra, casi siempre espesa y de color amarillento o verdoso, con ganas frecuentes de orinar;
- en las mujeres, un flujo distinto al habitual, dolor sordo en la parte baja del abdomen, manchado de sangre entre reglas o después de las relaciones;
- dolor e hinchazón de un lado del escroto: así se manifiesta la inflamación del epidídimo;
- picor, dolor, moco o sangre al defecar, si está afectado el recto;
- carraspera y dolor de garganta, a veces con los ganglios del cuello aumentados;
- ojo rojo, párpados hinchados y secreción purulenta abundante.
Ninguna de estas señales pertenece en exclusiva a la gonorrea. Igual se presentan la clamidia, la tricomoniasis y las uretritis de otro origen, y el tratamiento de cada una es distinto. Por eso no conviene tomar un antibiótico por cuenta propia guiándose por los síntomas: la mitad de esos intentos yerran el blanco y la otra mitad enturbian el cuadro hasta el punto de que después ni el laboratorio encuentra la infección.
Cómo se hace la prueba
El método principal detecta el ADN del germen en una muestra de la mucosa. En los hombres se recoge la primera parte de la orina; en las mujeres, una toma vaginal que ellas mismas pueden hacerse sin que la fiabilidad se resienta. Si ha habido relaciones anales u orales, se toma además muestra del recto y de la garganta: el análisis de orina no cubre esas localizaciones y allí la infección seguiría escondida.
Hacerse la prueba justo después de una relación de riesgo sirve de poco, porque todavía hay pocas bacterias. Lo razonable es esperar unas dos semanas, y acudir de inmediato si aparecen molestias. Junto con la gonorrea vale la pena descartar clamidia, sífilis y VIH: van acompañadas más veces de las que van solas.
Motivos para analizarse aunque no moleste nada: sexo sin preservativo con una pareja nueva, la noticia de que a la pareja le han detectado una infección, el deseo de embarazo y el embarazo mismo, y una revisión anual cuando hay cambios de pareja.
El tratamiento y por qué no acaba con una pastilla
La gonorrea se trata con un antibiótico y en la mayoría de los casos basta con una única administración por vía intramuscular. La pauta la elige el médico: la lista de antibióticos que siguen funcionando se ha reducido bastante en los últimos años y lo que servía hace una década hoy ya no sirve en muchas regiones.
Merece la pena detenerse en las resistencias, porque son el rasgo distintivo de esta infección. El gonococo ha ido esquivando una familia de antibióticos tras otra y ya se han descrito cepas frente a las que apenas queda arsenal. De ahí dos consecuencias prácticas. La primera: automedicarse con los restos de una caja del botiquín es contribuir directamente al problema. La segunda: después del tratamiento hace falta una prueba de control, normalmente a las dos semanas, y resulta especialmente importante si la infección estaba en la garganta, de donde cuesta más eliminarla.
Durante el tratamiento se aparcan las relaciones, tanto usted como su pareja, hasta que ambos hayan terminado la pauta y haya pasado como mínimo una semana. De lo contrario los dos se van pasando la infección en círculo, cada uno convencido de que se ha contagiado fuera.
Qué ocurre si no se trata
Sola no se va. La infección asciende por el aparato genital y entonces empieza aquello por lo que de verdad merece la pena hacerse la prueba.
- En las mujeres, inflamación del útero, las trompas y los ovarios. Puede cursar de forma discreta, pero deja adherencias en las trompas, y eso significa esterilidad de origen tubárico y más riesgo de embarazo ectópico. El dolor pélvico crónico procede del mismo sitio.
- En los hombres, inflamación del epidídimo y de la próstata y, con menos frecuencia, estrechez de la uretra.
- En cualquiera, una forma poco frecuente pero grave: el gonococo pasa a la sangre. Aparece entonces fiebre, unas pocas pústulas o manchas en la piel de manos y pies, e inflamación de los tendones y de una o dos articulaciones grandes. Esa articulación caliente e hinchada se confunde con facilidad con otras cosas y su tratamiento ya es hospitalario.
- La infección ocular en el adulto avanza deprisa y puede dañar la córnea en pocos días.
El embarazo merece párrafo aparte. Una gonorrea sin tratar aumenta el riesgo de parto prematuro y de bajo peso al nacer, y en el parto pasa al bebé. En el recién nacido se manifiesta como una conjuntivitis purulenta en los primeros días de vida y, sin tratamiento, conduce a la ceguera. Por eso durante el embarazo se busca la infección y se trata con antelación, y un ojo enrojecido con pus en un lactante obliga a acudir al médico de inmediato, sin esperar a la mañana siguiente.
Las parejas
Tratar solo a una persona casi nunca resuelve el asunto. Deben analizarse y tratarse todas las parejas sexuales de los últimos meses, incluidas las que no notan nada: suelen ser precisamente ellas el origen.
Es una conversación incómoda y mucha gente la va posponiendo. Conviene saber que las consultas suelen echar una mano: sugieren cómo plantearla y en algunos sitios pueden avisar ellas mismas a la pareja sin dar su nombre. Nadie está obligado a dar explicaciones a todo el mundo, pero avisar sí tiene sentido: una frase puede ahorrarle a otra persona una esterilidad dentro de cinco años.
Qué reduce el riesgo
- Preservativo en el sexo vaginal y anal; en el oral, preservativo o una lámina de látex. La protección no es absoluta, pero reduce varias veces la probabilidad de contagio.
- Revisiones periódicas cuando hay cambios de pareja: una vez al año, y más a menudo si los cambios son frecuentes. En los hombres que tienen sexo con hombres, la revisión incluye garganta y recto.
- No compartir juguetes sexuales sin limpiarlos y ponerles un preservativo nuevo.
- Completar el tratamiento, el suyo y el de la pareja, y hacerse la prueba de control.
Haber pasado la gonorrea no deja ninguna protección: uno puede volver a contagiarse tantas veces como se exponga, incluso un mes después de haberse curado. Hay datos de que la vacuna frente al meningococo del grupo B reduce en parte el riesgo de infección por gonococo, y algunos países la ofrecen a personas con riesgo alto; si esa posibilidad existe en su caso es algo que se decide con el médico de cabecera.
Consulta en línea
A distancia se da con comodidad el primer paso, ese que tanta gente aplaza por vergüenza. El médico repasa si hubo riesgo y de qué tipo, indica a partir de cuántos días la prueba será fiable y qué localizaciones conviene estudiar: solo la orina o también garganta y recto. Con el resultado ya en la mano, en línea se puede comentar qué significa, cómo plantear la conversación con la pareja, cuándo hacerse el control y por qué no se interrumpe una pauta a mitad. Recetar un antibiótico sin ver el resultado de la prueba no está en la mano del médico, y es lo correcto. Y con fiebre alta acompañada de erupción y una articulación hinchada, con dolor intenso en el escroto o con un ojo con pus, no se espera a ninguna consulta: se busca atención el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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