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Medicamentos comúnmente prescritos para Giardiasis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 125 mg metronidazol benzoatoPrincipio activo: MetronidazolFabricante: Laboratorios Fidia Farmaceutica S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 250 mgPrincipio activo: MetronidazolFabricante: Laboratorios Fidia Farmaceutica S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 5 mg/mlPrincipio activo: MetronidazolFabricante: Laboratorios Serra Pamies S.A.Requiere receta
La giardia es un parásito de una sola célula que se instala en el intestino delgado y le impide absorber las grasas y los azúcares. La enfermedad que provoca no es aparatosa, pero sí tozuda: deposiciones líquidas de olor penetrante, una hinchazón que tensa el abdomen, eructos que hacen que uno mismo se aparte al hablar y unos kilos que se pierden sin darse cuenta. El tratamiento dura pocos días; lo que se alarga son las dudas posteriores, y la principal es por qué el vientre tarda tanto en calmarse. A eso dedicamos más abajo un apartado entero.
Cómo llega la giardia al intestino
El parásito sale al exterior con las heces de una persona o un animal infectados en forma de quistes, unas cápsulas resistentes que sobreviven semanas en agua fría. La cloración habitual apenas las destruye, de modo que el agua del grifo en países con abastecimiento poco fiable y el agua de las piscinas son fuentes reales, no teóricas. El contagio ocurre así:
- al beber de un arroyo, un pozo o un manantial y, de viaje, del grifo o con hielo en el vaso;
- al bañarse en un lago, un río o una piscina y tragar unos sorbos;
- al comer verduras, hierbas o frutos rojos lavados con esa agua, o un plato preparado por alguien que no se lavó las manos después de ir al baño;
- al convivir con un enfermo: toalla compartida, orinal, manillas de las puertas, guardería y escuela infantil;
- en relaciones sexuales con contacto oral o anal.
La dosis infectante es minúscula, bastan una decena de quistes, y por eso la infección circula con tanta facilidad dentro de una casa o de un aula. Un perro, un ternero o un castor pueden ser fuente en teoría, pero la persona suele contagiarse de otra persona y del agua, así que buscar al culpable entre las mascotas rara vez lleva a ninguna parte.
Qué nota la persona
Entre el contagio y las primeras molestias pasan una o dos semanas. Después aparece:
- diarrea frecuente de olor agrio muy marcado, a menudo grasienta y difícil de arrastrar con el agua;
- distensión y ruidos abdominales, con dolor en forma de retortijón en la parte alta del vientre;
- eructos con olor a huevo podrido, un detalle que los pacientes describen casi con las mismas palabras;
- náuseas, rechazo a la comida grasa, pérdida del apetito;
- adelgazamiento y cansancio cuando el cuadro se prolonga más de unos días.
Importa igual lo que la giardiasis no hace. La sangre y el moco en las heces, la fiebre alta y las ganas continuas e improductivas de defecar no son su letra: ante esas molestias el médico buscará otra causa. Hay además una particularidad incómoda: una persona infectada puede no notar absolutamente nada y seguir eliminando quistes durante meses. Así es como la infección se mantiene en familias y guarderías.
En los niños suele alargarse más. Lo que preocupa aquí no es la diarrea en sí, sino la curva de peso y de talla que se detiene: un intestino ocupado por el parásito no le entrega al niño lo que come.
Cuándo consultar sin dejarlo para más adelante
Conviene que le vean el mismo día si:
- la diarrea pasa de una semana o reaparece justo cuando parecía superada;
- hay signos de deshidratación: orina escasa y oscura, boca seca, mareo al ponerse de pie; en el niño, llanto sin lágrimas, fontanela hundida, somnolencia inhabitual;
- aparece sangre en las heces, las deposiciones se vuelven negras, sube la fiebre o el dolor abdominal es intenso y constante;
- el peso baja de forma clara o el niño ha dejado de crecer;
- está embarazada, toma fármacos que reducen las defensas o está en tratamiento oncológico.
La ambulancia, en Europa a través del número único 112, se reserva para otra cosa: cuando no se logra despertar a la persona o está confusa, cuando no retiene ni un sorbo de agua por vómitos incesantes, o cuando el abdomen se pone duro como una tabla y duele de forma insoportable. El resto es trabajo de una consulta normal, y llamar a emergencias por ello no solo es inútil: retrasa el tratamiento que sí hace falta.
Cómo se confirma el diagnóstico
Se estudian las heces. Los quistes se eliminan a rachas, de manera irregular, así que un resultado negativo aislado no descarta nada: lo habitual es entregar dos o tres muestras en días distintos. Más fiables que la microscopía clásica son las pruebas que buscan el antígeno del parásito o su material genético en las heces; si están disponibles, se empieza por ahí.
Merece un párrafo aparte lo que no sirve. El análisis de sangre con anticuerpos frente a la giardia, que algunos laboratorios privados ofrecen de buena gana, no permite hacer el diagnóstico: los anticuerpos persisten mucho después de una infección ya curada y no aparecen en todos los que la tienen ahora. Los tratamientos indicados a partir de ese único resultado son la terapia inútil más repetida en esta enfermedad.
Si las molestias persisten y los análisis de heces siguen saliendo negativos, el médico puede plantear una endoscopia con toma de contenido duodenal o un tratamiento de prueba, pero esa decisión se toma en consulta y no por cuenta propia.
Con qué se trata
La giardia no es una bacteria y los antibióticos habituales no la tocan. Se emplean antiparasitarios con receta, casi siempre del grupo de los nitroimidazoles, y existen alternativas para quien no mejora con el primero o lo tolera mal. La pauta es corta, de unos pocos días.
Conviene saber de antemano que:
- el sabor metálico en la boca, las náuseas y el dolor de cabeza acompañan con frecuencia al tratamiento y desaparecen al terminarlo;
- el alcohol no se mezcla con los nitroimidazoles: la reacción puede ser fuerte, y hay que abstenerse también unos días después de la última toma;
- en el embarazo, la elección del fármaco y el momento de empezar los decide el médico; a veces un cuadro leve se maneja esperando;
- a los convivientes se les estudia y se les trata si tienen síntomas; cuando la infección da vueltas dentro de la casa, se trata también a quien no nota nada.
Una parte de los pacientes no se cura con la primera tanda: entonces se repite, se cambia de fármaco o se combinan dos. Es un curso previsto de los acontecimientos, no la señal de algo grave.
Por qué el vientre no se calma enseguida
La diarrea puede continuar cuando el parásito ya no está, y casi siempre hay explicación.
- Intolerancia a la leche. La giardia daña las vellosidades del intestino delgado y la enzima que rompe el azúcar de la leche tarda semanas, a veces meses, en recuperarse. Durante ese tiempo la leche por sí sola hincha y suelta el vientre. Basta retirarla de forma temporal y reintroducirla poco a poco; los quesos curados y los fermentados suelen tolerarse bien.
- Intestino irritable posinfeccioso. Las deposiciones son irregulares y el abdomen molesta aunque los análisis estén limpios. Se va con el tiempo.
- Reinfección. Si la fuente es el agua de casa o un conviviente sin tratar, todo vuelve en unas semanas.
- Resistencia del parásito al primer fármaco. Se resuelve cambiando la pauta.
Y hay una causa que conviene nombrar sin rodeos, aunque sea infrecuente. Una giardiasis que reaparece una y otra vez, o que no cede tras dos tandas seguidas, puede ser el primer signo visible de una falta de anticuerpos: déficit selectivo de IgA o inmunodeficiencia común variable. En un niño que además no gana peso se buscan otras causas de mala absorción, entre ellas la celiaquía y la fibrosis quística. Por eso, ante una giardiasis obstinada, lo sensato no es buscar una pastilla más potente, sino ampliar el estudio.
Qué hacer en casa y cómo no contagiar al resto
El tratamiento casero fundamental es beber. Poca cantidad y a menudo; en la farmacia venden sobres para preparar suero de rehidratación, más útiles que el agua sola cuando la diarrea es frecuente. La referencia es sencilla: la orina debe verse clara. La comida, la de siempre, según el apetito, sin grasas y sin prisa. Al lactante se le sigue dando pecho o biberón con normalidad.
Para que la infección no dé la vuelta a la casa:
- lávese las manos con agua y jabón después del baño y antes de comer; el gel de alcohol no destruye los quistes y aquí no sirve de sustituto;
- use una toalla propia y lave la ropa de cama con agua caliente;
- limpie el pulsador de la cisterna, los grifos, las manillas y la tapa del inodoro;
- mientras haya diarrea, no cocine para los demás;
- quédese en casa y no lleve al niño a la guardería hasta que pasen dos días desde la última deposición líquida;
- no vuelva a la piscina hasta dos semanas después de encontrarse bien: los quistes se siguen eliminando cuando los síntomas ya han pasado;
- de viaje, beba agua embotellada o hervida, rechace el hielo y pele usted mismo la fruta.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien dos cosas. La primera, si merece la pena buscar la giardia: el médico repasará el aspecto de las deposiciones, qué ha comido y bebido en las últimas semanas, dónde ha viajado y quién más está enfermo en casa, y le dirá qué análisis de heces tienen sentido y en cuáles gastaría el dinero en balde. La segunda, qué hacer con un vientre que no se ha calmado después del tratamiento, que es justo donde más medicación innecesaria se acumula en lugar de aclarar la causa. También es un buen momento para interpretar análisis ya hechos si los tiene a mano. Los signos de deshidratación en un niño y el dolor abdominal intenso y sostenido no se valoran a través de una pantalla: eso exige una exploración presencial.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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