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Medicamentos comúnmente prescritos para Gastritis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 500 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Reiwa Healthcare S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 500 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Ldp Laboratorios Torlan S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 2.500,0 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Laboratorio Reig Jofre, S.A.Requiere receta
Por dentro, el estómago está recubierto por una mucosa que pasa el día entero bañada en un ácido capaz de disolver un trozo de carne. Lo aguanta gracias a una capa de moco, al bicarbonato y a una renovación celular rapidísima. La gastritis aparece cuando esa defensa deja de dar abasto y el revestimiento se inflama. Detrás de una sola palabra caben historias muy distintas: en una persona son unos días tras una tanda de analgésicos, en otra una infección de años que se elimina en un par de semanas de tratamiento, y en una tercera una transformación lenta de la mucosa que se vigila durante mucho tiempo. Por eso la pregunta clave no es «qué tomo para el estómago», sino «qué se lo está dañando».
Cómo avisa el estómago
Las molestias de la gastritis son poco llamativas y se achacan con facilidad a la cena de la víspera. Lo habitual es:
- dolor sordo o quemante en la boca del estómago, unas veces en ayunas y otras justo después de comer;
- sensación de estar lleno cuando aún queda media ración en el plato;
- hinchazón, eructos y ruidos abdominales;
- náuseas y, de vez en cuando, vómitos;
- pérdida de apetito y rechazo a la comida grasa;
- mal sabor de boca y mal aliento.
Por estas sensaciones no se puede deducir lo que ocurre dentro: la intensidad de las molestias y la de la inflamación coinciden mal. Quien tiene un dolor importante puede presentar una mucosa casi limpia, y a quien no nota nada se le encuentran a veces lesiones profundas en la endoscopia. Ocurre sobre todo con el daño por analgésicos, que a menudo cursa sin ningún síntoma y se descubre ya como una hemorragia. De ahí que uno no deba diagnosticarse por lo que siente y, menos aún, tranquilizarse por ello.
Cuándo hace falta una ambulancia y cuándo el médico esta semana
Pida una ambulancia de inmediato si aparece aunque sea uno de estos signos:
- vómito con sangre roja brillante o con un contenido oscuro parecido a posos de café;
- heces negras, pegajosas y de olor muy fuerte;
- dolor abdominal intenso y repentino que impide enderezarse, con el vientre duro;
- debilidad marcada, sudor frío, desmayo o pulso acelerado junto al dolor de estómago.
Así se manifiestan la hemorragia digestiva y la perforación, complicaciones en las que el tiempo cuenta por horas. No conduzca usted mismo ni espere a la mañana siguiente: pida que le lleven o llame a una ambulancia; en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona para ello el número único europeo 112. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma, porque eso dirá al médico más que un relato largo.
Conviene pedir cita en los próximos días si el dolor o la pesadez duran más de una semana, vuelven una y otra vez o tiene que acallarlos continuamente con productos de farmacia sin receta. Tampoco lo demore si se han sumado pérdida de peso sin dieta, dificultad para tragar, vómitos repetidos o una palidez creciente con fatiga al esfuerzo: esas combinaciones se estudian antes que el resto.
De dónde sale la inflamación
Las causas son pocas y están bien estudiadas. La más frecuente es la bacteria Helicobacter pylori. Vive en el moco que cubre la superficie del estómago, neutraliza el ácido a su alrededor y mantiene durante años una inflamación de baja intensidad. El contagio suele producirse en la infancia, dentro de la familia, por la vajilla compartida y el contacto cotidiano; ser portador es muy común y en la mayoría de las personas no se traduce en nada.
La segunda causa en frecuencia son los antiinflamatorios analgésicos: ibuprofeno, diclofenaco, naproxeno, ketorolaco y aspirina. Reducen la producción de las sustancias que sostienen la capa protectora de moco, y lo hacen en todo el organismo, de modo que un supositorio o una inyección no resultan más seguros que un comprimido. El riesgo es mayor con el uso prolongado, en personas mayores, cuando se combinan varios de estos fármacos o se toman junto con corticoides o anticoagulantes.
Vienen después el alcohol, sobre todo el de alta graduación y en ayunas, y el tabaco, que empeora la circulación en la pared gástrica. Capítulo aparte es el organismo en situación crítica: una cirugía mayor, una quemadura extensa, una sepsis o un shock, cuando la mucosa sufre por falta de riego.
Menos habitual es la gastritis autoinmune, en la que el sistema inmunitario ataca por error las propias glándulas del estómago. Avanza durante años casi sin molestias digestivas, pero va privando al organismo de vitamina B12 y de hierro. La persona acude por cansancio, falta de aire, hormigueo en los dedos e inestabilidad al andar, y el origen resulta estar en el estómago. Conviene tener presente esta forma si ya se padece otra enfermedad autoinmune, por ejemplo del tiroides o una diabetes tipo 1.
Cómo se busca la causa
El estudio empieza por buscar el Helicobacter, porque de ese resultado depende todo el tratamiento. Se emplea la prueba del aliento con urea, el antígeno de la bacteria en heces o la biopsia tomada durante la endoscopia. El análisis de sangre con anticuerpos sirve peor: sigue saliendo positivo mucho después de que la infección haya desaparecido.
Las pruebas exigen preparación, o el resultado será un falso negativo. Los fármacos que reducen la acidez se suspenden unas dos semanas antes, y los antibióticos y las sales de bismuto, alrededor de cuatro. Los plazos exactos los indicará el médico que solicita la prueba. Suele añadirse un hemograma para no pasar por alto una pérdida de sangre oculta, junto con los parámetros del hierro.
La endoscopia no se hace a todo el mundo. Se indica cuando las molestias son tenaces, cuando el tratamiento no ha funcionado, ante los signos de alarma citados arriba o si los síntomas aparecen por primera vez en una persona de cierta edad. El médico ve la mucosa con sus propios ojos y toma fragmentos de tejido: solo así se distingue una inflamación superficial de una atrofia y se comprueba que no haya nada más grave.
Con qué se trata
El tratamiento se organiza alrededor de la causa encontrada, no alrededor de la palabra que figura en un informe.
- Si aparece el Helicobacter, se pauta la erradicación: dos o tres antibióticos junto con un fármaco que suprime el ácido, durante unas dos semanas. La pauta la elige el médico según las resistencias de la bacteria en la zona y los antibióticos que usted haya tomado antes. Es importante terminar el ciclo entero y, un mes después, comprobar que la infección se ha ido.
- La acidez se reduce con inhibidores de la bomba de protones y, con menos frecuencia, con antagonistas de los receptores de histamina. No eliminan la causa, pero dan a la mucosa la ocasión de cicatrizar.
- Los antiácidos y alginatos actúan rápido y poco tiempo: los primeros neutralizan el ácido, los segundos forman una película sobre el contenido del estómago. Sirven para un apuro puntual, no para tapar los síntomas durante meses.
- Si la culpa es de los analgésicos, hable con su médico de cabecera sobre sustituirlos o bajar la dosis. Cuando no se pueden retirar —por ejemplo, una aspirina indicada para proteger el corazón—, se mantienen pero se añade protección gástrica. Decidirlo por cuenta propia es peligroso en ambos sentidos.
- Si el origen es el alcohol, ninguna pastilla funcionará mientras se siga bebiendo.
No existe una dieta que cure la gastritis por sí sola, y los regímenes restrictivos rígidos no han demostrado su valor. Tiene sentido retirar aquello que a usted concretamente le provoca dolor, y no castigarse durante años con purés.
Lo que depende de las costumbres diarias
Coma poca cantidad y más veces, y termine la última comida unas tres horas antes de acostarse; si por la noche nota ardor en el pecho, eleve la cabecera de la cama. Recorte el café, el té cargado, los refrescos de cola y las bebidas energéticas, sobre todo en ayunas, y retire del todo las bebidas de alta graduación al menos mientras dure el tratamiento. Dejar de fumar cuesta, pero es justamente el tabaco lo que más retrasa la cicatrización. Bajar el exceso de peso reduce la presión sobre el estómago y el reflujo hacia el esófago. Y no olvide que un analgésico comprado sin receta para un dolor de cabeza también es un medicamento que le pasa factura al estómago.
Qué riesgos tiene dejarla correr
Una gastritis desatendida no siempre se queda en algo inocuo. Su continuación más frecuente es la úlcera de estómago o de duodeno, y de ahí hay poco trecho hasta la hemorragia y la perforación. Con una inflamación de muchos años la mucosa puede adelgazarse y sustituirse por un tejido parecido al del intestino; ese cuadro se llama gastritis atrófica con metaplasia y eleva de forma apreciable el riesgo de cáncer gástrico. No hay que alarmarse: ese camino dura décadas, y a quienes presentan esos cambios se les programan endoscopias periódicas precisamente para detectar el problema al principio.
Hay además un desenlace poco común pero importante: la infección prolongada por Helicobacter llega a poner en marcha un tumor particular del tejido linfoide del estómago. Su rasgo distintivo es que, en fase inicial, puede desaparecer con la simple erradicación de la bacteria, sin quimioterapia. Otro escenario es la forma autoinmune con déficit de vitamina B12: si no se repone, los cambios neurológicos acaban siendo irreversibles. Todo ello son razones para aclarar la causa una vez y no pasarse años viviendo a base de antiácidos.
Consulta en línea
La consulta a distancia cubre buena parte del recorrido cuando el problema es gástrico. El médico preguntará cuándo duele y con qué se relaciona, repasará su botiquín y encontrará en él los fármacos que hayan podido desencadenarlo, explicará si necesita una endoscopia o basta con empezar por la prueba del aliento, y le indicará los análisis pertinentes. Otra utilidad es descifrar informes ya hechos: expresiones como «gastropatía eritematosa» o «atrofia focal» suenan alarmantes y designan realidades de peso muy distinto. En línea resulta cómodo llevar también el tratamiento: revisar la pauta de erradicación, decidir qué hacer con los efectos adversos de los antibióticos, cuándo comprobar el resultado y durante cuánto tiempo seguir con el fármaco antiácido. Lo único que no cabe en este formato es intentar dejar pasar los signos de alarma. El vómito con sangre, las heces negras y el dolor abdominal brusco e intenso no se comentan por mensajes, sino con una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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