Fiebre del heno
El nombre engaña por partida doble: ni hay heno de por medio ni aparece fiebre. Se trata de la alergia al polen, que llega cada año por las mismas fechas, no…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Fiebre del heno
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mgPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Uxa Farma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCION/SUSPENSION GOTAS ORALES, 10 mg cetirizina dihidrocloruro/ mlPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Ucb Pharma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mg Cetirizina dihidrocloruro / comprimidoPrincipio activo: CetirizinaFabricante: Kern Pharma S.L.Requiere receta
El nombre engaña por partida doble: ni hay heno de por medio ni aparece fiebre. Se trata de la alergia al polen, que llega cada año por las mismas fechas, no dura dos días sino un mes o más y se sufre bastante más de lo que parece desde fuera. Quien la padece duerme peor, rinde a media máquina durante toda la temporada y llega agotado a la tarde, mientras los demás solo ven a alguien que estornuda. Además rara vez viene sola: en una parte de los pacientes arrastra consigo el asma, y detectarlo a tiempo importa más que cualquier otra cosa de esta página.
En qué se distingue de un resfriado
La señal más fiable es el picor. Pican los ojos, el paladar, los conductos auditivos y la punta de la nariz; un resfriado no hace eso. A partir de ahí el cuadro se reconoce sin dificultad:
- estornudos no sueltos, sino en tandas de cinco o diez seguidos, sobre todo al levantarse;
- secreción abundante y transparente y, al mismo tiempo, una nariz que no deja respirar;
- ojos rojos y llorosos, con los párpados hinchados al caer la tarde;
- pérdida del olfato y sabores apagados;
- presión en la frente y en los pómulos, con dolor de cabeza al final del día;
- un cansancio pesado que no guarda relación con el esfuerzo hecho.
Lo que la alergia no produce: fiebre, escalofríos, dolor muscular ni mocos espesos y purulentos. Un resfriado se resuelve en una semana o diez días; esto se prolonga semanas y vuelve al año siguiente casi por las mismas fechas. Empeora al aire libre y con tiempo seco y ventoso, y afloja cuando llueve o al entrar en casa. En los niños hay dos detalles que se ven desde fuera: el gesto repetido de frotarse la nariz con la palma hacia arriba y unas ojeras oscuras que no vienen de dormir poco.
Por qué vuelve siempre en las mismas semanas
El polen llega por oleadas, y el momento del año en que aparecen los síntomas suele delatar al culpable.
- Árboles, la oleada más temprana: avellano y aliso, después el abedul en el norte, y en la península ibérica sobre todo el ciprés y el olivo, que pueden adelantar la temporada al final del invierno.
- Gramíneas, entre finales de primavera y comienzos del verano. Es la causa más frecuente de alergia respiratoria en España y la que libera más cantidad de polen.
- Malezas, en la segunda mitad del verano y en otoño: artemisa, ambrosía y, en el área mediterránea, la parietaria, que puede polinizar casi todo el año.
Las fechas exactas cambian de una región a otra y de un año a otro según el clima, así que conviene mirar los recuentos locales de polen y no un calendario genérico de internet. Una costumbre muy útil: apuntar durante dos temporadas cuándo empezaron los síntomas y cuándo remitieron. Esa nota vale más para el médico que la descripción más detallada de las molestias.
Capítulo aparte merece la reacción con ciertos alimentos. Las proteínas del polen se parecen a las de algunas frutas y el organismo las confunde. Con alergia al abedul, una manzana, una pera, una cereza, la zanahoria, los frutos secos o el kiwi crudos producen picor en la boca y carraspera. Suele pasarse en unos minutos y no entraña peligro, y esos mismos alimentos cocinados se toleran bien. Ahora bien, si tras comer se hinchan los labios o la lengua, cambia la voz o cuesta tragar, eso ya no es picor y hay que consultarlo en serio.
Cómo cruzarse con menos polen
Esconderse del todo es imposible, pero rebajar la dosis está al alcance de cualquiera y se nota en el día a día.
- Cierre las ventanas los días secos y con viento y en las horas punta, a primera hora de la mañana y al atardecer; ventile después de que llueva.
- Al llegar a casa lávese la cara, hágase un lavado nasal con suero y cámbiese de ropa; lávese el pelo por la noche o el polen pasará ocho horas sobre su almohada.
- No tienda la ropa fuera ni en el balcón.
- Use gafas en la calle, mejor si son envolventes: reducen bastante el escozor ocular.
- En el coche lleve las ventanillas subidas e instale un filtro antipolen; en casa ayudan la aspiradora con filtro de alta eficacia y la limpieza en húmedo.
- Delegue en otra persona el corte del césped y las faenas con hierba durante la temporada.
- No fume ni permanezca en ambientes con humo: irrita la mucosa por su cuenta y agrava todo lo anterior.
Con qué se alivian los síntomas
Hablamos de grupos de medicamentos; la elección concreta y las dosis quedan para el médico de cabecera o el farmacéutico, porque dependen de la edad, del embarazo y de otras enfermedades.
- Corticoides nasales en espray: el pilar del tratamiento cuando la nariz está taponada. Tienen una particularidad con la que tropieza casi todo el mundo: no actúan de inmediato, su efecto se construye a lo largo de varios días. Por eso se empiezan una o dos semanas antes de la fecha en que suele arrancar la temporada y se usan a diario, no solo los días malos. El chorro se dirige hacia la pared externa, lejos del tabique, y después no hay que inspirar con fuerza.
- Antihistamínicos orales, contra el picor, los estornudos y el goteo. Los actuales apenas dan sueño; los antiguos sí lo dan, y con ellos no se conduce ni se hace un trabajo que exija atención. Si lo que compró en la farmacia le adormece, pida que se lo cambien.
- Colirios antialérgicos, cuando el escozor y el lagrimeo son lo que más molesta.
- Lavados nasales con suero: algo sencillo que simplemente arrastra el polen fuera, y que combina bien con todo lo demás.
- Descongestivos en gotas o espray: alivian rápido, pero no se pueden usar más de unos pocos días seguidos, porque la mucosa se acostumbra y la nariz acaba tapándose sin que haya polen alguno.
Si después de dos semanas de tratamiento bien hecho la nariz sigue cerrada y los ojos no se calman, no suba las dosis por su cuenta: hay que revisar la pauta con el médico.
Lo único que cambia el curso de la enfermedad
La frase de siempre, «la alergia al polen no se cura», se ha quedado anticuada. Los medicamentos solo alivian, cierto, pero existe un tratamiento que actúa sobre la alergia misma: la inmunoterapia con alérgenos, la conocida vacuna de la alergia. Consiste en administrar durante mucho tiempo y de forma gradual el propio alérgeno, en gotas o comprimidos bajo la lengua o en inyecciones; el ciclo dura entre tres y cinco años y se inicia varios meses antes de la temporada.
Su interés está en que el beneficio persiste una vez terminado el tratamiento y en que, en los niños, reduce la probabilidad de desarrollar asma y de volverse alérgico a nuevas sustancias. A cambio exige constancia y un diagnóstico preciso: antes de empezar hay que confirmar a qué se reacciona, con pruebas cutáneas o con un análisis de sangre. Las primeras administraciones se hacen bajo vigilancia, porque pueden aparecer reacciones intensas. No está disponible en todas partes y la indicación la establece el alergólogo.
Cuando el problema ya no está solo en la nariz
No aplace la consulta si durante la temporada aparecen tos nocturna, pitos en el pecho, falta de aire con un esfuerzo normal o sensación de opresión torácica. Así empieza el asma, que en las personas con alergia al polen es frecuente; cuanto antes se controle, más tranquilos serán los años siguientes.
Conviene que le vean el mismo día si la secreción se vuelve espesa y amarillo verdosa, sube la fiebre, duele media cara, o si se tapona un solo lado y aparece sangre en el moco: eso ya no encaja con una alergia. Con los ojos ocurre igual: dolor dentro del ojo, rechazo de la luz y pérdida de visión no pertenecen a una conjuntivitis alérgica.
Llame de inmediato a emergencias (el 112 en los países europeos) si después de una comida, una picadura o un medicamento se hinchan los labios, la lengua o la garganta, cambia la voz, cuesta coger aire, brota urticaria por el cuerpo o se marea hasta el desmayo. Eso es una anafilaxia y se mide en minutos. Si ya le han recetado un autoinyector de adrenalina, se usa en el acto y aun así se llama a emergencias.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien las dudas más habituales de la temporada: si esto es alergia o un catarro que se alarga, por qué el espray «no hace nada» (casi siempre por la fecha en que se empezó y por la técnica), si los productos elegidos se pueden combinar con la medicación habitual, qué usar durante el embarazo y qué es adecuado para un niño. El médico ayuda a preparar el plan de toda la temporada por adelantado, explica qué pruebas hacen falta antes de plantear la inmunoterapia y orienta sobre a qué especialista acudir. Lo que no se valora a distancia es la dificultad para respirar o la hinchazón de cara y garganta: ahí se llama a emergencias sin más.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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