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Medicamentos comúnmente prescritos para Espondilolistesis (desplazamiento de una vértebra)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: Comprimido recubierto con pelÍcula, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Aristo Pharma GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 400 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Ferrer Internacional S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 684 mgPrincipio activo: IbuprofenoNo requiere receta
La espondilolistesis es el deslizamiento de una vértebra hacia delante sobre la que tiene debajo. Casi siempre ocurre en la zona lumbar, sobre todo en las dos vértebras más bajas. La palabra impresiona, y quien la lee por primera vez en un informe radiológico suele imaginarse una columna que se desmonta. La realidad es otra: en la mayoría de las personas el desplazamiento es pequeño, no cambia durante años y aparece por casualidad, en una radiografía pedida por un motivo completamente distinto. Esta página trata de cuándo ese hallazgo no significa nada, cuándo explica el dolor y en qué casos no se puede esperar.
Qué es lo que se desplaza
Una vértebra no se sostiene solo por el disco. Por detrás tiene un arco óseo con un par de salientes que se enganchan con las vértebras vecinas, como ganchos, e impiden que el cuerpo del hueso se vaya hacia delante. El deslizamiento empieza cuando ese cierre posterior deja de sujetar.
Falla por dos caminos muy distintos, y de cuál haya sido depende casi todo lo demás.
- Aparece una fisura en el arco: una diminuta fractura por sobrecarga provocada por arquear la espalda hacia atrás una y otra vez. Ocurre en adolescentes y deportistas jóvenes, y tiene más abajo un apartado propio.
- Las pequeñas articulaciones y los ligamentos se desgastan. Esto sucede a partir de los cincuenta, con más frecuencia en mujeres; el arco está intacto, pero las articulaciones se aplanan y se vuelven laxas y el disco pierde altura. Es, con diferencia, la variante más frecuente.
Con menos frecuencia el desplazamiento se debe a la forma con la que se nació, a una lesión grave, a una cirugía previa de columna o a una enfermedad que debilita el hueso.
El tamaño del deslizamiento se describe en cuartos: la vértebra se ha movido un cuarto de su propia anchura, la mitad, y así sucesivamente. Los dos primeros grados abarcan la gran mayoría de los casos. Y conviene decirlo desde el principio: el grado de la imagen se corresponde mal con lo que la persona siente. Un desplazamiento pequeño puede doler durante años y uno llamativo puede no dar ninguna molestia.
Cómo se nota
El dolor típico es lumbar: sordo, extendido a lo ancho de la espalda más que en un punto concreto, a veces con la sensación de que la zona baja se hunde. Tiene un comportamiento reconocible, y es ese comportamiento el que hace sospechar:
- empeora de pie y al caminar mucho rato, mejora al sentarse;
- empeora al arquearse hacia atrás: alcanzar un estante alto, pintar un techo, recostarse en un sillón;
- mejora al inclinarse hacia delante: a estas personas les resulta claramente más fácil recorrer un supermercado apoyadas en el carro, o ir en bicicleta, que estar quietas de pie en una cola;
- se irradia a los glúteos y a la parte posterior de los muslos, y los isquiotibiales se notan cortos y tensos.
Si el desplazamiento estrecha el espacio por donde pasa una raíz nerviosa, aparece un segundo tipo de dolor: eléctrico, que baja por una pierna por debajo de la rodilla, con entumecimiento u hormigueo. Hay también otro patrón: las piernas se cargan y se entumecen tras unos cientos de metros andando y obligan a parar, pero sentarse o inclinarse hacia delante lo resuelve en un minuto y se puede seguir.
Y la forma más habitual de todas: ningún síntoma. Muchísimos desplazamientos acompañan a la persona en silencio toda la vida.
El dolor lumbar de un adolescente no es «cosa del crecimiento»
Este apartado es para madres y padres de niños deportistas. En los deportes en los que la espalda se arquea hacia atrás una y otra vez —gimnasia artística, acrobacia, saltos de trampolín, lucha, halterofilia, danza, remo— el arco de la última vértebra lumbar recibe golpe tras golpe y puede fisurarse. Es una fractura por sobrecarga, igual en esencia a las que sufren los corredores en el pie.
Cómo se presenta: dolor lumbar, casi siempre de un solo lado, que aparece durante o después del entrenamiento y empeora mucho al arquearse hacia atrás y al apoyarse sobre una pierna arqueando la espalda. El niño empieza a evitar ciertos ejercicios y habla de una espalda «tirada» que lleva semanas sin mejorar.
Un dolor lumbar en un adolescente que dura más de dos semanas, o que le impide entrenar, es motivo de consulta y no de espera. No se puede atribuir al crecimiento: en la zona lumbar no existen los «dolores del crecimiento», y en los niños el dolor de espalda tiene una causa concreta mucho más a menudo que en los adultos.
Por qué importan tanto los plazos: una fisura reciente, si se descansa de la carga que la provocó, suele consolidar en unas semanas o unos meses, a veces con un corsé, y ahí acaba todo. Una fisura que pasa desapercibida se convierte en un defecto permanente y la vértebra empieza su lento deslizamiento, esta vez sin vuelta atrás. Entre esos dos desenlaces hay un par de meses y una consulta.
Cuándo esto es una urgencia
Un puñado de signos indica que el haz de nervios del fondo del canal vertebral está siendo comprimido. Son raros, pero cuando aparecen el tiempo se cuenta en horas y el retraso deja secuelas permanentes.
- Entumecimiento en la ingle, los genitales o la cara interna de los muslos, la zona que toca el asiento. Puede sentirse como si la piel fuera de otra persona, o como si hubiera papel o una compresa ahí.
- Dificultad para orinar: no se consigue empezar, no se nota que la vejiga se llena ni las ganas de ir, no se percibe el chorro, o la orina se escapa.
- Pérdida del control intestinal o de la sensación al defecar.
- Debilidad en las piernas que va a más: el pie deja de levantarse y golpea el suelo al andar, cuesta levantarse de una silla o subir escaleras.
- Entumecimiento de las dos piernas a la vez.
- Pérdida brusca de sensibilidad en la zona genital.
Con cualquiera de estos signos hay que ir a urgencias de inmediato, en esa misma hora y no más tarde el mismo día. Si llegar por medios propios no es viable, llame a una ambulancia: en Europa el número único de emergencias es el 112.
Aparte de eso, conviene consultar el mismo día, aunque sin carácter urgente, si el dolor de espalda empezó tras una caída o un accidente, si se acompaña de fiebre, o si despierta por la noche y se acompaña de pérdida de peso.
Cómo se detecta
La prueba principal es una radiografía lumbar de perfil, y hay que hacerla de pie. Tumbado, el desplazamiento se reduce en parte y la imagen puede parecer casi normal. A veces se añaden dos placas más, una inclinándose hacia delante y otra arqueándose hacia atrás, para ver si la vértebra se mueve de un lado a otro: eso cambia la conducta a seguir.
Si hay dolor, entumecimiento o debilidad en una pierna se solicita una resonancia magnética, que no muestra el hueso sino los nervios y el espacio que les queda. La tomografía computarizada es lo que mejor ve la fisura del arco. En un adolescente con el cuadro descrito arriba las pruebas no se aplazan, porque una fractura reciente a menudo todavía no se ve en la radiografía simple.
En la exploración el médico le pedirá que se incline y se arquee, comprobará la fuerza, la sensibilidad y los reflejos de las piernas y puede recorrer la columna con la mano: cuando el desplazamiento es marcado se palpa un escalón entre las apófisis.
Lo que de verdad ayuda
La base no es el reposo, sino el músculo. Una espalda que ha perdido su cierre óseo la sostiene la faja muscular, y eso es lo único que la persona puede mejorar por su cuenta.
- Ejercicio terapéutico guiado por un fisioterapeuta: abdominales y musculatura lumbar, glúteos y estiramiento de los isquiotibiales. Tiene que ser regular y sostenido en el tiempo: es un hábito, no una tanda de diez sesiones.
- Qué quitar de la actividad: los arqueos profundos hacia atrás, las sentadillas y los press por encima de la cabeza con mucho peso, los giros bruscos y levantar peso con las piernas rectas. Caminar, nadar, ir en bicicleta y trabajar en máquinas dentro de un recorrido cómodo se puede y se debe.
- Bajar de peso reduce el dolor de forma apreciable cuando hay peso que perder.
- Analgesia. Se empieza por el paracetamol y, si no basta, se añade un antiinflamatorio en pauta corta. Conviene elegirlo con el médico de cabecera o el farmacéutico: ese grupo tiene limitaciones en enfermedades del estómago, del riñón y del corazón.
- Las infiltraciones de corticoides junto a la raíz nerviosa se plantean cuando el dolor baja por la pierna e impide hacer ejercicio. Calman la inflamación y abren una ventana de semanas o meses para poner en marcha el programa de ejercicios.
Lo que no vale la pena: quedarse tumbado más de dos o tres días seguidos, esperar a que «suelde solo» y llevar un corsé rígido de forma continua, porque en los adultos debilita la musculatura y empeora las cosas.
Cuándo se plantea la cirugía
La cirugía es para una minoría. La conversación aparece en tres situaciones: dolor de espalda o de pierna que no cede tras varios meses de trabajo constante y que interfiere con el trabajo y el sueño; debilidad o entumecimiento de una pierna que va en aumento; un adolescente cuyo desplazamiento sigue creciendo de una imagen a la siguiente. Los signos de compresión del haz nervioso son un caso aparte: ahí se opera de urgencia.
La intervención se reduce a dos objetivos: liberar espacio para los nervios comprimidos y unir la vértebra desplazada con la vecina, mediante tornillos, barras y un injerto óseo, de modo que ya no pueda moverse. Se hace con anestesia general.
La recuperación lleva de semanas a meses, y el dolor de la pierna suele ceder mejor y antes que el de la propia espalda. Como toda cirugía de columna, tiene riesgos, y conviene repasarlos con detalle con el cirujano. Vale la pena saber que, fuera de las urgencias, hay tiempo para pensarlo: aquí las prisas no mejoran nada.
Consulta en línea
Hay tres cosas que encajan bien en una cita a distancia. La primera es repasar un informe radiológico que ya tiene: el médico puede explicar qué significan el grado y las cifras de la descripción, si el hallazgo requiere algo más que vigilancia y cada cuánto conviene revisarlo. La segunda es diseñar un plan de actividad: qué retirar, qué mantener, a qué fisioterapeuta acudir y qué esperar a los tres meses. La tercera es la de los adolescentes: si un chico o una chica que entrena lleva más de dos semanas con dolor lumbar, el médico puede indicar qué prueba hace falta y con qué rapidez. Los signos del apartado de urgencia, en cambio, no se comentan en línea: con ellos se acude al hospital de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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