En esta página
Medicamentos comúnmente prescritos para Esclerosis múltiple
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 120 mgPrincipio activo: Fumarato de dimetiloFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 30 mgPrincipio activo: Fumarato de dimetiloFabricante: Almirall S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 240 MGPrincipio activo: Fumarato de dimetiloFabricante: Sun Pharmaceutical Industries (Europe) B.V.Requiere receta
La esclerosis múltiple, o EM, es una enfermedad en la que el sistema inmunitario ataca al propio tejido nervioso. El blanco es la mielina, la vaina grasa que envuelve las fibras nerviosas y que funciona como el aislante de un cable: mientras está íntegra la señal viaja rápida y precisa, y allí donde se ha destruido se enlentece, se distorsiona o no llega. De ahí ese conjunto de molestias que a primera vista no tienen nada que ver entre sí: un día se nubla la visión de un ojo, otro se duerme una pierna, otro falla el equilibrio. El nombre no alude a la memoria ni a la vejez: «múltiple» significa aquí «repartida por distintos puntos del cerebro y de la médula». La enfermedad suele empezar entre los veinte y los cuarenta años y afecta dos o tres veces más a las mujeres. Curarla todavía no es posible, pero en treinta años ha dejado de ser una condena para convertirse en un proceso cuyo curso se logra frenar de forma apreciable, y cuanto antes se empieza el tratamiento, más rinde.
Cómo suele empezar
La primera manifestación suele ser una sola, no un ramillete. La más conocida es la inflamación del nervio óptico: en unas horas o días la visión de un ojo se enturbia, como si se mirara a través de un cristal empañado, los colores pierden intensidad, sobre todo el rojo, y mover el ojo duele. La segunda posibilidad frecuente es un adormecimiento u hormigueo que sube por la pierna y abarca medio tronco como un cinturón; la tercera, debilidad en un brazo o una pierna; la cuarta, visión doble y mareo con inestabilidad.
Después entra en la lista aquello que cuesta contar: ganas imperiosas de orinar y escapes de orina, estreñimiento, problemas de erección y sequedad, dificultad para llegar al orgasmo. Capítulo aparte es el cansancio, y no el corriente sino ese que obliga a sentarse después de la ducha; es una de las quejas más frecuentes de la EM y de las más subestimadas.
Hay dos signos que conviene conocer porque son bastante característicos. Un latigazo parecido a una descarga eléctrica que recorre la espalda al inclinar la cabeza hacia delante. Y el empeoramiento de todos los síntomas con el calor, en un baño caliente o con fiebre: al enfriarse se pasa y no constituye un brote nuevo.
El brote y lo que lo imita
Se llama brote a la aparición de síntomas neurológicos nuevos o claramente agravados que duran más de veinticuatro horas y que no han surgido en el contexto de fiebre o infección. No se instalan de golpe sino a lo largo de horas y días, se mantienen unas semanas y luego ceden, del todo o en parte.
Mucho más a menudo que un brote verdadero aparece su doble. Una infección de orina, un catarro con fiebre, un día de calor, una sauna, la falta de sueño, un disgusto serio, y los síntomas antiguos, ya apagados, regresan un rato con toda su fuerza. No es una lesión nueva del nervio: las fibras dañadas conducen peor cuando el cuerpo se calienta. La diferencia es esencial porque el manejo cambia: el brote verdadero a veces requiere corticoides, mientras que el doble se marcha solo en cuanto baja la fiebre, se trata la infección o la persona se refresca. Por eso, ante un empeoramiento repentino, lo primero es tomar la temperatura y hacer un análisis de orina.
Cómo se llega al diagnóstico
El diagnóstico lo hace el neurólogo, y no se apoya en una prueba sino en un conjunto: dónde están las lesiones y desde cuándo. La herramienta principal es la resonancia magnética del cerebro y de la médula, habitualmente con contraste. Muestra las lesiones, y el contraste distingue las recientes de las antiguas, lo que a menudo permite demostrar que la enfermedad no empezó este mes aunque la molestia sea una sola.
La punción lumbar, que consiste en extraer con una aguja una pequeña cantidad de líquido cefalorraquídeo de la parte baja de la espalda, busca unas bandas de proteínas propias de la inflamación dentro del sistema nervioso. Los potenciales evocados miden la velocidad con que la señal llega desde el ojo o el oído hasta el cerebro y detectan el enlentecimiento allí donde la persona no nota nada. Los análisis de sangre sirven para otra cosa: para descartar enfermedades que se disfrazan de EM, como el déficit de vitamina B12, los trastornos del tiroides, la borreliosis, las enfermedades sistémicas y también los cuadros emparentados con anticuerpos frente a la acuaporina, cuyo tratamiento es completamente distinto.
Conviene saber además qué no hay que esperar de las pruebas. La tomografía computarizada no ve las lesiones de la EM, y que salga normal no descarta nada. No existe un análisis de sangre «de la esclerosis múltiple». Y al revés: unos puntos brillantes sueltos en una resonancia hecha por dolor de cabeza no son por sí solos un diagnóstico, porque hallazgos parecidos aparecen en la migraña y simplemente con la edad. Solo el neurólogo, que ve el cuadro entero, puede ordenar todo eso.
Las tres formas de evolución
En la mayoría la enfermedad empieza en forma de brotes: los episodios se alternan con periodos en que los síntomas desaparecen o mejoran claramente, y entre ellos la persona hace vida normal. Con el tiempo, en una parte de los casos pasa a una forma secundariamente progresiva: los brotes evidentes se vuelven raros, pero las secuelas se acumulan poco a poco por su cuenta. Con menos frecuencia, en torno a uno de cada diez, la enfermedad es progresiva desde el principio, sin brotes ni remisiones, con un avance lento que casi siempre empieza por la debilidad de las piernas.
Determinar la forma de entrada no siempre se consigue: a veces el neurólogo necesita uno o dos años observando los síntomas y repitiendo las imágenes. No es dilación sino necesidad, porque de la forma depende la elección del tratamiento.
En qué consiste el tratamiento
El tratamiento son tres cosas distintas que conviene no confundir. La primera son los fármacos que modifican el curso de la enfermedad. No reparan lo ya dañado, pero reducen el número de brotes y la aparición de lesiones nuevas y, con ello, retrasan la acumulación de secuelas. Son muchos y se diferencian en potencia, forma de administración y riesgos: hay comprimidos, hay inyecciones subcutáneas y hay infusiones cada varios meses. La elección se hace con el neurólogo teniendo en cuenta la actividad de la enfermedad, la edad, los planes de embarazo y otras enfermedades, y aquí el tiempo juega en contra de la espera.
La segunda es el tratamiento del brote en sí. Una tanda corta de corticoides a dosis altas acelera la recuperación tras un brote intenso, pero no cambia el curso posterior de la enfermedad y por eso no se pauta ante cualquier empeoramiento. Un brote leve a menudo se resuelve solo.
La tercera, y en el día a día quizá la principal, es el trabajo sobre los síntomas. Hay fármacos que alivian la espasticidad muscular, tratamientos para la vejiga y el intestino, medicamentos para el dolor neuropático urente, ayuda para la depresión y la ansiedad, y estrategias frente al cansancio. Pesa lo mismo la rehabilitación: ejercicio terapéutico y fisioterapia para la debilidad y los problemas de marcha, terapia ocupacional, logopedia cuando fallan el habla o la deglución, entrenamiento de la atención y la memoria y, si hace falta, un bastón, una férula o una silla de ruedas, que no son señal de derrota sino la manera de conservar la autonomía y no caerse.
Qué está en manos de cada uno
No todo en esta enfermedad lo decide el medicamento. El tabaco es lo mejor demostrado entre aquello sobre lo que se puede actuar: en quien fuma la EM aparece más a menudo y progresa más deprisa, y dejarlo cambia el pronóstico en cualquier momento. Merece la pena medir la vitamina D y, si está baja, reponerla con la dosis que indique el médico.
El movimiento se consideraba antes perjudicial en la EM; esa recomendación está superada. La actividad física regular y a la medida de cada uno mejora la fuerza, el equilibrio y el ánimo y, contra lo que parecería, reduce precisamente el cansancio. Con calor conviene refrescarse: ducha templada, agua, aire acondicionado, ropa ligera; así se mantienen a raya los síntomas que empeoran con la temperatura.
Las infecciones de orina se tratan pronto y no se dejan correr, porque son una causa frecuente de falsos empeoramientos. Las vacunas frente a la gripe y otras infecciones son necesarias, pero algunos fármacos que modifican el curso de la enfermedad imponen limitaciones con las vacunas vivas, así que el calendario se acuerda con el neurólogo. El embarazo es posible y en conjunto influye más bien de forma favorable, aunque parte de los medicamentos es incompatible con la concepción y la lactancia: hay que planificarlo con antelación y junto al médico, no comunicárselo cuando ya es un hecho.
Cuándo no se puede esperar
Se llama a una ambulancia al número único europeo de emergencias 112 si los síntomas han aparecido de golpe, en cuestión de minutos: la cara torcida, un brazo que cae, el habla que se pierde, la vista que se apaga de repente. Ese comienzo no es propio de la esclerosis múltiple, cuyos síntomas se despliegan a lo largo de horas y días, pero sí lo es del ictus, y no hay tiempo que perder averiguándolo. Tener EM no protege del ictus ni de ninguna otra enfermedad.
El mismo día, aunque sin ambulancia, hay que contactar con el médico si:
- no se consigue orinar con la vejiga llena: es una retención de orina y necesita atención hoy;
- aparece fiebre junto con el empeoramiento de los síntomas de siempre: primero se busca la infección;
- cuesta tragar o la persona se atraganta con la comida o con el agua;
- se debilitan de golpe las dos piernas, se pierde el control del intestino o se adormece la zona genital y anal;
- el dolor del ojo y la pérdida de visión van a más en lugar de estabilizarse;
- aparecen ideas de que no merece la pena vivir: la depresión es frecuente en la EM y tiene tratamiento.
Consulta en línea
La consulta a distancia sirve en todas las etapas de la esclerosis múltiple, aunque de distinta manera. Antes del diagnóstico ayuda a entender si las molestias encajan en un cuadro que requiere neurólogo y con qué pruebas conviene acudir a él, para no perder meses en análisis al azar. Después del diagnóstico es la forma de tratar aquello por lo que da apuro ocupar una cita escasa del especialista: cómo distinguir un brote de un día de calor, qué hacer con el cansancio, cómo ayudar a la vejiga, si las pastillas nuevas para el catarro se llevan bien con el tratamiento, si se puede volar, qué contar en el trabajo.
Tema aparte son los planes de embarazo y las vacunas: ambas cosas se deciden con tiempo y con calma, no en el último momento. También resulta útil para los allegados, que necesitan entender qué está pasando y cómo ayudar sin convertir la ayuda en tutela.
Los límites conviene decirlos con franqueza. Explorar reflejos, coordinación y fuerza con las manos no se puede a través de una pantalla, el diagnóstico no se establece en línea y los fármacos que modifican el curso de la enfermedad los pauta y los cambia únicamente el neurólogo. Y ante una debilidad súbita con la cara torcida y pérdida del habla, ante una retención de orina o un atragantamiento, lo que hace falta no es una consulta sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Esclerosis múltiple
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Esclerosis múltiple con un médico online.















