Envenenamiento
Hablamos de envenenamiento cuando una sustancia dañina entra en el organismo: se traga, se inhala o se absorbe a través de la piel.
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Hablamos de envenenamiento cuando una sustancia dañina entra en el organismo: se traga, se inhala o se absorbe a través de la piel. Lo más frecuente son los medicamentos y los productos de limpieza; con menos frecuencia, el monóxido de carbono, las setas, los disolventes y los productos contra insectos y roedores. La dificultad principal es que en las primeras horas la gravedad apenas se nota desde fuera: la persona puede parecer sana mientras el tóxico ya está actuando.
Cuándo hay que llamar a la ambulancia sin esperar
Llame al 112, número único de emergencias en Europa, si la persona afectada presenta alguna de estas señales:
- no responde a la voz ni al contacto, no recupera la consciencia;
- no respira o respira de forma lenta, entrecortada, con pausas;
- se ahoga, no consigue terminar una frase, los labios o la cara se ponen morados;
- ha tenido una convulsión;
- dolor quemante en la boca, la garganta o detrás del esternón, babeo, quemaduras y ampollas en los labios: así se comporta un producto corrosivo tragado;
- confusión que va a más: no sabe dónde está, no reconoce a los suyos, delira;
- pulso muy lento o muy rápido, piel fría y sudorosa, flojera brusca al intentar levantarse.
La ambulancia también hace falta sin ningún síntoma en tres situaciones: un niño pequeño ha tragado un medicamento o un producto químico; un niño ha podido tragarse una pila de botón o varios imanes (la pila perfora el esófago en pocas horas, y los imanes, al atraerse entre sí a través de las paredes del intestino, las desgarran); alguien ha tomado un medicamento a propósito para hacerse daño, y aquí da igual cuántos comprimidos diga que ha tomado.
No traslade en su coche a una persona en mal estado: por el camino puede empezar a vomitar o perder el conocimiento, y no habrá nadie que la atienda.
Qué hacer mientras llega la ayuda
Lo primero es su propia seguridad. Si hay gas, vapores de disolvente o humo, entrar sin protección significa sumar una segunda víctima. Abra las ventanas, saque a la persona al aire libre y salga usted también. Después actúe según su estado:
- si no responde y no respira, inicie la reanimación cardiopulmonar y no la interrumpa hasta que llegue el equipo sanitario;
- si está inconsciente pero respira, colóquela de lado en posición lateral de seguridad para que el vómito no pase a la vía aérea, y vigile la respiración;
- si está consciente, háblele, no la deje sola y no permita que se duerma sin compañía.
Si la sustancia ha caído sobre la piel, quite la ropa impregnada sin pasarla por la cabeza y lave la zona con agua corriente templada durante al menos quince minutos. Si ha entrado en un ojo, lávelo el mismo tiempo con un chorro suave desde el ángulo interno hacia fuera; retire antes la lente de contacto si sale con facilidad.
Reúna todo lo que ayude a identificar la sustancia: envases, blísteres, frascos, restos de líquido. Llévelo al hospital, porque con el nombre y la cantidad el médico elegirá el antídoto. Anote la hora en que la sustancia entró en el cuerpo y la hora en que aparecieron las primeras molestias. Si hay vómito, guarde una pequeña muestra en un recipiente cerrado.
Lo que no se debe hacer
Los remedios caseros que se transmiten de generación en generación suelen empeorar el cuadro.
- No provoque el vómito. Un producto corrosivo quema el esófago por segunda vez al salir, la gasolina y los disolventes se cuelan en los pulmones, y una persona medio consciente se atraganta con el vómito. El jarabe de ipecacuana con el que se hacía antes ya no se utiliza.
- No intente neutralizar el tóxico. Bicarbonato sobre un ácido o vinagre sobre un álcali provocan una reacción violenta, con calor y gas, dentro de un estómago ya quemado.
- No dé leche ni aceite. La grasa acelera la absorción de algunos tóxicos, y un estómago lleno impide explorar la quemadura por dentro.
- No dé de comer ni de beber sin indicación sanitaria: con la consciencia alterada, es la vía directa para que el líquido pase a los pulmones.
- No administre carbón activado por su cuenta. No sirve frente a alcoholes, ácidos, álcalis, hierro ni derivados del petróleo, y en cambio dificulta la endoscopia y aumenta el riesgo de aspiración.
- No espere a ver cómo evoluciona. El tiempo es el único recurso que en un envenenamiento no se recupera.
Por qué encontrarse bien no demuestra nada
El grupo más peligroso de tóxicos es el de los que actúan con retraso. Las primeras horas la persona está animada, se niega a ir al hospital, y mientras tanto se pierde la ventana de tratamiento.
- Paracetamol. El primer día como mucho hay náuseas, y a veces nada en absoluto. El hígado empieza a fallar al segundo o tercer día, y entonces ya no queda con qué tratarlo. El antídoto es la acetilcisteína, y cuanto antes se inicia, más completa es la protección; la decisión se toma según la concentración del fármaco en sangre y la hora de la ingesta, no según el aspecto del paciente.
- Metanol y anticongelante. Durante unas horas el cuadro se parece a una borrachera corriente. Después aparece una acidosis grave; con metanol se pierde visión hasta la ceguera, y con etilenglicol fallan los riñones. Hay tratamiento, pero solo funciona a tiempo.
- Amanita phalloides y sus parientes. Las primeras horas tras la cena no ocurre nada. Medio día después empiezan vómitos y diarrea intensos, luego llega una mejoría engañosa y, a continuación, la insuficiencia hepática. Que las molestias por setas aparezcan tarde es mucho más preocupante que si aparecen enseguida.
- Comprimidos de liberación prolongada. La cubierta se disuelve poco a poco, y el efecto máximo llega cuando la persona ya se ha ido a casa.
- Monóxido de carbono. La pista es que en la calle uno mejora y en casa vuelven el dolor de cabeza y las náuseas, y que las mismas molestias aparecen a la vez en toda la familia y en el gato. El pulsioxímetro de dedo habitual da cifras normales en esta intoxicación y tranquiliza sin motivo.
De ahí la regla: encontrarse bien, e incluso tener unos primeros análisis normales, no descarta el diagnóstico. Si hace falta observación y durante cuánto tiempo se decide por la sustancia y por el reloj, no por el aspecto de la persona.
Con qué se envenena la gente más a menudo
- Medicamentos. Analgésicos con paracetamol, antiinflamatorios, somníferos y tranquilizantes, antidepresivos, analgésicos opioides, fármacos para el corazón y la tensión, antidiabéticos. Una causa frecuente y absurda es la dosis doble: el mismo principio activo aparece en dos productos con nombres distintos, por ejemplo en un comprimido para la fiebre y en un sobre para el catarro.
- Productos de limpieza. Desatascadores y limpiahornos, que son álcalis concentrados; antical y quitaóxido, que son ácidos; lejía; cápsulas de detergente, blandas y de colores llamativos, que los niños se llevan a la boca.
- Alcohol y sus sucedáneos, y drogas, sobre todo de composición desconocida.
- Monóxido de carbono. Calentador averiado, chimenea obstruida, estufa cerrada demasiado pronto, generador o barbacoa metidos bajo techo.
- Setas y plantas. Las setas mortales tienen sosias comestibles, y las aplicaciones de identificación se equivocan.
- Productos contra insectos y roedores: organofosforados y cebos que fluidifican la sangre.
- Vapores y gases. Disolventes y colas en una habitación cerrada; cloro, que se desprende al mezclar lejía con un limpiador ácido.
Lo que parece un envenenamiento y no lo es
La confusión, los vómitos y la debilidad repentina no siempre vienen de un tóxico. Mientras la causa no esté clara, conviene tener presentes varios cuadros en los que las horas cuentan:
- ictus: la cara se desvía, un brazo o una pierna pierden fuerza de un solo lado, el habla se vuelve confusa;
- bajada de azúcar en una persona con diabetes: sudor, temblor, agresividad o somnolencia, y todo cede rápido tras tomar algo dulce;
- meningitis y sepsis: fiebre alta, dolor de cabeza intenso, molestia con la luz, erupción que no palidece al presionarla;
- traumatismo craneal: una caída o un golpe que los demás pueden desconocer, con somnolencia que aumenta al cabo de unas horas;
- crisis epiléptica y el aturdimiento que la sigue;
- cetoacidosis diabética: sed, orina abundante, respiración profunda y ruidosa, olor a acetona;
- infección intestinal: si los vómitos y la diarrea empezaron un día después de comer y ha enfermado todo el grupo, se trata de microbios y no de un producto químico.
No hace falta que usted distinga entre estas causas. La duda ya es motivo suficiente para llamar a la ambulancia: en el sitio, un profesional lo resolverá antes.
Qué se hace en el hospital
Primero se atiende a la persona y no al tóxico: se asegura la vía aérea, se administra oxígeno, se canaliza una vía, se hace un electrocardiograma y se mide la glucemia en mg/dL. Después entra el laboratorio: concentración de la sustancia en sangre cuando puede medirse, equilibrio ácido-base, iones, función del hígado y del riñón. El tratamiento depende de la sustancia y puede incluir:
- carbón activado por boca o por sonda, si ha pasado poco tiempo y el tóxico se fija a él;
- antídotos: acetilcisteína en el paracetamol, naloxona en los opioides, atropina en los organofosforados, vitamina K en los raticidas anticoagulantes, oxígeno a presión en el monóxido de carbono;
- tratamiento de soporte: sueros por vena si hay deshidratación, anticonvulsivos, calentamiento o enfriamiento, fármacos para sostener la tensión arterial;
- depuración de la sangre con máquina en algunos casos, como metanol, litio o dosis altas de salicilatos.
Si no hay síntomas, puede que no se necesite ningún tratamiento, pero de todos modos se mantiene a la persona en observación durante el tiempo que marque la sustancia. Tras una intoxicación intencionada siempre se ofrece una valoración de salud mental: forma parte del tratamiento y no es un trámite.
Cómo hacer segura la casa
- Guarde los medicamentos en un armario cerrado, no en la mesilla ni en un bolso donde un niño busca caramelos.
- Conserve los productos químicos solo en su envase original. Lo que se trasvasa a una botella de zumo alguien acaba bebiéndoselo.
- Ponga cierres de seguridad en los muebles bajos con productos de limpieza y coloque las cápsulas de detergente en alto.
- Revise dónde hay pilas de botón: mandos, básculas, libros infantiles con música, juguetes con luces. El compartimento debe cerrarse con tornillo.
- Instale un detector de monóxido de carbono donde haya calentador, caldera, estufa o chimenea, y revise el tiro una vez al año con un técnico.
- No mezcle productos de limpieza ni los use en un baño cerrado sin ventilación.
- Lea la composición y no solo el nombre de la caja: así no tomará dos veces el mismo principio activo.
- Lleve los medicamentos caducados al punto de recogida de la farmacia en lugar de acumularlos.
Consulta en línea
La consulta en línea encaja cuando no hay señales de urgencia pero sí una pregunta que necesita médico: revisar el botiquín de casa y comprobar si se repiten principios activos; valorar el riesgo después de que un niño haya lamido un producto de limpieza y siga comportándose con normalidad; saber cuándo volver a la alimentación habitual tras una infección intestinal leve; hablar de qué analgésico es seguro si el hígado ya está dañado; organizar el almacenamiento de los medicamentos si en casa hay niños pequeños o alguien con problemas de memoria.
El médico revisará la composición de lo que se ha tomado, indicará qué señales vigilar y durante cuánto tiempo, y dirá si hace falta una exploración presencial. Pero si aparece cualquiera de las señales del primer apartado, no pierda tiempo escribiendo y llame a la ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





