Enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA)
La mayoría de la gente se entera de este diagnóstico por casualidad: una ecografía de abdomen hecha por otro motivo vuelve con una frase sobre cambios grasos…
En esta página
La mayoría de la gente se entera de este diagnóstico por casualidad: una ecografía de abdomen hecha por otro motivo vuelve con una frase sobre cambios grasos en el hígado. Como no duele nada, el informe acaba en un cajón. Y sin embargo se trata de una enfermedad que en la mayoría se quedará realmente en algo inofensivo, mientras que en una minoría irá dejando cicatriz en el hígado con los años. Cuál de los dos caminos se sigue no lo decide la suerte, sino lo que ocurre con el peso, el azúcar en sangre y la tensión arterial. En los últimos años la enfermedad ha recibido un nombre nuevo: enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, que es mejor, porque nombra la causa.
Qué ocurre dentro del hígado
El hígado procesa grasas y azúcares sin parar. Cuando llega más de lo que puede aprovechar, el excedente se almacena dentro de sus propias células. Eso es la esteatosis: grasa en el hígado.
La pieza clave es la pérdida de respuesta de los tejidos a la insulina. El músculo y el tejido graso dejan de obedecer a esa hormona, el páncreas responde liberando cada vez más y, bajo esa presión, el hígado almacena grasa y además fabrica grasa nueva. Por eso la enfermedad viaja acompañada de exceso de peso, diabetes tipo 2, tensión alta y colesterol alterado: comparten raíz.
A partir de ahí hay dos caminos posibles. En la mayoría la grasa se queda en grasa durante décadas. En algunas personas provoca inflamación: las células del hígado se dañan y mueren, y en su lugar se deposita tejido conjuntivo. Eso es la fibrosis, una cicatriz que no filtra nada. Es la cantidad de cicatriz, y no la de grasa, la que decide cómo termina la historia.
Por qué se detecta tarde
El hígado no tiene terminaciones de dolor en su interior, así que puede trabajar a medio rendimiento durante años sin decir nada. De ahí el rasgo que define a esta enfermedad: normalmente no hay ninguna molestia.
A veces sí aparecen:
- pesadez o molestia sorda a la derecha bajo las costillas, más a menudo después de comer;
- cansancio que el descanso no levanta y que el esfuerzo del día no explica;
- menos aguante, la sensación de que se ha agotado la batería.
Los signos que sí hablan de un hígado enfermo —piel y blanco de los ojos amarillos, orina oscura, picor, abdomen hinchado, hematomas al menor roce— aparecen ya en la fase de cirrosis. No sirven como señal para actuar: para entonces parte del daño es irreversible.
En quién aparece
La enfermedad del hígado graso no alcohólico es muy frecuente, y la mayoría de quienes la tienen no lo sabe.
- Exceso de peso, sobre todo en el abdomen. Aquí el perímetro de cintura dice más que la cifra de la báscula: la grasa que rodea los órganos internos es la más activa.
- Diabetes tipo 2 y prediabetes. La combinación más potente: con diabetes la enfermedad no solo es más frecuente, sino que avanza a fibrosis bastante más deprisa.
- Tensión alta, triglicéridos elevados, colesterol «bueno» bajo.
- Síndrome de ovario poliquístico.
- Pausas respiratorias durante el sueño y tiroides poco activa.
- Edad. Con los años crece la proporción de personas con fibrosis.
- Herencia. Existen variantes genéticas con las que el hígado acumula grasa incluso sin un exceso de peso marcado.
Merece mención aparte que la enfermedad también se da en personas delgadas. Un peso normal no descarta el diagnóstico si hay azúcar elevada, triglicéridos altos o predisposición familiar. Son precisamente los casos que más se escapan.
Los cuatro peldaños de la enfermedad
El curso suele describirse en cuatro fases. Entre la primera y la última median normalmente décadas, y el paso de una a otra no es obligatorio.
- Esteatosis: la grasa se ha acumulado, pero las células del hígado están intactas. No hay daño. Aquí se queda la mayoría.
- Esteatohepatitis: a la grasa se ha sumado inflamación y las células se dañan. El hígado todavía responde, pero es aquí donde empieza la cicatrización.
- Fibrosis: parte del tejido se ha sustituido por cicatriz. El hígado suele seguir funcionando y la persona sigue sin notar nada. La fibrosis inicial es reversible si se elimina la causa.
- Cirrosis: hay tanta cicatriz que cambia la estructura del órgano y se obstruye el paso de la sangre. De ahí las complicaciones: venas dilatadas en el esófago que pueden sangrar, líquido acumulado en el abdomen, confusión, mayor riesgo de cáncer de hígado.
Una corrección importante a la imagen habitual: en esta enfermedad el tumor de hígado surge de vez en cuando antes de que haya cirrosis. Por eso el seguimiento se decide según la fase de fibrosis y no según cómo se encuentre la persona.
Cómo se detecta y por qué una ecografía no basta
El estudio tiene dos tareas: confirmar que el problema es la grasa y averiguar si ya hay cicatrización. La segunda es la más importante y la que más se salta.
- La ecografía de hígado ve bien la grasa cuando hay mucha, y no ve la fibrosis en absoluto. Un informe de «hígado graso» es el principio de la conversación, no su final.
- Analíticas: enzimas hepáticas, bilirrubina, hemograma con plaquetas, glucosa y hemoglobina glicosilada, lípidos. Unas enzimas normales no descartan la fibrosis: es un error muy extendido y peligroso. En algunas personas con cicatrización avanzada las analíticas siguen normales durante años.
- Índices sencillos de fibrosis. Con análisis ya hechos —la edad, dos enzimas y el recuento de plaquetas— el médico calcula un valor que separa a quienes no necesitan nada más de quienes hay que mirar de cerca. Sale gratis y en un minuto.
- La elastografía mide la rigidez del hígado. Es indolora, dura unos minutos y ahorra la biopsia a la mayoría. La biopsia hepática hoy se hace pocas veces, en casos que siguen sin aclararse.
- Descartar otras causas. Se comprueban las hepatitis B y C, se habla con franqueza de la cantidad de alcohol, se repasa la lista de medicamentos y suplementos, se mira el metabolismo del hierro y, en jóvenes, el del cobre. La grasa en el hígado no excluye una segunda enfermedad que camine al lado y empeore el pronóstico.
Qué cambia de verdad el curso
Aquí no hay un medicamento que pueda tomarse en lugar de hacer cambios. Los cambios, en cambio, actúan directamente sobre el hígado y su efecto se mide.
- Perder peso. Las referencias son estas: un 5 % del peso corporal reduce la grasa del hígado, entre un 7 y un 10 % apaga la inflamación, y una pérdida mayor puede reducir también la cicatriz. Importa más que el resultado se mantenga que la rapidez con que llegó.
- Lo que hay en el plato. Más verdura, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva; menos bebidas azucaradas, bollería y alimentos muy procesados. Los refrescos y los zumos golpean al hígado más de lo que parece, porque la fructosa se procesa justamente ahí.
- Movimiento. De dos horas y media a cinco horas de actividad moderada a la semana, más trabajo de fuerza dos veces por semana. El ejercicio reduce la grasa del hígado incluso cuando el peso no se mueve.
- Alcohol. En la fase de esteatosis se reduce al mínimo; con fibrosis o cirrosis no se bebe nada. La palabra «no alcohólico» del nombre significa que el alcohol no fue la causa, no que ahora sea inofensivo.
- El tabaco acelera la fibrosis y suma riesgo cardíaco, que en esta enfermedad ya es el principal.
Un apunte aparte sobre los analgésicos. El paracetamol, en la dosis acordada con el médico, sigue siendo una opción aceptable en la enfermedad hepática; los antiinflamatorios de venta libre como el ibuprofeno no son adecuados cuando ya hay cirrosis. Cualquier producto de herbolario «para el hígado» conviene enseñárselo al médico antes de tomarlo: parte de los suplementos daña el hígado por sí misma.
Qué hace el médico
Al médico no se acude para que recete «algo para el hígado», sino para poner bajo control aquello que lo está destruyendo.
Lo primero, el metabolismo. La glucosa y la tensión se llevan a sus objetivos y, en diabetes y obesidad, existen ya fármacos que reducen peso y mejoran el estado del hígado a la vez. Los elige el médico a partir del cuadro completo, no de una ecografía suelta.
Lo segundo, el corazón y las arterias. Las personas con esta enfermedad mueren más de infarto e ictus que de su hígado, así que aquí el colesterol se baja en lugar de «cuidar el hígado». Las estatinas no están prohibidas en el hígado graso y suelen ser necesarias; dejarlas a causa del diagnóstico es un error frecuente y caro. La decisión la toma el médico mirando las analíticas.
Lo tercero, el especialista de hígado cuando la fibrosis es importante. Dispone de fármacos que se indican cuando está demostrada la inflamación con cicatrización, incluidos tratamientos aparecidos en los últimos años que actúan directamente sobre el hígado. En obesidad grave se plantea la cirugía para perder peso y, si el final es la cirrosis, el trasplante.
Lo cuarto, el seguimiento. La fase de fibrosis se reevalúa cada pocos años, y más a menudo si hay diabetes. A las personas con enfermedad hepática crónica se les recomienda la vacunación frente a las hepatitis A y B. Con cirrosis se añaden la ecografía periódica para detectar pronto un tumor y la revisión del esófago en busca de venas dilatadas.
Signos que no pueden esperar
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, al número único 112) si aparecen:
- vómito de sangre o de coágulos oscuros parecidos a posos de café;
- heces negras y pegajosas;
- confusión, desorientación, somnolencia brusca, conducta extraña;
- dolor abdominal intenso con fiebre alta en alguien con el abdomen hinchado.
Acuda al médico el mismo día si la piel o el blanco de los ojos se vuelven amarillos, la orina se oscurece y las heces se aclaran, el abdomen crece deprisa, se hinchan las piernas, aparece picor persistente o salen hematomas al mínimo golpe.
Consulta en línea
Esta enfermedad se compone casi por completo de preguntas que se resuelven hablando y revisando papeles. En una consulta en línea el médico repasa su informe y sus analíticas, le explica qué hay detrás de la frase del informe ecográfico, valora con las cifras que ya tiene qué probabilidad hay de fibrosis y le dice si hacen falta una elastografía y una visita al hepatólogo.
Sirve igual de bien para lo que de verdad determina el desenlace: cómo organizar las comidas según su horario, qué tipo de ejercicio le conviene, qué hacer con la tensión y el azúcar, si sus medicamentos y suplementos son seguros. Lo que no sustituye: la exploración física, la ecografía, la elastografía y las propias analíticas. Y ante los signos urgentes del apartado anterior, hay que empezar por la atención de urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA)
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA) con un médico online.















