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Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad de manos, pies y boca
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Mylan Pharmaceuticals S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Upsa S.A.S.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere receta
Es una de las infecciones infantiles más corrientes: llagas en la boca, manchas y ampollitas en las palmas y las plantas, algo de fiebre y un niño que se niega a comer. La causan virus intestinales, casi siempre del grupo Coxsackie, y no existe ningún fármaco que los elimine: el organismo se basta solo en poco más de una semana. Los adultos también la pasan, aunque con menos frecuencia y por lo general más suave. Pese al nombre parecido, no tiene relación con la fiebre aftosa que afecta al ganado. Lo que se pide a los padres no es tratamiento sino atención: vigilar que el niño beba y conocer unas cuantas señales que obligan a consultar.
Cómo empieza y cuánto dura
Desde el contacto con el virus hasta las primeras molestias pasan unos tres a seis días. El comienzo suele ser inespecífico: el niño está decaído, rechaza la comida, se queja de la garganta y tiene algo de fiebre. En ese momento los padres piensan en un catarro.
Uno o dos días después aparece lo que permite reconocer la enfermedad:
- en la boca, puntos rojos que enseguida se convierten en pequeñas llagas dolorosas en la lengua, las encías, la cara interna de las mejillas y el paladar; son ellas las que más hacen sufrir al niño;
- en las palmas y las plantas, manchas planas rojas o rosadas, algunas de las cuales pasan a ser ampollitas; en la piel morena se ven más oscuras que la piel de alrededor o grisáceas;
- con frecuencia las mismas lesiones en las nalgas, en las ingles, alrededor de la boca y a veces en rodillas y codos;
- el sarpullido no suele picar, pero puede doler, sobre todo en las plantas al andar.
Todo esto dura entre siete y diez días y se va solo, sin dejar cicatrices. La fiebre, si la hubo, cede casi siempre en los dos o tres primeros días, y las llagas de la boca tardan más que el resto en curar. Algunos niños apenas tienen sarpullido y solo padecen la garganta, y en ciertos adultos la infección pasa del todo inadvertida, lo que no les impide transmitir el virus.
Qué hacer en casa
Los antibióticos no sirven de nada aquí: actúan sobre las bacterias y esta enfermedad la causa un virus. La tarea en casa es calmar el dolor de la boca para que el niño siga bebiendo y comiendo.
- Bebidas frescas en cantidades pequeñas y a menudo: agua, leche aguada. Los zumos ácidos y los refrescos con gas conviene dejarlos para más adelante, porque escuecen sobre las llagas.
- El frío alivia mejor que cualquier enjuague: sirven los batidos, los purés fríos o un polo casero para los niños algo mayores.
- Comida blanda y templada o fría: yogur, papilla, queso fresco, puré de patata. Lo caliente, lo salado, lo picante y lo crujiente se retiran de la mesa unos días.
- El paracetamol y el ibuprofeno alivian el dolor y la fiebre; la dosis se calcula por el peso y la edad del niño, no a ojo, y no se supera la indicada en el prospecto. A niños y adolescentes no se les da aspirina.
- En la farmacia hay geles y aerosoles para adormecer la mucosa de la boca; pregunte cuáles están autorizados a la edad de su hijo, porque no todos lo están.
- Las ampollitas no se pinchan ni se tocan con nada que queme: curan solas.
No hace falta insistir en que termine el plato: el apetito volverá por sí mismo, mientras que la bebida que se deja de tomar cuesta mucho más recuperarla. Unos días a base de leche y comida blanda no perjudican a nadie.
La deshidratación, lo primero que hay que vigilar
Las complicaciones de esta enfermedad son raras y casi todas se deben a lo mismo: la boca duele tanto que el niño deja de beber. Los más pequeños pierden líquido deprisa, y hay que darse cuenta antes de que la situación se agrave.
Señales de alarma:
- orina bastante menos de lo habitual, el pañal sigue seco durante muchas horas seguidas o un niño mayor lleva media jornada sin orinar;
- llora sin lágrimas y tiene la boca y los labios secos;
- los ojos parecen hundidos y, en un lactante, se hunde la fontanela;
- decaimiento raro, somnolencia, desinterés por lo que ocurre alrededor;
- manos y pies fríos y piel moteada.
Si el niño rechaza cualquier líquido o si ya han aparecido esas señales, hay que consultar el mismo día sin esperar a la mañana siguiente. A menudo la cosa se arregla dando un analgésico y ofreciendo de beber media hora después, pero eso conviene probarlo al principio y no cuando el niño ya está apagado.
Cuándo hace falta un médico y cuándo una ambulancia
Consulte con el médico de cabecera el mismo día si:
- el enfermo es un bebé de los primeros meses de vida o una persona con las defensas bajas;
- la fiebre dura más de tres días o vuelve a subir después de haber cedido;
- aparecen señales de deshidratación o el niño no bebe;
- las llagas de la boca duelen tanto que el niño no puede ni tragar su propia saliva;
- a los diez días no remite nada, las ampollas supuran, la piel de alrededor está roja y caliente;
- está embarazada y ha enfermado o ha estado en contacto con alguien enfermo.
Se llama a una ambulancia (en Europa, el número único 112) sin darle vueltas si aparece cualquiera de estas cosas:
- cuesta despertar al niño, no responde como de costumbre, está inusualmente irritable o, al contrario, ausente;
- la nuca y el cuello están rígidos, hay dolor de cabeza intenso, la luz molesta en los ojos o los vómitos son muy violentos;
- convulsiones, sacudidas de todo el cuerpo, sobre todo repetidas y al dormirse, temblor, marcha inestable, debilidad de un brazo o una pierna;
- respiración rápida o dificultosa, esfuerzo para respirar, labios azulados;
- el sarpullido no palidece al apretarlo con algo transparente, señal de una infección completamente distinta y gravísima ante la que no se puede esperar.
Cómo no repartir la infección y cuándo volver a la guardería
El virus se transmite con la saliva y las gotitas al toser y estornudar, con el líquido de las ampollas y con las heces. La persona contagia sobre todo la primera semana, pero el virus se elimina también antes de que aparezcan los síntomas y durante varias semanas en las heces después de la curación. Cortar el contagio del todo es imposible; reducirlo, en cambio, se puede.
- Lavarse las manos con jabón más de lo habitual: los adultos después de cambiar el pañal y de acompañar al niño al baño, y el niño antes de comer y después del baño.
- Toser y estornudar en un pañuelo de papel, tirarlo enseguida y lavarse las manos después.
- No compartir vasos, cucharas, biberones, toallas ni chupetes.
- Lavar aparte la ropa y las toallas del enfermo, a temperatura alta.
- Limpiar los juguetes y las superficies que todos tocan, porque el virus aguanta mucho en ellas.
Tener al niño en casa hasta que cure la última ampolla no tiene sentido: seguirá eliminando el virus mucho después y esa cuarentena apenas influye en cómo se propaga la enfermedad en el grupo. El criterio es sencillo: el niño vuelve a la guardería o al colegio cuando se encuentra lo bastante bien para estar allí, sin fiebre y comiendo, bebiendo y jugando como siempre. Conviene, eso sí, consultar de antemano las normas del centro. Los adultos que trabajan con alimentos, con niños o con pacientes harán bien en quedarse en casa mientras tengan fiebre y hasta que las lesiones se hayan secado.
Se puede pasar más de una vez: la causan varios virus distintos y la inmunidad frente a uno no protege de los demás.
Si está embarazada
Por lo común esta infección no es peligrosa ni para el embarazo ni para el bebé, y la mayoría de las mujeres la pasa igual de bien que cualquier otra persona. Aun así, es mejor evitar el contacto estrecho con enfermos, sobre todo en las últimas semanas. El motivo es que padecerla poco antes del parto puede transmitirla al recién nacido: casi siempre la pasa de forma leve, pero en un bebé de pocos días el cuadro puede ser más serio.
Si ha enfermado o ha estado con alguien enfermo, dígaselo a su médico o a su matrona, sencillamente para que conste y se tenga en cuenta llegado el momento. No se pauta ningún tratamiento específico.
Lo que queda después
Una o dos semanas después de la curación, la piel de las palmas y las plantas empieza a veces a descamarse y a desprenderse a láminas. Impresiona bastante, pero no duele, no requiere tratamiento y se resuelve sola; una crema hidratante corriente ayuda.
Más adelante todavía, al mes o los dos meses, a algunos niños se les despegan y se les caen las uñas de las manos, y con menos frecuencia las de los pies. También es una consecuencia conocida de la enfermedad, no un hongo ni un golpe: el crecimiento de la uña se detuvo mientras duró la infección. Las uñas vuelven a crecer y normalmente salen normales, y no hay nada que acelere el proceso. Solo hay que enseñarlas al médico si alrededor aparecen enrojecimiento, dolor o pus.
Consulta en línea
A distancia se resuelve justo aquello por lo que la gente pide cita: saber si de verdad es la enfermedad de manos, pies y boca y no otro sarpullido, y hasta qué punto está todo tranquilo. El médico revisa las fotos de las lesiones y de la boca, valora cuánto bebe y cuánto orina el niño, indica con qué calmar la mucosa y en qué dosis dar el antitérmico, y explica qué vigilar en casa y cuándo volver a la guardería. Sirve además para aclarar lo de las uñas y la descamación que aparecen al mes y asustan. Las señales de la lista de la ambulancia no se valoran por pantalla: con ellas se pide ayuda de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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