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Enfermedad de los legionarios

Es una neumonía grave que no se contagia de otra persona, sino del agua. La bacteria legionela se multiplica en tuberías templadas, termos de agua caliente…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

Es una neumonía grave que no se contagia de otra persona, sino del agua. La bacteria legionela se multiplica en tuberías templadas, termos de agua caliente, bañeras de hidromasaje y sistemas de refrigeración de edificios, y llega al pulmón con las gotas diminutas que uno respira sin darse cuenta.

No es una enfermedad frecuente, pero conviene conocerla por un detalle: los antibióticos con los que suele empezarse el tratamiento de una neumonía no funcionan contra la legionela. La diferencia entre un curso leve y uno grave depende muchas veces de que el médico piense en ella a tiempo, y quien puede darle la pista es el propio paciente al recordar dónde ha estado las últimas dos semanas.

Dónde vive la legionela y cómo llega al pulmón

La legionela habita normalmente en el agua dulce y en la tierra húmeda, y allí es inofensiva. El problema empieza donde el agua permanece templada mucho tiempo: entre unos veinte y cuarenta y cinco grados se multiplica a sus anchas, y la cal y la película viscosa del interior de las tuberías le sirven de refugio.

Solo se contagia quien respira agua convertida en una nube de gotas muy finas. De ahí la lista de sospechosos:

  • duchas y grifos que llevan tiempo sin usarse: la casa después de las vacaciones, una habitación de hotel cerrada, el vestuario de una piscina que ha estado sin abrir;
  • bañeras de hidromasaje, jacuzzis y piscinas de burbujas, sobre todo las de uso público;
  • torres de refrigeración en los tejados de hoteles, hospitales y centros comerciales: el vapor que sueltan llega a cientos de metros y alcanza a quien pasa por la calle sin haber entrado en el edificio;
  • humidificadores, fuentes decorativas, sistemas de riego por aspersión, hidrolimpiadoras a presión;
  • con menos frecuencia, equipos dentales y aparatos de respiración lavados con agua del grifo.

Igual de importante es saber qué no hay que temer. De persona a persona prácticamente no se transmite: se puede estar junto al enfermo sin ninguna precaución especial. Beber agua con la bacteria no contagia, porque tiene que entrar en la vía respiratoria y no en el estómago. Los estanques, los lagos y los ríos no suponen peligro. Lo peligroso no es el agua, sino el agua templada convertida en niebla.

Entre la inhalación y los primeros síntomas pasan por lo general de dos a diez días, a veces hasta dos semanas. Por eso no hay que repasar el día de ayer, sino el viaje anterior.

Qué nota quien enferma

El comienzo se parece a una gripe: agotamiento, dolores musculares, dolor de cabeza, falta de apetito. Al cabo de uno o dos días sube mucho la fiebre, con escalofríos, y aparece tos, seca al principio y luego con poco esputo, a veces con hilos de sangre. Cuesta más respirar y el pecho duele al inspirar hondo.

Hay signos poco propios de una neumonía corriente que son justamente los que hacen sospechar de la legionela:

  • diarrea, náuseas, vómitos o dolor abdominal desde los primeros días;
  • confusión, lentitud de reacción, somnolencia rara: en personas mayores puede ser el único cambio visible;
  • fiebre muy alta con un pulso relativamente lento;
  • dolor de cabeza intenso que no cede con los analgésicos habituales.

Hay que llamar a una ambulancia de inmediato si a la persona le falta el aire estando en reposo o no consigue terminar una frase, si se le amoratan los labios, si no recupera la lucidez y no reconoce a los suyos, si la piel se vuelve fría y sudorosa o si lleva muchas horas sin orinar. El 112 es el número único europeo de urgencias y funciona en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania.

Si la fiebre alta con tos y ahogo se mantiene pero el estado no es crítico, hay que ver al médico ese mismo día. En esta enfermedad una semana de espera es muchísimo.

La fiebre de Pontiac, su gemela benigna

La misma bacteria provoca a veces un cuadro completamente distinto: a las pocas horas del contacto, como mucho a los dos o tres días, aparecen fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y molestias musculares, como en una gripe, pero sin neumonía. Casi no hay tos, la radiografía está limpia, todo se resuelve solo en dos a cinco días y no hacen falta antibióticos.

Merece la pena conocerla por otro motivo: afecta de golpe a varias personas que han estado en el mismo local y suele indicar que cerca hay un foco que antes o después le provocará a alguien una neumonía de verdad.

A quién le va peor

La mayoría de quienes respiran la bacteria no llega a enfermar. El riesgo crece cuando coinciden varias circunstancias:

  • el tabaco, la más evitable de todas: el humo inutiliza el mecanismo de limpieza de la vía respiratoria;
  • la edad madura y avanzada; en los niños la enfermedad es rara;
  • enfermedades pulmonares crónicas: enfermedad obstructiva, enfisema, secuelas de una tuberculosis antigua;
  • diabetes, insuficiencia renal o hepática, consumo excesivo de alcohol;
  • defensas debilitadas: tratamiento del cáncer, corticoides y otros fármacos que frenan la inmunidad, trasplante de órgano;
  • una operación reciente o una estancia hospitalaria.

Los hombres enferman alrededor de tres veces más que las mujeres, y no por cómo está hecho el organismo, sino por el tabaco y por el tipo de trabajo.

Cómo se identifica

La radiografía no distingue esta neumonía de las demás: la imagen puede ser cualquiera. El diagnóstico es de laboratorio. Lo más rápido es la detección del antígeno en la orina, con resultado el mismo día. Tiene un punto débil importante: solo reconoce la variedad más común de la bacteria, de modo que un resultado negativo no descarta nada, y si el cuadro sigue apuntando a la legionela se añaden cultivo de esputo y análisis genético.

Ayudan también los análisis corrientes: en esta infección suele bajar el sodio, suben las enzimas del hígado y una enzima muscular, y el riñón se resiente. Por separado ninguna de esas alteraciones demuestra nada; juntas dibujan un cuadro reconocible.

En la consulta cuente sin falta dónde ha estado las últimas dos semanas: hotel, crucero, spa, balneario, obra, regreso a una vivienda mucho tiempo cerrada. Esa frase cambia el rumbo del tratamiento más deprisa que cualquier prueba.

Cómo se trata

Se trata con antibióticos, y aquí importa tanto la rapidez como la elección. La legionela vive dentro de las células, así que las penicilinas y las cefalosporinas, con las que suele empezarse una neumonía, no llegan hasta ella. Sirven dos grupos: los macrólidos y las fluoroquinolonas respiratorias. Cuando la sospecha es seria se pautan sin esperar la confirmación del laboratorio.

Los casos graves se tratan en el hospital, con el fármaco por vena, y se añade lo que haga falta: oxígeno, apoyo mecánico a la respiración si la insuficiencia progresa, diálisis si fallan los riñones. Cuando cede la fiebre se pasa a comprimidos y se termina en casa. La pauta dura de una a tres semanas, más si el curso ha sido grave o las defensas están bajas, y hay que completarla entera aunque a los tres días se note una mejoría clara.

La mayoría se recupera del todo, pero despacio: el cansancio y el ahogo al esforzarse duran semanas y a veces meses, y eso forma parte de la convalecencia normal, no es una complicación. Aun así la enfermedad sigue siendo peligrosa: fallece alrededor de uno de cada diez enfermos, y casi siempre son aquellos en quienes el tratamiento se empezó tarde.

Qué se puede hacer para no enfermar

No existe vacuna, así que toda la protección está en cómo se maneja el agua.

  • Al volver a casa tras una ausencia larga, deje correr unos minutos el agua caliente y la fría. Conviene sacar la alcachofa de la ducha del flexible y meterla en un cubo para no levantar vapor, y salir de la habitación mientras tanto.
  • Mantenga el agua del termo realmente caliente, no por debajo de sesenta grados, y la fría realmente fría. La temperatura templada intermedia es justo lo que la bacteria espera. Si en casa hay niños o personas mayores, ponga un limitador de temperatura en el grifo en lugar de bajar el calentador.
  • Limpie la cal de las alcachofas de ducha y de los aireadores de los grifos cada pocos meses.
  • Vacíe la manguera del jardín y no la deje llena al sol.
  • Mantenga la bañera de hidromasaje según las instrucciones: sin filtrado y desinfección en condiciones se convierte en una incubadora perfecta.
  • Llene los humidificadores y los aparatos de inhalación con agua hervida o estéril, nunca del grifo.
  • Dejar de fumar es lo más eficaz de toda la lista, si le corresponde.

Una cosa más: si ha enfermado después de un hotel, un crucero o un spa, dígaselo al médico y avise al propio establecimiento y al servicio de sanidad local. Un solo foco localizado le evita la enfermedad a decenas de personas que llegarán allí después de usted.

Consulta en línea

La consulta a distancia sirve en dos momentos. Al principio, cuando después de un viaje aparecen fiebre y tos: el médico valora hasta qué punto el cuadro es preocupante, indica qué pruebas conviene pedir y qué hay que mencionar sin falta en la visita presencial para que la legionela no pase inadvertida. Y después de la curación, cuando el antibiótico ha terminado pero siguen el cansancio y el ahogo: entonces se trata de distinguir lo que aún es normal en la recuperación de lo que exige volver a estudiarse.

Acuda presencialmente y sin demora si le falta el aire en reposo, si aparece confusión, si se amoratan los labios o si la tensión cae de golpe. Eso requiere exploración y radiografía, no un mensaje.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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