Mal de altura
El aire de la montaña tiene la misma composición que el del nivel del mar, pero está enrarecido: en cada inspiración entra menos oxígeno.
En esta página
Medicamentos comúnmente prescritos para Mal de altura
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COLIRIO, 5,5 mg sodio cloruro;3 mg hipomelosa/mlPrincipio activo: artificial tears and other indifferent preparationsFabricante: Alcon Healthcare S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COLIRIO, 2 mg carmelosa sodicaPrincipio activo: artificial tears and other indifferent preparationsFabricante: Abbvie Spain, S.L.U.No requiere recetaForma farmacéutica: COLIRIO, 5 mg/mlPrincipio activo: artificial tears and other indifferent preparationsFabricante: Neuraxpharm Spain S.L.No requiere receta
El aire de la montaña tiene la misma composición que el del nivel del mar, pero está enrarecido: en cada inspiración entra menos oxígeno. El cuerpo no lo nota de inmediato, sino unas horas después de bajar del avión en una ciudad de altura, subir en teleférico o llegar a un puerto de montaña. El dolor de cabeza, las náuseas y el sueño roto de la primera noche arriba son la reacción más frecuente y, en sí mismos, no son graves. El mal de altura se vuelve peligroso en dos situaciones: cuando se confunde con cansancio y cuando, después de aparecer, se sigue subiendo.
Por qué arriba se pasa mal
La proporción de oxígeno del aire es la misma en la playa que a cuatro mil metros: alrededor del 21 %. Lo que cambia es la presión. Cuanto más arriba, menos apretado está el aire contra el suelo y menos moléculas de oxígeno caben en cada respiración. A tres mil metros hay alrededor de un tercio menos de lo habitual; a cinco mil quinientos, la mitad.
El organismo responde enseguida: la respiración se acelera, el pulso sube, en un par de días los riñones cambian la acidez de la sangre y luego la médula ósea fabrica más glóbulos rojos. Eso es la aclimatación. Se mide en días, no en horas, y el mal de altura aparece justo donde alguien ha subido más deprisa de lo que su cuerpo podía adaptarse.
En la mayoría el umbral empieza hacia los 2500 metros, y en algunas personas bastante antes. Lo decisivo no es el punto al que se llegó de día, sino la altura a la que se durmió: durante el sueño la respiración se vuelve más lenta y el oxígeno cae sobre todo de noche.
Cómo se presenta el mal de altura corriente
Las molestias aparecen entre 6 y 12 horas después de ganar altura, rara vez pasado el primer día. Casi siempre empiezan por la cabeza.
- dolor de cabeza opresivo, repartido por todo el cráneo, peor al amanecer, al agacharse y al toser, que cede mal con el analgésico de costumbre;
- náuseas, rechazo de la comida y a veces vómitos;
- una debilidad que hace que una etapa conocida cueste el doble;
- mareo e inestabilidad al caminar;
- sueño entrecortado: uno se despierta con falta de aire y por la noche la respiración se acelera y luego se detiene unos segundos;
- hinchazón de la cara, las manos y los tobillos por la mañana.
El cuadro se confunde fácilmente con una deshidratación, una intoxicación alimentaria o una resaca, y ahí está la trampa principal. En altura conviene dar por hecho que cualquier malestar es mal de altura mientras no se demuestre lo contrario: equivocarse en ese sentido cuesta un día perdido; equivocarse en el contrario puede costar la vida. Si uno se detiene y no sigue subiendo, la forma corriente se resuelve en uno a tres días.
Edema cerebral y edema pulmonar: cuando se cuenta por horas
Dos formas poco frecuentes del mal de altura tienen otro desenlace: sin descenso la persona muere en horas, como mucho en un día, y ningún medicamento cambia eso.
El edema cerebral de altura suele crecer a partir de un mal de altura desatendido. Lo primero que falla es el equilibrio: la persona no camina en línea recta poniendo un pie delante del otro y se tambalea como si estuviera bebida. Después llegan la confusión, las conductas extrañas, la indiferencia, una somnolencia creciente y el coma.
El edema pulmonar de altura puede aparecer sin dolor de cabeza alguno, a menudo en la segunda noche. El primer signo es la falta de aire en reposo y una pérdida brusca de resistencia: la persona se queda atrás en un tramo que el día anterior hacía sin esfuerzo. Luego la tos seca se vuelve húmeda, con esputo espumoso y rosado, la respiración borbotea, labios y uñas se ponen azulados y tumbarse cuesta más que estar sentado.
Hay que bajar de inmediato si usted o un compañero presentan aunque sea uno de estos signos:
- equilibrio o marcha alterados;
- confusión, respuestas incoherentes, somnolencia sin explicación;
- falta de aire en reposo o tos con esputo espumoso, rosado o con sangre;
- labios, lengua o uñas azulados;
- vómitos que impiden beber;
- dolor de cabeza intenso que no cede con analgésico y reposo.
El descenso es el único tratamiento que funciona siempre. Hay que bajar de noche, con mal tiempo o a mitad de ruta, en cuanto se detecte cualquiera de esos signos. Al enfermo no se le deja solo ni se le manda a bajar sin compañía: en media hora puede dejar de entender dónde está.
Quién tolera peor la altura
Predecir la reacción de antemano es casi imposible, pero hay cosas que se saben con certeza.
- la velocidad de ascenso pesa más que todo lo demás: volar directamente a una ciudad de altura o dormir por encima de los tres mil el primer día es el escenario más habitual;
- haber tenido mal de altura antes es el mejor indicador de que se repita;
- la forma física no protege: quien está entrenado sube más rápido y enferma más, y la fuerza de voluntad aquí no sirve;
- los niños toleran la altura igual que los adultos, pero en los pequeños todo parece rabieta, inapetencia o decaimiento, y cuesta más reconocerlo;
- las enfermedades del corazón y del pulmón, la anemia grave, la hipertensión pulmonar, la apnea del sueño o una cirugía reciente obligan a hablar con el médico antes del viaje;
- en la anemia falciforme la altura puede desencadenar una crisis, y en el embarazo las pernoctas en alta montaña se valoran aparte.
Cómo subir para no llegar a padecerlo
La prevención es una cuestión de calendario, no de equipo.
- por encima de los 3000 metros, suba la altura a la que duerme un máximo de 300 a 500 metros al día;
- cada tres o cuatro días, o cada mil metros ganados, reserve una jornada sin ganar altura;
- trabaje alto y duerma bajo: de día se puede subir más si por la noche se regresa;
- si ha llegado arriba en avión, pase el primer día o dos sin esfuerzos ni excursiones más altas;
- beba según la sed y coma bien: forzarse a tragar litros de agua es contraproducente, y en altura los hidratos de carbono se digieren mejor;
- renuncie al alcohol y a los somníferos las primeras noches: deprimen la respiración justo cuando más falta hace;
- deje días de margen y compruebe si el seguro cubre el rescate en montaña.
A quien ya lo ha padecido antes o se ve obligado a ganar altura deprisa, el médico puede pautarle con antelación un fármaco del grupo de los inhibidores de la anhidrasa carbónica, que acelera la adaptación de la respiración. Es una conversación previa al viaje, no algo que se toma prestado del botiquín de un compañero.
Qué hacer si el cuadro ya ha empezado
Lo primero y fundamental es parar: no seguir avanzando ni dormir más alto que la noche anterior hasta que el estado se enderece.
Para el dolor de cabeza sirven los analgésicos habituales; para las náuseas, los antieméticos. El alcohol y los somníferos quedan descartados. Si en veinticuatro horas no hay mejoría, hay que bajar entre 500 y 1000 metros: en la mayoría de los casos con eso basta.
El oxígeno en botella y la cámara hiperbárica portátil son recursos serios de rescate, pero compran tiempo, no curan. Con los medicamentos ocurre igual: el inhibidor de la anhidrasa carbónica acelera la aclimatación, un glucocorticoide frena el edema cerebral y en el edema pulmonar se usan fármacos que bajan la presión en los vasos del pulmón. Estos últimos no son las pastillas «para la tensión» que alguien toma en casa, y cogerlas del botiquín ajeno es peligroso. Todo ello solo sirve como apoyo camino abajo.
Se puede retomar el ascenso cuando los síntomas han desaparecido del todo y se lleva un día entero bien. Después de un edema pulmonar o cerebral, seguir ganando altura en ese viaje no se plantea.
Consulta en línea
La consulta a distancia resulta útil en la preparación: el médico repasa el itinerario por fechas y alturas de pernocta, valora cómo encajan con él las enfermedades crónicas y la medicación habitual, comenta si tiene sentido un fármaco preventivo y ayuda a montar un botiquín razonable en lugar de un surtido al azar. Al volver del viaje sirve para entender si el malestar se debió a la altura. En cambio, cuando los síntomas ya se han desplegado en la montaña, hablar con un médico no sustituye nada: la decisión de bajar se toma allí mismo y sin demora.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Mal de altura
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Mal de altura con un médico online.















