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Ectropión

El ectropión aparece cuando el párpado inferior se separa del globo ocular y se vuelve hacia fuera.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

El ectropión aparece cuando el párpado inferior se separa del globo ocular y se vuelve hacia fuera. El borde deja de apoyarse, la cara interna rosada queda a la vista y el ojo pierde esa franja estrecha que durante toda la vida ha sostenido sobre él la película lagrimal. No es un problema peligroso en sí mismo y casi siempre afecta solo al párpado de abajo, pero convivir con él resulta molesto: el ojo lagrimea y se seca a la vez, enrojece al caer la tarde y amanece pegado. Casi siempre llega con la edad y se instala a lo largo de meses, así que durante mucho tiempo se atribuye al cansancio. Y sin embargo, de lo pronto que se detecte depende que el asunto se resuelva con unas gotas.

Para qué está el párpado pegado al ojo

El párpado inferior hace dos trabajos a la vez, y ambos se hacen evidentes justo cuando deja de cumplirlos.

El primero es el de limpiaparabrisas. En cada parpadeo el borde recorre la córnea y vuelve a repartir sobre ella la película lagrimal. Esa película es finísima, aguanta unos segundos y sin renovarse se rompe; bajo la rotura la superficie del ojo se seca al instante. Un párpado despegado barre aire, y una parte de la córnea se queda al descubierto, sobre todo la inferior, la misma que durante el sueño queda fuera.

El segundo trabajo es el de desagüe. En el ángulo interno del ojo hay un orificio diminuto, el punto lagrimal, por donde la lágrima se va hacia la nariz. Ese punto tiene que estar sumergido en el lago lagrimal y apoyado contra el ojo, y el músculo del párpado funciona como una bomba con cada parpadeo. En cuanto el párpado se aparta, el punto mira al aire, la bomba trabaja en vacío y la lágrima se derrama por el borde.

De ahí la paradoja central de esta enfermedad: el ojo llora no porque sobre lágrima, sino porque no se evacua; y la córnea, mientras tanto, se queda sin ella y se seca. Por eso aquí ayudan los productos para la sequedad y no las llamadas «gotas para el lagrimeo».

Existe también la situación inversa: el borde del párpado se enrolla hacia dentro y las pestañas rozan el ojo. Eso es un entropión, otra afección con otro tratamiento, aunque las molestias iniciales se parezcan.

Qué se nota

El conjunto de molestias es bastante reconocible y suele avanzar en bloque.

  • Un ojo que llora sin parar. La lágrima cae por la mejilla con viento, con frío, al leer, a veces sin motivo alguno. De tanto secarla, la piel de debajo del ojo se irrita y se descama.
  • Sensación de arenilla y escozor. Es la córnea secándose. Empeora al final del día y delante de una pantalla, y también por la mañana si el ojo no ha llegado a cerrarse durante la noche.
  • Enrojecimiento. Se enrojece el blanco del ojo y también la cara interna del párpado expuesta, que con el aire se engrosa y se vuelve áspera. En pieles oscuras el enrojecimiento del párpado cuesta más de ver: hay que guiarse por la hinchazón y por las sensaciones.
  • Una visión que va y viene. Las letras se emborronan y, tras unos parpadeos, se aclaran un segundo. Quien se comporta así no es el ojo, sino la película lagrimal que se rompe.
  • Legañas por la mañana, pestañas pegadas, conjuntivitis y orzuelos repetidos: una superficie desprotegida se infecta con más facilidad.
  • Un ojo que no cierra del todo. Casi nadie lo advierte por sí mismo; suele decirlo la familia al ver a la persona dormida con los ojos entreabiertos.

Por qué el párpado se vuelve hacia fuera

Las causas son varias, y de ellas depende directamente qué hacer después.

  • La edad. Es la situación más frecuente: los ligamentos que sujetan el párpado al reborde óseo de la órbita se distienden, el músculo pierde fuerza y el párpado cae por su propio peso. Ocurre a lo largo de años, casi siempre en los dos ojos, aunque se note más en uno.
  • Parálisis facial. El músculo que cierra los párpados deja de recibir órdenes y el párpado se descuelga de golpe, en horas o días. Pasa con la parálisis de Bell, tras cirugía de la glándula parótida, tras un herpes zóster con lesiones en el oído o después de un ictus. Aquí el ectropión rara vez viene solo: en ese mismo lado no se levanta la ceja y la comisura de la boca se desplaza.
  • Una cicatriz. La piel de debajo del ojo se ha acortado y tira del párpado hacia abajo: quemaduras, traumatismos, años de daño solar y, muy a menudo, la huella de una cirugía, incluida una blefaroplastia o la extirpación de un tumor palpebral.
  • Inflamación crónica de la piel del párpado: eccema, dermatitis seborreica, alergia. Un apartado propio, y muchas veces pasado por alto, son los años de colirios, sobre todo los del glaucoma: la piel responde a los conservantes con una dermatitis larvada, se arruga y tira del párpado.
  • Una lesión en el párpado. Un quiste o un tumor tiran del borde hacia abajo por su peso, o lo deforman al cicatrizar.
  • Forma congénita. Es rara y suele acompañar a otras particularidades de la cara.

Lo que no se puede achacar a la edad

Un párpado que se descuelga despacio se comenta con calma en una consulta programada. Pero hay situaciones en las que no se espera.

  • La cara se ha torcido en unas horas. El ojo no cierra, la ceja no sube, la comisura de la boca se ha caído. Aunque acabe siendo una parálisis de Bell, hay que estudiarlo ese mismo día. Y si junto con la cara se debilita un brazo o una pierna, el habla se enreda o se pierde visión, hay que llamar de inmediato a una ambulancia (en los países europeos el número único es el 112): así puede empezar un ictus.
  • Un bultito o una llaga en el párpado que no curan. Alertan un endurecimiento que crece durante meses, una herida que sangra de vez en cuando, una zona donde las pestañas se han caído y no vuelven, o un párpado deformado en un único punto. Es la línea más importante de toda esta página: el cáncer de piel del párpado tiene un aspecto discreto y en fase temprana se extirpa por completo, mientras que descuidado avanza hacia el interior de la órbita.
  • El ojo duele de repente, molesta la luz, se ve turbio o la vista empeora. Así se manifiesta el daño de una córnea reseca, que puede llegar a la úlcera. La revisión hace falta en horas, no «cuando haya hueco».
  • Un párpado vuelto hacia fuera de manera repentina en una persona joven, sin nada previo. Hay que buscar la causa: sola no aparece.

Los cuidados de cada día

Mientras espera la consulta o prepara la cirugía, el objetivo es uno solo: que la córnea no se seque. No son medidas cosméticas, previenen complicaciones reales.

  • Hidratar el ojo con regularidad, no cuando ya escuece. De día, lágrimas artificiales, y si se usan muchas veces, mejor sin conservantes; de noche, un gel o una pomada, que aguantan hasta la mañana aunque emborronen la vista un rato.
  • Secar bien la lágrima. Dar toquecitos en vez de frotar, y pasar el pañuelo de abajo arriba y hacia la nariz, es decir, empujando el párpado contra el ojo. El gesto habitual, hacia abajo y hacia fuera, estira todavía más el párpado y empeora el cuadro mes a mes.
  • No frotarse los ojos nunca, ni por picor ni al despertar. Si pica, es preferible aplicar algo fresco.
  • Proteger el ojo por la noche si no llega a cerrarse: el médico enseña a fijar el párpado con un esparadrapo específico o a usar una cámara húmeda. No conviene improvisar con cinta adhesiva corriente.
  • Quitar de en medio lo que reseca: el chorro del aire acondicionado o del ventilador en la cara, la estufa junto a la cama, el viento, el humo. En la calle, unas gafas cualquiera ayudan como barrera contra el aire.
  • Cuidar la piel y el borde del párpado. Una compresa tibia y una limpieza suave del borde de las pestañas por la mañana retiran las costras. La piel de debajo del ojo se trata con una crema emoliente, y si está inflamada hay que tratarla: una zona seca y arrugada tira del párpado hacia abajo.
  • Revisar los colirios. Si lleva años poniéndose algo para el glaucoma, dígalo: a veces basta con pasar a una presentación sin conservantes para que la piel se calme.

Qué decide el médico

El diagnóstico se hace mirando, sin aparatos: se examina el párpado y se comprueba su tono tirando del borde y observando con qué rapidez vuelve a su sitio. Un párpado sano se pega de nuevo al instante; uno distendido se queda separado. De paso se valora si el ojo cierra por completo, en qué estado está la córnea, si el nervio facial funciona y si hay alguna lesión sospechosa en el párpado.

Si apenas hay molestias, no es obligatorio tratar: bastan la vigilancia y la hidratación. Cuando la córnea se seca y el lagrimeo impide hacer vida normal, la solución es una intervención pequeña con anestesia local.

  • En el ectropión de la edad el párpado se acorta y se tensa, fijándolo de nuevo al reborde óseo de la órbita junto al ángulo externo. Es la más habitual y la más previsible de estas operaciones.
  • Si solo está vuelta la parte interna del párpado con el punto lagrimal, se reorienta hacia dentro con un punto de sutura por la cara posterior.
  • En la forma cicatricial no basta con tensar: hay que devolverle longitud a la piel con un colgajo o un injerto, tomado casi siempre del párpado superior o de detrás de la oreja.
  • En la parálisis facial primero se protege el ojo y se espera: el nervio se recupera a menudo solo, en semanas o meses. Si no ocurre, se tensa el párpado y a veces se añade una lámina fina que da peso al párpado superior para que baje mejor.
  • Las lesiones del párpado se extirpan con estudio del tejido, y el párpado se reconstruye en el mismo acto o en un segundo tiempo.

La recuperación lleva un par de semanas: la hinchazón y el moratón duran unos días y se pauta una pomada durante un tiempo. El resultado suele mantenerse, pero los tejidos siguen distendiéndose con los años, así que al cabo de un tiempo el párpado se vuelve a tensar en algunos casos.

Consulta en línea

A distancia resulta cómodo aclarar qué le pasa al párpado y con cuánta urgencia. El médico preguntará desde cuándo ocurre y a qué velocidad ha ido a más, si el ojo llora, si hay sensación de arenilla, si el ojo se cierra durante el sueño, qué colirios usa de forma continuada y si ha habido cirugías, traumatismos o quemaduras en la zona, y pedirá enseñar el párpado a la cámara tirando de él hacia abajo. Con esa conversación suele quedar claro si se trata de una laxitud por la edad, de una cicatriz o de una parálisis facial, si hace falta un oftalmólogo en pocos días y qué hacer hoy mismo con la sequedad. En línea también se resuelven la elección de los hidratantes, la técnica de protección nocturna y las dudas de antes y después de la cirugía. Lo que no se resuelve por pantalla es una cara torcida de repente, una herida que no cura en el párpado o un dolor intenso con fotofobia: eso exige una revisión presencial y rápida.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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