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Displasia de cadera en los niños

La cadera está construida como una bola dentro de una copa: la cabeza redonda del fémur se aloja en una cavidad de la pelvis y se mantiene ahí gracias a la…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La cadera está construida como una bola dentro de una copa: la cabeza redonda del fémur se aloja en una cavidad de la pelvis y se mantiene ahí gracias a la profundidad de esa cavidad, a los ligamentos y a la cápsula. Hay displasia cuando la copa ha quedado demasiado plana y la cabeza se asienta en ella sin sujeción. El grado extremo es que la cabeza se salga del borde, es decir, la luxación. Antes se hablaba de luxación congénita de cadera, pero el nombre resultó impreciso: en una parte de los niños la articulación es normal al nacer y se «desajusta» en los primeros meses. Por eso hoy se habla de displasia del desarrollo, subrayando que el proceso ocurre a lo largo del tiempo. De ahí también la idea central de esta página: cuanto antes se detecta la cadera, más suave es el tratamiento.

Qué ocurre dentro de la articulación

La cavidad y la cabeza crecen la una hacia la otra y se moldean mutuamente: la cabeza redonda, apretada contra la copa cartilaginosa, la ahonda, y una copa profunda sujeta la cabeza. Si la cabeza está torcida o medio fuera, la cavidad crece plana y cada mes que pasa consolida el desajuste. El niño, entretanto, no siente nada: la displasia del lactante no duele, no le impide moverse y no altera su humor. Precisamente por eso se busca con exploraciones y no se espera a que haya quejas.

Si la cadera no se coloca, la factura llega más tarde: cojera y marcha de pato en el preescolar, dolor inguinal y lumbar en el adolescente, diferencia de longitud entre las piernas, artrosis precoz de cadera y de columna en el adulto joven. Una cadera tratada a tiempo se desarrolla después, casi siempre, como cualquier otra.

En quién aparece con más frecuencia

La displasia no es rara y afecta con más frecuencia a una sola cadera, habitualmente la izquierda. Se conocen circunstancias que aumentan la probabilidad:

  • las niñas, en quienes se encuentra varias veces más a menudo que en los niños;
  • la presentación de nalgas en las últimas semanas del embarazo, es decir, cuando el bebé estaba con los pies o las nalgas hacia abajo, y esto cuenta con independencia de cómo terminara el parto;
  • displasia en los padres, los hermanos o las hermanas;
  • ser el primer hijo;
  • poco líquido amniótico y todo lo que apretara al bebé dentro del útero, incluido un feto grande o un embarazo múltiple;
  • el envolver al bebé apretado, con las piernas estiradas y juntas, durante los primeros meses;
  • tortícolis y deformidades de los pies detectadas al nacer, que suelen ir en la misma compañía.

Una advertencia importante: más de la mitad de los niños con displasia no tiene ninguna de estas circunstancias. La ausencia de factores de riesgo no significa que la cadera pueda dejar de mirarse.

Cómo y cuándo se revisan las caderas

Las caderas del recién nacido se exploran en los primeros días de vida y la exploración se repite en las revisiones programadas del primer semestre. Los plazos varían algo de un país a otro; el principio es el mismo: no una exploración, sino varias, porque una parte de los casos no se manifiesta enseguida.

La exploración en sí es sencilla. El médico desviste al niño, separa las piernas flexionadas y compara si se abren por igual, mira los pliegues del muslo y la longitud de las piernas, y realiza dos maniobras en las que la cabeza del fémur o bien se desliza fuera de la cavidad o bien vuelve a entrar. No duele, aunque a pocos lactantes les gusta estar desnudos sobre una camilla.

Si la exploración deja dudas, o si hay antecedente de presentación de nalgas o historia familiar, se solicita una ecografía de caderas, normalmente hacia el mes y medio de vida. Hacerla antes tiene poco sentido: una parte de las caderas madura sola y una imagen demasiado precoz lleva a tratar de más. La ecografía muestra el cartílago y por eso sirve en los más pequeños; a partir de los seis meses aproximadamente, cuando aparece el núcleo óseo en la cabeza, resulta más informativa la radiografía. En un embarazo gemelar se estudia a los dos niños aunque solo uno estuviera de nalgas.

Un apunte sobre los chasquidos. Un chasquido breve e indoloro al abrir las piernas también se oye en niños sanos y suele venir de los ligamentos. Lo que cuenta no es el ruido, sino la sensación de deslizamiento de la cabeza que el médico nota con las manos, y el cuadro en conjunto.

Qué debe alertar a los padres más adelante

Las revisiones del primer semestre detectan la mayoría de los casos, pero no todos: una cadera puede desajustarse después. Conviene llevar al niño al médico en los días siguientes, y no cuando se tercie, si los padres observan:

  • una pierna se abre hacia el lado claramente menos que la otra al cambiar el pañal;
  • las piernas parecen de distinta longitud y, con el niño boca arriba y las rodillas dobladas, estas quedan a distinta altura;
  • los pliegues de los muslos y de las nalgas son marcadamente asimétricos;
  • el niño gatea arrastrando una pierna;
  • los primeros pasos son con cojera o balanceándose de un lado a otro;
  • el niño camina de puntillas solo con un pie.

La asimetría de los pliegues por sí sola también se ve en niños sanos y, sin los demás signos, no significa nada; aun así, revisar la cadera es más sencillo que quedarse con la duda.

Y hay algo que no requiere una cita con el traumatólogo, sino atención urgente. Si el niño ha dejado de golpe de apoyar la pierna, la mantiene en una postura forzada y grita al intentar moverla, sobre todo si además tiene fiebre, eso no es displasia. Así se comportan la infección de la articulación y la infección del hueso, que destruyen la cadera en pocos días. En esa situación hace falta atención urgente el mismo día, no observación.

El arnés de Pavlik y otros dispositivos blandos

Al niño en quien la displasia se encuentra en los primeros meses se le suele colocar un arnés de Pavlik, un sistema de tiras de tela que mantiene las piernas flexionadas y separadas. Nada de estirar ni de traccionar: la idea es que la cabeza del fémur quede en la posición correcta y con su propia presión vaya ahondando la cavidad. El niño mueve las piernas con libertad y la articulación se forma con el movimiento.

Lo que conviene que sepan los padres:

  • se lleva de forma continua, normalmente semanas o meses, y no debe quitarlo nadie salvo el médico: retirarlo por cuenta propia echa a perder el tratamiento;
  • el pañal se cambia como siempre, con el arnés puesto, y se coloca por debajo de las tiras;
  • la ropa se elige holgada y se pone por encima del dispositivo; van bien los bodis y los pantalones de una talla más;
  • el arnés no se lava, pero la zona manchada puede limpiarse con un cepillo de dientes viejo y agua con jabón, y secarse sin quitarlo;
  • el niño debe dormir boca arriba;
  • se pone una almohadilla suave de algodón donde las tiras rocen y cada día se revisa la piel de axilas, ingles y hueco de las rodillas.

Llame al médico sin esperar a la cita programada si: la piel bajo las tiras se ha enrojecido o supura, el niño ha dejado de mover una pierna o de encogerla hacia el vientre, el dispositivo se ha desplazado y es evidente que no está como se colocó, o el niño se ha vuelto irritable sin otro motivo.

El médico comprueba la posición de la cadera en cada revisión y ajusta las tiras a medida que el niño crece. Hacia el final del tratamiento se suele permitir quitarlo durante ratos cortos y después de forma definitiva. A partir de entonces el niño necesita moverse con libertad; empezará a andar cuando le toque y no hay que meterle prisa.

Cuándo hace falta operar

Se plantea cirugía si la displasia se encontró tarde, pasados alrededor de los seis meses, o si el tratamiento blando no ha funcionado. La intervención básica se llama reducción: se devuelve la cabeza del fémur a su cavidad bajo anestesia general. Hay dos caminos. La reducción cerrada se hace sin incisiones: la articulación se coloca y se mantiene con un yeso. En la reducción abierta se accede por la ingle, porque estorban los tejidos blandos acortados, y el cirujano retira ese obstáculo bajo visión directa.

Tras la reducción se pone un yeso que abarca la pelvis y las piernas. Se lleva durante meses, con cambios de yeso bajo anestesia y radiografías de control. En niños mayores o con deformidad marcada se añade una intervención sobre el hueso, la osteotomía: se secciona el fémur o el hueso de la pelvis y se gira para que cabeza y cavidad coincidan.

Con el cirujano conviene hablar despacio: qué alcance tiene lo previsto, cuánto tiempo de yeso, cómo lavar al niño, cómo transportarlo en coche, cuándo son las revisiones. El seguimiento dura años, porque la cadera sigue creciendo y el médico debe ver que crece bien.

Envolver al bebé, portabebés y todo lo que junta las piernas

En los primeros meses las caderas del bebé son blandas y moldeables. Si durante ese tiempo las piernas se mantienen largo rato estiradas y juntas, la cavidad puede formarse peor, y en un niño con una cadera ya inestable el asunto empeora. Por eso:

  • si envuelve al bebé, deje libertad a las piernas: la tela va suelta por abajo y el niño puede doblar las rodillas y encogerlas;
  • en la mochila y en el fular las caderas deben quedar separadas y las rodillas más altas que el culito; los portabebés estrechos, en los que las piernas cuelgan juntas, son peores para un lactante;
  • la silla del coche y la hamaca son seguras, pero no conviene pasar el día en ellas: el niño necesita ratos tumbado moviendo las piernas a su aire;
  • no compre aparatos que prometen «corregir las piernecitas» sin que se los haya indicado un médico.

Consulta en línea

La cadera de un lactante se valora con las manos y con ecografía, así que el diagnóstico no se hace a distancia. Pero la consulta en línea resuelve las preguntas en las que los padres suelen perder tiempo. El médico repasará si el niño necesita una ecografía y cuándo conviene hacerla, y le explicará el informe: los grados de los ángulos y las letras de los tipos asustan más de lo que deberían. En línea se puede enseñar cómo el niño abre las piernas y cómo gatea, comentar la asimetría de los pliegues, preguntar por el portabebés y por cómo envolverlo, y repasar la vida diaria con el arnés: cómo vestirlo, cómo lavarlo, qué hacer con la piel enrojecida. Y decidir lo principal: si se puede esperar a la revisión prevista o hay que ir hoy. Si el cuadro exige una exploración, le derivarán al traumatólogo de forma presencial, y ese es el desenlace correcto de la consulta.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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