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Medicamentos comúnmente prescritos para Disentería
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Tecnimede España Industria Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 200 mg azitromicina/5 mlPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Teva Pharma S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 100 MGPrincipio activo: DoxiciclinaFabricante: Hospira Invicta S.A.Requiere receta
Se llama disentería a la infección intestinal que inflama el intestino grueso y hace aparecer sangre y moco en las deposiciones. En rigor no es una enfermedad concreta, sino la descripción de un cuadro: puede provocarlo más de un microorganismo, y de cuál sea el culpable dependen tanto el tiempo de recuperación como la necesidad de antibióticos. La mayoría de los adultos se recupera en una semana. Pero la sangre en las heces es justamente el signo que no se deja pasar en casa: siempre se enseña a un médico y, si se trata de un niño, el mismo día.
Cómo se manifiesta
Suele empezar de forma brusca, a menudo uno o dos días después de una comida dudosa o del contacto con alguien enfermo. Al principio las deposiciones son simplemente líquidas y acuosas y, al cabo de un día, aparecen en ellas hilos de sangre y un moco turbio. A eso se añaden:
- dolor abdominal en forma de retortijones, más en el lado izquierdo y en la parte baja, que cede un rato después de ir al baño;
- ganas frecuentes y agotadoras de defecar con muy poco resultado, lo que se conoce como tenesmo;
- fiebre, escalofríos, dolores musculares y agotamiento;
- náuseas y a veces vómitos;
- falta de apetito y una debilidad evidente ya al final del primer día.
Hay un detalle que ayuda a distinguir la disentería de otras infecciones intestinales: cada deposición es de poco volumen, pero las idas al baño son muchísimas, diez, veinte o más en un día. En las diarreas acuosas ocurre lo contrario, se pierden litros de líquido en pocos episodios pero no hay sangre. Son mecanismos distintos: allí el intestino segrega agua, aquí está inflamado y dañado por dentro.
Conviene recordar también la otra cara del asunto: la sangre en las heces no siempre significa infección. Un aspecto parecido pueden tener una fisura anal, unas hemorroides, una enfermedad inflamatoria intestinal y, en una persona mayor, un tumor. Si la diarrea ha pasado y la sangre sigue, o si los sangrados vuelven por temporadas durante meses, casi con seguridad no hay ningún microbio detrás y el estudio debe ser otro.
De dónde viene
Los responsables son varios y se comportan de manera distinta.
- Las shigelas, la disentería bacteriana clásica. Son extraordinariamente contagiosas: basta con tragar una cantidad mínima de bacterias para enfermar, y por eso la infección circula con tanta facilidad dentro de una casa o de una guardería.
- Ciertos grupos de Escherichia coli, entre ellos los que producen toxina Shiga. Se asocian a brotes por carne picada poco hecha, leche sin pasteurizar, verduras mal lavadas y contacto con animales de granja.
- Campylobacter y salmonela, sobre todo tras pollo o huevos poco cocinados. La sangre no siempre aparece, pero el dolor puede ser muy intenso.
- La amiba de la disentería, que no es una bacteria sino un protozoo. Es propia de zonas tropicales y subtropicales, se instala más despacio, en una o dos semanas, cursa a menudo con poca fiebre y da una diarrea que va y viene. Es la que hay que tener presente después de un viaje a un país cálido.
La vía de contagio es siempre la misma, la boca, a través de lo que ha tocado material fecal de un enfermo. En la práctica eso significa manos sin lavar, agua del grifo en lugares con saneamiento deficiente, hielo, verduras y hierbas enjuagadas con esa agua, toallas compartidas y también el sexo oral y anal. La persona contagia mientras dura la diarrea y algún tiempo después, y por eso los convivientes suelen caer unos días más tarde que el primer caso de la casa.
Cuándo no se puede esperar a mañana
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112) o acuda a urgencias si aparece cualquiera de estas situaciones:
- la cantidad de sangre es abundante o la deposición es prácticamente sangre;
- hay signos de deshidratación: lengua seca, mareo al ponerse de pie, poca orina y muy oscura y, en un niño, el pañal seco durante seis u ocho horas seguidas, llanto sin lágrimas, fontanela hundida o una somnolencia rara;
- los vómitos impiden retener siquiera un sorbo de líquido;
- el abdomen se hincha y se pone duro, el dolor es continuo e intenso y las deposiciones se han detenido: así se comporta una complicación grave en la que el intestino grueso se dilata en exceso;
- fiebre alta con confusión, convulsiones o somnolencia marcada;
- el enfermo tiene las defensas bajas, está embarazada, es una persona mayor o un lactante de menos de tres meses.
Menciono aparte lo que de verdad justifica leer un texto como este. Unos días después de una diarrea con sangre, sobre todo en un niño en edad preescolar, puede desarrollarse un síndrome hemolítico urémico: la toxina Shiga destruye los glóbulos rojos y daña el riñón. Alertan la palidez repentina, una somnolencia inusual, la hinchazón de párpados y piernas, los moratones sin golpe previo y, sobre todo, que el niño casi haya dejado de orinar cuando la diarrea ya está remitiendo. Es un cuadro que solo se trata en el hospital y en el que el tiempo pesa mucho. Ante esa coincidencia se llama a la ambulancia de inmediato, sin esperar a ninguna cita.
Qué hace el médico
Lo primero es averiguar quién es el culpable. Para eso hace falta un análisis de heces, con cultivo y detección del ADN de los microorganismos, y si se sospecha una amiba se examina además la muestra al microscopio o se buscan sus antígenos. La analítica de sangre muestra la intensidad de la respuesta inflamatoria, si el riñón ha sufrido y si la sangre se ha concentrado por la pérdida de líquido. Si acaba de volver de un viaje, dígalo y precise el destino: el abanico de causas posibles cambia mucho según el lugar.
Y aquí llega lo que sorprende a mucha gente: los antibióticos no son necesarios en todos los casos. La mayoría de las disenterías bacterianas se resuelven solas, y el tratamiento acorta la enfermedad apenas un día o día y medio. Es más, cuando se sospecha una Escherichia coli productora de toxina Shiga, los antibióticos pueden aumentar el riesgo de ese mismo daño renal, de modo que antes del resultado del análisis no se prescriben a la ligera. Existe también el lado contrario: en los cuadros graves, en una infección por shigela confirmada, en pacientes debilitados y en niños muy pequeños el antibiótico sí es necesario. La amebiasis se trata con fármacos completamente distintos y en dos tiempos: primero se elimina el parásito de los tejidos y después, con otro medicamento, se limpia la luz del intestino, porque de lo contrario la enfermedad reaparece. Todo esto son decisiones del médico y no se pueden tomar leyendo en internet.
Si la deshidratación es grave, los vómitos incoercibles o hay sospecha de complicación, el paciente ingresa y se le reponen los líquidos por vía intravenosa.
En casa, lo esencial es no deshidratarse
Mientras dura la diarrea el organismo pierde agua y también sales, y es la falta de estas últimas la que produce la debilidad, el dolor de cabeza y el mareo.
- Compre en la farmacia sobres de sales de rehidratación oral y beba la solución poco a poco pero sin parar, unos sorbos cada cinco o diez minutos. Un vaso entero de golpe suele volver por donde ha entrado.
- Los refrescos azucarados, los zumos comerciales y las bebidas para deportistas no cumplen ese papel: llevan demasiado azúcar y empeoran la diarrea.
- Coma en cuanto le apetezca. No hace falta ayunar ni pasarse semanas a base de arroz y pan tostado, porque eso solo retrasa la recuperación del intestino. Empiece por la comida habitual en porciones pequeñas.
- Algunas personas toleran peor los lácteos durante un par de semanas después de una infección intestinal; si nota hinchazón, apártelos un tiempo. La lactancia materna, en cambio, no se interrumpe ni un día.
- Los medicamentos que frenan la diarrea no se toman cuando hay sangre en las heces. Retienen dentro al microorganismo y a sus toxinas y aumentan el riesgo de complicaciones.
- El alcohol, el café y la comida muy grasa es razonable dejarlos para después.
- Sobre los analgésicos y antitérmicos pregunte al médico o al farmacéutico, sobre todo si ya toma algo de forma habitual.
Lo normal es una semana. Las heces blandas y los ruidos intestinales pueden durar otros diez días una vez pasado el resto, y eso no tiene nada de preocupante. Lo que sí obliga a volver a la consulta es no notar ninguna mejoría al cabo de una semana, o que la sangre reaparezca tras unos días buenos.
Para que no enfermen los demás
La disentería recorre una casa deprisa, y aquí las medidas sencillas funcionan mejor que cualquier medicamento.
- Lávese las manos con agua y jabón durante al menos veinte segundos, después del baño, después de cambiar un pañal y antes de cocinar y de comer. El gel hidroalcohólico rinde menos en las infecciones intestinales: no arrastra las partículas y algunos microorganismos resisten al alcohol.
- Reserve una toalla de uso exclusivo para el enfermo.
- Lave por separado y a temperatura alta la ropa, las toallas y la ropa de cama manchadas.
- Limpie a diario la tapa del inodoro, el pulsador de la cisterna, los grifos, los interruptores y los picaportes.
- No cocine para los demás hasta que hayan pasado dos días desde la última deposición líquida.
- No vaya a la piscina en las dos semanas siguientes a la curación: el cloro no acaba con todo.
- El niño se queda en casa y no vuelve a la guardería ni al colegio hasta cuarenta y ocho horas después del último episodio.
- Durante la enfermedad conviene abstenerse de las relaciones sexuales, y mantener protección de barrera en las prácticas orales y anales durante algún tiempo más.
Si va a viajar
Allí donde el agua potable es un problema, el riesgo de infección intestinal es alto, y casi todo depende de unos pocos hábitos sencillos.
- Beba agua embotellada con el precinto intacto o agua hervida, y úsela también para lavarse los dientes.
- Recuerde que el hielo de las bebidas es esa misma agua del grifo.
- De la fruta y la verdura elija la que se pela y pélela usted; las ensaladas y las hierbas crudas en sitios dudosos, mejor saltárselas.
- Coma platos calientes y recién hechos; lo que lleva horas en un expositor o al sol es preferible esquivarlo.
- Los helados, los postres lácteos caseros y los quesos sin pasteurizar con calor son una fuente frecuente de problemas.
- Lleve sobres de sales de rehidratación en la maleta: van a serle útiles mucho más a menudo que un botiquín completo.
Y avise siempre al médico del viaje si la diarrea con sangre empezó de camino o en las primeras semanas tras la vuelta, aunque para entonces ya esté en casa y se encuentre pasablemente bien.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien la pregunta principal: si esto es una infección intestinal corriente que puede terminar de curarse en casa o una situación que exige exploración y análisis hoy mismo. El médico repasará cómo empezó todo, qué comió y dónde estuvo, cuántas deposiciones hace al día y cuánto líquido consigue beber, valorará el riesgo de deshidratación y explicará qué análisis de heces tiene sentido pedir y cómo recoger bien la muestra. Aparte le dirá qué signos vigilar en un niño durante los próximos días y en qué momento hay que dejarlo todo e ir a urgencias. Los cuadros de la lista de signos de alarma no se atienden a distancia: ante ellos se llama directamente a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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