Desgarro meniscal (daño del cartílago de la rodilla)
El menisco se rompe de dos maneras muy distintas. En una persona joven ocurre por un giro brusco con la pierna cargada: fútbol, un mal apoyo al caer, un…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Desgarro meniscal (daño del cartílago de la rodilla)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: B. Braun Melsungen AgRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere receta
El menisco se rompe de dos maneras muy distintas. En una persona joven ocurre por un giro brusco con la pierna cargada: fútbol, un mal apoyo al caer, un cambio de dirección. A partir de los cuarenta suele suceder al revés, la rodilla empieza a chasquear y a doler sin ninguna lesión que se pueda recordar. Saber en cuál de los dos casos está usted determina casi todo lo que viene después: las pruebas que hacen falta y si la cirugía tiene sentido.
Qué es el menisco y por qué se rompe
Entre el fémur y la tibia hay dos almohadillas de cartílago con forma de media luna, el menisco interno y el externo. Reparten el peso por toda la articulación, dan profundidad a la meseta plana de la tibia bajo el cóndilo redondeado del fémur y aportan estabilidad cuando la rodilla gira. Sin ellos la carga se concentraría en un solo punto.
La rotura reciente aparece cuando el pie queda fijo en el suelo y el cuerpo gira: con la rodilla flexionada el menisco queda atrapado entre los huesos y no llega a apartarse. Así se rompen los meniscos en el deporte y en las caídas.
El segundo escenario tiene que ver con la edad. Con los años el cartílago pierde agua y se vuelve quebradizo, de modo que la fisura surge con un gesto corriente: levantarse de una cuclilla, salir del coche, girarse con una bolsa en la mano. A menudo la persona ni siquiera relaciona el dolor con un momento concreto. Estos cambios también se encuentran en gente que no tiene ninguna molestia, así que ver una fisura en una imagen no explica por sí solo el dolor.
El menisco cicatriza mal y no en todas partes. Los vasos llegan solo al borde externo, cerca de la cápsula articular; la parte interna se nutre del líquido de la articulación y no tiene con qué unirse. Por eso un desgarro periférico puede curar solo o con una sutura, y uno situado en el interior, no.
Qué se nota en la rodilla
El dolor suele ser localizado y se sitúa en la interlínea articular, por dentro o por fuera, justo a la altura del espacio entre los huesos. Se palpa con un dedo sin dificultad.
- hinchazón que no aparece de inmediato, sino a lo largo de unas horas o al día siguiente;
- chasquidos, crujidos, la sensación de que algo rueda o se engancha dentro;
- la rodilla falla un instante al dar un paso o en las escaleras;
- cuesta estirar la pierna del todo, ponerse en cuclillas o arrodillarse;
- bajar escaleras resulta peor que subirlas.
En la fisura por desgaste el cuadro es más discreto: dolor sordo y algo de hinchazón que aparecen tras una caminata larga o un rato trabajando agachado y ceden en un par de días.
Conviene retener aparte el bloqueo articular: un fragmento desprendido se encaja entre los huesos, la rodilla se queda a medio flexionar y no estira en absoluto. No es solo dolor intenso, es un obstáculo mecánico, y no admite esperar a ver qué pasa, sino que exige valoración por traumatología.
Qué hacer los primeros días
Durante dos o tres días se reduce la carga, pero la pierna no se apaga del todo: una rodilla inmóvil pierde músculo enseguida y luego se recupera peor. Camine todo lo que pueda sin que aumente el dolor, con un bastón si hace falta.
- frío envuelto en un paño durante 15 o 20 minutos varias veces al día, nunca hielo directo sobre la piel;
- venda elástica o rodillera durante el día, retirándola para dormir;
- la pierna sobre un cojín, por encima del nivel del corazón, cuando esté tumbado;
- paracetamol para el dolor; una tanda corta de antiinflamatorios no esteroideos también encaja, siempre que no tenga úlcera, enfermedad renal ni una contraindicación indicada por su médico.
Los primeros días conviene no calentar la rodilla, evitar baños calientes y saunas, no usar pomadas de efecto calor y no masajear la zona: el calor y la fricción aumentan la hinchazón. Tampoco intente forzar la extensión de una rodilla bloqueada. Vuelva a la actividad de forma gradual y use la hinchazón como referencia: si tras el ejercicio la rodilla se vuelve a llenar, ha pasado del límite.
Cuándo acudir al médico y cuándo a urgencias
De inmediato, llamando a una ambulancia al número europeo único 112 o acudiendo a urgencias sin conducir usted mismo:
- la rodilla está deformada o la rótula o la articulación se ven desplazadas;
- hubo un chasquido en el momento del golpe y resulta imposible apoyar la pierna;
- la articulación se llenó y quedó tensa en la primera hora tras la lesión, lo que suele indicar sangre y, por tanto, un ligamento roto o una fractura;
- el pie se ha quedado dormido, pálido o frío, o no se sienten los dedos;
- una herida que penetra en la articulación;
- la rodilla está caliente, roja y muy dolorosa, con escalofríos o fiebre. Una infección articular destruye el cartílago en pocos días y aquí se cuenta por horas.
En los días siguientes, sin dejarlo para dentro de un mes, hace falta valoración por traumatología si la rodilla se ha bloqueado y no estira, si falla de forma repetida al caminar o si la hinchazón vuelve después de cada esfuerzo.
Una consulta programada está justificada cuando el dolor dura más de dos o tres semanas pese al reposo, impide dormir o interfiere con la vida diaria, y también si por las mañanas la rodilla está rígida más de media hora.
Cómo se llega al diagnóstico
Todo empieza por la conversación sobre el mecanismo: qué hacía la pierna en el momento del dolor, si hubo sensación de chasquido, con qué rapidez apareció la hinchazón. Después el médico palpa la interlínea y realiza maniobras de rotación y flexión de la pierna: con el menisco dañado reproducen el dolor conocido o un resalte. Estas maniobras orientan, pero por sí solas no demuestran nada.
La radiografía no muestra el menisco, porque el cartílago sencillamente no se ve en ella. Se pide con otro fin: descartar una fractura y valorar cuánto se ha estrechado el espacio articular, es decir, si hay artrosis que explique el dolor mejor que la fisura.
El desgarro se confirma con resonancia magnética. Ve el menisco, la forma y la localización de la rotura y, de paso, los ligamentos y el hueso, que con frecuencia se lesionan a la vez. La ecografía no sirve para este papel: detecta líquido y quistes, pero se le escapan las roturas profundas.
La artroscopia, mirar dentro de la articulación con una cámara, es a la vez diagnóstico y tratamiento, pero no se emplea como primer paso. Y una advertencia importante: a partir de los cuarenta se encuentran alteraciones meniscales en la resonancia de una gran proporción de personas sin ninguna molestia. Se trata a la persona y sus síntomas, no a la imagen.
Cómo se trata
La mayoría no necesita cirugía. Un desgarro reciente sin bloqueo y casi cualquier fisura degenerativa se tratan con carga: un programa de ejercicios dirigido por un fisioterapeuta para el cuádriceps, los glúteos y el equilibrio. Se trabaja entre seis y doce semanas, y no es un «hasta que se pase», sino un trabajo ordenado con aumento progresivo de la exigencia.
Precisamente en las fisuras por desgaste esto se ha estudiado con especial detalle: extirpar por artroscopia parte del menisco en personas de mediana edad y mayores no aportó ventaja frente a un programa de ejercicio bien dirigido. Si la rodilla no se bloquea, no hay prisa por el quirófano.
La cirugía se necesita cuando hay un problema mecánico: rodilla bloqueada, rotura grande cuyo fragmento se desplaza dentro de la articulación, fallos repetidos de la pierna o una rehabilitación bien hecha que no ha dado resultado. Hay dos opciones. La sutura conserva el tejido y es preferible cuando la rotura es reciente y está en la zona con riego sanguíneo, aunque obliga a un régimen prudente y largo. La extirpación parcial de la parte dañada alivia antes, pero deja menos menisco.
Ni las pastillas ni las infiltraciones logran que un cartílago roto vuelva a unirse. Los llamados condroprotectores no actúan sobre un desgarro, y una infiltración de corticoides puede calmar la inflamación, pero no resuelve el obstáculo mecánico.
Recuperación y qué pasa después
Con tratamiento sin cirugía la rodilla suele calmarse en un plazo de unas semanas a tres meses. Tras una extirpación parcial se camina casi enseguida y se vuelve al deporte en torno a mes y medio. Tras una sutura el régimen es más estricto: limitación de la flexión y del apoyo, muletas, órtesis, y la actividad plena llega al cabo de varios meses. Esa diferencia de plazos es el precio del tejido conservado.
A largo plazo lo que más cuenta es cuánto menisco queda: cuanto menos se haya retirado, menor es el riesgo de artrosis de rodilla con los años. En ese riesgo influye además lo que depende de usted, el peso corporal y la fuerza de los músculos del muslo.
Después de una operación hay que contactar con el médico sin demora si aparece fiebre, si la articulación se hincha y se calienta cada vez más, si duele y se hincha la pantorrilla o si surge falta de aire repentina o dolor en el pecho.
Consulta en línea
La consulta a distancia sirve muy bien para la primera pregunta, la de fondo: con qué está usted lidiando y adónde acudir. A partir del mecanismo de la lesión, de la rapidez con que apareció la hinchazón y de la presencia de bloqueo o chasquidos, el médico valora si el cuadro apunta al menisco, si hace falta una prueba de imagen y en qué orden. Grabe un vídeo corto flexionando y estirando la rodilla y mida el perímetro de ambas piernas en el mismo punto: la diferencia en centímetros habla tanto de la hinchazón como de la pérdida de músculo.
La conversación también es útil más adelante: entender el informe de la resonancia, sopesar la cirugía propuesta, distinguir qué aporta la sutura y qué la extirpación, y ordenar el plan de ejercicios de las próximas semanas. El límite es evidente: por una pantalla no se palpa la articulación ni se realizan las maniobras, y la decisión quirúrgica se toma tras una exploración presencial.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





