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Medicamentos comúnmente prescritos para Dengue
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 g paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Viatris Pharmaceuticals S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Tarbis Farma S.L.Requiere receta
El dengue se contrae de una sola manera: por la picadura de un mosquito. De persona a persona no se transmite. La mayoría lo pasa como una gripe muy fuerte, con una semana de fiebre alta, dolores que parecen partir el cuerpo, una erupción y una recuperación lenta. Pero el dengue no se juzga por sus primeros días: el momento más peligroso no llega en el pico de la fiebre, sino justo cuando esta baja y todo parece ir a mejor.
Dónde se contrae
Lo transmiten mosquitos del género Aedes, que tienen una costumbre capaz de arruinar las precauciones habituales: pican de día, sobre todo en las horas siguientes al amanecer y antes de la puesta de sol. La mosquitera sobre la cama por la noche no basta, porque de noche estos mosquitos no están activos.
El dengue abunda en los trópicos y subtrópicos:
- el sur y el sureste de Asia y el subcontinente indio;
- América Central y del Sur y las islas del Caribe;
- el África tropical;
- las islas del Pacífico y del Índico, y el sur de América del Norte.
Europa merece un párrafo aparte, porque el panorama ha cambiado. El mosquito tigre asiático se ha instalado en la costa mediterránea y con él han aparecido contagios en personas que no habían salido del país. Se han registrado brotes pequeños en Francia, Italia, España, Croacia, Portugal y Madeira, y la temporada va de finales de primavera a noviembre, es decir, coincide con la de vacaciones. No es motivo para renunciar al verano en el sur de Europa, pero sí para no restar importancia a una fiebre que aparece después de unos días de playa en agosto.
El dengue no pasa por la tos, un beso o los cubiertos compartidos, aunque el virus permanece un tiempo en la sangre; por eso, al volver de una zona afectada, la donación de sangre se aplaza durante un plazo que varía según el país.
Cómo empieza la enfermedad
Los síntomas aparecen entre cuatro y diez días después de la picadura, rara vez más tarde. Si han pasado más de dos semanas desde la vuelta del viaje y sigue encontrándose bien, el periodo de incubación ha terminado y puede olvidarse del asunto.
Muchos contagios pasan inadvertidos y solo se descubren después en un análisis. Cuando hay síntomas, se instalan en cuestión de horas:
- fiebre alta desde el principio, a menudo cercana a cuarenta grados, sin mocos ni tos;
- dolor de cabeza intenso, sobre todo en la frente;
- dolor sordo detrás de los ojos que aumenta al moverlos;
- dolor de músculos, articulaciones y huesos tan marcado que la enfermedad recibió el viejo apodo de fiebre rompehuesos;
- náuseas, vómitos, dolor abdominal y falta de apetito;
- ganglios del cuello aumentados de tamaño;
- erupción: primero la cara y el cuello enrojecen como por el sol y, hacia el final de la primera semana, salen manchas planas y pequeñas en el tronco y las extremidades, con islotes de piel sana entre ellas; pueden picar y descamarse al desaparecer.
Por las sensaciones no se distingue el dengue ni de la gripe, ni del paludismo, ni de una infección intestinal: hace falta un análisis de sangre. Por eso, cualquier fiebre que empiece durante un viaje a los trópicos o en el mes siguiente a la vuelta obliga a acudir al médico el mismo día. Y no tanto por el dengue: bajo ese mismo cuadro se esconde el paludismo, capaz de matar en pocos días, y es lo primero que hay que descartar. Diga siempre dónde ha estado y cuándo, porque sin ese dato no se piden las pruebas adecuadas.
Los días peligrosos empiezan cuando baja la fiebre
En la mayoría de los casos todo termina en una semana. En una minoría, hacia el tercer o séptimo día, precisamente cuando la fiebre cede y llega un alivio engañoso, la enfermedad gira hacia su forma grave. Las paredes de los vasos pequeños empiezan a dejar escapar la parte líquida de la sangre hacia los tejidos, el volumen circulante cae y con él la tensión arterial; al mismo tiempo bajan las plaquetas y aparece tendencia al sangrado. Aquí se cuenta por horas, no por días.
Señales de alarma de esas horas:
- dolor abdominal fuerte y continuo;
- vómitos que se repiten una y otra vez e impiden beber;
- sangrado de encías o de nariz, moratones sin haberse golpeado, en las mujeres un sangrado menstrual inusualmente abundante;
- sangre en el vómito o heces negras y alquitranadas;
- respiración rápida o sensación de falta de aire;
- debilidad extrema que impide levantarse;
- inquietud y agitación o, al contrario, somnolencia y torpeza de reacción;
- manos y pies fríos y húmedos con la piel pálida;
- la persona lleva varias horas sin orinar.
Hay un hecho que poca gente conoce: el dengue grave suele ser el segundo, no el primero. El virus tiene cuatro variantes y haber pasado la enfermedad deja protección de por vida solo frente a la variante padecida. Ante otra distinta, los anticuerpos antiguos no protegen, sino que facilitan la entrada del virus en las células. De modo que el razonamiento «ya lo pasé, a mí no me asusta» funciona justo al revés. El riesgo también es mayor en niños pequeños, personas mayores, embarazadas, personas con las defensas bajas y quienes viven con diabetes, asma, tensión alta, enfermedad renal o trastornos de la coagulación.
Cuándo llamar a una ambulancia
Llame a una ambulancia (en Europa funciona el número único 112) o acuda directamente a urgencias si alguien con fiebre después de un viaje presenta cualquiera de las señales anteriores: dolor abdominal, vómitos repetidos, cualquier sangrado, confusión, extremidades frías, dificultad para respirar o un desmayo. En ese estado no se conduce.
Lleve la lista de los medicamentos que toma, avisando obligatoriamente de los anticoagulantes, y diga los países visitados con sus fechas. El dengue grave responde bien al tratamiento cuando el paciente llega a tiempo al hospital; todo su peligro está en la demora.
Qué alivia y qué está contraindicado
No existe ningún medicamento que elimine el virus, así que el tratamiento consiste en sostener al organismo mientras se defiende solo:
- reposo, sin trabajo ni esfuerzos mientras dure la fiebre;
- beber mucho y a sorbos pequeños: agua, suero de rehidratación oral, caldo; una orina clara es una referencia doméstica sencilla;
- para la fiebre y el dolor, paracetamol en las dosis habituales del prospecto.
Lo que no debe hacerse con dengue o con sospecha de dengue es tomar ibuprofeno, diclofenaco u otros antiinflamatorios, ni tampoco aspirina. Todos ellos alteran el funcionamiento de las plaquetas e irritan la mucosa del estómago, y el dengue ya aumenta de por sí el riesgo de sangrado. Vale para cualquier edad; a niños y adolescentes no se les da aspirina ni con dengue ni sin él. Si toma alguno de estos fármacos o un anticoagulante de forma continua, no lo suspenda por su cuenta: llame antes a su médico de cabecera. También se evitan las inyecciones intramusculares, porque provocan hematomas grandes y dolorosos.
La forma grave se trata en el hospital con sueros para reponer el líquido perdido, control frecuente de los análisis y de la tensión y, si hace falta, transfusión de componentes sanguíneos. Los antibióticos no actúan sobre los virus y aquí no sirven de nada.
La recuperación rara vez es rápida: durante un par de semanas persisten cansancio, despiste, poco apetito y ánimo bajo, y puede caer más pelo de lo normal. Forma parte de la convalecencia y no es una complicación, pero conviene no volver al deporte durante esas semanas.
Cómo no enfermar durante el viaje
La vacuna no está al alcance de todos ni en todas las situaciones, mientras que la protección frente a las picaduras funciona en cualquier viaje. El Aedes vive junto a las personas, en las ciudades, y pica de día, así que hay que protegerse durante todas las horas de luz.
- Aplique en la piel descubierta un repelente con DEET o icaridina y renuévelo según las indicaciones del envase; si usa crema solar, primero la crema y el repelente encima.
- Lleve ropa holgada y clara, de manga larga y pantalón largo; la ropa y el equipo pueden tratarse con productos a base de permetrina, que nunca se aplican sobre la piel.
- Elija alojamiento con mosquiteras en las ventanas o con aire acondicionado, y revise que las mallas no tengan agujeros.
- Duerma bajo mosquitera impregnada con insecticida, también durante la siesta.
- Vacíe el agua estancada alrededor de la casa: platos de macetas, cubos, neumáticos viejos, canalones obstruidos, piscinas hinchables. El Aedes cría en agua limpia y quieta, a menudo a dos metros de la puerta.
Al enfermo también conviene mantenerlo bajo mosquitera la primera semana: el mosquito que lo pique llevará el virus más lejos.
La vacuna frente al dengue
Existe una vacuna contra el dengue, autorizada en Europa, pero no es de las que se ponen a todo el mundo antes de las vacaciones. Conviene saber esto:
- la pauta son dos dosis separadas unos tres meses, de modo que hay que acudir al centro de vacunación internacional con tiempo y no la semana antes de volar;
- es una vacuna de virus vivos atenuados, así que no se administra en el embarazo, durante la lactancia ni a personas con inmunidad muy debilitada;
- a quién se le recomienda depende de si ya ha pasado el dengue, del destino y de la duración del viaje; las recomendaciones nacionales no coinciden entre países;
- no forma parte del calendario habitual y suele costearla el propio viajero;
- la protección no es total, así que la vacuna no exime de repelentes ni mosquiteras.
Lo sensato es sentarse con el médico uno o dos meses antes de un viaje lejano y repasar el conjunto: dengue, hepatitis A, fiebre tifoidea, rabia y profilaxis del paludismo.
Consulta en línea
Antes del viaje, una consulta a distancia sirve para aclarar qué necesita usted en concreto, con sus enfermedades y su itinerario: qué vacunas dan tiempo a ponerse, si hace falta profilaxis frente al paludismo y qué llevar en el botiquín. Durante el viaje y a la vuelta, el médico repasa la fiebre —cuándo empezó, dónde ha estado, qué le ocurre— y le dice qué análisis pedir hoy y si hay motivo para ir al hospital de inmediato. Otro asunto frecuente es el cansancio que se alarga tras la infección y el momento de retomar el ejercicio. Las señales de alarma de la lista anterior no se valoran por una pantalla: con ellas se llama directamente a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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