Saltar al contenido principal

Degeneración macular asociada a la edad (DMAE)

En el centro de la retina hay una zona de apenas unos milímetros: la mácula, o mancha amarilla.

Solicita una receta online

Solicita una receta online

Un médico revisará tu caso y podrá emitir una receta si es médicamente apropiado.

Habla con un médico online

Habla con un médico online

Comenta tus síntomas y opciones de tratamiento con un profesional médico.

Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

En el centro de la retina hay una zona de apenas unos milímetros: la mácula, o mancha amarilla. Con ella leemos, reconocemos caras y distinguimos los detalles finos y el color. Con los años ese tejido se desgasta y el centro de la imagen se apaga, se emborrona o desaparece del todo, mientras que por los lados la visión sigue igual. Por eso la enfermedad casi nunca lleva a una ceguera completa, pero se lleva justo la visión que usamos a cada minuto. Suele empezar a partir de los cincuenta y se vuelve más frecuente cuanto mayor es la persona.

Lo primero que se nota

Los cambios llegan en silencio: el otro ojo suple durante un tiempo al que está dañado y uno tarda en darse cuenta de que ve peor. Conviene fijarse en detalles pequeños:

  • para leer hace falta cada vez más luz y con la iluminación normal las letras se juntan;
  • en el texto faltan letras o sílabas sueltas y el renglón parece romperse;
  • las líneas rectas —el marco de una puerta, una ventana, la junta de los azulejos— se ven onduladas o quebradas;
  • justo en el centro de la mirada hay una mancha turbia, gris u oscura, y alrededor se ve con normalidad;
  • cuesta reconocer la cara de quien tiene delante, aunque distinga su figura y su ropa;
  • los colores se apagan y el ojo tarda mucho en adaptarse a la penumbra después de la luz fuerte.

No duele, el ojo no cambia por fuera y no se pone rojo: por eso se pasa por alto. Un apunte aparte: quien tiene la visión muy reducida ve a veces dibujos, figuras, caras o escenas enteras que no existen. No es un trastorno mental, sino la respuesta de la corteza visual a la falta de señal, y la propia persona sabe que no es real. Conviene contárselo al médico, pero no hay motivo de alarma.

Forma seca y forma húmeda

Distinguirlas importa: el ritmo y las posibilidades de tratamiento son muy distintos.

La forma seca afecta aproximadamente a nueve de cada diez personas. Bajo la retina se acumulan drusas, depósitos densos de grasas y proteínas; el intercambio en esa capa se altera y las células responsables de la visión central mueren poco a poco. El proceso dura años, a veces décadas. En la fase avanzada queda en el centro una zona de tejido perdido, y ahí la visión ya no se recupera.

La forma húmeda es menos frecuente, pero más peligrosa. Bajo la mácula crecen vasos nuevos y defectuosos que dejan escapar plasma y sangre; la retina se hincha y se levanta. Aquí todo cambia en semanas o días, no en años, y es la variante que con más frecuencia provoca una pérdida grave de visión central. Casi siempre aparece sobre una forma seca previa, así que un diagnóstico tranquilo no es motivo para relajarse, sino para vigilarse.

Qué aumenta el riesgo

No hay una causa única: se suman varias circunstancias.

  • El tabaco es lo más determinante de todo aquello sobre lo que se puede actuar: en quienes fuman la enfermedad aparece varias veces más a menudo y empieza antes. Dejarlo reduce el riesgo incluso después de muchos años.
  • La edad y los antecedentes familiares: si hubo degeneración macular en padres o hermanos, el riesgo es mayor.
  • La tensión alta, el colesterol elevado, el exceso de peso y el sedentarismo: lo que daña los vasos del corazón daña también los del ojo.
  • Una alimentación pobre en verdura, hoja verde y pescado.
  • El iris claro y años de exposición al sol fuerte sin protección ocular.

La edad y los genes no se cambian; lo demás sí, y es la única prevención disponible hoy.

Cuándo no se puede esperar

Una pérdida lenta de visión justifica pedir cita con el oftalmólogo. Pero hay situaciones que no admiten demora.

Hay que acudir en uno o dos días si las líneas rectas se han torcido de golpe o si una mancha oscura en el centro ha aparecido en pocos días y va creciendo. Así se manifiesta la forma húmeda, y el tratamiento da mejor resultado cuanto antes empiece.

Hay además otros cuadros, ajenos a esta enfermedad, que exigen atención inmediata:

  • la visión de un ojo se pierde de forma repentina e indolora, en segundos o minutos: así se manifiesta la obstrucción de un vaso de la retina, en la práctica un ictus del ojo;
  • un empeoramiento brusco de la visión en alguien de más de cincuenta años junto con dolor de cabeza en las sienes, dolor del cuero cabelludo al peinarse y dolor en la mandíbula al masticar: puede tratarse de una inflamación de las arterias temporales y, sin tratamiento urgente, en pocos días se pierde también el otro ojo;
  • destellos, una lluvia repentina de moscas volantes o una cortina oscura por un lado del campo visual: signos de desprendimiento de retina;
  • dolor intenso del ojo, enrojecimiento, halos de colores alrededor de las luces y náuseas: un ataque de glaucoma.

En estos casos llame al 112 o acuda de inmediato a urgencias oftalmológicas.

Cómo se llega al diagnóstico

Se empieza por medir la agudeza visual y explorar el fondo de ojo: el médico instila gotas que dilatan la pupila y examina la retina. Durante unas horas todo se ve borroso y molesta la luz, así que ese día no conduzca y lleve gafas de sol.

La prueba clave es la tomografía de coherencia óptica: muestra la retina capa por capa y detecta líquido y edema antes de que la persona note el empeoramiento. Si se sospecha una forma húmeda, se fotografían además los vasos de la retina, con contraste o sin él. Con esas mismas pruebas se comprueba después si el tratamiento funciona.

Qué puede el tratamiento

Las células perdidas de la mácula no vuelven: el objetivo es frenar el proceso y conservar la visión que queda.

En la forma húmeda el método principal son las inyecciones dentro del ojo de fármacos que bloquean el crecimiento de vasos, los llamados anti-VEGF. Se ponen con gotas anestésicas y duran unos minutos: al principio cada mes y luego con intervalos mayores, según la tomografía. En la mayoría la visión se estabiliza y en una parte mejora; cuanto antes se empiece, mejor es el resultado. El láser y la terapia fotodinámica se usan poco, como complemento.

En la forma seca no existe ningún fármaco que repare la retina. Sí hay algo demostrado: en la fase intermedia, y también cuando el otro ojo está ya muy afectado, ciertos complejos de vitaminas y minerales con luteína y zeaxantina retrasan el paso a la fase grave. Una advertencia importante para fumadores y exfumadores recientes: las fórmulas antiguas llevaban betacaroteno, y en quien fuma aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. Hay que leer la composición y elegirla con el médico, no comprar «vitaminas para la vista» al azar. La investigación de nuevos tratamientos sigue en marcha y el oftalmólogo puede decirle si hay alguno disponible.

La rejilla de Amsler y el día a día

Lo más útil en casa es autocontrolarse con la rejilla de Amsler: una hoja cuadriculada con un punto en el centro. Se cuelga a la vista y se mira el punto a distancia de lectura, con las gafas de cerca y tapándose un ojo. Las líneas deben verse rectas y regulares. Si parte de los cuadros se ondula, se oscurece o desaparece, vaya al médico sin demora. Hay que revisar cada ojo por separado: mientras el otro funciona, los cambios pasan inadvertidos.

Con la visión central reducida ayudan cosas sencillas: un flexo potente y bien orientado para leer, lupas con luz y lupas electrónicas, letra grande y mucho contraste en la pantalla, audiolibros y lectura de pantalla, marcas táctiles en los electrodomésticos. Existe además un entrenamiento para mirar ligeramente a un lado del objeto y aprovechar la parte sana de la retina. Sobre la conducción decide el médico: con los dos ojos afectados o una pérdida marcada en uno, lo habitual es dejarlo, y las normas cambian de un país a otro.

Consulta en línea: en qué ayuda

El fondo de ojo y la tomografía requieren una visita presencial, pero mucho de lo que hay alrededor se resuelve por videollamada. El médico repasará con usted el informe de la tomografía y el del oftalmólogo y le explicará qué significan la fase y la pauta de inyecciones. A partir de sus molestias valorará de qué se trata: cambios propios de la edad, motivo para una cita programada o una situación en la que hay que salir hoy mismo. Otros dos temas frecuentes son elegir el complejo de vitaminas y minerales teniendo en cuenta el tabaco y el resto de la medicación, y adaptar la casa cuando la visión central ya ha bajado.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

Recibe actualizaciones y ofertas exclusivas

Sé el primero en conocer nuevos servicios, actualizaciones de la plataforma y promociones exclusivas para suscriptores.

Síguenos en redes sociales