Ciclosporiasis
La ciclospora es un parásito unicelular que llega a las personas con el agua y las verduras crudas y provoca una diarrea acuosa que se prolonga.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Ciclosporiasis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 160 mg trimetoprima/ ampolla;800 mg sulfametoxazol (lisinato)/ vialPrincipio activo: sulfamethoxazole and trimethoprimFabricante: Almirall S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 160 mg trimetropina; 800 mg sulfametoxazolPrincipio activo: sulfamethoxazole and trimethoprimFabricante: Teofarma S.R.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 trimetoprima; 100 mg sulfametoxazolPrincipio activo: sulfamethoxazole and trimethoprimFabricante: Teofarma S.R.L.Requiere receta
La ciclospora es un parásito unicelular que llega a las personas con el agua y las verduras crudas y provoca una diarrea acuosa que se prolonga. De él conviene saber dos cosas. La primera: entre el contagio y los primeros síntomas pasa alrededor de una semana, de modo que para entonces la relación con el viaje ya se ha perdido de vista. La segunda: por su cuenta dura semanas, aflojando y volviendo, mientras que con el tratamiento adecuado se corta en un par de días. Toda la diferencia entre esos dos guiones está en si a alguien se le ocurre buscar el parásito en un análisis de heces.
De dónde sale
El contagio ocurre al tragar los quistes microscópicos del parásito con agua o con alimentos contaminados por materia fecal. Lo habitual son las hierbas frescas, las hojas de ensalada, las frutas y las bayas lavadas con agua que no era potable, además del hielo, el agua del grifo y las bebidas preparadas con ella.
La ciclospora tiene una peculiaridad que explica muchas cosas. Los quistes salen del organismo inmaduros: para volverse infecciosos necesitan pasar varios días, a veces un par de semanas, en un ambiente cálido y húmedo. De ahí lo esencial: de una persona enferma no se contagia nadie, ni por las manos, ni por compartir el baño, ni cuidándola. Si en una familia caen varios a la vez, no se han pasado la enfermedad unos a otros: han compartido una comida o una botella de agua.
El parásito abunda en los climas cálidos: América Central y del Sur, el sur y el sudeste de Asia, Oriente Medio y África, y en muchos de esos lugares los casos aumentan en la temporada de lluvias. Pero el viaje no es imprescindible: en Europa y en América del Norte se registran brotes ligados a bayas y hierbas frescas importadas, así que un «yo no he ido a ninguna parte» no descarta el diagnóstico.
Un detalle más: la cloración del agua apenas afecta a la ciclospora. Sus quistes son resistentes y sobreviven al tratamiento que basta para la mayoría de las bacterias, de manera que el agua del grifo de una zona afectada no se vuelve segura por estar clorada.
Cómo transcurre
Los primeros signos aparecen aproximadamente una semana después del contagio; a veces a los dos días, a veces a las dos semanas. El comienzo suele ser brusco, con deposiciones líquidas y frecuentes, a menudo casi explosivas.
- diarrea acuosa repetida, en algunas personas hasta diez veces al día;
- pérdida brusca del apetito y adelgazamiento visible: en unas semanas no es raro perder dos o tres kilos, o más;
- retortijones, hinchazón abdominal y muchos gases;
- náuseas, a veces febrícula y dolores musculares;
- un cansancio intenso que dura más que la propia diarrea.
Los vómitos son poco frecuentes y la sangre en las heces no aparece en absoluto: si la hay, se busca otra causa. El rasgo característico por el que a menudo se reconoce esta infección son las oleadas. Dos o tres días de mejoría, la persona da el asunto por terminado y todo regresa. Sin tratamiento, en un adulto puede alargarse un mes o más. Una parte de los contagiados no nota ningún síntoma, sobre todo quienes viven de forma permanente en esas zonas.
Una vez cortada la diarrea, durante dos o tres semanas los lácteos pueden seguir provocando hinchazón y ruidos intestinales: el intestino deja temporalmente de manejar la lactosa. Se resuelve solo, aunque asusta a quien interpreta que la enfermedad ha vuelto.
Señales con las que no se puede esperar
La ciclosporiasis en sí no figura entre las infecciones mortales, pero la deshidratación siempre es peligrosa y bajo la etiqueta de «algo me sentó mal en el viaje» se esconde a veces otra cosa muy distinta. Busque ayuda el mismo día si aparece cualquiera de estos puntos:
- orina escasa y oscura, mareo al ponerse de pie, boca seca, ojos hundidos;
- no se retiene el líquido: cada sorbo provoca vómito;
- en un niño, ausencia de lágrimas al llorar, decaimiento, somnolencia, rechazo de la bebida, fontanela hundida en el lactante;
- sangre en las heces, fiebre con escalofríos, dolor intenso localizado en un punto del abdomen;
- diarrea que pasa de dos semanas o pérdida de peso que continúa.
Aparte va la fiebre después del trópico. Cualquier temperatura que suba en los meses siguientes a un viaje a un país con malaria se considera malaria mientras un análisis no demuestre lo contrario. Los primeros días se parece a una infección intestinal: debilidad, dolores, a veces diarrea y vómitos. La diferencia es que la malaria tropical mata en cuestión de días. Por eso, ante fiebre tras un viaje así, no espere al lunes: acuda al médico y diga de entrada dónde ha estado y cuándo ha vuelto.
Consulte antes y con más insistencia de lo habitual si tiene las defensas bajas, por VIH, tras un trasplante, con quimioterapia o con fármacos que frenan el sistema inmunitario: en esos casos la infección dura más, es más intensa y puede afectar a la vía biliar. Lo mismo vale para el embarazo, los lactantes y las personas mayores.
Cómo se encuentra
Aquí está la trampa principal. El coprocultivo corriente busca bacterias y a la ciclospora no la ve en absoluto. El examen habitual «de parásitos en heces» también se le escapa con frecuencia: los quistes son pequeños, pálidos y no se tiñen con los colorantes de rutina. Por eso la prueba hay que pedirla de forma dirigida.
- cuente al médico y al laboratorio que ha viajado, con el país y las fechas: sin ese dato no se solicita el estudio adecuado;
- la ciclospora se detecta con una tinción especial, con su brillo bajo luz ultravioleta o por técnicas moleculares; estas últimas son las más fiables y de paso comprueban otra decena de microbios;
- el parásito se elimina de forma irregular, así que no se entrega una sola muestra sino varias en días distintos;
- si no se encuentra nada y la diarrea sigue, el estudio se repite y se comprueban además giardia, criptosporidio y amebas: dan un cuadro parecido y se tratan de otra manera.
Con qué se trata
En primer lugar, el líquido. Con deposiciones abundantes no solo se pierde agua, sino también sales, de modo que beber agua sola no arregla el problema: hacen falta las soluciones de rehidratación oral de farmacia, que se toman a sorbos pequeños y muy a menudo. Se puede comer lo que se tolere; ayunar no sirve de nada, y los lácteos sí conviene aplazarlos unos días.
A diferencia de la mayoría de las diarreas del viajero, esta infección tiene un medicamento concreto: un antibiótico sulfamídico combinado, el cotrimoxazol. Funciona de forma fiable y en la mayoría de las personas las deposiciones se normalizan en uno o dos días. La pauta y la duración las fija el médico, y con las defensas bajas el ciclo es más largo. Si hay alergia a las sulfamidas existen alternativas, aunque menos seguras, y también ahí decide el médico.
De aquí se deduce algo que conviene saber de antemano: los antibióticos que muchos viajeros llevan «por si acaso» para la diarrea no cubren la ciclospora. Si ha hecho ese tratamiento y no ha notado mejoría, no significa que tratarse sea inútil, sino que toca hacer el análisis.
Los fármacos que frenan el intestino reducen un rato el número de visitas al baño, pero no eliminan el parásito, y con fiebre o sangre en las heces no se toman en absoluto. No hace falta aislar al enfermo: no contagia a quienes le rodean.
Lo que de verdad reduce el riesgo en un viaje
No ayuda la prudencia genérica, sino unas cuantas costumbres concretas.
- beba agua embotellada, hervida o desinfectada, y lávese los dientes con ella;
- renuncie al hielo: casi siempre se hace con agua del grifo;
- coma platos calientes y bien cocinados, servidos calientes: el calor destruye el parásito con seguridad;
- elija fruta que pueda pelar usted mismo;
- en un viaje así conviene saltarse las ensaladas crudas, las hojas verdes, el cilantro, la albahaca y las bayas frescas;
- los lácteos, solo pasteurizados y en envase cerrado de fábrica.
Con honestidad sobre el lavado: reduce el riesgo, pero no lo elimina. Los quistes se adhieren bien a la superficie irregular de las hojas y de las bayas y resisten el cloro y los desinfectantes domésticos; la congelación tampoco resuelve. Lo único que funciona con seguridad es el calor. Por eso «lo lavaré mejor» es un consejo más débil que «lo pelo yo» o «me lo como caliente». Lavarse las manos protege poco frente a esta infección, pero muchísimo frente a otras diez.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien la pregunta principal: si es un trastorno corriente que se irá solo en un par de días o un caso en el que hacen falta análisis de heces y tratamiento. El médico repasa dónde ha estado y qué ha comido, cuánto lleva así y cómo evoluciona, indica qué estudio pedir al laboratorio y cuántas muestras entregar, explica cómo rehidratarse y valora si los fármacos que ya ha tomado podían servir de algo. Es también una forma cómoda de hablar de la hinchazón que queda después de curarse. Las señales de la lista anterior no se resuelven por una pantalla: con deshidratación o con fiebre después del trópico hace falta una exploración presencial el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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